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martes, 25 de junio de 2019

La noche me confunde






“Hoy no me puedo levantar, el fin de semana me dejó fatal, toda la noche sin dormir bebiendo, fumando y sin parar de reír…” (Mecano)

Regento un local que fundó mi abuelo como taberna. Un tugurio de mala muerte donde cada noche pasaban individuos de la peor calaña. Pendencieros borrachines, desahuciados y perdedores. 
Donde se originaban peleas a navaja en las que corría la sangre en tanta cantidad como el vino que se trasegaba.

Mi abuelo se llamaba Constantino, remembranza de aquel emperador romano de hace muchos siglos. Pero todos le conocían como “Tini” el tabernero "Tinibroso", solo por el hecho de gobernar esa especie de antro siniestro.

Después llegó mi progenitor, que se emparejó pronto con una “reina de la noche”, mi madre. Que por aquel entonces era todo un "Bocatto di cardinale" para paladares exquisitos.

“Te vi llegar
con la noche a la espalda,
como un enigma en la oscuridad
te adiviné,
ligada a las estrellas
que me controlan a millones de años luz…” (Miguel ríos)

Ambos, heredaron el negocio y lo transformaron en bar de tapas, un establecimiento que dio de comer y de beber a toda la familia durante muchos años; hasta que ambos se jubilaron. Mi padre se llama “Blas” pero los clientes le conocían como “BlasTapas”; por las clavadas realizadas en los precios de los pinchos morunos. Un claro homenaje a su casi homónimo "Vlad Tepes" que realizaba la misma jugada con las estacas y los prisioneros de guerra, a los que les salía cara la jugada.

Cansado de toda una vida detrás de la barra sirviendo y sirviéndose de la clientela, se jubiló por los siglos de los siglos, pasándome el testigo generacional al que era imposible renunciar por culpa de una tradición familiar; fundamentada durante muchas décadas, en una absurda historia de inmigrantes rumanos escuchada hasta la saciedad desde niño.

Lo primero que realicé, fueron las reformas necesarias en las instalaciones para adaptar los espacios a las necesidades logísticas de los nuevos tiempos. La amplitud me daba juego para habilitar el sótano que reconvertí en vivienda; donde también ubiqué la bodega, las cámaras frigoríficas y el almacén. 
Arriba, una extensa barra corrida bien surtida con todas las variedades etílicas y espiritosas que actúan como señuelo para los parroquianos. Y una pista de baile con escenario para gogós y mesa de mezclas para Dj´s, que lo dan todo para poner la sangre del personal al punto de ebullición. Todo ello ambientado con luces y sombras que crean espacios muy íntimos para encuentros insospechados con final feliz, reservados V.I.P para los invitados elegidos a ciertos eventos organizados puntualmente.

El rótulo con el que quise dar a conocer el Night club, fue diseñado ex proceso en consideración y respeto a mi abuelo y a mi padre. 

En letras rojas y luminosas, bien visibles y en todo lo alto, puse: Disco-Pub "TiniBlas". De tal manera, que sin buscarlo, dio pie a que los malhadados, hipócritas e intransigentes vecinos del barrio que no soportan ni el ruido ni mi presencia, empezaran a denominarme como "Príncipe de las tinieblas". Ya tendrán su merecido con el tiempo, algo de lo que dispongo sin medida.

Imbéciles, no saben el sacrificio que me supone sacar adelante un negocio de tales características. Lo primero de todo no soporto…

La oscuridad, crece aún más y más
y las tinieblas se han apoderado de mi mente

y no lo puedo soportar y ya no sé lo que está bien o está mal… La noche no es para mí…” (Vídeo)

…las trasnochadas. Yo fui siempre de madrugar y de la opinión de que las noches se hicieron para dormir. Las ojeras me llegan al suelo y tengo los ojos siempre irritados y enrojecidos. No descanso lo suficiente. Presiento que no recuperaré el sueño por mucho que más adelante pueda dormir durante lustros y lustros.

Muy al contrario que mi padre, que decía: “Cuando me jubile no haré otra cosa más que estar “tumbaó” todo el día y salir a beber algo a partir de las doce de la noche”.

Y ahí lo tengo en el sótano, cumpliendo a rajatabla lo dicho. Junto con el abuelo, el bisabuelo, el tatarabuelo y algún ancestro lejano de cuyos nombres ya ni me acuerdo; tirados a la bartola junto a sus amantes, parejas, hijos, nietos, e incluso a la madre que los parió a todos.

Mientras, yo me parto el lomo currando como un condenado a galeras y a perpetuidad. Que de tanto estar encerrado ya no puedo soportar la luz. Y el sol me quema "toito" cuando saco la nariz por la puerta. Todo el día enclaustrado como murciélago en cueva. Y eso que algunos de los que reposan ahí abajo decían que yo no tenía sangre en las venas, y que estaban hartos de que solo chupara del bote. Y que como siguiera por ese camino no tendría donde caerme muerto ni a lo que hincar el diente.

Soy consciente de que heredé ciertos rasgos familiares característicos como pueden ser la palidez de mi piel, el pelo negro y lacio, una inquietante presencia y mis prominentes colmillos. Pero lo de la vida noctámbula sin pegar ojo, no va conmigo. Ciertamente no sé a quién habré salido.

También estoy hartito de los inconvenientes de este negocio, al tener que responder de continuo a los inspectores de sanidad con evasivas. Que lo de la bodega es vino tinto de la mejor calidad y lo de las cámaras de congelados carne de cerdo convenientemente fileteada. Así como convencer a los polis meticones, a base de consumiciones gratis, que esos individuos que desaparecen cada cierto tiempo, nunca pasaron por el local que dirijo.

Por estos pequeños detalles, cada día me resulta más penoso el ser inmortal y tentado estoy muchas veces de volverme a Transilvania. Y si no lo hago es porque tengo a casi toda la familia residiendo aquí.

Abandonarlos sería dejarlos en la estacada o literalmente, como clavarles una estaca en el corazón. Y uno será lo que sea, pero no un desalmado que con el remordimiento no pudiese ni mirarse en el espejo.


“No hay tiempo para nosotros.
No hay lugar para nosotros.
¿Qué es esto que construyen nuestros sueños?
Y aún se escapa de nosotros.
¿Quién quiere vivir para siempre?
¿Quién quiere vivir para siempre?  (Queen)  


Derechos de autor: Francisco Moroz


                     

miércoles, 29 de mayo de 2019

Mala compañera



Supongo que no es la mejor de las compañeras, en alguna ocasión la sorprendo haciendo cosas extrañas a mi alrededor, cosas imposibles, siempre de forma velada y discreta a los ojos de los demás.

Nunca me mira a los ojos, e intenta esconderse detrás, agazapada, como si no quisiera descubrir su presencia. Otras veces la presiento a mi alrededor inquieta, como a punto de saltar y realizar alguna locura, algún movimiento inesperado.
De noche desaparece ineludiblemente, nunca me dice a donde va, y aunque jamás llegamos a hablar sobre el tema su actitud me hace sospechar que se trae entre manos negocios turbios y trapicheos inconfesables.

Solo dormimos juntos en verano y primavera cuando nos tumbamos bajo la copa de alguno de los árboles frondosos de los que crecen en los jardines por los que solemos pasear. Nunca en la cama, es como si un irreverente pudor la hiciera alejarse de mi presencia manteniéndose distante de mi cuerpo. Sin embargo de noche, si salimos a la calle a tomar unas copas, parece crecerse. Eso me preocupa, pues me supera, se hace demasiado tangible y pavorosa, no la reconozco en su actitud amenazante. Su lado oscuro se intensifica pareciendo querer dominarme.

Llevo unos meses sin salir de casa, es donde estoy más seguro, alejado de su presencia que me atemoriza. ¿Cómo he llegado al extremo de querer vivir sin ella? Antes era imprescindible, pero ahora me asusto cuando aparece junto a mí, de improviso, sin avisar. siguiendo, el ritmo de mis pasos sin despegarse, incluso imitando mis movimientos como en una burla de mimo callejero que se riera de mi. Temo que se rebele y me agreda por la espalda en un descuido.

Hace unos días sin poder resistir más, y ante la duda de saber si estaba perdiendo el control de mi mente, concerté una cita con un especialista para consultarle sobre mi aversión, no fuera a tratarse de un caso de incipiente locura, una obsesión compulsiva o paranoica.

Después de unas cuantas sesiones donde tuve la oportunidad de trasmitirle mis cuitas e incertidumbres, nos hemos sentado frente a frente y con paciencia infinita me ha desgranado su diagnóstico, tranquilizándome al respecto sobre mis temores, dándome algunos consejos y recomendaciones preventivas.

-–Convivir con ella se ha convertido es toda una prueba para usted,-–me dijo, todas son iguales por lo común, pero la suya es un poco más complicada, va un poco por libre; y esa incertidumbre de, a dónde irá por las noches, ha de quitársela de la cabeza por su propio bien. Déjela que vaya y venga a su antojo, libérese, céntrese en lo cotidiano de su propia existencia, intente ignorarla, como si no estuviera o fuera invisible.

Salí aquél día de la consulta un poco más reconfortado, pero me duró poco la tranquilidad, pues cuando salía a la calle desde el portal, apareció ella de inmediato y poniéndome la zancadilla, me hizo caer de bruces en la acera haciéndome sangrar por la nariz con el golpe. Juro por todos los dioses del Olimpo, que escuché su risa burlona.

Un transeúnte que me vio caer me ayudó a levantarme preguntándome si me encontraba bien.­­

-–Sí, disculpe he debido tropezar con el escalón.

Cuando se ha alejado el buen samaritano, la he mirado con odio infinito pintado en la cara y me he dicho a mi mismo:

––¡Está claro que tengo muy mala sombra!



Derechos de autor: Francisco Moroz

sábado, 27 de abril de 2019

Síndrome de colores




Las musas te hacen malas pasadas cuando se olvidan o no quieren echarte una mano, pero siempre es pasajero este síntoma que los escritores hemos dado por llamar: síndrome de página en blanco. Hasta para poner adjetivos calificativos somos especiales los que llenamos de garabatos caligráficos las hojas de papel o esas otras virtuales de la pantalla del ordenador.

¡Pero no! eso no es lo que me pasaba desde hacía unos meses en los que me sentaba a escribir y solo me salían comienzos como este: 

El sujeto entró en la casa donde “Decorplast". Albañiles. Trabajos de reformas de interiores y exteriores acababa de construir un habitáculo anexo a la vivienda. En el garaje se encontraba aparcado un coche de “Rentauto". Vehículos comerciales de alquiler, con chófer o sin chófer, a simple vista perteneciente a un concesionario cercano al aeropuerto de donde el inquilino parecía haber regresado hacía poco...

Me estaba volviendo loco al llenar folios con estas sandeces sin sentido. Hace unas semanas quería proseguir con una historia que ya tenía empezada. Una con trasfondo policíaco donde un asesino de mente retorcida, siniestro e implacable, elige a sus víctimas por el tipo de calzado que usan.

Cuando releí lo que había escrito, me quedé con cara de gilipollas pensando que un tornillo se me acababa de caer y unos cables habían cortocircuitado en mi cerebro.
Ponía algo así: 

Sam Logan se presentó en el lugar donde se había citado con la hermosa mujer que iba a engrosar el número de fallecidos por estrangulamiento realizados por sus fuertes manos. Se trataba del local donde se ubicaba una zapatería "Santo Domingo de la Calzada". Zapatos ortopédicos y con plataforma que se adaptan a cualquier formato de pie. Consúltenos sin compromiso. 

La mujer al verle llegar, quedó gratamente sorprendida ante la puntualidad de su presunto amante mientras miraba su muñeca donde lucía un reloj comprado en “Relojerías Cityzán". Exclusivas piezas de lujo. Especialistas en reparación de cualquier tipo de maquinaría que requiera perfección suiza. Presupuestos gratuitos previa presentación de nómina o cuenta bancaria.

El frío asesino, disimuló con descaro sus intenciones, componiendo una sonrisa "Dentalfresh" El único dentífrico con blanqueadores y bífidus activos del mercado, al igual que por el inmenso placer que le proporcionaba el saber de antemano que esa mujer perecería en escasas horas. Ejecutaría sus propósitos después de una cena romántica en los “Salones Buterfly". Celebraciones de eventos, comidas de empresa, bautizos y comuniones, bodas, divorcios, despedías de soltero. Un servicio esmerado, adaptado a a las necesidades de cada cliente...”

¡¿No me digáis que no era de traca, como para volverse completamente tarado?!
El problema es que me sentía como poseído por el espíritu inmundo y enfermizo de un publicista sin freno ni pudor alguno. Dispuesto a todo con tal de plasmar los artículos pertinentes dirigidos a posibles y potenciales consumidores.

De tal manera me tenía preocupado este tema, que hablé con mi editor y este, después de despacharse a gusto con una estentórea carcajada, me recomendó un prestigioso psicólogo al que llevo visitando hace aproximadamente unos treinta y cinco días, y en los que durante dieciocho sesiones de hora y media, le he ido contando lo inexplicable de mi conducta inconsciente cada vez que me siento a escribir.

En un primer momento por el rabillo del ojo, me pareció sorprenderle frotándose las manos según iba desgranando lo complejo de mi cuita, pues sospecho que este terapeuta preveía que se encontraba ante un filón sin fondo, dado el carácter que iba conformando mi relato paranoico sin pies ni cabeza.

En la última sesión, a la que ya precedían otras diecisiete cobradas a precio de plata del Potosí, y cuando llegué a la parte de:

–Esto me viene ocurriendo desde hace unos tres meses, coincidiendo con la avería del ordenador que me petó a causa de una subida inesperada de tensión. Mientras esperaba el arreglo de la avería, eché mano a unos folios de papel, del de toda la vida, una pequeña resma que ya amarilleada, y que tenía arrinconada desde tiempos inmemoriales en una repisa llena de polvo.

Para ser exactos desde que la escritura informatizada a base de tecla y software entró en mi vida y olvidé el bolígrafo, la pluma y los soportes fabricados con base de celulosa.

Mi interlocutor puso cara de no entender nada, y otra de susto ante el sobresalto recibido por mi inesperado brinco del diván donde me recostaba. 
Lancé un grito como aquél “¡Eureka lo he encontrado!” que emitió Arquímedes de Siracusa mientras corría en pelota picada por la calle. 

Lo que precisamente en la actualidad los psicólogos denominan "Insight" que viene a ser: La reacción automática del individuo ante el destello espontaneo de su mente al descubrir la solución a un problema no resuelto por nadie hasta el momento.

¡Santo dios! como es que no me había percatado antes, de la causa que me estaba ocasionando semejante esquizofrenia. Era una fuerte intuición la que me había sobrevenido ante el posible objeto tangible que producía mi estrambótica forma de escribir.

Huí del piso donde se hallaba la consulta del psiquiatra, que como bandolero de Sierra Morena me estaba sacando los cuartos. Bajé las escaleras de dos en dos y de tres en tres, y con peligro de mi integridad física salí a la calle en tromba, para buscar una papelería de barrio, de esas que son tan difíciles de encontrar como al rayado y mimético "Wally".

Cuando encontré el pequeño comercio agazapado entre un bazar chino y un bar de copas. Entré poseído por el ímpetu invasor de “Atila” y el espíritu detectivesco de “Poirot” y casi sin vocalizar a causa de mi ahogo por la carrera que me había metido entre pecho y espalda en perjuicio de mis pulmones, pedí al dependiente un paquete de folios blancos que casi le arranqué de las manos con estas incluidas, agarrándolos con fruición después de pagarlos, saliendo por la puerta como una repentina corriente de aire y poniendo destino a mi guarida de oso de escritor soltero.

Rasgué la envoltura del paquete, cogí un bolígrafo abandonado en el escritorio, y me puse a escribir lo primero que se me ocurrió. Algo que quedó así:

"Me encuentro en mi estudio realizando una prueba de escritura. Para ello he comprado unos folios en una papelería del barrio situada entre un "todo a cien" y un bar. Y eso, después de salir de ese psicólogo tahúr que alargó la terapia con intención de dejarme seco hasta el plan de pensiones, sin tan siquiera preocuparse en comprender de qué iba la historia, ni mostrar interés por ella.”

A continuación busqué los viejos folios donde hasta hace poco había estado escribiendo, intentando plasmar lo mismo:

"Me encuentro en mi estudio situado en la Calle Venancio Pérez Gellidón "Apartamentos y oficinas Gelli". Todo exterior, con amplias vistas a patio interior. Muy luminosos de día, realizando una prueba de escritura caligráfica "El tintero de Oro". Mecanografía y taquigrafía adaptada a soportes informáticos. Enseñamos a hacer la "O" con canuto. Docencia profesional.

Para ello he comprado unos folios en una papelería "Paperbic". Vendemos todo tipo de material gráfico y de escritorio. Realizamos fotocopias a mano, encuadernaciones rústicas labriegas, e impresiones impresionantes. Hacemos pedidos de libros escolares para repetidores de curso, y falsificaciones de documentos de identidad y pasaportes. 

Situada entre un bazar "La Gran Muralla" (No podía llamarse de otro modo) Bajos precios en todo tipo de artículos. Pollo frito, fuegos artificiales, armas homologadas serias y legales con número rayado. Sombreros mejicanos con plumas de carnaval, pilas sulfatadas para linternas, flotadores para salvavidas, gorras de béisbol del Real Madrid. Productos higiénicos de segunda mano, y un bar de copas "El Chupito". Gambas y boquerones por tres euros con cincuenta. Raciones de chorizo y calamares. Desayunos completos de media tarde por un euro ochenta. Ambiente a refrito muy familiar. 

Todo ello después de salir del psicólogo "Sanamente". Terapias de grupo. Chequeos psicológicos con escáner. Hacemos descuentos a colectivos empresariales. Atención personalizada a desahuciados, y a comunidades de vecinos al borde de un ataque de nervios. Consulte nuestras tarifas desorbitadas sin compromiso y sin saber de qué va la historia. Nos despreocupamos de usted y seguimos a lo nuestro...

Sonreí satisfecho después de releer varias veces lo que había escrito en una hoja y en la otra. ¡Había dado con el problema!
Reuní los viejos folios mirándolos con cierta tirria y rencor por haberme tenido en un “Sin vivir en mi, y muero porque no muero” y los fui metiendo en la trituradora de papel de sobremesa uno a uno, con cierto regodeo placentero mientras en mi cara se dibujaba una sonrisa maligna parecida a la del “Joker” en la peli de“Batman.”

Lo que había padecido era una nueva versión del síndrome de la hoja en blanco, pero en este caso en una variedad más sofisticada. 
Se trataba de un síntoma desconocido hasta ahora; pues en “San Google” no encontré ninguna referencia al respecto. Por lo tanto lo bauticé como a un hijo mio con el nombre de:

“Síndrome de las páginas amarillas.” 



Derechos de autor: Francisco Moroz

jueves, 7 de marzo de 2019

Requiescat in pace





Bajo la escueta sombra de un ciprés algo apartado, espera impaciente a que terminen de enterrar el cuerpo.
El sacerdote ha dado consuelo espiritual a la familia, elogiado al difunto magnificando sus cualidades como buen esposo y padre. Hombre decente, trabajador, humilde, cariñoso, entregado a su familia. Ahora por fin reposa después de su paso por este triste mundo.

Los presentes muy recogidos y silenciosos parecen afectados, pero nada tan lejos de la realidad, cada cual piensa en sus cosas; contadas las lágrimas que resbalan por algunas mejillas.

Observa que la esposa, se tapa la boca con un pañuelo arrugado, escondiendo sus ojos enrojecidos tras unas gafas de sol. La niña pequeña agarrada a su otra mano, la mayor al lado, como una mujercita de quince años obligada a mantener la compostura que las circunstancias requieren, pero con deseos de salir corriendo para alejarse de allí.

Las dos serán las que menos echarán en falta a su padre, las que antes lo olviden. Pues el tiempo cicatrizará las heridas que deja con su ausencia.
El amor que siente por ellas como tío, es lo que motivó la decisión meditada que tuvo que tomar a lo largo de los últimos meses.

Está seguro que todo se ha resuelto de manera muy convincente, con escrupuloso detalle. Él se ha encargado de que así sea.

Como médico de confianza, certificó la muerte del finado. Contrató el tanatorio donde se veló al fallecido, atendió a los amigos y familiares, dio apoyo a la viuda para superar la pérdida resolviendo toda la burocracia requerida. La acompañó en todo momento como representante familiar; tanto en el funeral como en el entierro que finalizará en breve.

Ahora, junto al árbol, rememora los años pasados mientras observa a su dolorida hermana y sus sobrinas.
Aquél individuo que yace bajo tierra la cautivó en su momento con su arrebatadora presencia, su impulsiva personalidad, su fuerte carácter.

Recuerda un noviazgo compulsivo, una boda precipitada, unos embarazos dificultosos y una mujer destrozada psicológica y físicamente por los insultos y los golpes, que solo se quejó cuando las víctimas empezaron a ser sus hijas.

Las causas que han llevado a su cuñado a la tumba, serán el secreto que él se llevará a la suya.

Ahora todos podrán descansar en paz al igual que el finado, gracias a su acertado criterio de ayudarle a bien morir, quitándole de enmedio en el momento adecuado.



Derechos de autor: Francisco Moroz






sábado, 16 de febrero de 2019

Carta de amor a una chica muy especial







Eres un ser increíble creado a diferencia del común de los mortales, con la fuerza de voluntad necesaria para superar todos los obstáculos y conseguir los objetivos que te propones. Es cierto que te cuesta algo más que al resto, pero eso no deja de ser un aliciente más para la superación diaria. Eso te hace destacar y brillar con luz propia haciéndote a mis ojos muy atractiva.

Eres una chica con una sensibilidad que muchos quisieran para sí mismos. Tu vida no es nada fácil, lo sé, y por ello estoy a tu lado de continuo, animándote a seguir adelante a pesar de todos los problemas de aceptación que encuentras a tu alrededor. Yo conozco ese sentimiento de frustración que te confunde, tu tristeza cuando sientes que te miran con lástima o las frecuentes ocasiones en que los compañeros te dejan fuera de sus grupos de trabajo, de un equipo deportivo o una red social.

Para mi eres lo mejor que me ha ocurrido, lo único que tengo y da razón a mi existencia. Me gustas tal como eres y por ello, me gustaría que me tuvieses en cuenta y pensases en mi cuando te sientas abandonada en medio de esa marea humana que por desconocimiento, ignorancia, mala fe, o desprecio hiriente te zarandea. No dejaré jamás que te hundan. Nadaremos contra corriente si hiciera falta, para llegar a la orilla donde te sientas segura, pero dándote los motivos suficientes para volverte a lanzar a la lucha.

Te conozco desde niña y cada vez me siento más a gusto en tu compañía, es inevitable no sentir algo por ti cuando de continuo perdonas a los que a tu paso te evitan o se burlan por ser como eres ¿qué culpa tienes tú? ¿a caso les ofendes por tener lo que ellos no tienen? 
Te dignifica esa sonrisa que ilumina y es capaz de olvidar sin rencor. Tienes una capacidad innata para sentirte feliz y eso, junto a tu limpia mirada, es indudablemente un don fabuloso.

Te abrazaré desde adentro con todas mis fuerzas, arropándote cuando te sientas sola o incomprendida. Si lloras te daré consuelo, podrás pensar en mí como en alguien que incondicionalmente te acompañará mientras vivas. Un fiel aliado en las buenas y en las malas.
Celebraremos juntos tus pequeños triunfos que nos harán grandes a los dos. Nos forjaremos un futuro en común donde sea posible equipararnos a los demás.

Si me aceptas, caminaremos de la mano por la senda de nuestro destino, siempre de manera asertiva, siendo conscientes que tener un poco de síndrome de Down puede ser un condicionante, pero no una barrera para ser cada día mejores.

Siempre contigo. Tu autoestima, que hace que te quieras tal como eres.


Derechos de autor: Francisco Moroz






domingo, 20 de enero de 2019

Querida muchacha





"Todavía late mi corazón cuando te recuerdo, quiero traerte a la memoria y dejar plasmado nuestro encuentro en estas letras.
Quisiera haberte comunicado lo mucho que me hubiera gustado hablar contigo, conocerte un poquito, saber algo de tu vida. Soy consciente de que nunca las leerás, pero quién sabe, el mundo es pequeño y el destino incierto.

Desde que te vi en aquél andén esperando un tren que te alejaría de mí para siempre, me interesé por tu presencia, puro contraste entre la agitación del resto de personas que se movían de forma frenética con un destino incierto. Me resultaba tan atractiva tu serenidad, que no podía apartar la vista de tu figura.

Me pareciste concentrada en un pensamiento intangible, desamparada ante el ajetreo cotidiano. Pareciera en aquel momento que ambos hubiéramos sido invisibles para el resto de mortales. Congelados en ese instante por las agujas detenidas del reloj de la estación.
La verdad, es que mis ojos solo los tenía puestos en ti cuando me sorprendiste con los tuyos.
Te vi preciosa, envuelta en esa aparente fragilidad que te adornaba mientras leías un libro, acariciando unos renglones con la mano. Me pareció vislumbrar una emoción en forma de lágrima resbalando por tu mejilla, me hubiera gustado en ese momento estrecharte en un abrazo, para protegerte de esa tristeza que presentí te invadía.
¿Qué es lo que la provocaba?

Hubiera querido compartir contigo el dolor que te embargaba, tus recuerdos, tus heridas. Pero temí acercarme y asustarte con mi presencia inesperada.
Un extraño que se aproxima de pronto e invade nuestro espacio, no es bienvenido y origina un rechazo instintivo.
Si hubiéramos coincidido en otro lugar con más calma, con más tiempo; te hubiera explicado la atracción inusitada que ejerciste en mi solitaria existencia y de seguro, te confieso, no hubiera sido capaz de encontrar ninguna excusa en mi existencia por la cual abandonarte. Seguramente hubiéramos compartido nuestras historias, nuestras horas, toda una vida.

Me conformé con esa luminosa sonrisa que me dedicaste, poco antes de partir…



Amanda acaricia esos renglones que la hacen llorar de pura emoción cada vez que llega a ellos. Ha vuelto a leerlos, como tantas otras veces. Como ahora mismo, mientras espera el tren que la llevará lejos de su casa. Se puede decir que después de acabar la carrera se ha convertido en emigrante. Alguien que tendrá que buscarse la vida a muchos kilómetros de donde se presupone debería haber encontrado trabajo y la felicidad junto a los suyos.

Ha tenido que tomar decisiones y abandonar muchas cosas, pero ese libro que sujeta en las manos no es una de ellas. Es su mejor posesión. Un libro que encuadernó su padre con las memorias que dejó escritas el abuelo, al que apenas conoció, pues murió siendo una niña.
Siempre le pareció que ciertos pasajes habían sido escritos solo para ella, y eso la acercaba a su figura, le mostraba su personalidad y le perfilaba su carácter. Se sentía animada por él en esta su propia aventura, que les ponía a ambos en una misma situación.

Es curioso, cuando mira hacia uno de los lados, sorprende a un anciano que sentado en uno de los bancos del andén la dedica una mirada cariñosa cuajada de curiosidad, pero a la vez pintada de cierta timidez, como si le hubiera sorprendido en falta y no quisiera asustarla. Le sonríe antes de levantarse para dirigirse a su vagón.

Ya en su asiento vuelve a abrir el libro por la página en la que había dejado la lectura.



 “…Te contaría que yo pasé por una estación para coger un tren que me llevaría lejos de mi tierra, lejos de todos a los que amaba. Te narraría las soledades a las que me enfrenté y las penurias que padecí.
Tuve que dejar atrás todo aquello con lo que me identificaba: A mis padres y hermanos. Mi tierra y sus campos. Mi casa, el entorno conocido del pueblo que me había visto nacer. Pero el hambre y la necesidad de forjar un futuro me hicieron partir allá donde presuponía encontraría un poco de esperanza.

Pasaron muchos años de exigencias y sacrificios. De renuncias y pérdidas y por fin, pude volver para reencontrarme con todo aquello que tuve que abandonar.
Nada de aquello que dejé era lo mismo. Algunas cosas seguían allí de forma aparente, pero sin esencia, sin esa pátina de serenidad, sin ese aparente espíritu de resignación y esa amorosa aceptación ante lo ineludible. Es como si todo lo hubieran remozado con una capa de pintura que lo hiciera brillar de manera artificial.

Tuve que rehacerlo casi todo de nuevo, crear una nueva familia en otro lugar, buscar ilusiones nuevas y motivos para tenerlas.

Ahora que va llegando el momento de la despedida definitiva, lloro como un niño al que le robaron lo mejor de la infancia pues sé que este otro tren, es el último que cogeré, sin retorno ni vuelta atrás.
Me hubiera gustado conocerte mejor, muchacha del andén, aunque quién sabe si nuestros destinos caprichosos no nos vuelven a hacer coincidir en algún tren, de esos a los que todos subimos y bajamos de continuo.

Estoy seguro que sabría reconocerte entre todos y entonces a lo mejor, sería capaz de acercarme a ti para contarte alguno de mis recuerdos…”




Amanda vuelve a cerrar el libro mientras el tren se pone en movimiento y su llanto se desborda. 
El anciano continúa sentado y la ve alejarse desde el otro lado de la ventanilla, mientras pone una mano sobre su boca soplando un beso al aire dirigido solo a ella. 

Derechos de autor: Francisco Moroz

viernes, 21 de diciembre de 2018

El verdadero sentido de la Navidad



Con este relato me despido hasta después de todos los eventos navideños. Unas fiestas que no tendrán sentido si no ponemos de nuestra parte.

El espíritu de la Navidad lo aportamos nosotros acompañando, escuchando, compartiendo con los que lo necesitan.
Regalando una sonrisa sincera, reconciliándonos con la vida y nuestras limitaciones.

Vinimos al mundo para ser felices, y en estos días se nos da la oportunidad para brindar por ello.
seamos asertivos y generosos, lo demás se nos dará por añadidura.

A los seguidores, compañeros de letras, amigos y a los que se pasan por casualidad por este blog de vez en cuando, les deseo unas muy ¡Felices fiestas!





Ya llegó la repetitiva y aburrida fiesta marcada de rojo casi al final del calendario.

Árboles encendidos con multitud de bombillitas, adornados con guirnaldas y bolas de colores. Mesas puestas con manteles de hilo bordados a mano, y un despliegue excesivo de manjares dulces y salados puestos sobre ellos.

Cubertería de plata, vajilla de porcelana, vasos de cristal fino reservados solamente para las grandes ocasiones. Copas para champán con las que brindar por infinidad de cosas que realmente no se desean a los enemigos y en muchos casos ni tan siquiera a los amigos.

Estoy saturado de tanta hipocresía, de tanto despilfarro innecesario basándose en una celebración inspirada por un espíritu navideño que no siento como parte mía. Estoy más que harto de estas pueriles memeces características de personas inmaduras que todavía son capaces de creer en cuentos como el de los reyes magos y en fábulas como la de un dios que se hizo niño.

Las calles iluminadas como en carnaval, explosiones continuas de petardos y fuegos artificiales al igual que un cuatro de julio.
Los belenes presentes como las setas en muchos escaparates y casas, representando un misterio que soy incapaz de desentrañar.

Y melodías angelicales interpretadas a todas horas por coros de niños con voz de pito. Villancicos ñoños con estribillos superficiales que hablan de noches de paz y amor, y otras milongas, como peces que beben en un río, burras chocolateras y campanas una encima de la otra.

Tarjetas postales con paisajes nevados, trineos alemanes o suecos, y casas encendidas más propias de Estados Unidos donde lo exageran todo hasta el infinito. Todo para intentar transmitir mensajes positivos que nadie practica durante el resto del año.

A eso, añadimos las cenas de empresa con jefes a los que odias y compañeros a los que no puedes ni ver porque te critican, 
las reuniones de familia para encontrarte a los cuñados con los que no te hablas y primos a los que envidias soberanamente, la lotería que nunca toca y amigos invisibles con detalles que nunca satisfacen. 

Por todo ello estas fiestas pueden llegar a ser insoportables si no fuera por el único elemento que me permite dar sentido a todo y no perder la fe.

Me refiero a Papá Noel y a sus renos mágicos que sobrevuelan la ciudad. Ese gordito relleno de guata para poder soportar las bajas temperaturas de Finlandia. Siempre con su entrañable ¡Ho,ho,ho! Rodeado de duendes y elfos que consiguen mantenerme alerta toda la noche, solamente por intentar descubrir sus presencias en la azotea, mientras buscan una chimenea inexistente, pues yo vivo en un bajo. Pero ellos ya lo saben y encuentran como entrar. La espera, la interrogante de, que será lo que me dejarán dentro del calcetín, es una ilusión que no me puede quitar nadie.
Tengo la certeza, aunque mi mujer se empeñe en contradecirme, que los regalos, son los confeccionados por ellos mismos en sus talleres de Laponia.

Por eso, y por la CocaCola bien fresquita con la que acompaño las hamburguesas y las Pringles en la cena de Noche Buena, es por lo que mantengo vivo el espíritu navideño. Eso si que es la esencia, la chispa de las fiestas, lo demás es pura fanfarria y banalidad inventada por los grandes centros comerciales, que aprovechan la ingenuidad de las buenas gentes para beneficio propio.


Derechos de autor: Francisco Moroz

lunes, 17 de diciembre de 2018

El sentido de lo absoluto




Luis se levanta descansado y de buen humor, se asea, toma un buen desayuno, se despide de su mujer con un abrazo y de su hijo todavía dormido con un beso, y marcha a trabajar. Su familia es lo mejor que tiene y gracias a ellos es un hombre feliz.
En la escalera se encuentra con un vecino madrugador al que saluda con amabilidad. Tiene una buena relación con casi todos ellos, que le consideran una persona cortés y bien educada.

Baja al garaje, arranca su coche y enfila la calle que le llevará a la vía rápida que a su vez le conducirá a las afueras de la ciudad. Allí en un polígono tecnológico es donde se encuentra la sede de los laboratorios para los que trabaja.
Al entrar, le dedica a la señorita de recepción una de sus mejores sonrisas.

                                                           *

Después de diez horas, la jornada laboral se ha torcido un poco. Ha discutido agriamente con el encargado de producción, pues este considera que Luis no ha cumplido con los objetivos diarios en el desarrollo de sus funciones. A causa de la bronca le han sobrevenido las migrañas que le suelen levantar ese dolor de cabeza tan desagradable que le vuelve loco y no le deja vivir. 
Por lo tanto, se tiene que tomar tres pastillas de esas que comercializa la marca de su propia empresa para mitigar el malestar.

*

Roberto sale del curro a las siete de la tarde, agotado, derrotado, de mala leche. No se despide de ninguno de sus compañeros, son todos unas mierdas, perro flautas. Baja al parking, y arranca el coche de tal manera que al meter la marcha, la palanca rasca en la caja de cambios. Levanta el pie del embrague tan bruscamente que el automóvil pega un brinco y golpea al coche aparcado justo detrás del suyo.

– ¡Que se joda!  Que no se hubiera arrimado tanto.

La autovía está colapsada por el tráfico rodado a causa de la hora punta y por un accidente que se ha producido unos kilómetros más adelante.

–¡¡Banda de imbéciles moveos de una maldita vez!! –grita irritado al saber que lo tendrá difícil para llegar a ver la primera parte del partido de fútbol que trasmiten en la televisión.
Sintoniza la radio, toquetea el móvil y se distrae. El conductor que le precede le toca el claxon. Roberto abre la ventanilla y le enseña el dedo corazón mientras le suelta una gruesa palabrota.

– ¿Qué pasa, que tienes prisa? Pues te fastidias como todos ¡payaso!

Cuando una hora más tarde llega a su casa, entra, pega un portazo y tira las llaves en el mueblecito de la entrada.

Su mujer sale a recibirlo y Roberto la saluda con un desabrido
– ¿Has preparado la cena?

Su hijo le pide jugar con él y Luis le suelta a bocajarro:
– Primero haces los deberes, te bañas y te pones el pijama, después si queda tiempo ya veremos. Ahora déjame tranquilo que vea lo que resta del partido.

Su equipo juega mal y pierde. El salón se llena de insultos, palabrotas y reniegos. Se desata un pequeño infierno con sus gritos.
Naturalmente el niño se acuesta asustado sin volver a insistir en jugar con su padre. Su mujer le evita con prudencia, preocupada por el estado anímico de su marido al que muchas veces parece no reconocer.

*

–Parece mentira, con lo bien que había empezado el día y como ha terminado. –Se dirige a su reflejo en el espejo del baño. Y todo por una discusión, un dolor de cabeza, el tráfico, y unos malditos ineptos en calzón corto que no saben patear un balón.

Tendré que pedir cita con el médico sin mucha demora, pues estos dolores de cabeza tan fuertes que me sobrevienen cada cierto tiempo no pueden ser muy comunes.

Ya en la cama, pide disculpas a su mujer por el mal humor y su falta de sensibilidad para con ella. Intentará conciliar el sueño mientras se pregunta con cual de los pies se levantará mañana.
Por de pronto Luis Roberto cree tener la conciencia tranquila, el presume de ser una persona bastante equilibrada. Tan normal como la mayoría de los mortales.

Mientras apaga la luz de la lámpara de la mesilla de noche, se puede leer el título de su libro de cabecera: -El extraño caso del Dr Jekyll y Mr Hyde. 



Derechos de autor: Francisco Moroz



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