sábado, 25 de abril de 2026

La temida regularización

 



Con tan solo siete años escribe y se expresa mejor que la mayoría de sus compañeros, pero frente a la redacción que les ha mandado la profesora como tarea, se siente inseguro.

`` La familia´´ ese es el título del trabajo que tiene que presentar mañana ante la clase. Se trata de describir más o menos a los miembros que forman la familia del alumno, comentando algo destacable de cada uno, contando alguna experiencia en común, cualidades, etc.

Agarra su estuche y elige el lápiz como herramienta de escritura. Abre su cuaderno sobre la mesa, al lado de la ventana que da a la calle. Despacito, con una letra caligráfica casi perfecta, que más de un médico o abogado desearía para sí mismo, va enlazando las frases que definirán a su familia. Le tiembla un poquito la mano, pero lo mitiga apretando los dedos sobre el lapicero, mientras sacando la lengua, se concentra  para que los renglones no se le tuerzan.

Escribe:

–Mi familia son tres. Mi padre, mi madre y mi abuela. Vivimos en un barrio de Madrid muy bonito que tiene un parque grande con columpios donde salgo con mis amigos.

Por las mañanas mamá me despierta con un beso y yo salgo de la cama para lavarme la cara y las manos. Cuando llego a la cocina huele muy bien a tostadas recién hechas. Me gustan mucho untadas con mantequilla y mermelada de ciruela. La abuela madruga mucho y ya está regando las plantas del balcón que son una maravilla y dan mucha alegría a la casa. Después preparo la mochila con los libros y salgo muy contento para ir a la escuela donde me encuentro con los compañeros y los profesores que me enseñan muchas cosas.

Papá trabaja en una fábrica muy grande. Tiene que levantarse más pronto que yo y que mamá porque en su empresa hace cosas importantes.  Bueno,  mi abuela se levanta antes que ninguno, creo que ella duerme muy poco. Dice que es porque los viejos no necesitan estar tanto tiempo en la cama, que eso les amustia como a las plantas a las que no les da el sol. Es ella la que me acompaña hasta el colegio y después me recoge para regresar a casa, tardamos porque ella anda muy despacio.

Mi madre también tiene un trabajo muy bueno. Es ella la que se encarga de todo y lo sabe hacer muy bien, pues su jefa quiere que esté siempre a su lado. Por eso es la que llega más tarde a casa,  a la hora de cenar o así.  

Papá juega conmigo un poco todos los días y después me ayuda a hacer las tareas que me han mandado los profes. Me repite, que tengo que estudiar mucho para llegar a ser algo en la vida y vivir bien cuando sea mayor. Cuando llega mamá soy muy feliz porque ya estamos todos juntos.

Mi abuela es muy vieja, pero muy buena y lista. Es la mamá de mi mamá. No tengo más abuelos porque se murieron y están en el cielo. Yo no les conocí porque era muy pequeño cuando hice el viaje. Mi abuela cocina muy bien y prepara siempre la comida.

El pequeño se acongoja, deja de escribir y posa el lapicero sobre la mesa, saca del estuche una goma blanca que huele como a nata, y empieza borrar frases y palabras que no están bien. Bueno, están bien, pero no cuentan lo que deben de contar, y sabe que la abuela revisará  todo lo que escribe en cuanto termine sus deberes de redacción. Lo hace, para indicarle las faltas de ortografía y de puntuación, y es consciente que no va a pasar por alto tanta incorrección.

Mira hacia esa ventana que queda por encima de su cabeza, viendo las piernas en movimiento de los transeúntes, que en ese momento, pasan por la calle del barrio obrero y periférico donde tienen la casa sus padres. Ellos viven de alquiler, en un semisótano con poca luz natural.

Borra con ahínco lo del balcón, el parque, los columpios y los amigos. Añade que la abuela riega una planta de interior que necesita poco del sol y que tiene encima de un aparador donde su mamá guarda los platos y los vasos.

Repasa con fruición y borra también lo del beso que le da su madre por la mañana, pues aunque, está seguro que se lo da, él no se entera casi nunca porque está dormido. Ella trabaja en otra casa que no es esta, y la limpia y hace la comida y cuida de una mujer mayor  que está sentada siempre en una silla de ruedas. La saca a pasear, la asea y le compra la comida y otras cosas para que la señora pueda vivir. Aunque tiene unos hijos, pero nunca están en la casa ni van a verla porque están de viaje, muy ocupados, trabajando mucho.

Su padre tampoco es que juegue mucho con él, llega muy cansado de hacer pallets de madera y cargar camiones, solo tiene ganas de ver la televisión o mirar el móvil. Por lo tanto borra también esa parte.

El chiquillo piensa que no es suficiente, y que su familia es importante y que no le está haciendo justicia. Por tanto añade lo que para él, es fundamental a la hora de describirla.

–Mi papá y mi mamá me trajeron aquí cuando era un pequeñajo con dos años y estamos contentos cuando estamos juntos, y nos reímos cuando vemos alguna película y me lo paso bien cuando salimos algún domingo a pasear por un centro comercial para ver tiendas bonitas o vamos en autobús a un jardín que está lejos y es muy enorme, con muchos árboles y un lago con barcas.

 Mi abuela no viene porque no puede andar mucho.  Pero es  muy lista, es la que me enseñó a leer y escribir, porque dice que el conocimiento y la honestidad  son las cualidades que hacen ser importantes a las personas. Por eso no puedo decir mentiras.

Todavía no tengo muchos amigos, pues en el cole me llaman `` Panchito´´ en vez de Pedro, que es como me llamo. Yo creo que es un nombre bonito y no sé porque me llaman así.

Todavía se queda un rato repasando lo escrito, y con esa goma que le gusta tanto porque huele como a nata, borra también lo de la mermelada de ciruela.



Derechos de autor: Francisco Moroz


14 comentarios:

  1. Querido Javier
    Siempre nos sorprendes con tus historias, sabes captar los detalles y explicar lo que ocurre alrededor. Nos presentas a tus personajes y nos haces sentir lo que están viviendo.
    Admiro tu sensibilidad y destreza al escribir. Yo nunca podría hacerlo.
    Gracias por hacernos parte de la noticia desde dentro.
    Un saludo. Espero leerte pronto de nuevo

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    1. Buenas tardes, no se quién se esconde tras ese anónimo, pero presiento que alguien que me aprecia según tu comentario.
      te agradezco el mismo. Un autor reconocido me dijo que alguien que escribe no ha de buscar historias, estas ya están por ahí circulando a la espera de ser contadas por alguien. En este caso la noticia de la regularización me proporcionó la mía.
      Un abrazo.

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  2. Eso esta muy bien, me gustan los cuentos que reflejan la realidad y en este relato la historia deja reflejar una inocencia muy entrañable

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    1. Muy amable J.C. Las historias pequeñas y sencillas me tienen atrapado desde hace mucho, son las que mejor se entienden, pues no tienes que abarcar mucho.
      Mi abrazo.

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  3. Has escrito un relato tierno, una redacción que de niños es típico que te la manden. El niño refleja la vida de hoy cuando los padres trabajan. Me ha venido a mi memoria cuando yo era niña escribía en una mesa al lado de la ventana. Un abrazo.

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    1. La historia de un niño emigrante con una vida muy sencilla que toda una sociedad la complica indirectamente.
      Me alegra haberte retrotraído a tu niñez.
      Besos, Mamen.

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  4. Muy triste pero, a la vez, muy real. El niño censura lo que ha escrito queriendo representar en su redacción una familia ideal, o típica, que no es precisamente la suya, pero como si lo fuera, porque lo importante es que lo que les une es el amor. Por desgracia, esta situación es mucho más frecuente de lo que algunos creen, y la discriminación todavía se hace notar en las escuelas de hoy.
    En fin, un relato muy tierno y realista como la vida misma.
    Un abrazo

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    1. La pena es que el niño, como un tanto por ciento muy grande de la población, no tendría que tachar esas pequeñas cosas que son fundamentales para el desarrollo personal. Pero parecieras ser que otro tanto por ciento menos numeroso se empecina en que los más tengan menos para ellos seguir agrandando sus riquezas sin mesura alguna. Como dijo alguien hace poco: Yo a esos los pondría en una patera dos días enteros sin tener que comer ni beber.
      Un fuerte abrazo.

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  5. ¿Qué clase de personas estarán formando en las escuelas hoy en día? Panchito lo llaman. Y es que a lo mejor en casa no los forman.

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    1. Quizá esa educación dañina ya la dan en casa. en las escuelas se refleja muchas veces lo que en las familias se experimenta. Los niños solo son imitadores de sus mayores.
      Gracias por dejar tu comentario como siempre, lo aprecio.
      Un abrazo.

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  6. Qué preciosidad, Javier. Cuánta ternura despierta y cuánto respeto y empatía por todas esas familias que se ganan la vida entre nosotros, contribuyen a ampliar nuestra cultura, costumbres, forma de hablar, gastronomía... Contribuyen realizando trabajos duros que requieren paciencia y, a veces, cariño y que por aquí ya nadie quiere hacer. Y además lo has contado de maravilla en la voz de ese niño que sueña con tantas cosas y, en honor a la verdad, con una goma de nata, las va borrando, Pobre, hasta la mermelada de ciruela... Muchas gracias.
    Un beso.

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    1. Realmente no sabemos tantas cosas, que los envenenadores que utilizan esos dardos emponzoñados de las falsas noticias o las más recurrentes de ellas, se aprovechan de esa ignorancia para informar desinformando y enfrentar a los pobres contra los más pobres y así de paso desviar la atención del verdadero problema que son ellos, los que tienen miedo de que les arrebaten sus prebendas.
      Besos, Rosa.

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  7. Una realidad muy triste refleja tu relato Francisco, en su mente el niño escribe lo que le gustaría.

    Abrazos.

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    1. Los deseos infantiles de un niño inocente sin picardear suele imaginar realidades perfectas donde el dolor, la muerte y las carencias se maquillan por necesidad de no sentirse vulnerable.
      Gracias por tu lectura y comentario.
      Un abrazo.

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