sábado, 3 de enero de 2026

El cuento de nunca acabar

 

 


 – Esta noche no quiero perder la cabeza como le estuvo a punto de pasar a Alicia a manos de la reina de corazones. Por eso te contaré la historia de un chaval llamado Tom, que vivía a orillas del Misisipi. Que usaba su imaginación como si fuera la alfombra de Aladino. Con ella, podía trasladarse tanto a islas desiertas como si fuera un Robinson, como a otras donde poder encontrar tesoros escondidos.

   También a ciudades habitadas por gigantes o enanos según se dieran las circunstancias. En una de sus correrías conoció a Peter, un jovencito un tanto inmaduro que volaba sin necesidad de alas ni sustancias estupefacientes, por un país llamado ‹‹De nunca jamás››. De allí era oriundo un tal Garfio, colega de otro filibustero llamado John Silver, que fue cocinero antes que fraile ¡Ah no! El fraile era otro, uno llamado Tuck, amigo de Robin hood.  Por cierto, por allí  anduvo también la famosa sirenita Ariel, y digo anduvo, porque le crecieron piernas por amor.

   Por piernas, y antes que corriera la sangre, tuvo que salir Tom en otra ocasión, nada más llegar a un castillo de Transilvania habitado por un conde muy siniestro que como algunos futbolistas era un chupón de mucho cuidado. Fue perseguido durante un buen trecho a lo largo del bosque, por una manada de lobos y un niño a cuatro patas, que asalvajado, parecía estar fuera de lugar y de su elemento.

–Creo sinceramente Sherezade, que esta vez te has pasado tres pueblos.



Derechos de autor: Francisco Moroz








LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...