viernes, 5 de junio de 2020

A modo de despedida





Con esta entrada, rindo un sentido homenaje a todas aquellas personas que se nos fueron a causa del corona virus. Los enfermos y muchos de sus cuidadores.
Numerosos familiares y amigos no se pudieron despedir adecuadamente de sus seres queridos. Perdieron la oportunidad de acompañarlos en sus últimos momentos; cuando todo lo superfluo sobraba y les faltaba lo necesario para partir en paz: una lágrima derramada, una caricia, una cálida mano, una mirada de aliento.
Las despedidas siempre resultaron tristes, en este caso excepcional, fue peor no poder hacerlo.
Descansen en paz. nos quedamos con vuestro recuerdo.


El montaje audiovisual lo hizo mi buen amigo Cesar, en base a un texto que en su momento subí al blog y que le pareció adecuado para la ocasión. Desde aquí mi agradecimiento por tan bonito regalo.


Os dejo el enlace en Youtube para poder acceder al vídeo.






 Registro de audio y texto con derechos de autor.

lunes, 1 de junio de 2020

Cuesta trabajo




Tampoco hoy encontré trabajo. Por más empeño que pongo en demostrar mi profesionalidad, no consigo convencer a los jefes de personal de las diferentes empresas donde me presento.
Alegan que con ochenta y tres años tengo un “curriculum notable” pero una “vitae” insuficiente.

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Este oficio es de lo más monótono. Sobre todo por la cantidad de horas muertas que pasan entre la atención de un cliente y otro. A eso le sumamos la aparente indiferencia de estos a pesar de la atención personalizada que reciben por mi parte. Menos mal que lo compenso con muchos  momentos bucólicos contemplando los cipreses plantados al lado de la tapia. De otra manera las jornadas se me harían eternas.
¿Por qué me hice sepulturero?
Mi padre me decía que no echara tierra sobre mi futuro y mi madre me repetía de continuo: “Hagas lo que hagas se pulcro”

&  

El próximo favor se lo pido a Santa Rita que a lo mejor es mucho más receptiva a la hora de concederlos.
Mi único deseo era más que razonable señor juez, le explico. Encontrar un banco donde recibir el dinero justo por la labor desempeñada. No está el mercado como para muchas alegrías, pero de algo tendrían que valer todos los años de preparación y entrenamiento.
El caso es, que en ninguna de las entidades en las que me presentaba tenían en cuenta mis argumentos. En todas rechazaron mis propuestas. Quizá no fuera lo más razonable hacerlas a punta de pistola…
Bueno, lo dicho, que  rechazo al abogado de oficio, prefiero a la abogada de los imposibles para que con un poco de suerte me libre de toda pena.

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– ¡Quiero un trabajo! ¡Quiero un trabajo! ¡Quiero un trabajo!
– ¡Oiga! Que yo solo soy un simple funcionario de la oficina del paro
–Perdone, no estaba hablando con usted, me dirigía al genio de mi lámpara mágica.




Derechos de autor: Francisco Moroz




jueves, 21 de mayo de 2020

La fórmula magistral





Le confesé a mi padre lo que había hecho pero ni se percató de mi presencia, y como con estudiada indiferencia siguió a lo suyo.

Recurrí a mi madre y le conté los pormenores del asunto y fue como si no me hubiera oído, visto, ni sentido. Y eso no es algo normal en ella, siempre tan atenta a todo.

Para qué decir de mis dos hermanos, directamente pasaron delante de mí, como si no estuviera cerca de ellos, casi rozando sus cuerpos.

Con lo cual consideré que el experimento había sido todo un éxito. Lo malo, es que ahora mismo no sé cómo revertir el proceso de invisibilidad.

Derechos de autor: Francisco Moroz



jueves, 14 de mayo de 2020

Resurrección






Espero el milagro por quinta vez sin resultado alguno. Ya me estoy empezando a cansar, a sentirme decepcionado; y eso que me considero un fervoroso creyente cuya fe es de esas que puede mover montañas.
La cuestión es, que mi interés por verificar el pasaje evangélico en el que se nos narra cómo Jesucristo resucitó a Lázaro va disminuyendo.  Será porque se me acumulan los cadáveres en casa.

Derechos de autor: Francisco Moroz

jueves, 7 de mayo de 2020

Población de riesgo






Al final del pasillo está la maldita puerta que no se abre desde hace más de dos meses, la que separa la amenaza exterior de nuestra seguridad cotidiana.

Cuando nos informaron sobre esta pandemia que ponía en riesgo nuestras vidas, cerramos las tres llaves, el cerrojo de seguridad, una cadena y dos candados que añadimos.

Ahora las fuerzas me fallan, no puedo salir. Aislada, sin teléfono. No tengo balcón ni ventanas por las que solicitar ayuda. Vivimos en un interior, la comida escasea y no encuentro las llaves que guardó mi marido; y este ya empieza a oler mal.


Derechos de autor: Francisco Moroz

domingo, 3 de mayo de 2020

Espera

Dedicado a mi madre  pero también felicito a todas esas mujeres que saben esperan.


Ella y su continuo esperar. 
Desde el principio obligada a hacerlo. Primero unos cuantos meses, se le harían interminables, pesados, y al final un poco dolorosos. Pero cuando aparecí llorando me bastó mirar sus ojos para calmar el sollozo y conformarme con mi destino ignoto y con mi suerte.
Fue amor a primera vista y eso que nos acabábamos de conocer, ella me llamaba hijo y yo poquito a poco aprendí a llamarla madre.

Ella y su continuo esperar.
Esperó mis primeras palabras con la ilusión puesta en que fueran dos sílabas balbuceadas para nombrarla.
Esperó como esperan los seres humildes, pequeñas cosas, fruto de tanto desvelo y enseñanza. Los primeros pasos que di cuya meta eran sus brazos, algunos besos mojados, gratuitos y espontáneos en su cara. Que me comiera lo que servía en el plato, era todo un triunfo y un regalo. Una por papá y el resto por mis hermanos.

Ella y su continuo esperar. 
Esperaba a que llegase mi sueño para poder descansar un ratito, siempre velando en mi enfermedad siempre desvelada con mis quebrantos y los miedos, enjugando lágrimas y limpiando mocos. Me enseñó a escribir, me enseñó a rezar y a olvidar prontito los enojos.
Me hice grande como ella esperaba que fuese y le costó separarse el primer día de escuela. No podía recogerme en la puerta muchas veces, pues siempre estaba atareada con la compra y sus labores. Le hubiera gustado esperarme más a menudo, y cada vez que lo hacía me sentía importante y seguro de su mano.
Le costaban un disgusto mis malas calificaciones o mis peleas. Me regañaba y me corregía esperando como siempre se espera, que el tiempo, el tesón y la paciencia corrigieran mis desatinos y que aprendiese la lección tras la caída, lo inútil de la venganza y lo malo de la envidia.

Ella y su continuo esperar.
Pues esperó que sus consejos me llevaran por el buen camino: Estudia, se responsable y honesto. Esfuérzate, que el esfuerzo da sus frutos. Yo a veces le hacía caso y me arrepiento de no habérselo hecho más a menudo.
En mis salidas nocturnas esperaba preocupada mis regresos y me recibía  preguntando ¿Qué tal fue todo? ¿Te divertiste? Te dejé algo de cenar en la cocina.
Y después volé del nido y trabajé para formar otra familia y me fui alejando, acercándome puntualmente a cada cita en la que poder celebrar el encontrarnos. Y ella me esperaba a mí y a los míos con la mesa puesta, con la comida preparada. Nos agasajaba con sabores añorados, cocinados con amor a fuego lento, como se hacía antes de olvidarnos cómo era todo en otros tiempos.

Ella y su continuo esperar. 
Espera una llamada todavía para hablar conmigo, y me escucha aunque ya no me oye por causa de su sordera, espera una felicitación de cumpleaños o que recuerde el día que se dedica a las madres. Espera que le cuente de sus nietos, saber cómo nos va la vida a todos, esta vida tan perra que nos roba el tiempo necesario para vernos,
Siempre espera algún abrazo que la alivie de la pesada carga de la vejez y la soledad, las únicas compañías que le sobran. Pero no teme la muerte, pues siempre dice que tiene bastantes años asumidos que ya pesan. Que no le importa irse siempre y cuando yo me encuentre bien cuando se vaya. Pues tanto ama una madre, que estaría dispuesta a ser eterna a nuestro lado, con tal de evitarnos el dolor y de librarnos de toda angustia, incertidumbre o pena.
Todo le sobra, pues da con generosidad lo que le falta. Se conforma con nada. 
Un ¡Te quiero mamá! Le es suficiente.

Pero es tenaz como ella sola siempre esperando, reacia a renunciar a su derecho de amarme, de la excepcional manera en que solo las madres lo hacen. Dándose entera.
Para cuando faltes, siempre quedará mi respeto por tu persona, simplemente recoges lo que siembras.


Derechos de autor: Francisco Moroz


domingo, 26 de abril de 2020

Marco Polo





La tensión se podía apreciar en sus miradas afiladas, ambos permanecían enfrentados en una actitud defensiva que no les permitía avanzar ni escapar de la situación. Su entorno parecía estar congelado en el instante.

    Marco. – ¡Hijo de Satán! te conmino a que abandones todo empeño de posesión en el cuerpo de esta inocente criatura. Te lo exijo en el nombre de dios todo poderoso.

    Polo. –Hazme el favor de retirar el crucifijo de delante de mi nariz hombre, me da alergia la pátina dorada. ¡Aaaatchuuus! ¡Mecaguen! ¿No lo ves? ¡Que me lo apartes te digo! Me estás poniendo de los nervios ¡mira! se me erizan hasta los pelos del cogote.

    Marco.-Pero es que no puedo, estás poseso del todo.

    Polo. – se dice poseído y no poseso, tonto del nabo.

    Marco. – “Pos eso” digo. Te conmino una vez más a que abandones…

    Polo.- ¡Venga carajo! Déjalo ya joder! estás obsesionado con el tema. ¿No ves que estoy a punto de saltar y se puede producir una desgracia? Sigo siendo el mismo de siempre. Encantador y receptivo. ¿No te quieres dar cuenta?

    Marco. –Pues ayer mismo me visioné por decimoctava vez la película del exorcista y tienes toda la pinta de estar poseído por el demonio. No sé si por un súcubo o un íncubo, pero demonio al fin y al cabo.

    Polo.- Vamos a ver campeón, el único tipo de cubo que conozco es el de la basura ¿Te basas en una película y sus tópicos, para confirmar que estoy poseído por un espíritu inmundo? Mira ¿Consideras que cuando tu mujer se pone histérica y te vocifera y está que se sube por las paredes, echando humo por las orejas y espumarajos por la boca, está poseída por Lucifer?

    Marco.- ¡Hombre claro que no! Eso es que tiene una de sus crisis nerviosas.

    Polo.- Y cuando tuvisteis al pequeño ¿Qué?

    Marco.- ¿Qué de qué?

    Polo. – Me dirás que has olvidado los berreos los gritos y sobresaltos que nos ponían a todos el corazón en un puño en mitad de la noche. ¿Y cuando vomitaba la papilla de verduras una y otra vez, pringando a todo aquél que tuviera cerca? ¿Y cuando le daba un berrinche y se ponía rojo, morado o azul alternativamente, según el grado de tozudez del enano? Por no hablar de las babas las cacas y su lenguaje críptico e ininteligible.

    Marco.- Pero estamos hablando de un bebé, eso es lo normal, creo.

    Polo.- Sí, también considerarás normal lo de tu hija, con pelos de loca, piercing y tattoos. Prácticamente metida en la cama todo el día, o encerrada en su cuarto con unos ruidos que denomina música y que son lo más parecido a los ladridos de Cancerbero.                                                      
¿Qué  opinas de cuando los ojos se le ponen en blanco y se le vuelven las órbitas hacia dentro. Y con voz grave, como de camionero cazallero da respuesta a tus recriminaciones de aprovechamiento del tiempo en libros y estudio?

    Marco. – Pero es que te estás refiriendo a una adolescente en plena etapa efervescente en búsqueda de su propia identidad.

    Polo. – De una que le habla a un trozo de plástico que sujeta en las manos mientras sus dedos se convulsionan frenéticamente y se pone unas... orejeras para aislarse del mundo. ¡Lo normal!

    Marco. – No es lo mismo Polo, no es lo mismo.

    Polo. – Te he descrito ni más ni menos todo lo que hace la niña de la peli que has visionado.

    Marco. – Pero esa también blasfemaba, insultaba a los de su entorno y se comportaba de manera provocadora y hasta obscena.

    Polo.- Esa parte te la reservaba a ti frente a la pantalla de plasma viendo correr a un montón de bobos en calzones tras una pelota. Ni que fueran perros sin dignidad. Por cierto, esa niña  también podría estar sufriendo un síndrome de Tourette ¿No crees?

    Marco. – ¡Bueno! que no me convences Polo, que lo tuyo no es normal y te tengo que exorcizar sí o sí  para echarte fuera eso que tienes dentro.

    Polo. – ¡Pero si no tienes ni pajolera idea de qué va esto ni de cómo se hace!. ¿Te han concedido a caso el tercer grado eclesiástico? ¿Sabes lo que es un hisopo? ¿Tienes agua bendita por un casual? ¿Eres presbítero o sacerdote? ¿Tienes el libro de exorcismos reglamentario?

    Marco. – ¡Pues no! Pero es que me ha pillado todo tan de sopetón y a “trasmano” que no me ha dado tiempo a prepararme. Solo encontré  el crucifijo de la primera comunión.

    Polo.- Lo que no comprendo todavía es, qué narices me has visto para empeñarte en que estoy poseído y que tengo algo dentro. ¿No será porque soy negro no? Porque eso se llama racismo y no posesión diabólica que lo sepas.

    Marco.- ¡Qué no Polo! Que es porque eres un gato y me estás hablando, y eso no es algo habitual salvo en las películas de Walt Disney.

    Polo. – ¡Ah! Es eso. Haber empezado por ahí y nos hubiéramos ahorrado todas las disquisiciones y ganado un tiempo precioso. 
¡Bien!, pues te lo repito por última vez.¡O sueltas el crucifijo y te pones de rodillas y me adoras o saco las uñas y te dejo la cara con tantos microsurcos como los que tenían los antiguos Elepés!
 ¡Espera!, que va a ser verdad eso de que tengo una cosa dentro… ¡Aaaahgraufff! 

¡Me lo suponía!, una bola de pelo


Derechos de autor: francisco Moroz




martes, 21 de abril de 2020

Cuestión de confianza





Y ella finge que se lo cree. 
Naturalmente le sigue la corriente para no crear polémicas innecesarias siempre que recibe la consabida llamada desde un hotel; cada una de las veces que el se marcha de viaje por motivos de trabajo.

De este modo son felices.
Componen una pareja estable que es la envidia de todo el vecindario, el ejemplo a seguir de todos sus amigos casados. 

Él tampoco tiene porqué sospechar.
Ella nunca le da razones para hacerlo. Pues no le miente cuando le dice que está en el gimnasio tonificando los músculos con la ayuda y supervisión de su entrenador personal. 


Derechos de autor: Francisco Moroz

domingo, 12 de abril de 2020

Tiempos raros






Se levanta temprano sin hacer mucho ruido, se asea y se dirige a la cocina para desayunar. Mientras lo hace, coloca encima de la mesa los tazones, las cucharillas y las servilletas de su marido y sus dos hijos. Las magdalenas que compró ayer;  porque hoy es domingo. El cacao junto al café y el azúcar. Después se acerca a las habitaciones y muy quedito besa en la frente con ternura a cada uno de los miembros de su familia para no despertarlos.

En la entrada y antes de salir, se pone el disfraz que visten las héroes verdaderos en estos días tan extraños que vivimos. Los guantes, la mascarilla y la ropa de trabajo de una cadena de alimentación. Se pone en el pecho una chapita con su nombre y cierra la puerta pensando que un día más luchará a brazo partido contra el villano que se coló amenazante y peligroso por la puerta falsa.

Sus labios dibujan una sonrisa mientras baja en el ascensor, al pensar que forma parte de un equipo que con su servicio salva vidas a base de horas y dedicación frente al público.

A las ocho de la tarde desde el balcón cuando suenen los aplausos, todos pensaremos en los médicos, enfermeras y auxiliares. bomberos,unidades de emergencia, policías y farmacéuticos ¿Pero cuántos recordarán a los basureros, transportistas, repartidores y funcionarios de correos. Voluntarios de cáritas, cruz roja y servicios sociales. Taxistas, reponedores de supermercado, cajeros y dependientes?  Todos ellos se lo merecen igualmente. También están al pié del cañón, con el gesto amable de los que luchan en primera línea de combate a pesar del agotamiento, el dolor, la angustia y en algunas ocasiones, la pérdida.

Esperemos que la sociedad una vez que pasen estos tiempos tan insólitos, siga valorando como se merecen a sus auténticos campeones a pesar de no jugar la liga, ni subir a ninguna tribuna ni escenario o salir en programas de tele basura.

Derechos de autor: Francisco Moroz

miércoles, 1 de abril de 2020

El yo existencial






Me llamo “Pepa Ventolini” y nací mientras mi madre escribía muy concentrada en el asunto de dar a luz algo interesante como yo misma. 

Se hallaba junto a una ventana abierta, durante una primavera ventosa. Las hojas donde escribía se le volaron cayendo al suelo, y fue justo en ese instante cuando mi nombre y apellido aparecieron en su mente; inscrito como si de una partida de nacimiento se tratase.

Fui consciente automáticamente, aún sin saber el cómo ni el por qué de que yo estuviera allí, haciendo historia, formando parte de un todo muy bien estructurado, con un ritmo creciente que ponía el foco en mi persona, presentándome con una narrativa muy fluida.

En nada de tiempo me había convertido en una afamada y reconocida inspectora de policía, cuyo cometido era investigar casos cerrados de crímenes consumados en el pasado. Llegué a culminar con éxito algunos de trama muy complicada y escabrosa, implicándome a fondo en cada uno de ellos.

Sin embargo todo se torció desde el instante en que apareció él. Fue, como si yo hubiera dejado de existir.
Todo lo que vino a continuación ya no me pertenecía a mí sino al rival de género masculino que me arrebataba el sitio que me correspondía por derecho propio y que sin mediar diálogo alguno, había interferido inesperadamente en algo que solo a mi me concernía. Mi propia existencia estaba a punto de desaparecer.

Menos mal que mi mentora, fémina de armas tomar, intervino oportunamente en cuanto detectó detalles textualmente extraños que no se correspondían. Dándose cuenta del error cometido, de la gran injusticia que atentaba contra mi persona y que se había cometido, a Dios gracias de manera inconsciente.

Puso remedio de manera drástica. El intruso fue eliminado sin contemplaciones. Desapareció desde el momento en que con un elegante movimiento de muñeca, borró con tipex esa “e” que figuraba tan descaradamente plasmada en lugar de la “a” que correspondía.

Respiro tranquila, vuelvo a ser yo, “Pepa Ventolini” y no el “Pepe” ese, al que los lectores no llegarán a conocer ni por asomo, como si nunca hubiera existido. Es lo bueno que tiene lo de releer lo escrito y enmendar las erratas gramaticales antes de editar.

En eso se fundamenta el ser o no ser de un personaje. 

¿Capite la questione?

Derechos de autor: Francisco Moroz




jueves, 26 de marzo de 2020

La expedición






Todo empezó con el anuncio de un final antes del principio.

Y siguió con un viaje a través del universo. Estuvimos hibernando en cámaras estancas acondicionadas en base a la ciencia criogenética para la conservación de organismos vivos. Con total ausencia de percepciones sensoriales. Perdidos en la nada más completa y oscura, olvidada absolutamente la noción del tiempo.

Después de miríadas de estrellas nunca presentidas por nuestros científicos y de galaxias  atravesadas por la nave a una velocidad sólo comparable con la de la energía lumínica;  llegamos por fin a nuestro destino.
Allá desde donde veníamos nos creíamos dioses omnipotentes, poderosos, indestructibles y eficaces con todo aquello que nos proponíamos ¿Acaso no habíamos hecho realidad la idea de llegar hasta aquí?

En aquellos años y antes de ser conscientes de nuestros errores, tuvimos que sufrir parte del caos como el hambre, el frío la enfermedad o las guerras fratricidas encadenadas unas con otras. La muerte siempre presente junto a tanta imperfección y debilidad. Tanta codicia y soberbia. Y soledad en cada final de cada una de las historias personales.

En contadas ocasiones dimos el justo valor a la vida como tal, solo la considerábamos como soporte para conseguir nuestra felicidad, una somera ilusión basada en saciar los instintos básicos y prevalecer soberanos por encima de lo creado. Degradamos, corrompimos, devaluamos, ensuciamos, expoliamos, quemamos y destruimos todo con derroche, sin el  pudor ni la sensación de que la tumba estuviese bajo cada una de nuestras decisiones desacertadas. Desoímos a los pocos que avisaban de la precariedad de los ecosistemas, del derrumbe inminente de la casa que habitábamos.
El planeta colapsó, pero no antes de que se preparara una expedición de exploración para encontrar algún entorno habitable. Solo unos pocos elegidos evaluados por sus cualidades. Mujeres y hombres a partes iguales formamos parte de la misma.

Después de ser despertados por los sistemas informáticos programados para hacerlo en cuanto los detectores de viabilidad lo considerasen apropiado. De programar los parámetros para proporcionar oxígeno y la temperatura idónea al habitáculo y de escanear el exterior, nos reconocimos entre nosotros después de estar aislados y ausentes tantos años. Asistimos silenciosos a la bajada de la compuerta de salida de la astronave. Con el pensamiento particular de empezar de nuevo, de explorar el medio, colonizar con prudencia el nuevo mundo, sabiéndolo administrar utilizando sus recursos con sabiduría, respeto y moderación.
Se nos brindaba una segunda oportunidad para hacerlo.

Bajábamos despacio, embelesados por la luminosidad del único astro que alumbraba este planeta ignoto. Extasiados ante tanta belleza y variedad de colores. Presentimos a otros seres vivos muy diferentes a nosotros, que se acercaban curiosos a una distancia prudencial medio ocultos entre árboles y maleza, escuchábamos absortos el sonido del agua y disfrutamos de la caricia del aire puro con el que llenamos los pulmones después de nuestro forzado encierro.

Felices como niños inocentes, que después de estar ausentes regresaran a su hogar. Y de esta forma, algunos abrazados y otros cogidos de las manos, sonreíamos mirando al cielo, mientras las primeras gotas de una suave lluvia acariciaban nuestros rostros.
La expedición de la que formábamos parte era conocida con el nombre de Evadán y este paraíso al que estábamos destinados desde el principio era un lejano planeta llamado tierra.

Mi primera reflexión fue que este lugar tenía un nombre muy humilde para ser tan grandioso y elocuente.

Derechos de autor: Francisco Moroz






sábado, 21 de marzo de 2020

Teoría de la conspiración







–Tengo más que claro que el Covi-19 es un virus que escapó del laboratorio experimental de Wuhan en China, aunque las autoridades lo ocultan para no reconocer su error y provocar alarmas que les pueden acarrear sanciones por parte de la comunidad internacional.


– ¡Que no hombre! fue en China donde se originó, pero por la falta de higiene de sus habitantes y esos peculiares alimentos que ingieren casi crudos: murciélagos, ratas, culebras, perros… ¿Acaso no los ves por las calles hurgándose la nariz y escupiendo?

–Pues he leído en un mensaje que me envió mi cuñado que está muy puesto en estos asuntos, que esta pandemia ya la predijo el gran astrólogo Nostradamus.

– ¡Quita! ese era solo un cantamañanas del tres al cuarto. Además no era astrólogo sino médico y adivino. Se trata de bulos que se inventan algunos que parece se aburren en casa con esto de la cuarentena. Los escriben y se los atribuyen a este, que fue un oportunista vaticinador, en cuyas cuartetas parecen encajar todos los desastres de la humanidad. 
Yo creo que en realidad es una conspiración de Estados Unidos para desacreditar a sus máximos competidores económicos para que pierdan el crédito de las masas poblacionales consumistas para que dejen de comprar sus teléfonos móviles. Entre otras cosas porque lo de los aranceles impuestos parece que no les dieron buenos resultados.

– ¿Y si fueron los propios chinos los que propagaron el virus para diezmar a la población y contener la enorme densidad demográfica del país y de paso quitarse parte de la competencia? ¿Y los Yihadistas no tendrán algo que ver en todo esto? Puede tratarse de una nueva forma de terrorismo a base de bichitos virulentos  destructores de mucosas.

–Uno no sabe que pensar con tanta fake news.

– ¿Quieres saber mi opinión personal?

–Dime.

–Se trata de una conspiración judeo masónica para hacerse con el control global de la humanidad, como cuando lo de los judíos de Toledo y los Reyes Católicos y todo eso. Encima encaja con la teoría del  Nostradamus ese, que era de procedencia judía. Al final va a resultar que el Hitler era un visionario redentor.

–Yo tengo una teoría que no es tan loca como la tuya. El responsable de este caos es el gobierno de la nación. Se trata de sus nuevos planes secretos para ahorrarse los sueldos del subsidio de desempleo y los de jubilación por descarte y óbito de los cotizantes.

No puede ser casual lo del virus ¡Ya te digo!

–Tampoco te has parado a pensar que puede que se hayan puesto de acuerdo todas las mujeres para obligarnos a permanecer en casa. No es casualidad que hayan cerrado bares y clausurado todo tipo de eventos deportivos. No se puede salir en grupos, solo de uno en uno. Dentro de casa nos vemos obligados a hacer tareas domésticas y ayudar con los niños sí o sí. Para más inri todo el santo día vigilados, como en gran hermano. Esto no puede ser más que una confabulación de todas ellas para tenernos controlados. No podemos presentir sus sonrisas mefistofélicas detrás de nosotros, mientras aplaudimos en el balcón como panolis mientras pensamos, que hasta esto lo estamos haciendo también por propia iniciativa, y sin sospechar que es la forma de celebrar entre todas la gran victoria sobre todos nosotros, excusándose con que los aplausos están dedicados a los sanitarios.


– Deberíamos publicar en las redes sociales estas reflexiones y hacerlas virales ¿No crees? A ver si despiertan y aprende la gente a identificar a los responsables y creadores de estos tipos de caos pandémicos.

–Yo de momento me voy a tomar un paracetamol  para ver si se me baja la fiebre y así poder salir con mi mujer a hacer la compra al súper, por ver si han traído ya el papel higiénico, que solo me quedan veinticinco rollos con los que no llego a fin de mes. Que hay tontos del culo, nunca mejor dicho, que arramblan con todo.

–Pues aquí en casa somos más de ibuprofeno y a los cinco que somos nos está aliviando además de la fiebre, las toses y los dolores de cabeza. De hecho si hace bueno esta tarde saldremos a dar una vuelta para ver a mi anciana madre que está muy solita la pobre en su casa.

– ¡Los malditos imbéciles son los que provocan semejantes situaciones! Y los ignorantes que no siguen las normas básicas de sanidad.

–Eso amigo ¡Maldita Estulticia!

-¿El qué?


derechos de autor: Francisco Moroz



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