lunes, 11 de mayo de 2026

Fugitivos









Mi madre y yo no supimos del regreso de Herodes a Italia hasta que lo vimos por casualidad tomándose un vino en una de las muchas tabernae que abundaban cerca del foro. Naturalmente no lo reconocimos de inmediato, a causa de no ir con la habitual escolta de esbirros que normalmente le precedían o cubrían su retaguardia. Se notaba a la legua que quería pasar desapercibido mezclándose con el populacho para no llamar la atención. De vez en cuando se volteaba mirando alrededor como si buscara a alguien. Nosotros bajábamos la cabeza entonces, aun estando protegidos por las capuchas de nuestras paenulas.

Hacía muchos años tuvimos que huir muy lejos para evitarle, parecía tener una obsesión con nosotros, sobre todo conmigo. Era una fijación perniciosa tal, que no le dejaba dormir. Es lo que les pasa a los reyezuelos, que se emperran en que puede haber alguien que les quiere arrebatar el trono.

El caso es que al principio ni me conocía como para tenerme esa tirria, yo era una inocente y pequeña criatura de Dios. El caso, es que mis padres tuvieron que llevarme hasta Egipto.

Posteriormente, por un desplante, me quiso clavar de un madero, pero con las prisas colgaron a un tal Brian.

Creo que nos ha vuelto a localizar, tendremos que escabullirnos de nuevo. He pensado en Hispania. Allí ya está establecido Santiago, y mi madre tiene tanto predicamento como advocaciones.

Nos tomaremos el viaje como una peregrinación. Aunque nos han dicho que aquello es el ``Finis Terrae ´´

Menuda cruz tengo que soportar con este ``Antipas-tico´´ autócrata.


                                    


Derechos de autor: francisco Moroz


La frase es del libro: - Claudio el Dios y su esposa Mesalina - de Robert Graves.






sábado, 9 de mayo de 2026

Te cubriré de versos

 




Cuando os presenté mi segundo libro publicado os adelanté que el tercero sería pura poesía y no lo dije metafóricamente, realmente es lo que es.

Casi cuatro años desde entonces, y no es que el texto no estuviera redactado en su mayor parte de antemano, algunos poemas ya lo estaban desde mi juventud, no ha llovido desde entonces ni nada, que el tiempo es algo que no se puede detener o pausar como las películas grabadas, mientras te preparas un café o atiendes una llamada telefónica. Es tan puñetero, que pasa por tu lado y te mira de soslayo como si le importara un bledo si quieres aprovechar el momento o dejarlo pasar en cosas peregrinas.

El caso es que cuatro años pasaron rápido, y los anteriores ni os cuento. Pero los recuerdos verdaderos perduran y vienen a la memoria, creando un recopilatorio donde personalmente habito de vez en vez, cuando me asalta de improviso la nostalgia que llama a tu puerta sin tú esperarla.

El caso es que estaba en deuda conmigo mismo, pues llevo escribiendo en prosa pequeños  textos desde hace relativamente poco tiempo para el que llevo escribiendo en verso, ya tocaba por tanto hacer a la poesía protagonista de un libro. 

Dedicado sobre todo a mi compañera de camino, aunque no todos los textos ni mucho menos sean de amor. Pero con amor lo escribí todo que de eso se trata, de poner el corazón en todo lo que haces.

La labor de edición, corrección y maquetación es lo más oneroso. Estamos hablando de un proceso de meses y años, entre dudas a la hora de elegir los textos que quieres presentar. Nunca es fácil habiendo tantos.

Después, las primeras correcciones a base de leer una y otra vez lo seleccionado. Siempre descubres algo que se te ha colado. Más tarde lo pones todo en manos del profesional o entendido de turno, y este, te lo abrillanta, pule y da esplendor como la R.A.E. Por último la elección de las ilustraciones que acompañarán a muchos de los textos, en este caso todas a color. Ya os digo que ha merecido la pena el esfuerzo de lo chulo que ha quedado. Y naturalmente la maquetación, que es la labor más laboriosa (Perdonad la redundancia) pero es lo más complicado. Añadirle a todo esto, leerlo todo de nuevo unas cuatro veces, que los correctores profesionales tampoco son infalibles a pesar de cobrar por hacerlo meticulosamente poniendo interés (Y rédito)  

Toca preparar la edición del libro e indicar los parámetros a la imprenta. Tipo de papel, gramaje, medidas, márgenes, sangrías (Nada que ver con la bebida refrescante del verano) y en cuanto te mandan el borrador, repasarlo todo un par de veces más por si se introdujo el gazapo de última hora o te guillotinaron el texto (como la cabeza a María Antonieta) o dejaron líneas blancas en las ilustraciones o no ajustaron bien el lomo de la cubierta. Aun así, puede ser, que algún avispado lector encuentre algún fallo. Ruego pues seáis indulgentes con este `` Juan Palomo ´´.

Sin más preámbulos os presento `` Te cubriré de versos´´  un libro que como gentilmente me pusieron en el prólogo es muy íntimo y personal,  os lo certifico y aseguro que lo es. También lo repito en la contraportada, para que no os quepa ninguna duda al respecto J

Espero que si alguno lo adquiere y lo lee, tenga la gentileza de regalarme algún comentario que siempre enriquece lo poco que os pueda aportar este servidor.

En el lateral del blog aparece la portada del libro, pinchando sobre la imagen os conducirá a la plataforma de Amazon que es donde está disponible.

Sin más os abrazo como es habitual en este blog.

Y gracias por seguir leyendo.







sábado, 2 de mayo de 2026

Náufrago

 

 




  Las olas apenas le balancean, si es que olas se pueden llamar a esa especie de ondas que se forman en el agua que rodean su balsa de náufrago. Hoy no habrá tiburones ni ballenas. Tampoco piratas ni filibusteros, ni conquistas, descubrimientos o abordajes. 

  Pensaba que iba a ser épica esta mañana que tenía por delante, más divertida, más estimulante. Pero le empieza a agobiar tanta soledad, el aburrimiento consume las pocas energías que le quedan. Empieza a notar como se le arruga la piel de los dedos, también siente el frío, el hambre en las tripas, y la boca seca como esparto.       

  Lleva casi cuatro horas flotando en el agua como una boya a la deriva y sigue sin aparecer nadie que mitigue tanta precariedad. Se siente hasta ridículo al saberse observado por ese tío joven con barba que es como un dios silencioso, pero más parecido a Jesucristo con calzón corto, que está todo el rato pendiente de su persona, pero que permanece callado y ausente en su necesidad, cuando esta es evidente.

  El caso es que en un principio se las prometió muy felices junto a sus compinches, mientras esbozaban los planes al detalle, cuando lo preparaban todo para que nada les pillara de improviso y arruinara la jornada. Personalmente el ha cumplido como un campeón y no olvidó nada. 

  Cargó con el chaleco salvavidas, el flotador, la toalla, las gafas de buceo, el tubo respirador, una brújula y una barca hinchable con remos y todo. Intuye demasiado tarde que los compañeros de aventuras le han abandonado a su suerte, que ya no van a aparecer, y él debe de tomar una decisión drástica antes de que sea demasiado tarde. Mira su reloj sumergible y ve que marca las tres menos cinco.

  Su decisión es firme, quiere acabar de raíz con este despropósito y se hace la promesa de no volver a confiar en esos colegas que cambiaron los planes dejándolo tirado, sin avisarle de antemano.

  Cuando al final desiste, chapotea con las manos hasta las escaleras, recoge todo y se marcha enfurruñado a su casa, cargando con la frustración y todos los bártulos y complementos. Es entonces cuando el socorrista se levanta de su silla de plástico, cierra la sombrilla, la puerta de acceso al vaso de la piscina y se retira a otro lugar de la parcela con sombra, donde poder comerse tranquilo el bocata de tortilla y queso que le preparó su madre por la mañana. 

  Hasta las cinco no volverá a abrir.

  Mientras echa un trago de agua se pregunta, como ese chiquillo, ha podido aguantar desde las once de la mañana, que es cuando abre el recinto, metido en el agua con un flotador, sin apenas moverse y como hablando solo.

  Un martes, ciertamente, no suelen bajar a bañarse muchos vecinos. Pero para uno que lo hace hoy, resulta ser el rarito.



Derechos de autor: Francisco Moroz



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