Hoy
decidí hacerte esa visita que te debía después de tanto tiempo desde que me
dejaras. Me dolió la despedida, estas siempre duelen, y más las que no te
esperas, que vienen como a traición. Me anunciaste que estabas obligada a irte,
que no había manera de poder evitarlo. En ese instante sentí que algo se rompía en mil pedazos dentro de mí. Pues yo te amaba y sabes cuánto te necesitaba. Éramos
felices, lo sabes, y acabaste con esa felicidad. Aún así no tuve nada que
reprocharte, menos, cuando en nuestra fragilidad humana, somos simples
cometas arrastradas por el caprichoso viento. No hay culpa por decisiones que
no tomamos voluntariamente.
No haré
memoria tampoco de todos los momentos perdidos que ya no volveremos a recuperar,
eso, solo hace que sufra por los pequeños detalles que nunca tuve contigo
mientras estabas a mi lado. Siempre di por sentado que nuestro amor sería de
los que durarían para siempre, pero en la vida todo es pasajero, y la renuncia
obligada.
Por eso amanecí
repitiendo tu nombre, diciéndome que me acercaría donde ahora estás, con
el propósito de hacer una de las cosas que nunca hice en todos esos años
compartidos. Regalarte flores.
Y aquí me tienes, con un gran ramo de ellas elegidas para la ocasión, para depositarlas al pie de tu sepultura, justo, mi amor, donde nunca te quise dejar.

Estoy acostumbrado a tus sorpresas finales, pero no me esparaba una tan triste como esta. He tenido que releer el texto para ir interpretando las pistas que has ido dejando por el camino y que, en la primera lectura, no he sabido desvelar.
ResponderEliminarUn abrazo.
También me pasa que en una primera lectura no acierto a interpretar los finales del autor. Sobre todo me pasa en textos cortos cuyos finales no se cierran del todo.
EliminarAgradezco tu lectura.
Un abrazo.
Los planes de la muerte siempre se imponen sobre los nuestros. Las funerarias encantadas de que así sea, claro. :)
ResponderEliminarLa muerte siempre va por libre y es muy suya. Las funerarias siempre tienen el plan bien definido y la conclusión es la misma. trabajo nunca les faltará.
EliminarAbrazo.
Hay qué triste. Me ha pasado igual que a Josep Mª, esperaba sorpresa final, pero no tan triste. En fin, también la tristeza tiene cabida en la literatura, como la tiene en la vida, y no sirve de nada eludirla.
ResponderEliminarUn beso.
Triste es la propia vida cuando te va quitando lo que antes te concedió. Por eso se llama "ley de vida", una ley inapelable e ineludible. Las despedidas siempre son tristes y más cuando son inesperadas.
EliminarUn beso también para ti.
Efectivamente, Javier, tampoco he visto giro final sorpresivo. Desde el principio me dije que el fulano en cuestión se iba a haber cargado a esa mujer. Esto es lo que yo deduzco, aunque a lo mejor me equivoco de medio a medio.
ResponderEliminarUn abrazo
Buenas tardes amigo. Te equivocaste ;) Fue una muerte natural, si es que una enfermedad terminal se puede definir de esa manera. Se trata de un soliloquio ante la tumba de la amada tras su pérdida. El nunca quiso dejarla allí, le hubiera gustado seguir disfrutando de su compañía, aunque nunca le regalara flores.
ResponderEliminarUn abrazo.
Ayer fui al cementerio con mi madre. Estaba mi padre en su nicho y, al lado, en otro, mi hermana. Mi madre vió que había flores frescas en el de su hija. Su marido, que seguramente no le regalaba flores casi nunca, se había acercado el 8 de febrero a regalarle flores en ese cumpleaños en que, de estar viva, hubiera cumplido 55. A veces la realidad es tan triste como los relatos. Un abrazo.
ResponderEliminarQue razón tienes cuando dices que la realidad supera con creces la ficción. Que curiosa historia nos has regalado, a la par que un poco triste.
EliminarUn abrazo agradecido.
Y yo, pensando que con la flores habría reconciliación ¡Que final tan triste e inesperado!.
ResponderEliminarAbrazos.
Tristemente no. Las flores fueron un regalo que ya no se pudo agradecer.
EliminarAbrazo
Francisco, es muy triste. Pero es también una manera de reconciliarse con la deuda que guardaba consigo mismo. Va un abrazo.
ResponderEliminarUna deuda pagada cuando ya no hay una vuelta atrás. Ya no sabrá su esposa si las flores eran de su gusto.
ResponderEliminarOtro abrazo para ti.