sábado, 9 de mayo de 2026

Te cubriré de versos

 




Cuando os presenté mi segundo libro publicado os adelanté que el tercero sería pura poesía y no lo dije metafóricamente, realmente es lo que es.

Casi cuatro años desde entonces, y no es que el texto no estuviera redactado en su mayor parte de antemano, algunos poemas ya lo estaban desde mi juventud, no ha llovido desde entonces ni nada, que el tiempo es algo que no se puede detener o pausar como las películas grabadas, mientras te preparas un café o atiendes una llamada telefónica. Es tan puñetero, que pasa por tu lado y te mira de soslayo como si le importara un bledo si quieres aprovechar el momento o dejarlo pasar en cosas peregrinas.

El caso es que cuatro años pasaron rápido, y los anteriores ni os cuento. Pero los recuerdos verdaderos perduran y vienen a la memoria, creando un recopilatorio donde personalmente habito de vez en vez, cuando me asalta de improviso la nostalgia que llama a tu puerta sin tú esperarla.

El caso es que estaba en deuda conmigo mismo, pues llevo escribiendo en prosa pequeños  textos desde hace relativamente poco tiempo para el que llevo escribiendo en verso, ya tocaba por tanto hacer a la poesía protagonista de un libro. 

Dedicado sobre todo a mi compañera de camino, aunque no todos los textos ni mucho menos sean de amor. Pero con amor lo escribí todo que de eso se trata, de poner el corazón en todo lo que haces.

La labor de edición, corrección y maquetación es lo más oneroso. Estamos hablando de un proceso de meses y años, entre dudas a la hora de elegir los textos que quieres presentar. Nunca es fácil habiendo tantos.

Después, las primeras correcciones a base de leer una y otra vez lo seleccionado. Siempre descubres algo que se te ha colado. Más tarde lo pones todo en manos del profesional o entendido de turno, y este, te lo abrillanta, pule y da esplendor como la R.A.E. Por último la elección de las ilustraciones que acompañarán a muchos de los textos, en este caso todas a color. Ya os digo que ha merecido la pena el esfuerzo de lo chulo que ha quedado. Y naturalmente la maquetación, que es la labor más laboriosa (Perdonad la redundancia) pero es lo más complicado. Añadirle a todo esto, leerlo todo de nuevo unas cuatro veces, que los correctores profesionales tampoco son infalibles a pesar de cobrar por hacerlo meticulosamente poniendo interés (Y rédito)  

Toca preparar la edición del libro e indicar los parámetros a la imprenta. Tipo de papel, gramaje, medidas, márgenes, sangrías (Nada que ver con la bebida refrescante del verano) y en cuanto te mandan el borrador, repasarlo todo un par de veces más por si se introdujo el gazapo de última hora o te guillotinaron el texto (como la cabeza a María Antonieta) o dejaron líneas blancas en las ilustraciones o no ajustaron bien el lomo de la cubierta. Aun así, puede ser, que algún avispado lector encuentre algún fallo. Ruego pues seáis indulgentes con este `` Juan Palomo ´´.

Sin más preámbulos os presento `` Te cubriré de versos´´  un libro que como gentilmente me pusieron en el prólogo es muy íntimo y personal,  os lo certifico y aseguro que lo es. También lo repito en la contraportada, para que no os quepa ninguna duda al respecto J

Espero que si alguno lo adquiere y lo lee, tenga la gentileza de regalarme algún comentario que siempre enriquece lo poco que os pueda aportar este servidor.

En el lateral del blog aparece la portada del libro, pinchando sobre la imagen os conducirá a la plataforma de Amazon que es donde está disponible.

Sin más os abrazo como es habitual en este blog.

Y gracias por seguir leyendo.







sábado, 2 de mayo de 2026

Náufrago

 

 




  Las olas apenas le balancean, si es que olas se pueden llamar a esa especie de ondas que se forman en el agua que rodean su balsa de náufrago. Hoy no habrá tiburones ni ballenas. Tampoco piratas ni filibusteros, ni conquistas, descubrimientos o abordajes. 

  Pensaba que iba a ser épica esta mañana que tenía por delante, más divertida, más estimulante. Pero le empieza a agobiar tanta soledad, el aburrimiento consume las pocas energías que le quedan. Empieza a notar como se le arruga la piel de los dedos, también siente el frío, el hambre en las tripas, y la boca seca como esparto.       

  Lleva casi cuatro horas flotando en el agua como una boya a la deriva y sigue sin aparecer nadie que mitigue tanta precariedad. Se siente hasta ridículo al saberse observado por ese tío joven con barba que es como un dios silencioso, pero más parecido a Jesucristo con calzón corto, que está todo el rato pendiente de su persona, pero que permanece callado y ausente en su necesidad, cuando esta es evidente.

  El caso es que en un principio se las prometió muy felices junto a sus compinches, mientras esbozaban los planes al detalle, cuando lo preparaban todo para que nada les pillara de improviso y arruinara la jornada. Personalmente el ha cumplido como un campeón y no olvidó nada. 

  Cargó con el chaleco salvavidas, el flotador, la toalla, las gafas de buceo, el tubo respirador, una brújula y una barca hinchable con remos y todo. Intuye demasiado tarde que los compañeros de aventuras le han abandonado a su suerte, que ya no van a aparecer, y él debe de tomar una decisión drástica antes de que sea demasiado tarde. Mira su reloj sumergible y ve que marca las tres menos cinco.

  Su decisión es firme, quiere acabar de raíz con este despropósito y se hace la promesa de no volver a confiar en esos colegas que cambiaron los planes dejándolo tirado, sin avisarle de antemano.

  Cuando al final desiste, chapotea con las manos hasta las escaleras, recoge todo y se marcha enfurruñado a su casa, cargando con la frustración y todos los bártulos y complementos. Es entonces cuando el socorrista se levanta de su silla de plástico, cierra la sombrilla, la puerta de acceso al vaso de la piscina y se retira a otro lugar de la parcela con sombra, donde poder comerse tranquilo el bocata de tortilla y queso que le preparó su madre por la mañana. 

  Hasta las cinco no volverá a abrir.

  Mientras echa un trago de agua se pregunta, como ese chiquillo, ha podido aguantar desde las once de la mañana, que es cuando abre el recinto, metido en el agua con un flotador, sin apenas moverse y como hablando solo.

  Un martes, ciertamente, no suelen bajar a bañarse muchos vecinos. Pero para uno que lo hace hoy, resulta ser el rarito.



Derechos de autor: Francisco Moroz



sábado, 25 de abril de 2026

La temida regularización

 



Con tan solo siete años escribe y se expresa mejor que la mayoría de sus compañeros, pero frente a la redacción que les ha mandado la profesora como tarea, se siente inseguro.

`` La familia´´ ese es el título del trabajo que tiene que presentar mañana ante la clase. Se trata de describir más o menos a los miembros que forman la familia del alumno, comentando algo destacable de cada uno, contando alguna experiencia en común, cualidades, etc.

Agarra su estuche y elige el lápiz como herramienta de escritura. Abre su cuaderno sobre la mesa, al lado de la ventana que da a la calle. Despacito, con una letra caligráfica casi perfecta, que más de un médico o abogado desearía para sí mismo, va enlazando las frases que definirán a su familia. Le tiembla un poquito la mano, pero lo mitiga apretando los dedos sobre el lapicero, mientras sacando la lengua, se concentra  para que los renglones no se le tuerzan.

Escribe:

–Mi familia son tres. Mi padre, mi madre y mi abuela. Vivimos en un barrio de Madrid muy bonito que tiene un parque grande con columpios donde salgo con mis amigos.

Por las mañanas mamá me despierta con un beso y yo salgo de la cama para lavarme la cara y las manos. Cuando llego a la cocina huele muy bien a tostadas recién hechas. Me gustan mucho untadas con mantequilla y mermelada de ciruela. La abuela madruga mucho y ya está regando las plantas del balcón que son una maravilla y dan mucha alegría a la casa. Después preparo la mochila con los libros y salgo muy contento para ir a la escuela donde me encuentro con los compañeros y los profesores que me enseñan muchas cosas.

Papá trabaja en una fábrica muy grande. Tiene que levantarse más pronto que yo y que mamá porque en su empresa hace cosas importantes.  Bueno,  mi abuela se levanta antes que ninguno, creo que ella duerme muy poco. Dice que es porque los viejos no necesitan estar tanto tiempo en la cama, que eso les amustia como a las plantas a las que no les da el sol. Es ella la que me acompaña hasta el colegio y después me recoge para regresar a casa, tardamos porque ella anda muy despacio.

Mi madre también tiene un trabajo muy bueno. Es ella la que se encarga de todo y lo sabe hacer muy bien, pues su jefa quiere que esté siempre a su lado. Por eso es la que llega más tarde a casa,  a la hora de cenar o así.  

Papá juega conmigo un poco todos los días y después me ayuda a hacer las tareas que me han mandado los profes. Me repite, que tengo que estudiar mucho para llegar a ser algo en la vida y vivir bien cuando sea mayor. Cuando llega mamá soy muy feliz porque ya estamos todos juntos.

Mi abuela es muy vieja, pero muy buena y lista. Es la mamá de mi mamá. No tengo más abuelos porque se murieron y están en el cielo. Yo no les conocí porque era muy pequeño cuando hice el viaje. Mi abuela cocina muy bien y prepara siempre la comida.

El pequeño se acongoja, deja de escribir y posa el lapicero sobre la mesa, saca del estuche una goma blanca que huele como a nata, y empieza borrar frases y palabras que no están bien. Bueno, están bien, pero no cuentan lo que deben de contar, y sabe que la abuela revisará  todo lo que escribe en cuanto termine sus deberes de redacción. Lo hace, para indicarle las faltas de ortografía y de puntuación, y es consciente que no va a pasar por alto tanta incorrección.

Mira hacia esa ventana que queda por encima de su cabeza, viendo las piernas en movimiento de los transeúntes, que en ese momento, pasan por la calle del barrio obrero y periférico donde tienen la casa sus padres. Ellos viven de alquiler, en un semisótano con poca luz natural.

Borra con ahínco lo del balcón, el parque, los columpios y los amigos. Añade que la abuela riega una planta de interior que necesita poco del sol y que tiene encima de un aparador donde su mamá guarda los platos y los vasos.

Repasa con fruición y borra también lo del beso que le da su madre por la mañana, pues aunque, está seguro que se lo da, él no se entera casi nunca porque está dormido. Ella trabaja en otra casa que no es esta, y la limpia y hace la comida y cuida de una mujer mayor  que está sentada siempre en una silla de ruedas. La saca a pasear, la asea y le compra la comida y otras cosas para que la señora pueda vivir. Aunque tiene unos hijos, pero nunca están en la casa ni van a verla porque están de viaje, muy ocupados, trabajando mucho.

Su padre tampoco es que juegue mucho con él, llega muy cansado de hacer pallets de madera y cargar camiones, solo tiene ganas de ver la televisión o mirar el móvil. Por lo tanto borra también esa parte.

El chiquillo piensa que no es suficiente, y que su familia es importante y que no le está haciendo justicia. Por tanto añade lo que para él, es fundamental a la hora de describirla.

–Mi papá y mi mamá me trajeron aquí cuando era un pequeñajo con dos años y estamos contentos cuando estamos juntos, y nos reímos cuando vemos alguna película y me lo paso bien cuando salimos algún domingo a pasear por un centro comercial para ver tiendas bonitas o vamos en autobús a un jardín que está lejos y es muy enorme, con muchos árboles y un lago con barcas.

 Mi abuela no viene porque no puede andar mucho.  Pero es  muy lista, es la que me enseñó a leer y escribir, porque dice que el conocimiento y la honestidad  son las cualidades que hacen ser importantes a las personas. Por eso no puedo decir mentiras.

Todavía no tengo muchos amigos, pues en el cole me llaman `` Panchito´´ en vez de Pedro, que es como me llamo. Yo creo que es un nombre bonito y no sé porque me llaman así.

Todavía se queda un rato repasando lo escrito, y con esa goma que le gusta tanto porque huele como a nata, borra también lo de la mermelada de ciruela.



Derechos de autor: Francisco Moroz


LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...