No
recordaba haberlo escondido tan bien, y ahora que se mudaba de casa junto con
su bonita familia necesitaba encontrarlo urgentemente. No era cuestión de que
por un olvido tonto o un hallazgo inesperado, se malograse esa fascinante etapa
de la vida que estaba a punto de emprender junto a los suyos.
Ya habían
transcurrido unos cuantos años desde que tomó la decisión de retirarlo de la
circulación para cambiarlo por otro. Y aunque con el tiempo se había
acostumbrado a su ritmo cansino e incluso que se hubiera encariñado de él, no
tuvo más remedio que aparcarlo definitivamente. La razón fue que empezó a darle
más problemas que ventajas. Por mal funcionamiento, por una deficiente conexión
y por no satisfacer sus crecientes expectativas y acuciantes necesidades de
viajar para conocer mundo y sentirse un poquito más libre ampliando horizontes ‹‹Renovarse
o morir›› que dijo aquél.
Y hoy
precisamente, se cumplían dos meses y pico desde el día en que conoció a un
magnate americano de la industria automovilística de paso por España que se prendó
de ella y con el cual comenzó una intensa relación amorosa con mucho
entendimiento, pasión y sexo.
Desde el
momento en que le propuso mudarse a California para empezar una vida compartida,
lo tuvo claro. Pues eso suponía nuevos proyectos, más status y lujos. Más
renovación, y como regalo de compromiso, un nuevo y potente automóvil. Además,
su nueva pareja había encajado estupendamente y se llevaba fenomenal con sus
dos preciosos hijos. Ella sería una mujer envidiada a partir de ahora.
Por eso
estaba preocupada y algo agobiada con la situación. Pues estaban a punto de
venir los de la mudanza y no le venía a la memoria el lugar exacto del garaje o
del jardín donde había enterrado los restos de su anterior marido.


Buen final. Tiene una pizca de la Bovary , buen relato me ha gustado ,saludos cordiales.
ResponderEliminarIncluso a Flaubert le costó un juicio el haber escrito esa obra con tal personaje, que fue tachado de inmoral. hoy en día las Bobary son seres rebeldes y libres.
EliminarUn abrazo.
Madre mía, lo último que me hubiera imaginado, ja, ja. Yo también suelo olvidar donde guardo las cosas, pero una cosa así... creo que la recordaría, aunque hasta que no se dé el caso... Ja, ja, me ha encantado.
ResponderEliminarUn beso.
Ten en cuenta amiga que no puedes afirmar nada con rotundidad. La memoria es muy selectiva y olvida lo que conviene olvidar, en otro caso se nos complicaría mucho la vida.
EliminarOtro beso para tí.
Me niego a pensar que es una mujer fatal. Lo que pasa es que su marido la maltrataba y ella tuvo que tomar una drástica decisión. El hecho de que conociera a un buen hombre adinerado con el que emprender una nueva vida fue un golpe de suerte. No pensemos mal; ninguna mujer es así. ;)
ResponderEliminarHuelo la ironía como sabueso entrenado para ello.
EliminarExisten hombres malos y mujeres malas. Todos, en potencia somos refugio de ideas, emociones y deseos que frenamos por las conveniencias. En un momento dado y dadas ciertas circunstancias pueden llegar a aflorar para nuestro perjuicio o el del prójimo.
Un abrazo.
Una forma muy drástica de empezar una nueva vida y dejar atrás el pasado turbulento. Ya se sabe, el muerto al hoyo y el vivo al bollo. A esa mujer lo único que le interesaba era una vida de lujo que solo un millonario le podía proporcionar. Una mujer, no sé si fatal, pero desde luego peligrosa, je, je.
ResponderEliminarUn abrazo.
Por viudas negras se las conoce a este tipo de mujeres que van dejando rastros de tragedia a su alrededor.
EliminarNo dejan pasar la oportunidad de dar un giro a su vida siempre buscando mejorar. Lo malo, es que siempre a costa de los demás.
Un abrazo.
Cuando una se dedica a asesinar hay que tener buena memoria porque si no la cosa puede acabar mal para la asesina.
ResponderEliminarBesos.
O eso, o un plan B que les facilite una explicación oportuna o una salida a su atolladero.
EliminarBeso para ti también.
Sinceramente pensaba que se trataba de un juguete sexual, jaja, pero no según he avanzado en el relato me he dado cuenta de que se trataba de su difunto marido, y claro si se lo cargo, por supuesto y como no, no podía dejar rastro alguno, ya que su prometedora vida con ese ricachón se iría al traste por supuesto, ay el dinero.
ResponderEliminarUn abrazo.
Ja,ja,ja . Me gusta los derroteros que ha tomado tu imaginación.
EliminarEs de esas mujeres a las que se puede aplicar el dicho: "Por el interés te quiero Andrés"
¡En fin! tendrá que espabilar o se le adelantarán los de la mudanza o los nuevos inquilinos, su futuro prometedor peligra.
Otro abrazo para ti, Tere.
Al comenzar a leer pensaba en un coche, mi sorpresa ha llegado con ese final apoteósico. Me ha encantado.
ResponderEliminarAbrazos.
Efectivamente ese era el trampantojo que os había puesto para que pensarais en otra cosa que no fuese un cadáver :)
EliminarUn beso, Conchi. Gracias por tu visita.