viernes, 7 de junio de 2019

Tinta escrita y derramada






Cuando Romeo y Julieta se besaban con pasión prometiéndose amor eterno, eran ajenos a su drama personal y a la falta de futuro en su relación amorosa.
No podían haber imaginado, que su trágico destino ya estaba escrito de antemano con premeditación y alevosía por un tal Shakespeare.



Cuando salió de la cárcel en la que estuvo recluido cinco años de su vida, fue directo a matar al autor de sus días, el que lo había creado como personaje de ficción, el mismo que le condenó por un crimen del que era inocente, solo por dar más interés al argumento.

                             

Entre los entendidos que frecuentaban la sala de lectura era conocida como una novela de acción. A pesar de haber abandonado la balda donde reposaba tan solo en un par de ocasiones.

                             

Desde el primer momento en que el forense, hombre instruido y muy leído, inspeccionó el cadáver encontrado en la biblioteca. Dictaminó que se trataba de una muerte de libro.

                             

Aunque el escritor era zurdo nunca supo tener mano izquierda con las editoriales y por ello, le resultó dificultoso obtener el derecho de autor.

                             

Para una vez que Don Juan se enamoraba sinceramente de una dama tan interesante como aquella que le leía, y justo en el instante en el que iba a declararle su amor incondicional, ella se limitó a pasar página y seguir leyendo.

                             

Cuando su querida musa inspiradora le dijo que la relación entre ellos era imposible, se quedó tan pálido como la hoja en blanco que tenía delante, y en la que no acertó a escribir ni una triste despedida.

                             

Lázaro de Tormes se acercó al registro para reclamar al autor sus derechos de imagen, y salió contrariado cuando le dijeron que este se encontraba en paradero desconocido.

                             

El escritor triunfó con su primera obra. Top ten de ventas, número uno en las listas internacionales de libros más leídos. Su opera prima se convirtió en poco tiempo en Best Seller, siendo traducida a cuarenta idiomas.
Pero no volvió a escribir más, todo por un maldito punto y final.



Derechos de autor: Francisco Moroz


martes, 4 de junio de 2019

Proyecto




“Tengo pensado hacer varios peces de colores con papel de seda, para regalárselos a Carlitos por su cumpleaños”. –Me dijo el viejito mientras departíamos en aquella fría habitación.

Tantos años han pasado desde aquellos juegos y paseos compartidos por el parque, que no solo yo he olvidado muchas cosas importantes.

Mi padre desde su realidad no me identifica, pero sigue pensando en hacer feliz a ese pequeño niño que fue su hijo convertido en lo que ahora soy, un hombre de cuarenta y cinco años que viene de vez en cuando a la residencia de ancianos, para refrescar recuerdos que atenúen la soledad de ambos.

Derechos de autor: Francisco Moroz



miércoles, 29 de mayo de 2019

Mala compañera



Supongo que no es la mejor de las compañeras, en alguna ocasión la sorprendo haciendo cosas extrañas a mi alrededor, cosas imposibles, siempre de forma velada y discreta a los ojos de los demás.

Nunca me mira a los ojos, e intenta esconderse detrás, agazapada, como si no quisiera descubrir su presencia. Otras veces la presiento a mi alrededor inquieta, como a punto de saltar y realizar alguna locura, algún movimiento inesperado.
De noche desaparece ineludiblemente, nunca me dice a donde va, y aunque jamás llegamos a hablar sobre el tema su actitud me hace sospechar que se trae entre manos negocios turbios y trapicheos inconfesables.

Solo dormimos juntos en verano y primavera cuando nos tumbamos bajo la copa de alguno de los árboles frondosos de los que crecen en los jardines por los que solemos pasear. Nunca en la cama, es como si un irreverente pudor la hiciera alejarse de mi presencia manteniéndose distante de mi cuerpo. Sin embargo de noche, si salimos a la calle a tomar unas copas, parece crecerse. Eso me preocupa, pues me supera, se hace demasiado tangible y pavorosa, no la reconozco en su actitud amenazante. Su lado oscuro se intensifica pareciendo querer dominarme.

Llevo unos meses sin salir de casa, es donde estoy más seguro, alejado de su presencia que me atemoriza. ¿Cómo he llegado al extremo de querer vivir sin ella? Antes era imprescindible, pero ahora me asusto cuando aparece junto a mí, de improviso, sin avisar. siguiendo, el ritmo de mis pasos sin despegarse, incluso imitando mis movimientos como en una burla de mimo callejero que se riera de mi. Temo que se rebele y me agreda por la espalda en un descuido.

Hace unos días sin poder resistir más, y ante la duda de saber si estaba perdiendo el control de mi mente, concerté una cita con un especialista para consultarle sobre mi aversión, no fuera a tratarse de un caso de incipiente locura, una obsesión compulsiva o paranoica.

Después de unas cuantas sesiones donde tuve la oportunidad de trasmitirle mis cuitas e incertidumbres, nos hemos sentado frente a frente y con paciencia infinita me ha desgranado su diagnóstico, tranquilizándome al respecto sobre mis temores, dándome algunos consejos y recomendaciones preventivas.

-–Convivir con ella se ha convertido es toda una prueba para usted,-–me dijo, todas son iguales por lo común, pero la suya es un poco más complicada, va un poco por libre; y esa incertidumbre de, a dónde irá por las noches, ha de quitársela de la cabeza por su propio bien. Déjela que vaya y venga a su antojo, libérese, céntrese en lo cotidiano de su propia existencia, intente ignorarla, como si no estuviera o fuera invisible.

Salí aquél día de la consulta un poco más reconfortado, pero me duró poco la tranquilidad, pues cuando salía a la calle desde el portal, apareció ella de inmediato y poniéndome la zancadilla, me hizo caer de bruces en la acera haciéndome sangrar por la nariz con el golpe. Juro por todos los dioses del Olimpo, que escuché su risa burlona.

Un transeúnte que me vio caer me ayudó a levantarme preguntándome si me encontraba bien.­­

-–Sí, disculpe he debido tropezar con el escalón.

Cuando se ha alejado el buen samaritano, la he mirado con odio infinito pintado en la cara y me he dicho a mi mismo:

––¡Está claro que tengo muy mala sombra!



Derechos de autor: Francisco Moroz

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