viernes, 24 de marzo de 2017

Que cuento tienes






Lo malo de la realidad es que además de triste te la sirven cruda.
Esto viene a cuento de esas historias que con la mejor voluntad nos contaron padres y abuelos e incluso algún hermano mayor “rara avis” que por lo general suelen pasar de los pequeños. Historias que siempre acababan con un: Y fueron felices…

Nada era cierto, pues indagando como escritor aficionado en las citadas historias, descubrí que las verdades eran otras y más oscuras.

Como ejemplo os puedo citar la de “Alicia” muchacha que tuvo que ser atendida en urgencias por intoxicación a causa de la ingesta de sustancias psicotrópicas que la hacían ver conejos blancos y gatos sonrientes, obsesionándose con un personaje al que llamaba sombrerero, la toma del puntual té que creaba adicción, y la celebración de los no cumpleaños. Algo absurdo y psicodélico como para alucinar en colores.

“Blanca nieves” acabó divorciándose del príncipe, que era de un azul desvaído, no tan fiel como aparentaba y con poca sangre en las venas, aunque sí muy venal y casquivano. 
Para ganarse la vida la pobre, tuvo que poner un circo donde le crecieran los enanos. Los siete que conoció hacía mucho que estaban bajo tierra, y su madrastra ya no era ni el reflejo de lo que fue en sus mejores tiempos. 
Y es que la juventud y la belleza son manzanas con apariencia deseable y jugosa pero que en el fondo están envenenadas.

Lo de “Ariel “, la bonita sirena del norte fue mucho más trágico. La pescó un buque piscifactoría noruego y la pobre, no pudo escapar por pies. Ahora da nombre a una marca de congelados.

Hablando de pies. Al “Zapatero remendón” se le acabó el chollo y está en prisión preventiva, pues aunque alegó que los zapatos que fabricaba se los confeccionaban por la noche los amables duendes, se descubrió que en eran trabajadores ilegales que dormían y trabajaban en las mismas instalaciones de lo que en realidad era un taller clandestino.

“Peter” se arrejuntó con “Campanilla” y a base de polvos vinieron muchos niños perdidos de esos que llamamos "Ninis" porque ni estudian ni trabajan "Ninadená". El sufrido “Capitán Garfio” tuvo que ejercer como tutor, dada la reconocida inmadurez de los padres que todavía viven en los mundos de fantasía. La verdad es que “Garfio” siempre tuvo mucha mano para el tema de la educación y mucho gancho para las criaturas. Por cierto los niños vinieron con el apellido de “Peter” debajo del brazo, o sea: El “Pan”.

“El Lobo feroz “se dejó de rodeos y atajos y se cepilló directamente a la “Caperucita” que por otro lado era una niña procaz y ligera de cascos que no se ponía encarnada por cualquier cosa. Se saltó la tertulia, el protocolo, y la conversación dilatoria, simplemente por evitar la parte en la que se lo tenía que montar con la abuela y travestirse, para perecer más tarde con violencia a manos de un leñador homófobo, machista y radical; de esos muy machotes y malolientes.

A los “Cerdos” constructores y especuladores inmobiliarios les derribaron las casas por haberlas edificado en una zona de bosque protegida medioambientalmente. Y aunque gruñeron, berrearon, presentando alegaciones, escritos y demandas, ante la administración pública, no les sirvió de nada. Así que se hartaron de soplar y resoplar en vano hasta la extenuación revolcándose en su propia inmundicia. Y lo curioso que todo esto acaeció el día e San Martín, de ahí el famoso refrán. 

Por cierto son ciertas las noticias que anuncian que “Ali Babá” presentó su candidatura al senado y consiguió un escaño. Cuando los reporteros le preguntaron por su interés repentino en la política, respondió que le gustaba sentirse como en casa, rodeado de ladrones y riquezas sin número. Conseguidas estas a base de robo, extorsión y engañifas al sufrido contribuyente que a este paso terminará exiliado en el desierto de su árida existencia. 

“Cinderella” siempre fue un poco ceniza y no tuvo mucho éxito con los hombres a pesar de lo que nos contaron, pues estos le daban calabazas de continuo, a causa de su falta de higiene y por estar siempre rodeada de animales transformistas. Todavía sigue echando la culpa a una tal hada madrina; que no era otra que una fraudulenta manager que le prometió famoseo por un tiempo limitado con fecha de caducidad. Como a muchos otros artistas de moda que hoy están idolatrados por las masas y mañana nadie se acuerda de lo que fueron, o lo que hicieron por la sociedad.
"Vanitas vanitatum, omnia vanitas".

De eso sabe mucho “El flautista de Hamelin” que sigue atrayendo con su encantadora melodía hipnótica a todos los incautos que siguen pensando que se van a hacer ricos trabajando honradamente, que hay gobernantes honestos que velan por el bienestar del ciudadano, y empresarios pundonorosos que valoran el esfuerzo de sus trabajadores. 
Es cierto que la lotería les toca a algunos a los que les suena la flauta por casualidad, como a Bartolo. Verdadero nombre del flautista que toca con un agujero solo. Yo personalmente cuando lo oigo, le mando con la música a otra parte.

Prueba fehaciente de que esto es así, fue que “Pinocho” un muchacho que tenía muy buena madera de currante, le contrataron por ITT en un taller de carpintería, después de mentir mucho sobre su experiencia, su preparación y su edad. Fue explotado vilmente hasta la extenuación por un jefe sin escrúpulos que le trataba como a un muñeco.

“Bella” como todos sabemos, se terminó casando por puro capricho y por llevar la contraria a las leyes naturales, con un “Bestia”. Sobre el que actualmente pesa” una orden de alejamiento por malos tratos. Pues aunque dicen: “Que el hombre y el oso cuanto más feo y peludo más hermoso” no es más delicado y amoroso, ni tiene afanes de pulir su carácter y suavizar su genio. Y la luna llena y la primavera que son muy suyas para esto, tienen una influencia nefasta sobre este tipo de relaciones, pues alteran de mala manera la sangre de estos animales que se convierten en auténticos salvajes sin escrúpulos. Y en cobardes maltratadores y abusadores de indefensos. Están emparentados con los ogros de "Pulgarcito" y los machotes leñadores de "Caperucita" que nombré con anterioridad.

Y ya para terminar os dejo con “El Gato”, apodo por el que es conocido un gran diplomático de infundado prestigio. Preparador de discursos convincentes. Asesor de imagen sin parangón, capaz de entronizar a cualquiera basándose en falsos informes llenos de mentiras y añagazas. Este mal bicho se pone las botas cada vez que triunfa con alguna de sus triquiñuelas. Prebendas, comisiones, sobornos, chantajes, extorsiones y favoritismos a dedo. Son armas que sabe utilizar con desparpajo y donosura en favor de sus protegidos que por lo normal utilizan trajes de Armani y Tucci y pagan con tarjetas tan negras como sus entrañas. ¿Donde se vio antes a los gatos colaborando con las ratas? Por eso os digo que no os creáis nada de lo que os cuenten los cuentos. 

¡Ah, por cierto! a “Hamsel “y “Gretel” ¡Por fin! de puro cansinos, les compraron un bosque para perderse. Terminaron hospitalizados en urgencias con el azúcar por las nubes a la vez que una pobre vieja se quedaba sin casa, desahuciada la pobre. Todavía se investiga por si ambos sucesos tuvieran relación.

Y esto es a grandes rasgos lo que nos vendieron de niños, cuando no teníamos la capacidad suficiente para discernir entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto. 
Con razón, si alguien nos intenta engañar le recriminamos con estas palabras: "Tú lo que tienes es mucho cuento".

Ya somos mayorcitos y sabemos de antemano que la realidad sigue superando con creces cualquier historieta de ficción que nos puedan narrar los listos de turno. Todavía algunos se frotan las manos presuponiendo nuestra inocencia recién caída del guindo.

Van aprendiendo de sus pequeños fracasos y ahora nos venden la moto y nos adormecen la conciencia con deportes de masas y programas basura de televisión que son menos elaborados y más directos. Se trata de la llamada "Lobo-tomia" pura y dura. Y esto es mucho más perjudicial para los cabritillos y los borregos, que el peludo enemigo disfrazado, que intenta entrar en nuestras casas enseñándonos la patita por debajo de la puerta, y echando en nuestros buzones propaganda comercial que promete convertir nuestros sueños en realidad. Lo mismo que hacía el gordo ese que decían que vivía dentro de una lámpara, o como el calvo lacrimógeno de la lotería.
Lo que consiguen con estas cosas es jorobarnos la vida como al de "Notre Dame"

¡Venga ya! ¡Que no nacimos ayer! ¡Dejaos de cuentos! 




Derechos de autor: Francisco Moroz

martes, 21 de marzo de 2017

Sol naciente





Se asomó sola por la escotilla para ver amanecer y vio mucho más de lo que esperaba.

Con los ojos entornados a causa de la claridad que empezaba a definir el horizonte, no muy lejos, sobre las calmadas aguas de un mar neutral, divisó un buque que posicionaba lentamente sus torretas cañoneras que apuntaban hacia ellos.

Se trataba de un acorazado que les había elegido como objetivo, sin tener en cuenta que la nave en la que ella viajaba con otros trescientos refugiados más la tripulación, no era ninguna amenaza.

También vio el sol naciente en la bandera de guerra del barco japonés mientras se hundían.

Metáfora de vida y muerte.



Derechos de autor: Francisco Moroz


domingo, 19 de marzo de 2017

Nunca olvido





Me veo como niño agarrado de su mano,
confiado.
Significaba mucho para mí.
Cuanta seguridad me proporcionaba su compañía,
sus caricias valiosas
preciado regalo.

                           Le asaltaba con preguntas sin respuesta
con honesta ignorancia,
 en bucles sin fin,
en andanadas.
Siempre me respondía con infinita paciencia,
con verdades pactadas.

Pero llegó la juventud
y rehuía cada vez más
 de su presencia.
Muy crecido era mi ego,
muy terca mi conducta
encastillada en mi orgullo.
Elevado en el pedestal de la soberbia
a la décima potencia de lo absurdo.

Me jactaba de no necesitar su ayuda
siendo capaz de sobrevivir sin sus consejos.
Otros maestros busqué, 
otras verdades, otras escuelas.
Obtuve otros resultados.
Vanidoso los retuve 
 cual tesoro,
insatisfecho.

Creí ser más libre, más hombre, 
más completo.
Triunfador sin parangón, 
habilidoso tahúr
desbordante de virtudes.
En resumen:
Un cretino ruin y necio.

Ahora en la madurez
medito el craso error de mi mentira.
Y no olvido, más bien recuerdo
 por ejemplo el sacrificio.
Las horas invertidas y el detalle,
y siendo consciente reconozco
el tiempo que no se dedicó así mismo
por quererme.

 La firme convicción de su conducta
su debilidad, sus fallos,
y no me siento quien para juzgarle.
Ahora el padre soy yo, 
y lo entiendo tanto.
Su palabra amiga, 
el gesto grave.
El premio, el castigo,
el rincón de pensar
la mirada severa
y el profundo dolor que le causaba.

Le agradezco infinito,
las directrices firmes
con las que me fue instruyendo.
Los valiosos principios de coherencia
con los que ahora me rijo.
Una personalidad marcada,
sentimientos manifiestos
de lo que dicta mi alma.

Ahora soy yo
 el que le agarra de la mano 
cuando camina
con inseguros pasos.
El que le ayuda a comer,
el que responde.
Él me confía sus limitaciones.
Ya no sabe quién es, 
pero yo no lo olvido:
Al igual que no lo traiciono en mi recuerdo,
 en el vínculo del pasado ya borroso.

En mañanas de sol y parque,
de juegos, de risas, de carreras.
 abrazos que arropaban mis miedos, 
besos de buenas noches,
cuentos, libros regalados
leídos a la par.
La oración que nos unía
el apoyo amable en su cansancio,
las fiestas familiares, 
su mano en mi hombro.

Su extenso legado de palabras sabias
perdura.
Valorada herencia
de continuo altruismo.
He descubierto de nuevo
su limpia sonrisa que tanto amaba,
su ingenua confianza de niño anciano,
y he vuelto a recordar
todo lo que era y lo mucho que hizo
con mi persona.
Y me siento orgulloso de ser su hijo
que celebra los días compartidos
mientras duran.




Derechos de autor: Francisco Moroz

miércoles, 15 de marzo de 2017

Un libro titulado: Resiliencia





El libro que he elegido para aliviar la espera en el hospital se titula: “Resiliencia. El arte de superar un trauma”. No es la temática científica que más me gusta, pero no tengo más remedio que prepararme para lo peor de lo que preveo, tiene todos los visos de ocurrir en breve.

Mi cliente va a morir dada la gravedad de sus lesiones, y yo preparo mi estado anímico para el fatal desenlace.

En su día levanté con mucho sacrificio un pequeño negocio que iba viento en popa y que me daba lo necesario para llevar una vida holgada. Pero la crisis se lo llevó todo al garete, por causa de las reformas económicas, ajustes, recortes, impuestos, y demás zarandajas. Que por obra y gracia de los prebostes políticos de turno, y sus grandes y entusiastas ideas pergeñadas a golpe de tarjetas black, en clubes de alterne y restaurantes de lujo; me habían dejado en la ruina a mí, y a las familias de aquellos operarios que tenía contratados.

Lo perdí todo menos la dignidad, y como la justicia no trabaja al mismo ritmo para todos ni con los mismos resultados; decidí buscarme la vida de nuevo.

El drama se empezó a fraguar por entonces, cuando con esfuerzo y tesón conseguí superar las pruebas de acceso a la plaza de chófer de servicios preferentes.
Cuando me proponía algo lo lograba. También conseguí salir indemne del aparatoso accidente de coche del que sin embargo mi usuario resultó gravemente herido.

Las autoridades investigaron el suceso, dada la importancia del cargo que ocupaba en el ministerio de hacienda mi susodicho pasajero, y me exculparon de toda responsabilidad. Al vehículo le habían fallado los frenos, el airbag y el cinturón trasero. 
Un cúmulo fatal de coincidencias.

Y ahora estoy aquí, sentado en una de las sillas de plástico del hospital, esperando los resultados de la operación con cara de aparente preocupación, leyendo este libro; empapándome de conocimientos sobre cómo superar una pérdida irremediable.


El saber nunca ocupó lugar. Por eso también estudié mecánica y sistemas de seguridad del automóvil, y algo de psicología para que no detecten la gran mentira.




Derechos de autor: Francisco Moroz

lunes, 13 de marzo de 2017

Verde verdad




“El malvado Luthor había puesto kriptonita en la bodega”.

Por eso los vinos estaban envenenados y el sospechoso había tenido que romper las botellas, y reventar a hachazos las barricas con la intención de salvaguardar la vida de su admirado Súperman.

Esta es la declaración del vándalo friki al que hemos detenido destrozando los vinos de autor, y los gran reserva que el conde Luthor tenía en los sótanos de su mansión.

Esto de ser policía te depara sorpresas inusitadas y te pone en contacto con dementes de este tipo. Lo que no comprendo es la procedencia de esa fluorescencia espectral de color verde que emana de las paredes.



Derechos de autor: Francisco Moroz


miércoles, 8 de marzo de 2017

Dura lex, sed lex

Dedicado a todas las mujeres tenaces y luchadoras. Fieles a sus principios y a sus convicciones.
Con la esperanza que no haya que celebrar días especiales para recordar lo importantes que son.

Especialmente a mis seguidoras blogueras con todo mi cariño.
¡Y que le den al Gray de las 50 malas sombras!





Esta nueva visita a los juzgados por causa de una denuncia por malversación de fondos públicos, me ha hecho recordar aquella otra en la tuve que personarme para solucionar la querella interpuesta por mi ex-mujer a causa del divorcio. Estaba claro que ella lo quería todo y yo no le pensaba dar nada en absoluto.

Me la tenía jurada desde que la abandoné por una fémina de armas tomar, joven, bonita que además era una abogada de prestigio que me iba a solucionar el fregado en el que me hallaba metido por causa de dicha denuncia. Mi anterior pareja  se lo había tomado muy a pecho y me quería hacer la vida imposible. 
Pero como era hombre de muchos recursos, supe salir airoso del lance utilizando la sapiencia en leyes que ostentaba mi actual compañera...

Recuerdo con aprensión lo insoportable que se me hacía la convivencia con mi mujer. Era sosa y aburrida, siempre estudiando para sacar unas oposiciones a no sé qué, que nunca conseguía superar por las dificultades que tenía a la hora de concentrarse; pues estaba más pendiente de mis continuos devaneos y escapadas que en los libros de texto y los apuntes.

Soy hombre de mundo al que le gusta experimentar nuevas sensaciones, no iba a verme limitado por un matrimonio de conveniencia, y menos por una mujer que no me complacía lo suficiente ni cubría mis expectativas sexuales.

Yo soy un político de éxito que en su momento aprovechó la oportunidad de un emparejamiento con la hija de un director de una de las cadenas de alimentación de renombre, para medrar y prosperar con las influencias y los contactos proporcionados por mi suegro; lo demás me importaba poco, una vez pasada la pasión del romance inicial y después de conseguidos mis propósitos; la relación de pareja se enfrió y me empezó a aburrir.

Me acuerdo de sus lágrimas y sofocos esperando a que apareciese por la puerta tras una larga noche de copas y clubes nocturnos. Era patética en su impotencia. Después vinieron los enfados y recriminaciones, y más tarde las amenazas que terminaban indefectiblemente en largas depresiones y días enteros sin dirigirme la palabra.

Ya tenía todo bien atado de antemano, para que ni un presunto divorcio o una denuncia tan siquiera, salpicase mi meteórica carrera, o pudiese hacer mella en mi economía personal.
Ella juró por lo más sagrado que se vengaría de mí costase lo que le costase. Me reía en su cara al igual que me congratulaba cuando se lo comentaba a los amigos de juergas y trasnochadas o a mis eventuales amantes.

Yo me salía con la mía siempre y a pesar de todo. Esa bruja no me cazaría en sus redes de mujer amargada y resentida que pretendía que siguiese un guión ordenado según su mentalidad pacata e insulsa de fiel esposa entregada.

Como era de esperar y al cabo de los años, hizo lo que se presuponía que iba a hacer tarde o temprano: Pedir el divorcio interponiendo una denuncia en toda regla. Quería sacarme hasta la cerilla de los oídos; pero para eso tenía yo a mi flamante abogada, a la que conocí en el bufete al que acudí para asesorarme sobre el caso que se me presentaba.

No quería pagar ni un euro a la arpía, y la estrategia a seguir iba a llevarse a cabo en el juicio pendiente que tuvo lugar una mañana como la de hoy. Mi abogada había desarrollado un plan para evadirme de toda responsabilidad utilizando toda suerte de vericuetos legales a mi favor que me exonerarían de abonar ninguna cantidad pecuniaria por eso de no tener hijos a los que mantener. Saliendo por otra parte de rositas, de la trampa que presuntamente me quería poner la víbora de mi ex.

Verla en el juicio que se instruyó y mirarla a la cara, fue todo un espectáculo, resultó una gran satisfacción y más, cuando después de las conclusiones y el veredicto del juez vi pintada en su rostro la decepción al no haber conseguido absolutamente nada.
La jugada perfecta tuvo lugar, y vi como sus ilusiones por arruinarme la vida quedaban en una frustración desmesurada cuando mi abogada defensora supo presentar pruebas falsas pero bien urdidas, haciéndola incluso parecer culpable de infidelidad y acoso...

Todo estos recuerdos de ese día memorable de hace unos ocho años en las que gané una batalla más, quedando impune, me han hecho sonreír de nuevo al entrar hoy por la misma puerta, flanqueado por mi imponente, eficiente y apasionada abogada personal. Con una autocomplacencia que se me puede leer  en el rostro al saberme libre de antemano, de las acusaciones de unos estúpidos indignados del ayuntamiento, que me acusan por apropiarme de fondos públicos. 

Quejas, insultos, improperios y abucheos a mi paso. Me entran por un oído y me salen por el otro, eso no me va a hacer sentir culpable, aunque a fe lo sea ¡Y mucho!

Después de echar un vistazo rápido a la sala, la veo allí sentada con cara de pocos amigos y con una sonrisa torcida y lobuna que no presagia nada bueno para mi persona.
Al instante, se me caen los palos del sombrajo a la par que el alma a los pies.
Al final la mala pécora consiguió su propósito. Aprobó las oposiciones, y recordé de sopetón que para mi desgracia, dichas oposiciones eran para juez de lo penal-administrativo. 

Y allí estaba ella, vestida como viuda negra, sentada en lo alto del estrado, dispuesta a destrozarme y hacer de justicia ciega... ciega de odio y sedienta de venganza, de esa que se sirve fría y está a punto de ser aplicada en mi contra, en forma de instrucción judicial con todas las de la ley.
Esta vez presiento, que no saldré airoso como la primera en la que me enfrente a esa mujer, de la que no me dio tiempo a conocer en todas sus facetas. 




Derechos de autor: Francisco Moroz



lunes, 6 de marzo de 2017

Deseo concedido




Cerró los ojos y sopló las velas, y se vio casado con la atractiva compañera del instituto que le gustaba, con la que tenía dos niñas caprichosas como ella, y cuyas necesidades materiales le hacían trabajar de sol a sol como un esclavo, haciéndolo renunciar a su tiempo libre.

Después las frecuentes discusiones, las infidelidades por parte de la pareja y el divorcio. Los juicios, la pensión desorbitada, el insomnio, el estrés, los problemas de autoestima, el psicólogo, el alcohol y el abandono absoluto.

Abrió los ojos y encendió las velas para volver a apagarlas. Cambiaría el deseo. 
No fuese que el anterior se hiciera realidad.



Derechos de autor: Francisco Moroz

sábado, 4 de marzo de 2017

In Crescendo




Ella me cautivó desde el momento en que la vi por primera vez en aquella fotografía en la que aparecía con pose provocadora. Me acabó por convencer de que esa chica de larga melena color caoba y ojos verdes felinos, era la mujer que me correspondía. La que llenaría mis días de razones para vivir, aquella por la que nunca dejaría de suspirar, la que adornaría mis sueños de gratas sensaciones, la que culminaría mi búsqueda incesante; la que aportaría una justificación para seguir respirando diariamente.

Anunció que pasaría por mi ciudad para estar cerca de mí, y se me insinuó para que la acompañara una de aquellas contadas noches en la que me dedicaría unas cuantas horas de su preciada presencia.
Me hacía feliz aquella invitación, era el elegido por la diosa Afrodita, que con su simple presencia eclipsaba a las más radiantes luminarias femeninas. Era yo, un simple mortal que no aspiraba a tanto, el correspondido con su amor.

Me preparé pues para la cita deseada durante tanto tiempo de ausencias. 
Al cabo de una semana ella, mágica y perturbadora, llegaría. No quería defraudarla demostrando no estar a la altura de las circunstancias, no quería avergonzarla con un aspecto desaliñado con lo cual; me compré ropa nueva y me hice un buen corte de pelo, me afeité a conciencia e impregné mi piel con un costoso perfume varonil de irresistible fragancia.

Cuando llegue el momento, pensé, portaré esa invitación impresa, junto con el anuncio y la fotografía que mi amada me envió como guiño seductor, y saldré por la puerta a su ansiado encuentro.

No, ella todavía no conocía mi aspecto, pero ansiaba conquistarla con mi presencia; no es que fuera ningún modelo de pasarela ni un Adonis, pero confiaba en que mi devoción por su persona supliera mis pequeñas imperfecciones.

-No necesitaré hablarle, -me dije. Únicamente la miraré y a lo mejor, ella, también posa sus ojos en mi persona. Saltarán chispas que encenderán una pasión inconmensurable que nunca tendrá final; como universo que se expande hasta el infinito llenando con brillantes estrellas los espacios vacíos y oscuros de un interior en el que únicamente tendrá cabida su esencia de mujer.

¡Por fin! Llegó la noche en la que ella y yo estaremos juntos, estoy nervioso como un adolescente con el anhelo de un primer beso de amor verdadero, tiemblo, aunque la temperatura exterior sea cálida. Mis poros se dilatan ante la expectativa del encuentro, el vello se eriza en mi piel por causa de escalofríos intermitentes de emoción.
No puedo explicar ninguna de las sensaciones que me embargan y temo no ser dueño de mis impulsos cuando llegue el tan ansiado contacto.

Entro en el recinto donde me ha dado cita con pasos dubitativos, como queriendo huir ante un peligro presentido, pero mis pies avanzan mecánicamente. A lo mejor es por el ambiente ruidoso que reina en mi entorno que mi cabeza ha perdido las directrices prefijadas; y sea el corazón el que ha tomado el mando y el que marca con sus latidos el ritmo de mis piernas, el que me incita a acercarme más y más, buscando el lugar más próximo por donde espero que ella haga su entrada.

Quiero que me vea en cuanto su mirada se alce buscándome entre la gente, que me llegue cercana su voz en cuanto sus labios se separen.

La adrenalina se dispara cuanto de improviso, en este espacio creado para ella y para mí, se hace el silencio repentino y la oscuridad. Sé que ha entrado en escena en cuanto a su alrededor, la luz se enciende y parece buscarla hasta que la encuentra, descubriendo esa presencia etérea que me enamoró desde que la conocí, esos movimientos acompasados y seductores al ritmo de una melodía que comienza a oírse como telón de fondo, unas simples notas que suenan a promesa con su primeros acordes, que hacen vibrar todo mi ser, incitándome a gritar de emoción y alegría; y esas notas In Crescendo, son las que desatan en mi cuerpo la imperiosa necesidad de entrega.
La exigencia de declarar mi amor incondicional a su persona. Sin vergüenza, a pesar de la multitud que me rodea, que estorba y condiciona la exclusiva intimidad que deseo mantener con mi amada.  

¡Por fin! levanta su mirada para enseñarnos esos ojos felinos y verdes como piedras de esmeralda, barriendo con ellos todo el auditorio y encontrándose con los míos que ya lagrimean de tanta tensión acumulada.

Es entonces cuando se acerca al micrófono y su voz sensual y acariciadora reverbera a través de los amplificadores y siento que su canción está dedicada expresamente a mí, a pesar de estar arropado por otras dos mil personas devotas incondicionales de su preciosa música. Y el amor lo inunda todo en una noche que se hará inolvidable y con la que llenaré mis horas de soledad hasta la siguiente cita con ella.  



Derechos de autor: Francisco Moroz


                                Relato dedicado a Conxita Casamitjana. Te lo debía ¿Recuerdas?



viernes, 3 de marzo de 2017

Depredador natural




Llevamos semanas huyendo de esa manada enfurecida que quiere acabar con nosotros. Se oyen sus aullidos de placer al sentir que la cacería  se terminará en breve y que nuestro final será irreversible.

Desde que llegamos a este bosque mi familia y yo nos sentimos vigilados y acosados, por este grupo organizado de depredadores salvajes.

Los árboles nos han ocultado hasta ahora, pero estamos agotados, mis hijos no aguantarán mucho más este ritmo de marcha. La noche nos proporcionará unas horas de descanso, pero por la mañana todo acabará para nosotros, como acabó la vida de mi compañero: abatido por esas ramas que escupen fuego que ellos portan en sus manos.

¿Qué hemos hecho los lobos para enfurecer tanto a los hombres?



Derechos de autor: Francisco Moroz

miércoles, 1 de marzo de 2017

Punto y final de un instrumento de escritura.






                                       Hoy dejaré una nota de despedida
con la última tinta que me queda en las venas, 
algo sencillo para que comprendas; 
algo corto como la propia vida 
que derramo cada vez que escribo. 
Acentuando palabras
 que deberían ser más bien interrogantes exclamadas.

Desde que te conocí tengo un corazón prestado,
que me empuja como musa inspiradora 
a escribir historias y
poemas sobre fondos blancos.
Con impulsos rasgados. 
Sintiendo el pálpito glorioso
 de los negros garabatos que transcribo,
en líneas desiguales y torcidas.

Me quedo vacío
después del tiempo que he pasado entre tus manos. 
Acariciado tantas veces por tus dedos. 
Poderosas razones que vinculan
en lazos de hermandad indestructibles.
Posabas tus labios en mi cuerpo buscando disipar las dudas, 
llamando a las ideas relevantes 
que formaran conceptos atrevidos y geniales. 
El calor de tus venas presentía entre textos de cálidos arrullos.

Me entregué a ti 
desde que me elegiste, 
como compañero de noches desveladas. 
Interminables sesiones de escritura he sumado.
Disipando fantasmas, 
inventando los tiempos venideros. 
Versamos sobre todo lo sabido, 
declamamos lo etéreo, 
traduciendo lo intangible de los sueños. 
Recreamos historias 
conjugando los verbos sin hablar y sin mirarnos.

Fue una comunión íntima y compartida,
trasmitida a golpe de emoción motivadora. 
Te serví fielmente, como instrumento 
para describir entornos, 
paisajes, personajes, circunstancias y misterios.
Mi anhelo ¡Perdurar! 
Para seguir siendo testigo de lo escrito, 
compartiendo la aventura en lo creado.

Mi consuelo
poder plasmar sin condición mi pura esencia, 
para que algunos sepan que existí. 
Que ahora acaba en unos pocos renglones mi periplo; 
los mismos en los que siento la agonía mientras trazo 
el suspiro que separa mi utilidad de lo inútil.
Eso que se llama muerte.

Pues al fin 
somos pasajeros efímeros, 
de letras manifiestas 
en tierras de ilusión y desarraigo. 
En concepto literal de desterrados.
Llegados a este punto final del abandono,
Lo presente es pasado,
el futuro es imperfecto indefinido.
Hallando otros, tras las huellas del camino
solamente lo escrito por nosotros.




Derechos de autor: Francisco Moroz.

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