—No quiero dormir, tengo susto del monstruo.
—sabes que no hay ningún monstruo dentro del ropero ni tampoco debajo de la cama, ayer revisamos la habitación y comprobamos que es tu imaginación desbordada la que te hace ver cosas donde no las hay. De niña me pasaba lo mismo ¿y sabes? superé el miedo con una oración que me enseñó la abuela. Vamos a rezarla juntos y ya verás cómo vas a dormir de un tirón.
Dice así: ‹‹ Cuatro esquinitas tiene mi cama cuatro angelitos que me acompañan, dos a mi vera y dos a mis pies y hasta mañana descansaré bien.››
A media noche los alaridos de la criatura la despertaron. Sobresaltada, saltó de la cama para salir precipitadamente de su habitación. ¿Qué le pasaba a su hijo que gritaba de esa manera?
Cuando entró en el cuarto del pequeño solo notó un frio inexplicable, pues la ventana estaba cerrada y el termostato situado en una de las paredes marcaba veintidós grados.
El chiquillo se encontraba tapado enteramente con el cobertor. Cuando su madre lo destapó, se le abrazó instintivamente con desesperación, temblando como un animalillo asustado buscando protección en el regazo de su madre.
— ¿Qué ha pasado tesoro?
—Es que he soñado con los angelitos, mamá.
— ¿Y eso te asustó?
—Es que desperté de pronto, y a los pies de la cama había luz. Me acerqué para ver que era, y una voz rara me dijo: ‹‹Hola, soy el único ángel que te guarda, me llamo Luzbel››






