El lunes el bicho me miraba con
desprecio desde su percha mientras me disponía a esnifar un par de rayas, no emitió
sonido alguno, pero me dio por pensar que me juzgaba,
El martes empezó a hablarme en castellano con acento murciano y en ocho idiomas diferentes incluida alguna lengua muerta. En todas ellas me recriminaba lo que estaba haciendo con mi salud.
El miércoles lo pillé curioseando
por encima de mi hombro, mientras yo rellenaba el formulario de la declaración
de la renta en mi portátil. Sin esperarlo me gritó: "Las drogas que
consumes no son deducibles chaval”.
El jueves estuve viendo una película de misterio y a los veinte minutos me indicó al culpable de que un personaje muriera por sobredosis. Empecé a entrar en paranoia y tuve que fumarme un par de “tripis” para tranquilizarme.
El viernes el increíble plumífero me recomendó que buscara una María de nombre propio y abandonara esa otra mierda que me estaba metiendo. Me empecé a obsesionar con el tema y me tomé unas “pastis” de éxtasis que me relajaron por completo.
Del sábado solo recuerdo el estar en una cama de hospital, entubado y con
respiración asistida. Desde el soporte del portasuero mi mascota emplumada me
miraba con indiferencia repitiendo bajito como un mantra: “De aquellos polvos
blancos vienen estos lodos amargos, querido”.
Hoy es domingo, después de cuatro meses de terapia me atrevo a confesar mi adicción, y la razón de que lleve un loro en mi hombro. Otros, llevan “Pepitos grillo”



Desde luego con esa vida no podía terminar de otra manera, menos mal que tal vez ese loro le salvara de la p´róxima.
ResponderEliminarUn gusto leerte, Francisco
Hola, Francisco, ¡qué bueno! Me ha gustado mucho y muy apropiado para el reto del Tintero. El título me ha hecho dudar totalmente porque no sabía por dónde iba a ir el relato y que encima aparecieran los días de la semana, pero lo has clavado, muy bueno.
ResponderEliminarMuchas gracias por participar, de nuevo, en el blog del Tintero.
Un abrazo. :)
Es muy bueno.
ResponderEliminarY quien juega con fuego, se quema y acaba como tu personaje en un hospital y es que las drogas no son nada buenas, pero nada buenas, con que así que mas vale que lleve un loro y lo distraiga y de paso le sirva para disuadirlo de que no se meta cosas en el cuerpo nada sanas.
Un abrazo.
Excelente!!! Ojalá muchos tuvieran un loro que actuara como Voz de la Conciencia. Un abrazo
ResponderEliminarFrancisco has usado muy bien la representación del loro, que bien puede ser la madre, el padre recriminando su actitud, también un amigo o un profesor que le reprocha a diario su actitud insana, recalcándole el mal que se hace a sí mismo consumiendo esas porquerías adictivas.
ResponderEliminarAl final haces la similitud entre la necesidad de "un loro" o de "Pepito grillo". Para mí ambos son parlanchines, pero el loro observa tu exterior, te critica y recrimina con descaro, Pepito grillo observa tu interior, te sirve de guía y trata de concientizarte con recato. Al menos así lo veo yo.
Me ha gustado el micro, su natural soltura y la enseñanza que deja.
Que estés disfrutando del fin de semana, un abrazo.
Este elemento debía ser viejo amigo de las drogas, asi que ya se puede dar con un canto en los dientes si se ha recupersdo. Y agradecer al loro su comedimiento y buen consejo, porque las alucinaciones no suelen ser tan benevolas ni tan buenas consejeras, ainque uno no les haga caso.
ResponderEliminarVeo que no te has decidido por un dia concreto😜
Abrazoo