domingo, 15 de febrero de 2026

Descuidos

 


De nuevo, nota esa corriente de aire en la espalda que le provoca un escalofrío, seguro que Adela se dejó la ventana abierta.

Sigue recogiendo la mesa después de haber comido, y piensa entre tanto, en lo descuidada que se ha vuelto últimamente su esposa, está perdiendo la memoria a marchas forzadas. Recuerda que hace una semana al bajar la basura, se dejó las llaves dentro, puestas en la cerradura. Tuvo que pasar media noche en las escaleras hasta que un vecino le acogió en su casa para al día siguiente llamar a un cerrajero. Naturalmente tampoco llevaba el móvil encima. En otra ocasión fue el gas del horno lo que dejó encendido, o aquella otra ocasión en la que se encontró el agua desbordada de la bañera, inundando el piso.

Deja el plato, el vaso y los cubiertos en la pila para fregarlos en un rato, pero antes se dirige al dormitorio para comprobar si es desde allí donde viene ese aire helador que le está dejando tieso. Y efectivamente la ventana está abierta de par en par con los visillos revoloteando como si fueran velos de novia y además, la cama sin hacer desde esta mañana.

Regresa a la cocina para fregar los cacharros y se encuentra la luz encendida, la puerta de la nevera abierta, al igual que el grifo que está soltando un gran chorro de agua que cae sin control dentro de la pila. Menos mal que el tapón del desagüe no está puesto.

– ¡Adela! –grita para llamarle la atención a su mujer sobre sus continuados despistes que ya empiezan a resultar peligrosos– y es entonces, cuando cobra conciencia de que ella le abandonó hace unos años dejándole por imposible. 



Derechos de autor : Francisco Moroz




domingo, 1 de febrero de 2026

Nunca te quise dejar

 

 




Hoy decidí hacerte esa visita que te debía después de tanto tiempo desde que me dejaras. Me dolió la despedida, estas siempre duelen, y más las que no te esperas, que vienen como a traición. Me anunciaste que estabas obligada a irte, que no había manera de poder evitarlo. En ese instante sentí que algo se rompía en mil pedazos dentro de mí. Pues yo te amaba y sabes cuánto te necesitaba. Éramos felices, lo sabes, y acabaste con esa felicidad. Aún así no tuve nada que reprocharte, menos, cuando en nuestra fragilidad humana, somos simples cometas arrastradas por el caprichoso viento. No hay culpa por decisiones que no tomamos voluntariamente.

No haré memoria tampoco de todos los momentos perdidos que ya no volveremos a recuperar, eso, solo hace que sufra por los pequeños detalles que nunca tuve contigo mientras estabas a mi lado. Siempre di por sentado que nuestro amor sería de los que durarían para siempre, pero en la vida todo es pasajero, y la renuncia obligada.

Por eso amanecí repitiendo tu nombre, diciéndome que me acercaría donde ahora estás, con el propósito de hacer una de las cosas que nunca hice en todos esos años compartidos. Regalarte flores.

Y aquí me tienes, con un gran ramo de ellas elegidas para la ocasión, para depositarlas al pie de tu sepultura, justo, mi amor, donde nunca te quise dejar.



derechos de autor: Francisco Moroz




sábado, 24 de enero de 2026

Mujer fatal

 


 

No recordaba haberlo escondido tan bien, y ahora que se mudaba de casa junto con su bonita familia necesitaba encontrarlo urgentemente. No era cuestión de que por un olvido tonto o un hallazgo inesperado, se malograse esa fascinante etapa de la vida que estaba a punto de emprender junto a los suyos.

Ya habían transcurrido unos cuantos años desde que tomó la decisión de retirarlo de la circulación para cambiarlo por otro. Y aunque con el tiempo se había acostumbrado a su ritmo cansino e incluso que se hubiera encariñado de él, no tuvo más remedio que aparcarlo definitivamente. La razón fue que empezó a darle más problemas que ventajas. Por mal funcionamiento, por una deficiente conexión y por no satisfacer sus crecientes expectativas y acuciantes necesidades de viajar para conocer mundo y sentirse un poquito más libre ampliando horizontes ‹‹Renovarse o morir›› que dijo aquél.

Y hoy precisamente, se cumplían dos meses y pico desde el día en que conoció a un magnate americano de la industria automovilística de paso por España que se prendó de ella y con el cual comenzó una intensa relación amorosa con mucho entendimiento, pasión y sexo.

Desde el momento en que le propuso mudarse a California para empezar una vida compartida, lo tuvo claro. Pues eso suponía nuevos proyectos, más status y lujos. Más renovación, y como regalo de compromiso, un nuevo y potente automóvil. Además, su nueva pareja había encajado estupendamente y se llevaba fenomenal con sus dos preciosos hijos. Ella sería una mujer envidiada a partir de ahora.

Por eso estaba preocupada y algo agobiada con la situación. Pues estaban a punto de venir los de la mudanza y no le venía a la memoria el lugar exacto del garaje o del jardín donde había enterrado los restos de su anterior marido.



Derechos de autor: Francisco Moroz


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