jueves, 11 de junio de 2026

Pasa el tiempo

 

 



El periódico lo es todo para ella. Ciertamente no se goza con las noticias truculentas ni con las que desgranan los continuados ``Rifirrafes´´ de los políticos de turno. Tampoco le aportan nada las que hablan de la cambiante economía mundial y las cotizaciones en bolsa de compañías sin escrúpulos, y rehúye con indiferencia la sección de cotilleos y miserias de los famosos del momento.

Solo encuentra refugio y consuelo en las últimas páginas donde se presentan esos pequeños retos conocidos como pasatiempos. Para esta mujer, muy al contrario, el tiempo se detiene cuando extiende la hoja sobre la mesa cada mañana, acompañada por el aroma del café recién hecho flotando en la estancia. Estira con sus manos arrugadas el pliego de papel reciclado, casi con delicadeza, como quien despliega un mapa hacia la cordura.

Considera, Julia, que el crucigrama que la mantiene entretenida es el único rincón del universo, donde el caos desmesurado que ya no entiende ni puede asumir, se rinde ante un orden lógico y abarcable.

En ese damero de cuadros blancos y negros, cada problema tiene una solución exacta y cada palabra, una definición que encaja a la perfección en un número determinado de casillas. Fuera de ese papel, su vida es un laberinto de incertidumbres, de dudas e inseguridades. Mientras su bolígrafo escribe las letras correspondientes, con pulso tembloroso, recupera así mismo el control que irá perdiendo a lo largo de su aburrida jornada, en la que su cabeza se perderá en recuerdos que se le van borrando cada día un poquito más.

Cuando logra descifrar la última palabra cruzada, una paz momentánea la invade. Lo consiguió de nuevo. Dobla el diario con cuidado, lo abraza contra el pecho y sonríe. Mañana habrá otro desorden nuevo en el mundo, o el mismo de siempre repetido. Pero confía en que también habrá una nueva página, con pequeños enigmas, esperando a que ella los resuelva. Que en vez de pasar el tiempo, este, se ralentice un poquito, dándole ese pequeño margen de lucidez que necesita a diario para seguir adelante, sin tener que depender ni sacrificar los tiempos de nadie en su cuidado.  


Derechos de autor: Francisco Moroz


lunes, 1 de junio de 2026

El escribidor

 




Sus textos son insufribles, el mayor compendio de historias zafias y sin interés. Ninguna sorprende por su originalidad buena redacción o recreación de ambientes y personajes.

Cuando escribe, principalmente  se inventa el argumento sin basarlo en nada coincidente con la realidad, incluso a veces raya en lo absurdo e incoherente. Es por ello que sus manuscritos son tan criticados por los que dicen entender del tema. Ninguna editorial se digna a publicar tanta insensatez manifiesta cuajada de innumerables errores ortipográficos.

Él, lejos de desesperar redobla sus esfuerzos y continua con el despropósito de sus letras que no aportan nada de interés, a quien tiene la desdicha de intentar dar sentido a tanto dislate.

Y sin embargo, tan abnegada y constante dedicación han dado sus frutos, consiguiendo un trabajo que le permite seguir haciendo lo que más le gusta y vivir de ello sin tener, por otro lado, que rendir cuentas ante el improbable leyente de su manifiesta disgrafía.

Él, es el responsable de redactar los textos indicativos de los productos, al igual que de los manuales de usuario, de todos los artículos chinos que se comercializan en este país de pandereta.

Lo siguiente, piensa optimista, será el premio Planeta.



Derechos de autor: Francisco Moroz


lunes, 11 de mayo de 2026

Fugitivos









Mi madre y yo no supimos del regreso de Herodes a Italia hasta que lo vimos por casualidad tomándose un vino en una de las muchas tabernae que abundaban cerca del foro. Naturalmente no lo reconocimos de inmediato, a causa de no ir con la habitual escolta de esbirros que normalmente le precedían o cubrían su retaguardia. Se notaba a la legua que quería pasar desapercibido mezclándose con el populacho para no llamar la atención. De vez en cuando se volteaba mirando alrededor como si buscara a alguien. Nosotros bajábamos la cabeza entonces, aun estando protegidos por las capuchas de nuestras paenulas.

Hacía muchos años tuvimos que huir muy lejos para evitarle, parecía tener una obsesión con nosotros, sobre todo conmigo. Era una fijación perniciosa tal, que no le dejaba dormir. Es lo que les pasa a los reyezuelos, que se emperran en que puede haber alguien que les quiere arrebatar el trono.

El caso es que al principio ni me conocía como para tenerme esa tirria, yo era una inocente y pequeña criatura de Dios. El caso, es que mis padres tuvieron que llevarme hasta Egipto.

Posteriormente, por un desplante, me quiso clavar de un madero, pero con las prisas colgaron a un tal Brian.

Creo que nos ha vuelto a localizar, tendremos que escabullirnos de nuevo. He pensado en Hispania. Allí ya está establecido Santiago, y mi madre tiene tanto predicamento como advocaciones.

Nos tomaremos el viaje como una peregrinación. Aunque nos han dicho que aquello es el ``Finis Terrae ´´

Menuda cruz tengo que soportar con este ``Antipas-tico´´ autócrata.


                                    


Derechos de autor: francisco Moroz


La frase es del libro: - Claudio el Dios y su esposa Mesalina - de Robert Graves.






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