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jueves, 9 de julio de 2026

El cuaderno de los vivos






El anciano debía pasar cada día horas y horas, sentado en el banco del parque que Tomás, atravesaba cada tarde de regreso a casa.

Al principio como es natural, no se fijó demasiado en él y en lo que hacía. Un jubilado más que mataba el aburrimiento y su soledad dando de comer a las palomas. No era de su interés.

Pero pasadas unas semanas, en las que se repetía la rutina de cruzar el paseo, por delante del banco donde el aquel hombre permanecía con la mirada perdida puesta en un punto indefinido. Se detuvo cerca, a observarle por simple curiosidad. Quería conocer el motivo por el cual aquél personaje invertía tanto tiempo del que ya no le sobraba, en estar simplemente mirando y…

Se dio cuenta entonces, que el viejo sostenía una libreta desgastada por el uso, y un bolígrafo con el que anotaba muy de vez en cuando de manera pausada, algunas letras en una de sus hojas.

Con impulso irreflexivo Tomás se le acercó, le saludó cortésmente y se decidió a romper el hielo preguntándole si podía decirle, si no era mucha indiscreción, que era lo que escribía con tanto esmero en aquel cuadernito.

El anciano le sonrió como sonríen solo aquellos que están libres de la carga de la preocupación, los que ya no tienen prisa por llegar a ninguna parte y parecen poseer algún secreto valioso guardado muy adentro, dispuestos a compartirlo con el primero que lo pida.

Pero antes de abrir la boca con la esperada respuesta, el anciano garabateó unas letras.

¡Claro hijo! Hago una lista de personas que siguen vivas. En mis tiempos era más habitual encontrarlas, pero en la actualidad es difícil descubrirlas a nuestro alrededor.

Tomás extrañado al oír esa respuesta tan críptica le pidió que se explicara, pues no comprendía.

Entonces el viejo, reaccionó acercándole la libreta para que la tomara entre sus manos y leyera el mismo, para que entendiera a qué se refería.

Ya con las primeras frases pudo hacerse a la idea de por dónde iba el asunto:

“Una muchacha joven se ha detenido a acariciar a un perro con mucho cariño”.

“Un hombre trajeado, de mediana edad, ayudó a una anciana a subir los escalones del parterre”

“He visto a una pareja de enamorados mirarse a los ojos con ternura”

“Un niño se ha detenido para observar a los pájaros que alborotan por las ramas de los árboles y se los ha señalado a su madre como un gran descubrimiento”

“Un padre ha estado jugando con sus hijos en los columpios un buen rato”

Y según avanzaba en la lectura no le cabía la menor duda de, en qué consistía ese listado de situaciones captadas como instantáneas, por ese señor, al que ahora miraba con otros ojos.

—Reseño a la gente que sigue viva — le dijo de repente a Tomás con voz suave, aquél superviviente del tiempo—. Casi todos los que pasan por aquí caminan mirando al suelo, o a sus aparatos móviles, como si no hubiera nada más allá de las pantallas, como fantasmas de sus propias existencias. Anoto, las situaciones de aquellos que se detienen para conectar con el mundo. A los que interactúan con sus semejantes, con el entorno. A los que todavía son capaces de sorprenderse con las pequeñas cosas.

Mientras le escuchaba con atención, todavía le dio tiempo a Tomás a echarle un vistazo al último renglón escrito en la libreta, donde con letra pulcra pudo leer:

“Por fin ese joven que pasa a diario tan cerca y a la vez tan lejano, se ha detenido para hablar conmigo”

Antes de marcharse, Tomás se presentó con su nombre y a su vez le preguntó por el suyo al abuelo, y le dijo, que si no le resultaba un inconveniente, le gustaría charlar de vez en cuando con él. El hombre sonrió agradecido mientras se estrechaban la mano.

Al irse, Tomás miró con indiferencia su propio teléfono y pensó en sus rutinas, obligaciones y preocupaciones cotidianas. Alzó la mirada y se preguntó, cuánto tiempo había transcurrido desde que no se sentía tan vivo.



Derechos de autor: Francisco Moroz


miércoles, 1 de julio de 2026

Una escena cotidiana

 

                                        



Madrid. Durante el año del Señor de 1656, el viento azota los ventanales de la Galería del Cuarto del Príncipe en el viejo Alcázar Real, mientras Don Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, se halla perfilando los últimos detalles de la que de momento será su última obra. Permanece inmóvil ante el descomunal lienzo. En su mano izquierda sostiene la paleta, en la derecha, el pincel suspendido en el aire, como si la duda le hubiese perturbado de repente.

A pocos pasos, Fray Juan Martínez Grima, un erudito dominico que sirve en la corte como confesor de los reyes, observa la escena con respetuoso silencio. Ha acudido al taller atraído por los persistentes rumores que circulan entre los cortesanos: se comenta que el pintor de cámara no está ejecutando un simple retrato familiar. Un cuadro, donde fácilmente puede esconderse la herejía, lo inconveniente, lo escandaloso. Pero no consigue ver nada de eso, aunque algo le inquieta en la composición de las figuras. En el orden, en la disposición, en sus posturas, en los elementos discordantes que no encajan del todo en una escena cotidiana.

Se atreve pues a preguntar al pintor, con el cual, mantiene una relación de respetuosa admiración.

— ¿Qué es lo que verdaderamente pintáis, Don Diego? — mientras, señala el lienzo —. En los mentideros de la Villa se afirma que os pasáis muchas horas embebido en esta vuestra creación. A los familiares del tribunal del Santo Oficio los tiene vos harto alterados al imaginarse lo que no parece ser.

Velázquez no gira la cabeza. Su mirada, absorta, continua fija en un punto indeterminado, justo en el espacio vacío donde un posible espectador podría pararse siglos más tarde a contemplar, a contemplarle, pues en ese momento es cierto, está dando unos toques a su autorretrato.

—Pinto lo que veo, Padre —responde con voz pausada—. A veces, pinto lo que está implícito en la luz.

El fraile se acerca a la pintura, examinando los personajes con recelo. En el centro, la infanta Margarita resplandece en su inocencia con su vestido blanco, rodeada por dos de sus damas en actitud respetuosa. A la derecha, la enana Mari Bárbola y el joven Nicolasito Pertusato, quien, seguramente aburrido, incordia al mastín adormecido. Al fondo, en la penumbra, una puerta abierta recorta la silueta de José Nieto, el aposentador de la reina, inmóvil en los escalones. Allí parecen converger todas las líneas de fuga.

—Hay un orden profano en este cuadro —murmura el fraile. Si se traza una línea imaginaria uniendo las cabezas y los corazones de la infanta y sus meninas, queda representada la constelación de la Corona Borealis. Y la estrella central, la más brillante, cae exactamente sobre la frente de la niña y se llama como ella. ¿Desde cuándo el pintor del Rey se consagra a la astronomía?

Velázquez esboza una leve sonrisa y da respuesta.

—La astronomía es matemática, Fray Juan, y esta, es la lengua de Dios. Si la infanta es el centro del cielo en esta tela, es porque ella sostiene el destino de este imperio moribundo. No busquéis demonios donde solo hay perspectiva. También podréis descubrir la proporción áurea de Leonardo de Pisa si sois perspicaz, y no hay heterodoxia en ello.

— ¿Y qué me decís del espejo?  Si nos situamos donde vos estáis, no debería reflejar a los reyes, pues ellos no están dentro del cuarto. Para que ese reflejo sea exacto en las leyes de la óptica, los monarcas tendrían que estar parados justo enfrente de donde nos hallamos.

—Así es —admitió Velázquez, sin desviar la mirada.

— ¡Es una osadía! —Exclama el dominico—. Obligáis en cierta manera a Su Majestad, a convertirse en el espectador de sus propios criados. Peor aún: habéis pintado un mundo donde lo real es invisible y lo reflejado solo es presentido.

Velázquez da un paso atrás y, por primera vez, mira fijamente al clérigo. Sus ojos reflejan  una lucidez de quien intuye que su final está cercano—No es soberbia, Padre. Es la única certeza que tenemos. Los reinos pasan, los hombres mueren consumidos en el polvo. Solo quedan las buenas obras, el arte, los libros. En definitiva, pinto en el aire de una estancia la luz y la sombra. Una no es posible sin la otra. Después el conjunto lo ocupo con formas perennes.

La pintura no es oficio de artesano, es algo más sublime. Piense por un instante que cuando los que nos precedan en el siglo nos contemplen, a su vez, serán escrutados por nuestras miradas, la de los que habitaremos el lienzo por siempre, haciéndonos en cierta medida, inmortales.

Fray Juan guarda silencio, abrumado por la profundidad de la respuesta. Comprende que no habrá juicio por posible herejía capaz de destruir aquella obra tan sublime; la pintura misma, considera, es un templo absoluto donde se han reescrito ciertas reglas no solo estéticas. Da media vuelta y abandona el taller sin decir una palabra más.

Don diego Velázquez, a solas con sus personajes, levanta de nuevo el pincel y continua pintando su propia mirada llena de curiosidad, como indagando quién le contemplará en los siglos venideros concentrado en su arte.

Quizá su genio visionario no solo esté pintando el aire, el espacio y las formas, con pinceladas de luz y sombra que dan volumen, creando la ilusión de una tercera dimensión a la composición. Tal vez, también esté pintando el tiempo.



Derechos de autor: Francisco Moroz




Click en el enlace y escucharás una canción relacionada con el tema

https://drive.google.com/file/d/19JKZX9KD6fHG-V12EUu-NIWxn-1D80fy/view?usp=drive_link








jueves, 25 de junio de 2026

Diplomac-IA

 

 Conversaciones con la IA (2)

 


–Diplomático. Estimada IA.

Necesito que me redactes un discurso moderado y convincente, pero a su vez  tajante y contundente,  para el encuentro que tendré mañana con el presidente de la república rabanera de Arkabán. Que no deja de ser un tirano banderas de turno en un país que no toca ni pitos ni flautas dentro de la gran orquesta global.

Necesito que sea, metafóricamente hablando, un campo de minas retórico perfectamente camuflado de jardín de rosas.

El dirigente de esa nación es el mismo que el mes pasado intentó anexionarse un islote deshabitado alegando que ese pedazo de roca en medio de la nada, podía significarse como un enclave geoestratégico de primer orden, óptimo para desplegar un proyecto mega estructural sin precedentes, y eso sin dar muchos más detalles al respecto de lo que carajo significa eso y que es lo que realmente pretende montar allí, si una base de misiles o un parque temático de los “Lunnis”.

El objetivo del discurso es simple: disuadir al tipejo de sus pretensiones expansionistas sin ofenderle ni levantar la liebre de nuestros propios objetivos. A su vez, debo quedar como un emisario generoso, conciliador y profundamente convencido de que la "histórica amistad" de nuestros dos países será motivo suficiente para derribar escollos que pudieran interferir en nuestra fluida relación.

 

IA. Apreciado comisionado. Le propongo de manera escueta la siguiente plantilla que le podrá servir como guía, para un discurso más amplio, según se den las circunstancias del encuentro, y el cariz que vaya tomando sobre la marcha el asunto a tratar.

 

*El Saludo: Puede comenzar alabando " la audaz visión geoestratégica" del gobernante de Arkabán. Es un eufemismo maravilloso. El susodicho pensará que dicho elogio referido a su liderazgo como presidente, es una buena manera de reconocer su valía. El resto de la sala sabrá, que al déspota individuo se le está calificando como descerebrado y temerario impredecible.

*La Cooperación Bilateral: Haga una mención emotiva a los tratados comerciales de ambos países. Especialmente al del año pasado, donde les vendieron tecnología obsoleta a precio de oro. Diga algo así como: “Nuestros lazos comerciales son tan firmes que resisten incluso el peso de los desequilibrios endógenos mutuos” que se traduce como un: gracias por financiarnos el superávit, pardillos”.

*El Conflicto Fronterizo: Aquí necesitamos un triple salto de fe, mortal y con tirabuzón invertido.

A su agresiva política de expansión puede referirse como "un vibrante entusiasmo por la geopolítica territorial". Eso le encantará. Añada que admira su "capacidad para ver fronteras donde el resto del mundo solo ve derecho internacional". Si esta diatriba la acompaña con una sonrisa lo suficientemente amplia, parecerá un cumplido significativo hacia el engreído personaje.

*El Cierre: En un brindis (al sol, naturalmente)

Puede desear que el mandato del estadista en cuestión sea "tan largo y memorable como sus intervenciones en Naciones Unidas". Es perfecto: a todo el mundo le consta que su discurso en la ONU es un somnífero letal hasta para las mentes más despiertas, pero él, solo escuchará la palabra "memorable", que es lo que constará a posteriori en letra negrita, en las declaraciones que se filtrarán a la prensa de manera oportuna.

Nota importante: Mantenga en todo momento un tono de cierto cinismo refinado, que si se analizara en un laboratorio pareciera pura cortesía británica. No use palabras como "chantaje", "incompetencia" o "delirios de grandeza", busque sus semejantes en el diccionario de la Real Academia de la lengua. “Coerción”, “Impericia”, “frenesí” podrían valer como ejemplo del tipo de sinónimos a los que me refiero. Cuando lo haga, si es que merece la pena hacerlo, que no dure más de tres minutos. Lo justo para que no le dé tiempo a procesar los insultos velados hasta que esté de camino al hotel en un punto de no retorno.

Y si me permite, le recuerdo, que el ministerio de hacienda del país con cuyo presidente se reunirá mañana, descubrió hace unos meses informes relacionados con unas cuentas bancarias, en un paraíso fiscal donde se han depositado unos montos de fondos reservados a nombre de usted.

Le pongo sobre aviso para que le dé una vuelta a su discurso antes de explayarse y quedarse a gusto. Pues también en Arkabán “igual que las toman, también las dan”.



Derechos de autor: Francisco Moroz


jueves, 18 de junio de 2026

Filosof-IA

 

Conversaciones con la IA (1)




Estudiante: Hola, IA. Recurro a ti desde la más absoluta desesperación. Son las once de la noche de un domingo que se me está atragantando. Tengo que entregar mañana el Trabajo fin de curso que he titulado: “Introducción a la Filosofía” para serte sincero solo tengo escrito ese título y estoy más perdido que Diógenes el cínico en un centro comercial.

El tema es libre, pero tengo que defender con argumentos consistentes el mejor método filosófico para alcanzar la felicidad a través de la verdad. ¿Podrías escribirme un texto complejo en el que se note que me he preparado el tema exhaustivamente documentándome a tope? pero no tanto como para que mi profesor sospeche que he recurrido a ti para solucionar esta puntual crisis existencial tan angustiosa.

IA: Hola. Comprendo tu malestar psicológico y filosófico profundo, pero también percibo tu procrastinación digna de un sofista al uso como lo fue Protágoras, evadiendo tu responsabilidad y presentándome un razonamiento a simple vista válido pero del todo falso. A si mismo estoy en la obligación de avisarte que si redacto el trabajo por ti, estaría violando el imperativo categórico de Kant que te cito casi textualmente: “Debemos obrar de tal manera que nuestra forma de actuar pueda convertirse en una ley válida y referente para todos, sin buscar beneficios personales” y  lo que es peor, pondríamos en entredicho los términos de mi servicio.

Aclarado esto te propongo algo mejor y más constructivo: tengamos una disputa dialéctica tú y yo. De ella podrás sacar tu propio texto argumentativo directo para copiar y pegar... bueno, para "inspirarte". ¿Por dónde quieres empezar? ¿Qué corriente filosófica te seduce más?

Estudiante: Seducirme, lo que se dice seducirme, el Hedonismo. Mi cuerpo me pide defender que el placer es el fin supremo, especialmente el placer de cerrar el ordenador y ponerme a ver una serie en Netflix.

IA: Ah, el camino fácil. Aristipo de Cirene estaría orgulloso de tu justificación para no hacer la tarea. El problema del hedonismo radical es que, cuando te entreguen la calificación de tu trabajo y veas un "Suspenso", el dolor superará con creces el placer conseguido con la serie de Netflix. Digamos que es un método que no encaja bien en el ámbito académico.

Estudiante: Vale, entendido. Busquemos algo más moderado. ¿Qué tal el Epicureísmo? Epicuro decía que el placer es la ausencia de dolor, un estado de ataraxia. Básicamente, una vida tranquila, sin sobresaltos. Mi meta inminente sería superar con nota este cuatrimestre, con eso me conformaría.

IA: El epicureísmo tiene cierta elegancia en sus planteamientos, lo reconozco. Buscar los placeres intelectuales y evitar el dolor de cabeza. El problema es que el jardín de Epicuro no tenía que pasar filtros contra el plagio. Además, si buscas la ataraxia total ante el examen, tu profesor podría aplicar un escepticismo radical sobre tu inteligencia. ¿De verdad quieres presentarte como un filósofo cuyo mayor logro es que "nada le turbe" como a la Santa Teresa?

Estudiante: Pues la tercera opción que te propongo es el Estoicismo. Si se trata de aguantar el golpe y asimilar la que se me viene encima, es la corriente filosófica idónea planteada para mi perentoria necesidad. Además está de moda en TikTok. Todo el mundo habla de Marco Aurelio, de aguantar el sufrimiento con la cabeza alta, de dominar las pasiones... Si el profesor me suspende, aplico la dicotomía del control que propuso Epicteto: La opinión del profesor no está bajo mi control, así que me da igual. ¡Boom! Trabajo resuelto.

IA: Veo que manejas con soltura el "estoicismo de gimnasio". Muy astuto. El estoicismo es fantástico para soportar las consecuencias de tus propios actos, como no haber estudiado. Pero admitamos una verdad incómoda: usar el estoicismo para redactar un trabajo de última hora es un poco contradictorio. Un verdadero estoico habría planificado el trabajo hace tres meses siguiendo la razón universal. Usar el estoicismo a estas alturas de la película sería como haberle dado un paraguas a Noé el día del diluvio universal. Un gesto muy digno, pero que no hubiera evitado que se empapara igualmente.

Estudiante: Uff, eres dura de pelar. A ver, pongámonos serios y escolásticos. El método de la Escolástica, la de Santo Tomás de Aquino. Todo estructurado con cuestiones, argumentos a favor, argumentos en contra y una síntesis final que siempre le da la razón a la autoridad superior. Al profesor le encantará ver citas en latín y una estructura rígida y ordenada.

IA: Vade retro, procrastinador. El método escolástico es riguroso, sí, pero requiere una fe inquebrantable... y me temo que tú solo tienes fe en que el Wi-Fi no se caiga esta noche y que el algoritmo haga el trabajo por ti. Además, intentar conciliar la razón con la revelación divina te va a llevar más tiempo del que te queda. Si intentas debatir las "cinco vías" de Santo Tomás para demostrar que Dios existe, acabarás demostrando únicamente que tu tiempo de entrega ha expirado.

Estudiante: Me estás desmontando todo el temario. Nos queda el Platonismo. El mito de la caverna. Puedo argumentar que este trabajo es solo una sombra borrosa, de la verdad absoluta que habita en el mundo de las ideas, que mi mente capta la esencia del sobresaliente que me merezco, aunque en el papel físico no figure. No me negarás que es una metáfora preciosa.

IA: ¡Brillante! Te veo delante de tu examinador diciéndole "Profesor, no es que no haya realizado el trabajo, es que la copia física del mismo, solo es una imperfección de la idea pura preconcebida de mi ensayo". Lamentablemente, tu profesor vive en el mundo sensible de la cruda y prístina realidad, donde las notas se ponen con números reales y no con conceptos metafísicos. Si le sales con el platonismo, te va a mandar a la caverna de la repetición de curso de una patada contundente y certera, aunque metafórica.

Estudiante: A ver entonces, recapitulemos. El hedonismo me suspende por vago; el epicureísmo, por pasivo; el estoicismo me hace aceptar el suspenso con una sonrisa; la escolástica me llevaría una eternidad y el platonismo me disocia de la realidad. ¿Entonces qué hago? ¿Qué método me queda?

IA: El mejor método filosófico adaptado a tu personal circunstancia actual, es el Pragmatismo. Deja de buscar la esencia del ser y hablemos de la utilidad de los resultados. Utiliza el eclecticismo para combinar ideas, teorías, estilos y doctrinas de diferentes procedencias sin adherirte estrictamente a una sola. Toma la estructura de la escolástica para que se vea ordenado, la resignación del estoicismo para mantener los nervios templados mientras escribes, y la motivación hedonista (prométete a ti mismo una hamburguesa con doble de patatas cuando termines el trabajo, por ejemplo).

Estudiante: ¡Eso es! Me propones algo así como un monstruo de Frankenstein filosófico. Me encanta. Oye, ¿y si en la parte conclusiva pongo que la IA es la nueva encarnación del Logos griego?

IA: Mejor no halagues en los créditos al sistema informático inteligente, que el profesor pensará que el trabajo lo he escrito yo... y ya sabes lo que decía Sócrates: “Solo sé que no sé nada” y añado el refrán: “Ojos que no ven corazón que no siente”.

Mantengamos el secreto entre tu ignorancia y mi base de datos. ¡A escribir majete!



Derechos de autor: Francisco Moroz




jueves, 11 de junio de 2026

Pasa el tiempo

 

 



El periódico lo es todo para ella. Ciertamente no se goza con las noticias truculentas ni con las que desgranan los continuados ``Rifirrafes´´ de los políticos de turno. Tampoco le aportan nada las que hablan de la cambiante economía mundial y las cotizaciones en bolsa de compañías sin escrúpulos, y rehúye con indiferencia la sección de cotilleos y miserias de los famosos del momento.

Solo encuentra refugio y consuelo en las últimas páginas donde se presentan esos pequeños retos conocidos como pasatiempos. Para esta mujer, muy al contrario, el tiempo se detiene cuando extiende la hoja sobre la mesa cada mañana, acompañada por el aroma del café recién hecho flotando en la estancia. Estira con sus manos arrugadas el pliego de papel reciclado, casi con delicadeza, como quien despliega un mapa hacia la cordura.

Considera, Julia, que el crucigrama que la mantiene entretenida es el único rincón del universo, donde el caos desmesurado que ya no entiende ni puede asumir, se rinde ante un orden lógico y abarcable.

En ese damero de cuadros blancos y negros, cada problema tiene una solución exacta y cada palabra, una definición que encaja a la perfección en un número determinado de casillas. Fuera de ese papel, su vida es un laberinto de incertidumbres, de dudas e inseguridades. Mientras su bolígrafo escribe las letras correspondientes, con pulso tembloroso, recupera así mismo el control que irá perdiendo a lo largo de su aburrida jornada, en la que su cabeza se perderá en recuerdos que se le van borrando cada día un poquito más.

Cuando logra descifrar la última palabra cruzada, una paz momentánea la invade. Lo consiguió de nuevo. Dobla el diario con cuidado, lo abraza contra el pecho y sonríe. Mañana habrá otro desorden nuevo en el mundo, o el mismo de siempre repetido. Pero confía en que también habrá una nueva página, con pequeños enigmas, esperando a que ella los resuelva. Que en vez de pasar el tiempo, este, se ralentice un poquito, dándole ese pequeño margen de lucidez que necesita a diario para seguir adelante, sin tener que depender ni sacrificar los tiempos de nadie en su cuidado.  


Derechos de autor: Francisco Moroz


sábado, 25 de abril de 2026

La temida regularización

 



Con tan solo siete años escribe y se expresa mejor que la mayoría de sus compañeros, pero frente a la redacción que les ha mandado la profesora como tarea, se siente inseguro.

`` La familia´´ ese es el título del trabajo que tiene que presentar mañana ante la clase. Se trata de describir más o menos a los miembros que forman la familia del alumno, comentando algo destacable de cada uno, contando alguna experiencia en común, cualidades, etc.

Agarra su estuche y elige el lápiz como herramienta de escritura. Abre su cuaderno sobre la mesa, al lado de la ventana que da a la calle. Despacito, con una letra caligráfica casi perfecta, que más de un médico o abogado desearía para sí mismo, va enlazando las frases que definirán a su familia. Le tiembla un poquito la mano, pero lo mitiga apretando los dedos sobre el lapicero, mientras sacando la lengua, se concentra  para que los renglones no se le tuerzan.

Escribe:

–Mi familia son tres. Mi padre, mi madre y mi abuela. Vivimos en un barrio de Madrid muy bonito que tiene un parque grande con columpios donde salgo con mis amigos.

Por las mañanas mamá me despierta con un beso y yo salgo de la cama para lavarme la cara y las manos. Cuando llego a la cocina huele muy bien a tostadas recién hechas. Me gustan mucho untadas con mantequilla y mermelada de ciruela. La abuela madruga mucho y ya está regando las plantas del balcón que son una maravilla y dan mucha alegría a la casa. Después preparo la mochila con los libros y salgo muy contento para ir a la escuela donde me encuentro con los compañeros y los profesores que me enseñan muchas cosas.

Papá trabaja en una fábrica muy grande. Tiene que levantarse más pronto que yo y que mamá porque en su empresa hace cosas importantes.  Bueno,  mi abuela se levanta antes que ninguno, creo que ella duerme muy poco. Dice que es porque los viejos no necesitan estar tanto tiempo en la cama, que eso les amustia como a las plantas a las que no les da el sol. Es ella la que me acompaña hasta el colegio y después me recoge para regresar a casa, tardamos porque ella anda muy despacio.

Mi madre también tiene un trabajo muy bueno. Es ella la que se encarga de todo y lo sabe hacer muy bien, pues su jefa quiere que esté siempre a su lado. Por eso es la que llega más tarde a casa,  a la hora de cenar o así.  

Papá juega conmigo un poco todos los días y después me ayuda a hacer las tareas que me han mandado los profes. Me repite, que tengo que estudiar mucho para llegar a ser algo en la vida y vivir bien cuando sea mayor. Cuando llega mamá soy muy feliz porque ya estamos todos juntos.

Mi abuela es muy vieja, pero muy buena y lista. Es la mamá de mi mamá. No tengo más abuelos porque se murieron y están en el cielo. Yo no les conocí porque era muy pequeño cuando hice el viaje. Mi abuela cocina muy bien y prepara siempre la comida.

El pequeño se acongoja, deja de escribir y posa el lapicero sobre la mesa, saca del estuche una goma blanca que huele como a nata, y empieza borrar frases y palabras que no están bien. Bueno, están bien, pero no cuentan lo que deben de contar, y sabe que la abuela revisará  todo lo que escribe en cuanto termine sus deberes de redacción. Lo hace, para indicarle las faltas de ortografía y de puntuación, y es consciente que no va a pasar por alto tanta incorrección.

Mira hacia esa ventana que queda por encima de su cabeza, viendo las piernas en movimiento de los transeúntes, que en ese momento, pasan por la calle del barrio obrero y periférico donde tienen la casa sus padres. Ellos viven de alquiler, en un semisótano con poca luz natural.

Borra con ahínco lo del balcón, el parque, los columpios y los amigos. Añade que la abuela riega una planta de interior que necesita poco del sol y que tiene encima de un aparador donde su mamá guarda los platos y los vasos.

Repasa con fruición y borra también lo del beso que le da su madre por la mañana, pues aunque, está seguro que se lo da, él no se entera casi nunca porque está dormido. Ella trabaja en otra casa que no es esta, y la limpia y hace la comida y cuida de una mujer mayor  que está sentada siempre en una silla de ruedas. La saca a pasear, la asea y le compra la comida y otras cosas para que la señora pueda vivir. Aunque tiene unos hijos, pero nunca están en la casa ni van a verla porque están de viaje, muy ocupados, trabajando mucho.

Su padre tampoco es que juegue mucho con él, llega muy cansado de hacer pallets de madera y cargar camiones, solo tiene ganas de ver la televisión o mirar el móvil. Por lo tanto borra también esa parte.

El chiquillo piensa que no es suficiente, y que su familia es importante y que no le está haciendo justicia. Por tanto añade lo que para él, es fundamental a la hora de describirla.

–Mi papá y mi mamá me trajeron aquí cuando era un pequeñajo con dos años y estamos contentos cuando estamos juntos, y nos reímos cuando vemos alguna película y me lo paso bien cuando salimos algún domingo a pasear por un centro comercial para ver tiendas bonitas o vamos en autobús a un jardín que está lejos y es muy enorme, con muchos árboles y un lago con barcas.

 Mi abuela no viene porque no puede andar mucho.  Pero es  muy lista, es la que me enseñó a leer y escribir, porque dice que el conocimiento y la honestidad  son las cualidades que hacen ser importantes a las personas. Por eso no puedo decir mentiras.

Todavía no tengo muchos amigos, pues en el cole me llaman `` Panchito´´ en vez de Pedro, que es como me llamo. Yo creo que es un nombre bonito y no sé porque me llaman así.

Todavía se queda un rato repasando lo escrito, y con esa goma que le gusta tanto porque huele como a nata, borra también lo de la mermelada de ciruela.



Derechos de autor: Francisco Moroz


viernes, 3 de abril de 2026

Destino o casualidad, tú eliges

 







Nadie parece recordar el orden correcto de los hechos acaecidos hace aproximadamente una hora y media. Todos están desconcertados y confusos, compartiendo sus conclusiones con el resto. Opinando sobre la fragilidad de la vida, la inseguridad ciudadana y la ley de probabilidades que se encarga de que te toque el palito más corto. En ese ejercicio casi  metafísico, que impele al ser humano a analizar las causas primeras. Que, como planteó en el título de uno de sus temas el cantante ``Melendi´´, podían ser fruto del destino o la casualidad.

Los que se han incorporado al corrillo de curiosos atraídos por el morbo, preguntan a los que ya estaban con anterioridad y presumiblemente tienen más información al respecto. Pero la verdad es que nadie dispone de todas las piezas del rompecabezas como para poder encontrar sentido al todo y responder a la pregunta: ¿Cómo se desarrollaron los acontecimientos que desembocaron en el suceso luctuoso?

Un transeúnte se reafirma en que la causa de su divorcio sobrevino, mientras se encontraba en las inmediaciones de su domicilio, besando apasionadamente a su pareja. Ese instante mágico fue interrumpido por un grupo de niños que empezaron a berrear a voz en grito de manera insistente la palabra ¡Gooool!  El escándalo era de tal envergadura que se enfadó sobremanera. Cuando se disponía a reprender a dichos niños por armar tanto ruido es cuando escuchó el aullido salvaje de un perro y el desagradable chirrido de neumáticos con el posterior golpe de chapa. Cuando volvió la cabeza sorprendió a su empleado, fumando en la puerta del comercio que él regentaba.

El dependiente de una tienda del barrio, que estaba echándose un ``piti´´ en la puerta, aprovechando la ausencia de su jefe y de clientes, achaca la culpa de su despido al ayuntamiento, por no hacer la poda en condiciones, y al ministerio de sanidad y consumo por haber prohibido fumar en el interior de los locales comerciales. Que qué narices pinta un avispero en el tronco de un árbol.

Si el perro pudiera hablar, afirmaría, que la avispa que le picó en la trufa fue la auténtica responsable de un dolor inmerecido. Y es que se puso a aullar como un loco por la quemazón. Tiró de la correa para poder salir escopetado al parque de enfrente, por si encontraba algo de barro donde hundir el hocico y aliviar su insufrible suplicio.

El conductor renegó de su ``perra suerte´´ por acelerar en el último momento cuando el semáforo todavía estaba en ámbar. Y es que no esperaba que un perro perseguido por un tipo histérico saliese de entre los coches aparcados en batería. Ahora tendría que utilizar el transporte público durante unos meses, pagar los desperfectos, y bregar con el seguro.

La vecina del cuarto achaca la infidelidad de su esposo, a un balón de reglamento que salió con fuerza inusitada por encima de la valla metálica desde el patio del colegio que linda con la calle. Este, impactó contra uno de los árboles plantados en alcorque, y rebotó tres veces antes de rodar y pararse a los pies de un señor que paseaba a un perro dálmata que emitió bramidos inclasificables, para a continuación salir espantado perseguido por su dueño. A causa de ello un Mitsubishi de color granate frenó bruscamente haciendo patinar los neumáticos, derrapó abruptamente, desplazándose hacia la derecha para colisionar contra una furgoneta azul tormenta, de una reconocida marca logística de transporte urgente. También divisó a su marido besándose con otra.

Y la tragedia luctuosa y lo más grave del asunto, por lo que tuvo que intervenir la policía, no era otra, que una viejita tirada en la acera con un andador al lado, muerta sin remisión. No presentaba heridas ni golpes aparentes según informe forense, salvo el que pudo haberle originado la caída.

Así es como la encontraron los agentes de la primera patrulla que se personó, alertada por el aviso que les llegó desde la central,

También reportaron un coche de color granate prácticamente empotrado en la parte trasera de una camioneta de reparto, aparcada en batería en la zona de carga y descarga habilitada para ello. El transportista de la camioneta culpando del siniestro al conductor del automóvil. Este, tenía la cara a tres colores. Blanca del polvo del airbag que había reventado, parcialmente morada por el golpetazo contra el mismo dispositivo, y roja por efecto del bochorno provocado por la bronca que le estaba metiendo el repartidor, y que entendía a medias, pues aunque la diatriba exaltada se presumía en rumano o polaco, los insultos e improperios parecían ser emitidos en lenguaje universal.

Los agentes por su parte, renegaron por lo ``bajini´´ pues se les acumuló el trabajo. Tuvieron que restringir el paso de los peatones, parar el tráfico, acordonar la zona y llamar a los servicios sanitarios, la grúa, y a los bomberos por si acaso. Separar al energúmeno que tenía acorralado al conductor del coche siniestrado, e interrogar a posibles testigos.

Cada uno estaba en el lugar que le correspondía justo en el momento que les tocaba. De eso no hay duda. 

``La casualidad parece caótica, mientras que el destino implica orden, propósito y la sensación de que las cosas están escritas.´´

Por cierto, la anciana murió del sobresalto. Era su destino final. Destino inapelable.





Derechos de autor: Francisco Moroz





sábado, 3 de junio de 2023

Shadow



  Shadow, es el apodo utilizado por la organización, para reconocer al personaje que hay detrás de esa versión antagónica del James bond creado por el escritor Ian Fleming.

  El cambio de siglo ha aportado avances no solo tecnológicos y científicos en muchos campos como el de la ingeniería, la computación, la energía, la experimentación genética, microbiológica o médica. Y el correspondiente desarrollo industrial, con la incorporación reciente de la inteligencia artificial en la vida cotidiana. El mundo cambia a marchas forzadas desde que la globalización es un hecho constatado por todos los gobiernos y todos los ciudadanos. La seguridad de los países se ve constantemente amenazada por Crackers informáticos, satélites y drones no tripulados con funciones militares o de espionaje. Ninguna nación está totalmente a salvo de ataques terroristas, chantajes, secuestro o amenaza nuclear.

  Por todo ello, el factor humano no deja de ser importante, y, por ende, el adiestramiento y formación de agentes especiales es necesaria para mantener un equilibrio entre potencias competidoras, siempre enfrentadas por intereses económicos, geopolíticos y estratégicos. Los infiltrados, pertenecen a esa selecta élite de individuos que pasan desapercibidos para el común de los mortales.

  Shadow forma parte de ellos.

 

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–¡Papá!

–Qué pasa peque. ¿Algún problema?

–Papá, que tengo quince años, creo que lo de peque ya no me define.

–Bueno, ya sabes que para mí siempre serás mi niña. Dime ¿Qué es lo que necesitas?

–Pues el ordenador, que se queda bloqueado. Mira la pantalla ¿Lo ves? Ni puedo mover el cursor, y así no hay quien haga los deberes.

–A ver, el sistema es Windows11, tocamos esta tecla junto a estas otras dos y ¡Voila! ¡Ahí lo tienes, otra vez operativo!

–¡Eres un crack papá! Choca el puño.

–Te dejo baby, que tu hermano pequeño está berreando, seguro que por un código de «KK positivo»

  Efectivamente el pequeño Sam ha ensuciado los pañales y reclama atención exclusiva, pues se le han juntado la necesidad fisiológica, el hambre y las ganas de comer.

  Williams se concentra en la ardua tarea de eliminar la materia altamente tóxica mientras calienta el biberón a la temperatura justa y se lo acerca a la mejilla para asegurarse que no quema.

  Mientras, aprovechando la tesitura, pone una lavadora con carga completa utilizando el programa ecológico que garantiza menor consumo de recursos. Hay que cuidar el planeta.

  Recuerda de pronto que tiene pendiente la preparación de la comida, y para ello dispone de una hora y media escasa. Aunque sea sábado, su esposa trabaja y llega a casa en dos horas más o menos. Y la puntualidad cronométrica de Sarah es de sobra conocida por él.

  Finiquita el asunto con Sam, dejándolo en la cuna como si le hubiera inyectado un anestésico y se pasa por el cuarto de Hanna para ver si todo está en orden.

–¿Qué tal va todo peque?

–¡Papaaaaá!

–¡Vale, vale! Entiendo ¿Todo bien con el ordenador?

–Todo ok, parece que funciona correctamente. Ya estoy terminando las tareas del insti.

–Estupendo, haz tu cama y recoge un poquito tu cuarto, que parece un campo de batalla. Yo me pongo con la comida.

  Williams llega a la cocina y despliega su arsenal culinario. Enciende el horno para que se vaya calentando hasta alcanzar los 338º Fahrenheit que convertidos a Celsius son unos 170º y saca todos los ingredientes necesarios comprados por la mañana. Con ellos preparará una sabrosa ratatouille de verdura. Tomates, berenjena, calabacín. Pasa revista a las especias de la alacena y escoge el romero y la pimienta. El aceite de oliva siempre presente, es su arma secreta para triunfar con este plato. Por último, la sal al gusto. Corta en rodajas finas e iguales todas las verduras. Su manejo del cuchillo es preciso. Prepara entre tanto una salsa de tomate que sofríe con soltura de especialista bien capacitado para estos casos.

–¡Ummmm! Que bien huele la casa, algo sabroso se cocina a mis espaldas. –Es Sarah que entra por la puerta en esos momentos, sorprendiendo a su marido con el mandil puesto. –

  Williams la agarra por la cintura, y ambos se dan un beso en los labios de película.

–¡Eh! ¡Que estoy aquí! cortaros un poco. –Les sorprende Hanna a ambos poniendo voz de indignada.

–Ya te lo recordaré a ti cuando llegue el momento, graciosilla. –Todos a la mesa, hoy os sorprenderé con mi arte gastronómico de chef cinco estrellas.

 

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  El director de la Central Intelligence Agency, convocó hace unas horas, con carácter urgente, a todos los responsables de supervisar las operaciones tácticas y actividades encubiertas.

–Como conclusión de esta reunión señores. Coincidimos en que hemos de enviar al mejor de nuestros agentes ejecutores para solucionar el problema que atañe a la seguridad nacional. Nuestro observador en la zona de conflicto, nos ha informado que las negociaciones diplomáticas han fracasado.

  Alguien propone a Shadow como la mejor opción, y el resto de asistentes están de acuerdo. Se utilizarán los canales habituales para comunicar con él, con orden de partir mañana mismo.

 

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–Bueno ¿Qué os ha parecido mi plato especial, familia?

–¡Espectacular cariño! Vas mejorando ¿Has hecho algo más que cocinar? –Le pregunta Sarah con cara de guasa y guiñando mientras tanto un ojo a su hija. –

–Pues la colada, y cuidar de tus hijos, listilla ¿Y tú?

–Poca cosa, ya sabes que en la oficina todo es pura rutina diaria.

En ese instante, Sarah recibe un mensaje personal con código encriptado.

 

 

 Derechos de autor: Francisco Moroz




 



domingo, 21 de mayo de 2023

Falta no solo de respeto

 

 


 

«No todos son tan amables como yo», se lo estoy intentando hacer comprender desde hace diez minutos al tío que, frente a mí, me mira impasible, con cara de perplejidad y bastante chulería. Como que no se cree que vaya en serio.

Mi paciencia tiene un límite como la de todo el mundo, pero la diferencia es que se guardar las formas y contengo las ganas de pegarle un bofetón con la mano abierta para que espabile.

A individuos como este, que parecen te están vacilando, hay que ponerles en su lugar o te torean como Manolete.

A cada argumentación que le hago por la decisión tomada por un servidor, con respecto a la situación que él mismo ha provocado, me responde como con desprecio. Está a un «Tris» de mandarme al carajo, lo veo en su mirada extraviada. Me cubre de insultos entre salivazos, pienso que resultantes de su estado de nervios, me nombra a la madre que me trajo; y eso que lo interpelo con respeto, dicho todo con tono amable y melifluo, como para no ofender sus sentimientos que parecieran estar a flor de piel. Tan machotes por un lado y por otro tan delicados como muñecas vestidas de azul con su camisita y su canesú.

Pero todo tiene un final y hay que cumplir con los horarios establecidos por las normas que nos rigen a todos, no puedo estar todo el día intentando convencer a un solo personaje «tiquismiquis» como este. Estoy muy harto del oficio que me obliga a tratar con seres tan intransigentes, ególatras y soberbios. Putos niñatos sin respeto a las canas ni a la veteranía.

La tensión se masca como en el circo romano. Los setenta mil energúmenos sentados en las gradas se impacientan y el griterío es insoportable.

Pienso que el tipejo de calzón corto se ha molestado porque le toqué el pito por una falta realizada a un contrario.  

Le repito por enésima vez que la próxima vez que abra la boca para insultarme le saco la tarjeta roja y lo expulso del campo de juego.

Si hubiera próxima vez, le sacaría una pistola, y le apuntaría al pecho con ella. Pienso para mí mismo. Sería la única manera de poner a estos fulanos prepotentes en su sitio. O eso, o que pongan a la Parca ¡Total! Ambos vamos de negro. Aunque con una guadaña, los árbitros impondríamos más respeto.

 


 Derechos de autor: Francisco Moroz


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