jueves, 5 de noviembre de 2026

California 1963




 –A ver señores, quietos y en silencio hasta oír la señal, lo primero identificar a los sujetos, y una vez que señalemos a los objetivos los atacamos selectivamente.

  Todos asienten en silencio, impacientes por entrar en acción, a la espera de que el viejo emita la orden para atacar, pendientes del timbre del centro educativo.

  Llega la hora. Un sonido estridente, puertas que se abren de golpe, y una especie de estampida de búfalos pero de chavales corriendo.

  Padres y madres esperando en las inmediaciones, maestras acompañando y supervisando el descontrol.

  Un guirigay indescriptible que sin embargo no logra confundir a los sujetos que reconocen con sus agudas miradas a cada una de sus víctimas.

 –Esa es la que me intentó arrear con la escoba cuando estaba posado en el porche.

 –Esos dos, son los de la escopeta de perdigones.

 – Localizados los que nos disparan con sus tirachinas.

 –Aquellos otros los roba huevos.

– Descubierto el asalta nidos.

   Cuando por fin el viejo negro emite su rasposo graznido, el cielo de Bodega Bay se oscurece en un parpadeo. El aire se llena de plumas y caos, picotazos y golpes de ala sin compasión ninguna.

  Se oyen gritos y lamentos, intentan cubrirse y ponerse a salvo. No hay piedad para nadie, ‹‹quien la hace la paga››, y ellos ya llevan muchos años aguantando las gamberradas de estos niñatos.

  De momento están solo ellos: ‹‹La banda de los cuervos››, más adelante se les unirían gaviotas, estorninos y cornejas.

  Un tal Alfred Hitchcock estaba por allí.



Derechos de autor: Francisco Moroz

 


 


Los cuervos identifican y recuerdan rostros humanos asociados a experiencias negativas (como capturas o maltratos) , y pueden guardar esa información durante años.

Tienen la capacidad de comunicar el peligro a otros miembros de la bandada e incluso enseñar a las nuevas generaciones o crías jóvenes a desconfiar de un rostro específico, aunque esas aves nunca hayan visto a la persona.





domingo, 1 de noviembre de 2026

Santos de andar por casa

 



– ¿Por qué encendemos hoy una vela? – Pregunta el niño a su padre– mientras observa con atención como la pequeña llamita baila en la mecha.

– Hoy se celebra el día de todos los santos, Mateo.

– ¿Qué santos? ¿Esos que son estatuas pintadas de colores que están en la iglesia alrededor del altar, y están serios y tienen coronas doradas encima de la cabeza y bastones en la mano?

El padre le sonríe y le responde:

–Esos son algunos de ellos, pero nosotros no les conocimos, pues vivieron mucho antes que nosotros. Hoy sobre todo celebramos a     ‹‹ los santos de la puerta de al lado y a los de andar por casa ››

Mateo pone cara extraña arrugando la nariz, gesto que hace cada vez que no comprende algo.

–Pero papá, los vecinos no tienen capas ni coronas ni hacen milagros.

–Tampoco los ángeles que podemos llegar a conocer a diario tienen alas, pues no necesitan volar. ¿Tú todavía te acuerdas de los abuelos?

– ¡Claro! El abuelo me daba chuches y me contaba historias antiguas de cuando él era un niño de mi edad, y de la abuela, que cada vez que venía a casa o íbamos a la suya, me tenía preparado el bizcocho de chocolate que me gustaba. Y del otro abuelo que también se murió me acuerdo mucho. Me cogía en brazos cuando me veía y me daba muchos besos y cuando íbamos al campo, me llevaba de excursión y subíamos una montaña para ver las casas desde arriba. Y me enseñaba el nombre de los árboles y los pájaros. Y de la abuela viejita que ya no puede casi andar que me mira y me dice que ya soy tan alto como ella pero menos arrugado.

–Pues esos son nuestros santos particulares, Mateo. Ellos te hicieron y te hacen sonreír, te escucharon, consolaron y curaron las heridas. Ellos te cuidaron y te acercaron al colegio cuando ni yo ni mamá podíamos hacerlo. Y alguna vez estuvieron pendientes de ti cuando estabas enfermo.

– ¿Y entonces que es un santo? porque los santos hacen cosas que no hacen todos los demás ¿Verdad?

– ¡Verdad! la palabra significa ‹‹ separado o elegido para hacer el bien ›› y como sabrás, aunque todos estamos capacitados para hacer cosas buenas, no todos las hacen. Y esto no significa ser perfecto ni aburrido, significa que eliges dejar al lado el egoísmo para poder comprender las necesidades de los que están a tu lado y te necesitan.

Por eso, Mateo, cuando celebramos a ‹‹ los santos de la puerta de al lado ›› no me refiero solo a los vecinos de casa, también a esos otros que trabajan cada día por hacer de este mundo donde vivimos un lugar más amable. Los que realizan el milagro cotidiano de velar y cuidar a otros, como esas mujeres y hombres que eligieron ser médicos o enfermeras, bomberos o policías que trabajan con vocación. Aquellos voluntarios que se ofrecen en los momentos de auténtica necesidad.

¿Viste en la televisión el accidente de los trenes? Pues muchos de esos santos estuvieron allí junto con ángeles de la guarda. Y en las inundaciones de esa ciudad a la que fuimos una vez de veraneo ¿Te acuerdas?

– Sí, Valencia.

–Allí también estuvieron con palas y escobones retirando barro y escombros. En estos momentos de necesidad ajena es cuantos más santos aparecen. Y todos los días, Mateo, los hay que reparten comida a los que no tienen casa y en navidad, reparten juguetes entre los niños que no pueden escribir la carta a los reyes magos. No siempre son las mismas santas y santos ni tampoco se llaman todos igual. Pero créeme que todo aquel que deja de pensar en sí mismo para compartir tiempo, dinero o comida. O simplemente aquellos que escuchan y acompañan, son santos de categoría.

– ¿Entonces yo también puedo serlo cuando sea mayor?

–No hijo, tú puedes serlo ahora mismo, es mucho más sencillo de lo que te imaginas. Si cuando vuelvas al cole te encuentras con un compañero que está solo en el recreo, te puedes acercar a preguntarle si quiere jugar contigo. O compartir el bocadillo, o simplemente siendo respetuoso con los profesores que muchos de ellos, aunque tú no te des cuenta son santos también, pues enseñan cosas que te servirán para cuando seas mayor y algunos te preparan para que en el futuro llegues a ser también una buena persona.

Y por eso hijo, los ‹‹ santos de andar por casa›› no vuelan, ni hacen milagros enormes, ni se suben en pedestales ni figuran en los altares. Tampoco hacen ruido ni figuran en los noticiarios ni salen retratados en las fotos.

Sus manos están dispuestas para agarrar otras manos, o palas, o picos o escobones y mangueras contra incendios, para portar camillas o conducir ambulancias o repartir mantas y agua. Siempre con la sonrisa a flor de boca y esa sensibilidad que los hace fuertes cuando todos alrededor están enloquecidos. Que están callados y escuchan cuando todos hablan, gritan y se echan las culpas unos a otros.

–Entonces papá, habrá que encender más velas, porque son muchos los santos a los que tenemos que recordar y celebrar.

–La vela es un símbolo de que el verdadero altar y el lugar que tienen que ocupar, son los corazones agradecidos de cada uno de nosotros. Ellos son parte de esa llama y esa luz que nos hace recordar que nunca estaremos solos en los momentos de necesidad. Que ellos velan por nosotros, que son más cercanos de lo que nos parece.

–Mateo se queda contemplando esa vela que durante el día se consumirá, como todo en esta vida, pero ha comprendido que aunque la muerte nos separe de lo conocido, seguirán existiendo lazos que nos unan a todos.

 

¡Feliz día de los santos cotidianos!



Derechos de autor: Francisco Moroz


domingo, 18 de octubre de 2026

Un cinco tenedores



 
   
    Le pregunto con amabilidad cuánto me costará la cena, no quiero que este capricho me cueste una fortuna.

   Ella se cruza de brazos después de ajustarse el delantal de flores que le queda enorme y se acerca a evaluar con seriedad lo que tengo en el plato: una porción de pizza de plástico junto a unas patatas fritas demasiado amarillas. Mientras espero su respuesta, le doy, nervioso, un largo sorbo a un vaso lleno de nada y espero expectante.

—Tienes que pagarme tres abrazos y “veintecién” euros—decreta, con la inquebrantable autoridad de quien parece dominar el sistema financiero y lleva años dedicada a la hostelería.

   Sonrío entonces. Busco en mis bolsillos con exagerada parsimonia, como si no encontrara esa cantidad desorbitada de dinero, pero al fin, se la pago en billetes transparentes y me levanto con esfuerzo de una silla diminuta, para abonar el resto del importe. Ella ríe a carcajadas cuando la rodeo con los brazos tres veces consecutivas, un sonido limpio que reverbera e ilumina la habitación convertida en improvisado comedor de restaurante, distinguido por los entendidos, con los cinco tenedores.

   Media hora después le doy la propina por su esmerado servicio y cumplida atención en forma de dos besos en su mejilla blandita.

   La arropo en su cama le doy las buenas noches y durante un rato, me quedo mirando sus juguetes esparcidos por el suelo. Apago la luz y cierro la puerta en silencio.

   A continuación reflexiono un instante sobre el motivo por el cual, pasamos la vida entera obsesionados con acumular dinero para pagar facturas y asegurar un futuro impredecible. Sin pararnos a pensar, que los mejores momentos se viven siempre en presente y que no tienen precio. Que tan solo se nos reclama un tiempo compartido generosamente, y los que nos lo solicitan, son aquellos que poseen el secreto de la auténtica felicidad.



Derechos de autor: Francisco Moroz



LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...