sábado, 22 de marzo de 2025

Vocación

 




Él finge que no le importa todo el dolor que dejan a su paso, que es lo habitual dentro del ambiente de violencia en el que se desarrolla su trabajo. En otro momento hubiera bromeado para decir: “Lo que toca, es nuestro pan de cada día”. Pero ahora mismo tiene que estar centrado para evitar sorpresas.

Mientras los compañeros se mueven con precisión entrenada gritando órdenes precisas a los aterrorizados ciudadanos anónimos, él los cubre con su G-36. La confusión y el ruido parecieran anular todos los sentidos, pero consigue que  su memoria retroceda en el tiempo hasta su adolescencia, cuando tenía definido a lo que quería dedicarse cuando llegara el momento de tomar una opción vital con respecto a la profesión que quería desempeñar. Sus amigos de juventud, tan diferentes a estos “tipos duros” que le acompañan ahora, se burlaban de él, y le aconsejaban que cambiara una vocación sin futuro por otra más exitosa y mejor remunerada. No hubiera podido imaginar entonces, los derroteros por los que acabaría transitando para hacer lo que hacía, a causa, precisamente, de esos consejos vertidos en su mente maleable.

Sus padres adoptivos lo habían acogido como a un hijo más, y es consciente de que les defraudó en el último momento. Tampoco ellos daban crédito a ese cambio repentino que experimentó, ni en la determinación con la que tomó la decisión de salir del centro donde realizaba sus estudios para apuntarse a una academia militar.

Le hubiera gustado borrar de un plumazo todo lo dicho de forma tan desabrida, a aquella pareja que apostó todo por él. Una vez más los hijos no son lo esperado por los padres cuando estos ponen unas expectativas muy altas en lo que atañe a la educación y su futuro.

“Los caminos de Dios son inescrutables”, esa fue la frase hecha con la que les contestó cuando le preguntaron una sola vez, del porqué de tan repentino cambio.

Y es que permutó los libros por las armas, dio la espalda a la seguridad para mudarla por el estrés cotidiano. La tranquilidad por el continuo estado de alerta. Se alejó de su hogar y los suyos para irse a tierras lejanas. Abandonó el seminario por el ejército, perdiendo muchas cosas por el camino.

El ruido del tiroteo le saca de su abstracción y antes de avanzar recuerda una cita del evangelio: “No se puede servir a dos señores a la vez” y él, eligió al de la guerra.


Derechos de autor: Francisco Moroz



martes, 4 de marzo de 2025

Nadie duele para siempre

 

   



  Ex querido mío.

  Te escribo para despedirme. Pues ya lo recitó Sabina: “Es lo peor del amor… cuando al punto y final de los finales, no le siguen dos puntos suspensivos.”

   No dudo que el nuestro fue mágico, pero la magia, sabemos, es pura ilusión, y yo me ilusioné contigo sin haber leído la letra pequeña que incluías.

   Lo que pretendíamos que fuera una historia interminable se quedó en relato corto. Presiento que para ti, un conquistador aventurero convertido en pirata, tan solo representé un capítulo más en su cuaderno de bitácora. No permitiré que sigas siendo mi prioridad cuando tú me consideras solo una opción. Segundo plato en una mesa donde ya no se sirve con pasión.

   He aprendido gracias a mi amigo Carlos Ruiz Zafón que un corazón, solo puede romperse una vez, que las demás son rasguños, que puede seguir latiendo. Además, el amor no es lo que duele, es lo que se confunde con él lo que hace sufrir. Y el dolor es inevitable ¡Lo sé! Pero el sufrimiento es opcional, y por ti no derramaré una sola lágrima merecida. Dejas en mi vida más paz que sentimientos.

   Shakespeare, en El rey Lear dejo inscrita una frase lapidaria: “Las heridas que no se ven son las más profundas”

   Pero yo me quedo con nuestro Cervantes que dejó escrito: “Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades.”

   Yo tan poesía y tú tan puro cuento.

Adiós.



Derechos de autor: Francisco Moroz






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