domingo, 1 de febrero de 2026

Nunca te quise dejar

 

 




Hoy decidí hacerte esa visita que te debía después de tanto tiempo desde que me dejaras. Me dolió la despedida, estas siempre duelen, y más las que no te esperas, que vienen como a traición. Me anunciaste que estabas obligada a irte, que no había manera de poder evitarlo. En ese instante sentí que algo se rompía en mil pedazos dentro de mí. Pues yo te amaba y sabes cuánto te necesitaba. Éramos felices, lo sabes, y acabaste con esa felicidad. Aún así no tuve nada que reprocharte, menos, cuando en nuestra fragilidad humana, somos simples cometas arrastradas por el caprichoso viento. No hay culpa por decisiones que no tomamos voluntariamente.

No haré memoria tampoco de todos los momentos perdidos que ya no volveremos a recuperar, eso, solo hace que sufra por los pequeños detalles que nunca tuve contigo mientras estabas a mi lado. Siempre di por sentado que nuestro amor sería de los que durarían para siempre, pero en la vida todo es pasajero, y la renuncia obligada.

Por eso amanecí repitiendo tu nombre, diciéndome que me acercaría donde ahora estás, con el propósito de hacer una de las cosas que nunca hice en todos esos años compartidos. Regalarte flores.

Y aquí me tienes, con un gran ramo de ellas elegidas para la ocasión, para depositarlas al pie de tu sepultura, justo, mi amor, donde nunca te quise dejar.



derechos de autor: Francisco Moroz




sábado, 24 de enero de 2026

Mujer fatal

 


 

No recordaba haberlo escondido tan bien, y ahora que se mudaba de casa junto con su bonita familia necesitaba encontrarlo urgentemente. No era cuestión de que por un olvido tonto o un hallazgo inesperado, se malograse esa fascinante etapa de la vida que estaba a punto de emprender junto a los suyos.

Ya habían transcurrido unos cuantos años desde que tomó la decisión de retirarlo de la circulación para cambiarlo por otro. Y aunque con el tiempo se había acostumbrado a su ritmo cansino e incluso que se hubiera encariñado de él, no tuvo más remedio que aparcarlo definitivamente. La razón fue que empezó a darle más problemas que ventajas. Por mal funcionamiento, por una deficiente conexión y por no satisfacer sus crecientes expectativas y acuciantes necesidades de viajar para conocer mundo y sentirse un poquito más libre ampliando horizontes ‹‹Renovarse o morir›› que dijo aquél.

Y hoy precisamente, se cumplían dos meses y pico desde el día en que conoció a un magnate americano de la industria automovilística de paso por España que se prendó de ella y con el cual comenzó una intensa relación amorosa con mucho entendimiento, pasión y sexo.

Desde el momento en que le propuso mudarse a California para empezar una vida compartida, lo tuvo claro. Pues eso suponía nuevos proyectos, más status y lujos. Más renovación, y como regalo de compromiso, un nuevo y potente automóvil. Además, su nueva pareja había encajado estupendamente y se llevaba fenomenal con sus dos preciosos hijos. Ella sería una mujer envidiada a partir de ahora.

Por eso estaba preocupada y algo agobiada con la situación. Pues estaban a punto de venir los de la mudanza y no le venía a la memoria el lugar exacto del garaje o del jardín donde había enterrado los restos de su anterior marido.



Derechos de autor: Francisco Moroz


sábado, 3 de enero de 2026

El cuento de nunca acabar

 

 


 – Esta noche no quiero perder la cabeza como le estuvo a punto de pasar a Alicia a manos de la reina de corazones. Por eso te contaré la historia de un chaval llamado Tom, que vivía a orillas del Misisipi. Que usaba su imaginación como si fuera la alfombra de Aladino. Con ella, podía trasladarse tanto a islas desiertas como si fuera un Robinson, como a otras donde poder encontrar tesoros escondidos.

   También a ciudades habitadas por gigantes o enanos según se dieran las circunstancias. En una de sus correrías conoció a Peter, un jovencito un tanto inmaduro que volaba sin necesidad de alas ni sustancias estupefacientes, por un país llamado ‹‹De nunca jamás››. De allí era oriundo un tal Garfio, colega de otro filibustero llamado John Silver, que fue cocinero antes que fraile ¡Ah no! El fraile era otro, uno llamado Tuck, amigo de Robin hood.  Por cierto, por allí  anduvo también la famosa sirenita Ariel, y digo anduvo, porque le crecieron piernas por amor.

   Por piernas, y antes que corriera la sangre, tuvo que salir Tom en otra ocasión, nada más llegar a un castillo de Transilvania habitado por un conde muy siniestro que como algunos futbolistas era un chupón de mucho cuidado. Fue perseguido durante un buen trecho a lo largo del bosque, por una manada de lobos y un niño a cuatro patas, que asalvajado, parecía estar fuera de lugar y de su elemento.

–Creo sinceramente Sherezade, que esta vez te has pasado tres pueblos.



Derechos de autor: Francisco Moroz








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