Nadie parece recordar el orden correcto de los hechos acaecidos hace
aproximadamente una hora y media. Todos están desconcertados y confusos,
compartiendo sus conclusiones con el resto. Opinando sobre la fragilidad de la
vida, la inseguridad ciudadana y la ley de probabilidades que se encarga de que
te toque el palito más corto. En ese ejercicio casi metafísico, que impele
al ser humano a analizar las causas primeras. Que, como planteó en el título de
uno de sus temas el cantante ``Melendi´´, podían ser fruto del destino o la
casualidad.
Los que se han incorporado al corrillo de curiosos
atraídos por el morbo, preguntan a los que ya estaban con anterioridad y
presumiblemente tienen más información al respecto. Pero la verdad es que nadie
dispone de todas las piezas del rompecabezas como para poder encontrar sentido
al todo y responder a la pregunta: ¿Cómo se desarrollaron los acontecimientos
que desembocaron en el suceso luctuoso?
Un transeúnte se reafirma en que la causa de su
divorcio sobrevino, mientras se encontraba en las inmediaciones de su
domicilio, besando apasionadamente a su pareja. Ese instante mágico fue
interrumpido por un grupo de niños que empezaron a berrear a voz en grito de
manera insistente la palabra ¡Gooool! El escándalo era de tal envergadura
que se enfadó sobremanera. Cuando se disponía a reprender a dichos niños por
armar tanto ruido es cuando escuchó el aullido salvaje de un perro y el
desagradable chirrido de neumáticos con el posterior golpe de chapa. Cuando
volvió la cabeza sorprendió a su empleado, fumando en la puerta del comercio
que él regentaba.
El dependiente de una tienda del barrio, que estaba
echándose un ``piti´´ en la puerta, aprovechando la ausencia de su jefe y de
clientes, achaca la culpa de su despido al ayuntamiento, por no hacer la poda en
condiciones, y al ministerio de sanidad y consumo por haber prohibido fumar en
el interior de los locales comerciales. Que qué narices pinta un avispero en el
tronco de un árbol.
Si el perro pudiera hablar, afirmaría, que la avispa
que le picó en la trufa fue la auténtica responsable de un dolor inmerecido. Y
es que se puso a aullar como un loco por la quemazón. Tiró de la correa para
poder salir escopetado al parque de enfrente, por si encontraba algo de barro
donde hundir el hocico y aliviar su insufrible suplicio.
El conductor renegó de su ``perra suerte´´ por
acelerar en el último momento cuando el semáforo todavía estaba en ámbar. Y es
que no esperaba que un perro perseguido por un tipo histérico saliese de entre
los coches aparcados en batería. Ahora tendría que utilizar el transporte
público durante unos meses, pagar los desperfectos, y bregar con el seguro.
La vecina del cuarto achaca la infidelidad de su esposo, a un balón
de reglamento que salió con fuerza inusitada por encima de la valla metálica desde el patio del colegio que linda con la calle. Este, impactó contra uno de
los árboles plantados en alcorque, y rebotó tres veces antes de rodar y pararse
a los pies de un señor que paseaba a un perro dálmata que emitió bramidos
inclasificables, para a continuación salir espantado perseguido por su dueño. A causa de ello un Mitsubishi de color granate frenó
bruscamente haciendo patinar los neumáticos, derrapó abruptamente, desplazándose
hacia la derecha para colisionar contra una furgoneta azul tormenta, de una
reconocida marca logística de transporte urgente. También divisó a su marido besándose con otra.
Y la tragedia luctuosa y lo más grave del asunto, por
lo que tuvo que intervenir la policía, no era otra, que una viejita tirada en
la acera con un andador al lado, muerta sin remisión. No presentaba heridas ni
golpes aparentes según informe forense, salvo el que pudo haberle originado la
caída.
Así es como la encontraron los agentes de la primera patrulla que se personó, alertada por el aviso que les llegó desde la central,
También reportaron un coche de color granate
prácticamente empotrado en la parte trasera de una camioneta de reparto,
aparcada en batería en la zona de carga y descarga habilitada para ello. El
transportista de la camioneta culpando del siniestro al conductor del
automóvil. Este, tenía la cara a tres colores. Blanca del polvo del airbag que
había reventado, parcialmente morada por el golpetazo contra el mismo dispositivo,
y roja por efecto del bochorno provocado por la bronca que le estaba metiendo
el repartidor, y que entendía a medias, pues aunque la diatriba exaltada se
presumía en rumano o polaco, los insultos e improperios parecían ser emitidos
en lenguaje universal.
Los agentes por su parte, renegaron por lo ``bajini´´
pues se les acumuló el trabajo. Tuvieron que restringir el paso de los
peatones, parar el tráfico, acordonar la zona y llamar a los servicios
sanitarios, la grúa, y a los bomberos por si acaso. Separar al energúmeno que
tenía acorralado al conductor del coche siniestrado, e interrogar a posibles
testigos.
Cada uno estaba en el lugar que le correspondía justo en el momento que les tocaba. De eso no hay duda.
``La
casualidad parece caótica, mientras que el destino implica orden, propósito y
la sensación de que las cosas están escritas.´´
Por cierto, la anciana murió del sobresalto. Era su destino final. Destino inapelable.



Hola, Francisco, efectivamente el destino final de todos es la muerte, lo que no sé es si será del susto, jeje. Buen relato de acontecimientos casuales o por orden del destino, la vida que es así. Muy al estilo del realismo mágico, por cierto.
ResponderEliminarMuchas gracias por participar en el reto del Tintero.
Un abrazo. :)
Gracias a vosotros por animar a la escritura con vuestras propuestas.
EliminarUn abrazo.
Hola! Yo digo que las casualidades no existen, pero el destino es otro tema 😉 excelente relato y un placer encontrar tu blog y leerte. Así que me quedó en tu espacio como tu nueva seguidora para seguir leyéndote 🙌 si gustas visitarme mi blog es https://plegariasenlanoche.blogspot.com/
ResponderEliminarSaludos desde Plegarias en la Noche
Gracias Tiffany. En este caso también la casualidad o el destino se han conjugado para que nos encontremos en este espacio. ya te devolví la visita, espero no sea la primera de muchas. Un abrazo.
EliminarHola Fran, tu relato ejemplifica perfectamente lo que sucede cuando pasa algo y todos quieren encontrarle una explicación sin realmente saber qué pasó. Se encandenan sucesos, se hacen conexiones aleatorias, entran protagonistas improbables y bueno, al final el destino es el que manda. Lo que tiene que pasar, pasa de todas formas. Me gustó mucho tu aporte. Saludos.
ResponderEliminarCuando algo ha de pasar ya podemos ponernos como nos pongamos, que pasará de todas las formas. Por eso últimamente oigo eso de: déjalo fluir.
EliminarQuizá sea la mejor formula de aceptación.
Agradecido por tu visita y tu comentario.
Un abrazo.
Eso no pasa en el campo. Si es que no hay nada como vivir en la gran ciudad para sentir la intensidad accidentada de la vida.:)
ResponderEliminarBuenos días. En el campo ocurre de igual manera pero a otro ritmo y en otras circunstancias. La vida en un pueblo está cuajada de circunstancias inimaginables, te lo digo de buena tinta.
EliminarUn abrazo.
Magnífico relato, Francisco.
ResponderEliminarA veces las casualidades se encadenan de tal manera que perdemos el hilo de los acontecimientos. Pero el destino se acaba imponiendo y nos atrapa por mucho que intentemos huir de él.
Un abrazo y mucha suerte en el concurso.
Me figuro que a eso se refieren con saber leer entre líneas. Y es que acontecimientos variados los hay a cada instante, lo único que pasan desapercibidos hasta que algo impactante nos llama la atención y exclamamos ¡que casualidad! pero yo te digo que esta no existe, es la providencia o el destino ineludible.
EliminarMi abrazo, Estrella
Tu relato juega magistralmente con la idea del caos como un encadenamiento de casualidades aparentemente insignificantes —un balón, una avispa, un perro, un semáforo en ámbar, un cigarro en la puerta— que convergen en un desenlace inesperadamente absurdo y trágico: la muerte de una anciana por el puro sobresalto. Además, el tono, entre crónica periodística y reflexión filosófica con guiño a Melendi, mantiene un equilibrio irónico que no resta gravedad al suceso, pero sí lo envuelve en una especie de humor negro muy efectivo. Al final, la sentencia sobre la casualidad como caos frente al destino como orden se desmonta sola: la anciana no muere por ninguna de las causas visibles, sino por el sobresalto, y ese "destino inapelable" es, paradójicamente, el resultado más aleatorio de todos. Un texto que invita a reírse de nuestra necesidad de encontrar sentido hasta en el accidente más absurdo. Abrazos desde Venezuela
ResponderEliminarBuenas tardes Raquel. Menudo comentario magistral me acabas de dejar, es de agradecer tu lectura y análisis detallado. Efectivamente las situaciones más inverosímiles pueden desatar una cadena de acontecimientos que terminen en tragedia, caos o simple anécdota. Eso que dicen puede provocar un aleteo de una mariposa en Japón.
EliminarDe nuevo mi gratitud y mi abrazo.
Entonces ha sido culpa del del coche rojo, no?
ResponderEliminarNo es por malmeter pero Groucho le habría puesto un castigo mayor. Ahora, hasta va a tenrr excusa para comprarse otro coche.
El orden del caos es fascinante.
Abrazooo y suerte
Ya has leído que cada personaje ha visto el comienzo de su desgracia en un hecho en concreto, hay que unirlos todos para saber con que comenzó todo. Quizá el grito de ¡Goool! tampoco lo fue y hay algún acontecimiento que originó ese partido de futbol entre los escolares en un recreo que a no tocaba... La historia se escribe ella sola.
EliminarUn abrazo y gracias por pasarte y dejar huella.
Pues no sabría yo decir si es casualidad o destino. No soy muy de creer en el destino, pero hay casualidades que aunque la lógica nos diga que no pueden ser otra cosa, parecen de todo menos casualidades. Sea como sea, el relato es genial y está perfectamente hilado a pesar del tremendo número de acontecimientos que se enlazan. Suerte en el concurso.
ResponderEliminarUn beso.
Gracias Rosa. "Cuando algo está por ocurrir, hasta los planetas se alinean para que ocurra" esta es una expresión popular que se utiliza para describir una situación en la que parecen darse todos los factores necesarios para que los eventos coincidan de manera casi mágica o improbable.
EliminarLas personas que tienen fe lo llaman providencia, otras destino y las de más allá casualidad. de ahí el título.
Besos, amiga.
Hola Francisco! Toda una cadena de caprichosos acontecimientos, muy bien hilados! Y es que el destino juega con nosotros! Un abrazote y suerte en el concurso!
ResponderEliminarGracias Marifelita. Por tus deseos para el concurso y por leerme y dejar un comentario. Es muy manida la frase que dice: "Los comentarios enriquecen este blog" , pero es totalmente cierta.
EliminarUn fuerte abrazo.
Tantas casualidades juntas deben tener una explicación que desconocemos. Habrá quien dirá que son fruto de la mala suerte y otros del destino, que hubo una causalidad en todo ello. Que tenía que pasar, vamos. Sea como sea, ese encadenamiento de sucesos luctuosos ha resultado en un relato de lo más simpático y original.
ResponderEliminarUn abrazo.
Tantas casualidades no pueden ser casuales, no me atrevería a confirmar que todo está escrito de antemano y no podemos variar nada, pero a veces da un poquito de miedo cuando ves que hay resultados de pequeñas situaciones concatenadas que no se podrían dar en otras circunstancias.
EliminarEn fin que todo nos ocurra para bien y no como el final que ha tenido la anciana que podía haberse quedado en casa viendo un culebrón turco.
Mi abrazo.
es cierto, un evento ocurre, pero a la vez hay otros eventos pasando al mismo tiempo de modo que a donde concentrarnos? si uno mira uno de los eventos con atencion pierde los detalles de los demas, excelente tema para contestar este reto,
ResponderEliminarGracias J.C. Además los hombres lo tenemos más difícil en eso de poner atención en dos cosas a la vez. eso dicen las mujeres, claro. Cada uno sabrá como le va la vaina.
EliminarAún así es, como indicas es harto complicado saber que fue antes, si el huevo o la gallina.
Un abrazo, compañero.
Genial, Francisco. Un cúmulo de casualidades pequeñas y sin importancia que llevan a la anciana hacia ese destino inapelable. Un relato que muestra muy bien la fragilidad de la vida como argumentan los transeúntes al principio. Estupendo.
ResponderEliminarPues sí Marta, un efecto dominó en toda regla. La que más a captado como buena "Maruja" fue la vecina que estaba asomada a la ventana y vio todo desde una perspectiva general y no perdió ripio de lo que paso. Pero por ejemplo, nadie vio esa avispa que salió del avispero para picotear al pobre perro.
Eliminar¡ Ay ! lo de la fragilidad de la vida y el destino final, es lo único cierto que podríamos calificar como destino.
Un abrazo.
Hola Francisco. Un pequeño detalle puede marcar toda una vida. En tu relato los pequeños detalles se acumulan en una escena caótica pero a un mismo tiempo ordenada en su desorden, de manera que a cada cual le toca afrontar su destino, consecuencia de la acumulación de fatalidades. ¿Qué hubiera pasado si el primer evento no se hubiera desencadenado? Por suerte o por desgracia, convivimos con esa incertidumbre a diario. Un abrazo.
ResponderEliminarLa vida es un "sinvivir" en si misma aunque parezca una contradicción. Es una continua sucesión de acontecimientos, como bien indicas, los cuales, al suceder, desencadenan a su vez otros. Efecto dominó o mariposa, o como queramos denominarlos. De ahí el título, cada cual que elija según le parezca.
EliminarGracias por pasarte, leerme y comentar. un placer
Recibe un abrazo, compañero.
Si el destino de la abuelita era pasar de esta vida a la otra justo ahí, entonces los eventos que se desarrollaron a partir de eso también estaban destinados. ¿También estaban destinados? Va un abrazo, Francisco.
ResponderEliminarVete tú a saber. Hasta que no lleguemos a ese destino final y fatal, no comprenderemos en conjunto, la cantidad de sucesos que desencadenaron nuestro devenir cotidiano.
EliminarMi abrazo, Julio.
Hola Francisco. Tú no te limitas a narrar un accidente:, tú conviertes una anécdota urbana en una reflexión sobre la causalidad, el azar y la necesidad humana de encontrar sentido a las cosas. ¡Me gusta! Me ha parecido un relato muy inteligente y muy bien armado. Lo que más me ha gustado es cómo conviertes una escena cotidiana en una pequeña maquinaria narrativa donde cada detalle —el balón, la avispa, el perro, el semáforo, el cigarro, el coche— va encajando en una cadena de causas que parece absurda y, sin embargo, termina resultando perfectamente verosímil. El caos también puede tener una lógica interna. Además, me gusta ese juego de perspectivas que nos regalas. Cada personaje interpreta el suceso desde su pequeño mundo y desde su propia culpa o desgracia, de modo que el relato no sólo habla de lo ocurrido, sino también de nuestra tendencia a construir una explicación para soportar lo inexplicable. Un abrazo de Marlen.
ResponderEliminarEs que cuando me pongo lo hago con intensidad manifiesta. Es como el dicho: "No quieres caldo, pues toma dos tazas"
EliminarEs hábito de humanos el ser curiosos y querer saberlo todo. Y si además tiene visos de tratarse de un suceso morboso, más aún redundamos en el "Hurgue" para saber las causas primigenias de todo.
He querido describir una escena cotidiana que podría suceder en cualquier ciudad, pues solo basta que se den las circunstancias adecuadas para que algo así o parecido suceda. Seguro que alguno de nosotros tiene en su anecdotario particular algo similar aunque con diferentes causas y efectos concatenantes.
Lo que no cabe duda es de que cada uno de nosotros y de los otros, estaremos y estarán en el lugar que corresponda cuando suceden las cosas.
Mi abrazo.
Bien sé yo, tras haber trasegado por tantas décadas de percances y quebrantos, que en este mundo la casualidad no es sino una conjura para que a una le acontezca lo que ya está escrito. Si alguna desdicha ha de sobrevenir, cada lance y cada mirada nos conducen, de grado o por fuerza, a que suceda lo que por ley de vida debe pasar.
ResponderEliminarAsí de gélido e indiferente se nos muestra el destino que nos aguarda; un sino que no entiende de ruegos ni de lamentos.
En parte soy de tu misma opinión, no que el destino de cada uno esté escrito de antemano y al detalle, pero sí en que, si algo está por ocurrir, aunque nos pongamos de perfil ocurrirá para bien o para mal.
EliminarHay una canción muy bonita de Joan Manuel Serrat titulada: Fue sin querer. Te invito a escucharla, te gustará.
Gracias por tu comentario y tu visita.
Recibe mi abrazo.
Hola, Francisco. Hablas de Melendi y te sigo el hilo musical: a mí me recuerda a "Por quererte" de Efecto Mariposa, ese caos de causalidades por amor. Claramente, el ¡GOOOL! inicial es el aleteo. Buen relato. Un abrazo.
ResponderEliminarGracias Eitán por recordar esa canción. Además el nombre del grupo que la interpreta hace también referencia a ese cúmulo de "Causalidades" que se concatenan a razón de una primera acción insignificante como pudiera ser el aleteo de esa mariposa.
EliminarAgradezco tu lectura y comentario.
Un abrazo, compañero.
Casualidad o no, tu relato es genial y muy divertido, lo siento por la anciana.
ResponderEliminarAbrazos.
Pues muchísimas gracias Conchi por ese comentario. La suerte de la anciana es la suerte que tendremos todos tarde o temprano, cosas del destino insoslayable.
EliminarAbrazo también para ti.
La verdad es que al leer tu relato, una piensa que todo lo que ocurre en él es producto de la casualidad, y así lo interpreto yo, pero también la vida, nos lleva por momentos que nosotros ni siquiera imaginamos y de la manera que menos esperamos, de modo que puede ser ambas cosas, o así lo interpretó yo. Aún así esta muy hilado y me ha gustado mucho.
ResponderEliminarY desde luego la anciana está claro que se sobresalto la pobre ante tanto acontecimiento junto, para la gente mayor estas cosas pueden producirle un shock, a nosotros también pero a una señora mayor más.
Un abrazo y buena suerte.
La vida fluye como el agua que busca por donde circular a pesar de las barreras que le queramos poner. La de cada cual discurre por diferentes cauces pero terminando todos en ese mar que nos acogerá a todos. Por el camino cada uno tendrá sus propias experiencias, tomará sus propias decisiones y tendrá diferentes oportunidades, pero el final es el final y hasta los astros se habrán de alinear para que ocurra lo que ha de ocurrir. destino o casualidad, tú eliges.
ResponderEliminarMi abrazo.
Algo así me ocurrió a mi el domingo, pero salí con un golpe en el coxis después de evitar 4 casualidades, Un abrazo amigo.
ResponderEliminar¡Vaya! pues como lo siento que esas "casualidades" terminaran en ese golpe que seguro fue doloroso. espero te encuentres mejor.
EliminarUn abrazo, Mamen.
Hola, Francisco! Me causó mucha gracia la seguidilla de siniestros que nos cuentas. Se que no debería pero esta contado de una manera simpática. Mié tras leía también pensaba en todas las compañías de seguro involucradas! Aclaro que es porque trabajo en una, y ahi aparece mi deformación profesional jaja
ResponderEliminarUn abrazo
La verdad es que las únicas beneficiadas ante tanto percance, son esas compañías que nombras. esas no pierden nunca, pues ya de antemano están suficientemente cubiertas aún teniendo que abonar un efectivo al asegurado. Son como los bancos. Y si el famoso destino baraja sus cartas, nosotros nos las jugamos.
EliminarUn abrazo, compañera.
Hola, Francisco. Gran relato sobre un supuesto caos que tú ordenas con precisión para entregárnoslo con un toque de humor ácido. Me ha gustado mucho.
ResponderEliminarUn abrazo.
Al fin y al cabo el caos no deja de ser un desorden organizado en si mismo. Y aunque nos parezca poco razonable, todo sigue un patrón tipo fractal que no carece de cierta lógica.
EliminarAgradezco tu comentario y me alegro te haya gustado. Un placer tenerte por aquí.
Las pequeñas cosas que pasan a nuestro alrededor son las causantes de que el destino esté o no de nuestra parte.
ResponderEliminarEl relato tuyo es fantástico donde se reúnen esas pequeñas cosas que llevan a situaciones inexplicables.
Te felicito Francisco.
Un abrazo
Puri
Son esas pequeñas cosas las que nos hacen reír, vibrar, llorar, sentir, emocionarnos... las causantes de eso llamado destino. El albur juega un papel en todo este cúmulo de casualidades causales, pero si ha de pasar lo que tenga que pasar, pasará.
EliminarUn fuerte abrazo.
Hola, tocayo.
ResponderEliminarDestino o casualidad, como dice Melendi, o quién sabe si pudiera entrar en juego la causalidad. No sé si en tu denso relato todo es fruto de una de esas tres premisas, de dos de ellas, o incluso de las tres, pero lo que es cierto es que has encadenado con maestría una serie de sucesos, en un principio inconexos hasta que los ves desde la perspectiva del conjunto. Muy buen trabajo, compañero, te felicito por tanta imaginación.
Te deseo mucha suerte en el Tintero y te envío un fuerte abrazo.
Pues muchas gracias por tu atenta lectura y completo comentario. Ya sabes de otras veces que no me conformo con lo evidente y que me gusta liarla un poco jugando al despiste. Pero es verdad, que habría que tener la mirada de Dios para poder visionar y encontrar sentido al conjunto de hechos eventuales y rápidos que conducen a esa muerte repentina.
EliminarEn todo caso ni yo tengo muy claro si todo es fruto de la casualidad o del destino, vete tú a saber.
Mi abrazo, tocayo.
Hola Francisco me ha resultado un relato muy bien engarzado. Cada cosa en su sitio y cada acto también en el suyo. Que comienza él y termina con esa pobre señora que a menudo susto se dio y le costó la vida. Suerte tener concurso un abrazo.
ResponderEliminarTodas las circunstancias acaecidas han conducido a pequeñas desgracias: Un despido, un divorcio, una ruptura, un accidente y un picotazo doloroso. Pero la muerte de la anciana fue lo peor de todo y no se pudo prever la tragedia que de alguna manera estaba escrita por el destino o la cadena de casualidades.
ResponderEliminarOtro abrazo fuerte y cariñoso para ti.
Ostras, Francisco, has entretejido una trama que me recordó a La colmena. Una relato coral, construido como un puzle que invita al lector a sumergirse y dejarse llevar por la historia para saber qué ocurrió. Es impresionante como en tan pocas palabras has conseguido hacerlos te quedó fantástico.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo!
Muchas gracias, Pepe por tus palabras, me alegro que te haya resultado interesante o al menos curiosa la historia.
ResponderEliminarEs verdad que el límite de palabras condiciona a la hora de escribir lo que realmente te gustaría, pero las normas están para acatarlas ;)
Un abrazo, compañero.
je je.. no pude evitar visualizar, en alguna parte, a un director con el guion en la mano y organizando la escena perfecta para el gran final de su película, todo estaba ubicado de forma precisa para que el destino se manifestara como un gran elefante en medio de una pequeña sala.. me encanta.. ¡Saludos!
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