lunes, 23 de abril de 2018

Alta tensión






Aquí estoy yo, aburrida del todo, dejando pasar la vida en uno de esos días en los que no te apetece compartir nada con nadie ¡Ni un café!

Y lo veo a él. Como sin querer, está apoyado en esa esquina, esperando indiferente a que yo pase por delante y me fije en sus formas bien delineadas.

No creo en lo casual, y tengo la sospecha, que este en concreto me acecha desde hace un tiempo.

Lo miro de reojo, con indiferencia, no vaya a creer que quiero rollo e interacción. No soy mujer fácil para cualquiera de estos que se abre de pronto a ti, te ofrece el corazón y el mundo entero, y en cuanto te descuidas te endiña su propia historia que puede ser tan soporífera como el peor de los ensayos. Y eso no lo aguanto de nadie y de ninguno.

Ya soy talludita y tengo gustos definidos. Como para conformarme con tochitos de estos que te vienen todo chulitos mostrando su perfil más atractivo para intentar seducirte. 
Los hay que son pura imagen exterior, con mucho pixel y poca chicha y por dentro más vacíos que las muñecas matrioskas, llenos solamente de ellos mismos.

Estoy escarmentada de esos otros que van de ilustrados o de modernos. Petulantes de tres al cuarto que pretenden embaucarte con la milonga de conocer mucho mundo y estar de vuelta de todo. Prometiéndote el oro y el moro si les prestas atención, con el único propósito de llevarte a su terreno para que los admires en su genialidad.

Yo lo que realmente busco es uno que me haga reír y llorar. Que me haga sentir viva. Diva en un entorno de ensueño. Que me interrogue, se muestre tierno y amoroso. Que sea un venturero tenaz e imaginativo, que me haga vibrar en la cama cuando parece que me rindo al sueño y no puedo dar más de sí… o donde me pillen las ganas de disfrutar de un buen rato ¡Para que nos vamos a engañar! Soy adicta al placer.

Lo quiero misterioso, ameno. Elegante de presencia pero con conocimientos de buen maestro que enseña como sin querer hacerlo. Que me guarde algún secreto y se haga el interesante hasta el final, para luego, con sorprendente naturalidad hacerme revelaciones que me dejen con la boca abierta por la sorpresa.
Que sepa ofrecerme lo que busco en cada momento y esté disponible cuando yo lo solicite. Y sobre todas las cosas, que me mantenga en tensión.

También quiero que me posea toda entera, penetrando todas las fibras de mí ser, mientras yo me entrego sin remisión y lo devoro con fruición
Le condiciono a que me deje marcas indelebles pero ninguna sombra. Emociones a flor de piel junto a recuerdos que me hagan volver a él una y otra vez para experimentar el amor, la pasión y el deseo. Abrazarnos hasta que me duelan los ojos de tanto mirarlo y los dedos de tanto acariciarlo…

Ahora que recuerdo. Este que me espera apoyado como casualmente en la esquina de la estantería, creo haberlo leído un par de veces al menos.
Pero ¿Por qué no disfrutarlo de nuevo? ¡Quizá hoy me sacuda las neuronas o me toque el corazón con su sensibilidad versada o su prosa seductora! 
¡Puff!

¡Creo que voy a preparar un café para compartir con sus letras!


Derechos de autor: Francisco Moroz

jueves, 19 de abril de 2018

Cuestión de principios




Ya se las apañarían para pagar las facturas de la luz, el agua y el teléfono, cuando tuvieran ocasión de hacerlo; nunca les gustó tener deudas a pesar de no sobrarles el dinero.

Pero lo primero es lo primero, pensaron, siendo como eran, personas con principios.

Y su preocupación más perentoria, en esos momentos consistía en salir corriendo del edificio antes que este se derrumbase encima de ellos.

Derechos de autor: Francisco Moroz

lunes, 16 de abril de 2018

Tiempo al tiempo






Salieron juntos cogidos de la mano de aquél edificio donde se había fraguado todo.

Recorrieron las calles que les vieron crecer identificando todos los lugares comunes de la infancia. Fueron al parque, donde dilataron las horas conversando sobre los pequeños sucesos cotidianos, recordando detalles de cuando eran niños y no tan niños. 

Y cuando llegaba la hora de comer, regresaban a la residencia de ancianos donde se habían vuelto a encontrar hacía dos meses y medio después de tanto tiempo sin saber el uno del otro. 
Se vieron y se reconocieron en aquellos dos adolescentes que un lejano día se prometieron amor eterno.



Derechos de autor: Francisco Moroz


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