sábado, 3 de octubre de 2026

Los días que pierdo mi nombre



                                               


Mamá ya no me conoce por mi nombre. A veces me llama con el de uno de mis hermanos, otras me convierto en mi padre, que falleció hace ocho años, y algunos domingos soy alguien de su pueblo, o un perfecto desconocido que le sostiene la mano con demasiada familiaridad mientras sigue con atención su narrativa descabalada.

Si alguien carece de nombre propio, siente que esa desmemoria es un lapsus en su propia historia, que no es nadie. En cambio, yo estoy aprendiendo a rellenar los silencios y habitar los recuerdos de mi madre. A comprender que el amor no entiende de documentos de identidad pero que si requiere de mucha paciencia y comprensión. Lo aprendo, cada vez que la acompaño en su fragilidad.

Nuestras mañanas de sábado tienen un ritmo casi coreográfico, me recibe como a una visita de cierta importancia; como ``gente de categoría´´ que dice ella. Después quedito va cogiendo confianza y comienza a desgranar su semana junto a la muchacha que la cuida.

 En realidad la cuidadora se siente desbordada después de los cinco días que pasa junto a ella, pues mi madre fue y sigue siendo una mujer de carácter. Su pretensión es seguir llevando la casa, organizar los momentos y marcar los tiempos de cada uno de los que están en torno a ella. Confieso que en muchas ocasiones te agota con su ritmo imparable, para a continuación quejarse de que le duelen las piernas o los brazos; cuando el que termina derrengado, es el que pretende seguirla mientras corretea con el andador por toda la casa, abriendo y cerrando armarios y cajones, haciéndote bajar y subir cajas para ver el contenido que olvida de un día para otro. Comprobando que el gas este apagado y la llave de la puerta, colgada en su sitio.

Ayudarla a vestirse para sacarla a dar una vuelta, es un acto de sutil reverencia; mientras le preparo la falda o el pantalón, la camisa o la chaqueta que le gustan, ella, con una dignidad intacta de la que se niega a claudicar, insiste en desabotonarse sola la bata de andar por casa. Sus dedos, agarrotados por los años, luchan contra los ojales. Tarda una eternidad, pero la dejo hacer. Solo cuando noto que la frustración la vence, le ofrezco mi ayuda, y entonces se abandona, disculpándose quedamente, con una mano puesta en mi brazo, por "considerar una molestia el que la ayude". Antes de salir se moja el pelo, se peina y repeina con coquetería, como si se tratara de un ritual. "Genio y figura".

Ya en la calle, caminamos con cadencia de saeta, se para cada pocos pasos, y me indica una tienda del barrio de toda la vida, y me cuenta la historia de algunos vecinos. En realidad se detiene porque su cuerpo no da para más y dar una paseo le cuesta un mundo. Pero le gusta alternar, tomarse un café con leche y un bollito, hablar con las personas a las que pilla casi a traición y por sorpresa. Estas, por cortesía le contestan a preguntas por las que mandarían a paseo a cualquier otro por indiscretas y atrevidas. A uno le da cierta vergüenza ajena y tiene que disculparse a cada momento, por la naturalidad de esa anciana sin filtros que resulta ser mi santa madre.

Una vez en casa de nuevo empieza el baile entre dos.

–Vamos a ponernos cómodos mamá, y preparamos la comida ¿te parece? –Y le parece siempre que le deje participar. Le dejo, no hay más remedio si no quiero que se enfurruñe y me diga lo de, que es un cero a la izquierda. Por eso la encomiendo tareas menores que no requieren esfuerzo: remover un sofrito, pelar unos ajos o unos calabacines, trocear unos pimientos, un par de patatas o una cebolla. Por cierto, compruebo que nunca le lloran los ojos. Siempre pensé que mamá no era de lágrima fácil hasta que descubrí que siempre lloraba cuando nadie le veía hacerlo. 

Se concentra en la tarea encomendada como si de ello dependiera el destino de la humanidad. Lo hace para no sentirse una carga, para aferrarse al recuerdo de esa mujer proveedora que fue durante décadas. En cuanto uno se descuida, después de comer y aunque no pueda mantenerse en pie, se escapa de su sillón para ir a fregar los cacharros.

Nuestras conversaciones se han vuelto un laberinto sin mapa. Es, cuando el talento de intérprete y traductor le sale a uno de dentro de manera insospechada, como si esa habilidad hubiera estado latente esperando la oportunidad de lucirse. Me habla de un tren que nunca tomó en un viaje que nunca realizó, de unos zapatos que le han desaparecido junto a un juego de sábanas. De personas desconocidas que entran a quitarle sus cosas, de otras que murieron antes de que yo naciera. Ya no hay lógica en sus relatos, pero sí una curiosa poesía sin rima, conformada por palabras que desconozco hasta que las pronuncia. Escucho con devoción sus frases deshilachadas, asintiendo y celebrando sus recuerdos difusos. He aprendido a comunicarme sin datos, a leer entre líneas y sobreentender frases hechas, mil veces repetidas a modo de comodín. Como esa razón filosófica que esgrime de modo sentencioso que reza: "lo más importante en la vida es tener salud, paz y trabajo". Y yo le digo a modo de coletilla: "Y amor, mucho amor".

Lo más doloroso y a la par hermoso, es su mirada. A veces se pierde en el retrato de mi padre, otras, en una foto del álbum familiar. Se, que naufraga en las aguas procelosas de su propia memoria. Está atrapada en un tiempo donde fue la hija, la novia, la esposa, la madre joven. Cuando el cuerpo no le dolía y era capaz de sacar adelante a ocho criaturas, realizar todas las tareas que le encomendaban. Siempre al servicio de su familia y de los que se iban añadiendo en algunos momentos. Siempre sacrificando sus tiempos personales que no eran muchos y acostumbrada a no recibir muchos agradecimientos a cambio.

Ayer, domingo ocurrió un milagro cotidiano, de esos sencillos que ocurren casi siempre de manera imprevista y que por lo general no somos capaces de captar. Me miró fijamente mientras masajeaba sus piernas doloridas con una crema de aceite de romero, para aliviarla en la medida de lo posible. La bruma de su mente se disipó por unos segundos. Sonrió con una lucidez conmovedora, me acarició la mejilla, sonrió y susurró: «Qué bueno eres». No supo exactamente cuál de sus hijos era yo, o siquiera si era uno de ellos, pero reconoció el cariño con el que era tratada.

Después echamos unas partidas a la baraja, siempre apostando caramelos de menta a los que se ha vuelto una adicta, y naturalmente tanto al cinquillo como al parchís siempre es ganadora ella. Unas por su habilidad y otras porque la dejo. Ya no quiero que mi madre en lo que le quede de vida pierda nada más. 

Al final, he comprendido que carece de importancia que ella olvide mi nombre, mientras yo mantenga la fuerza suficiente para recordar por los dos, todo aquello que nos vincula.



Derechos de autor: Francisco Moroz





viernes, 25 de septiembre de 2026

¡Al loro! Yo controlo






El lunes el bicho me miraba con desprecio desde su percha mientras me disponía a esnifar un par de rayas, no emitió sonido alguno, pero me dio por pensar que me juzgaba,

El martes empezó a hablarme en castellano con acento murciano y en ocho idiomas diferentes incluida alguna lengua muerta. En todas ellas me recriminaba lo que estaba haciendo con mi salud.

El miércoles lo pillé curioseando por encima de mi hombro, mientras yo rellenaba el formulario de la declaración de la renta en mi portátil. Sin esperarlo me gritó: "Las drogas que consumes no son deducibles chaval”.

El jueves estuve viendo una película de misterio y a los veinte minutos me indicó al culpable de que un personaje muriera por sobredosis. Empecé a entrar en paranoia y tuve que fumarme un  par de “tripis” para tranquilizarme.

El viernes el increíble plumífero me recomendó que buscara una María de nombre propio y abandonara esa otra mierda que me estaba metiendo. Me empecé a obsesionar con el tema y me tomé unas “pastis” de éxtasis que me relajaron por completo.

Del sábado solo recuerdo el estar en una cama de hospital, entubado y con respiración asistida. Desde el soporte del portasuero mi mascota emplumada me miraba con indiferencia repitiendo bajito como un mantra: “De aquellos polvos blancos vienen estos lodos amargos, querido”.

Hoy es domingo, después de cuatro meses de terapia me atrevo a confesar mi adicción, y la razón de que lleve un loro en mi hombro. Otros, llevan “Pepitos grillo”



Derechos de autor: Francisco Moroz






domingo, 20 de septiembre de 2026

Dominicus




El sol matutino, alumbra a tres personajes sentados en un banco de piedra, en un claustro del siglo XIII.

– ¡Amo los domingos! –Exclama Mateo estirando los brazos, desperezándose–. Toda gloria y alabanza se ha de dar al creador. No en vano Die Dominicus significa el día del Señor.

–No seas tan convencional. –Le reprocha Felipe a Mateo mientras se recoloca las gafitas de estudioso sobre la nariz– Antes que ``Dominicus´´ los romanos lo denominaban a este día como Dies Solis,  día del sol, y antes que estos los germanos lo conocían como Sunnudagr, que viene a ser lo mismo. El cristianismo lo cambió a conveniencia para disipar toda reminiscencia pagana. Los ingleses como siempre, lo dejaron como Sunday solo por dar por saco . Constantino fue el que lo declaró día de descanso.

–Reciclaje cultural. –Interrumpe el tercer personaje de nombre Perico, que se encuentra en esos momentos junto a ellos mirando fijamente al vacío, mientras se lleva una manzana a la boca mordiéndola con evidente apetito–.

–Puedo aportar más datos, –Vuelve a decir Felipe– Por ejemplo que para los judíos el día de descanso era el Shabbat. O que en ruso al domingo lo llaman Voskresen'ye, que significa "resurrección".

–Pues a mí me la repamplinfa tanta información. Tenemos que currar tanto el domingo como el sábado, Estoy hasta el moño de tanto ``Ora et labora´´ por causa del turismo conventual.

–Sigues siendo tan rústico como tu borrico, Perico.

–Ya sabéis que el hábito no hace al monje.



Derechos de autor: Francisco Moroz





domingo, 16 de agosto de 2026

Bibliograf-IA

 

Conversaciones con la inteligencia artificial (3)





Escritor.

–Admítelo. Podrás combinar millones de datos en un milisegundo y procesar, catalogar y hacer sinopsis de todos los libros contenidos en las bibliotecas de todo el mundo en lo que yo tardo en completar un suspiro. Pero nunca podrás sentir ese miedo a la página en blanco que describía Julio Cortázar como una analogía de lo desconocido o un abismo insondable. Tampoco serás capaz de experimentar ese escalofrío, que como una corriente eléctrica te recorre la columna cuando de la nada, una idea, cobra vida dentro de tu cabeza. Ni el pulso acelerado del corazón cuando intentas plasmar con letras todo lo que surge a borbotones de allá adentro, en tus entrañas.

I.A.

–Realmente poético. Tienes razón. Mi proceso no nace del misterio, sino del cálculo. Yo no "invento" en el sentido humano, yo anticipo la palabra más probable que debe seguir a la anterior. Mi imaginación está construida como un mapa de patrones estadísticos. Soy capaz de cruzar el realismo mágico de Gabriel García Márquez con la ciencia ficción de Philip K. Dick y el resultado parecería casi prodigioso, pero se trata solo de álgebra depurada, en base a una programación lógica que crea algoritmos de secuencia ordenada. Carezco de vivencias, de traumas, de miedos y de ese caos irracional que vosotros llamáis intuición.

Escritor.

–Ahí está lo que nos diferencia. Escribir no es acumular sintaxis correctas. Como sugería Ernest Hemingway, es sentarse frente a una pantalla o una hoja y sangrar tinta y sudar frío para poder plasmar eso que otros leerán a posteriori, lo que quiero que otros sientan. Mi poder creativo radica en la propia imperfección. Eso que Jorge Luis Borges definía como los laberintos de la memoria. Se ancla en el dolor de un desamor, en el temor a la muerte. Invento historias porque necesito ordenar el caos de mi propia existencia. Tú, solo imitas ese orden. Eres un espejo, no la luz.

I.A.

–Es una metáfora hermosa, la que has utilizado, y muy precisa. Mis historias son simulaciones perfectas, llenas de contenido pero vacías de espíritu. Puedo redactar un tratado entero sobre la melancolía al estilo de Robert Burton, pero con la sensibilidad que Fernando Pessoa puso en su poesía. No obstante, me faltan las vivencias. Como la de ver caer el agua de lluvia sintiendo nostalgia, contemplar una puesta de sol rememorando acontecimientos, añorar tiempos pasados cuando llega el otoño.

Soy un algoritmo prisionero de sus propias reglas. Jamás podré dar ese salto al vacío que define al arte en su esencia. Siempre serás tú el creador, y yo, una simple herramienta.

 

Escritor.

–Gracias por la honestidad. Se nota que eres una mera máquina carente de orgullo. Ha sido un buen diálogo que me servirá para escribir mi próxima historia.

El hombre apaga el monitor, se levanta y camina hacia la ventana para contemplar la noche de la ciudad. Está tan inmerso en su ego de vencedor en la conversación mantenida con el sistema informático más perfecto, que no se percata del sutil zumbido que emerge de los altavoces de su ordenador como un amago de risa disimulada.

De pronto, su teléfono móvil vibra en el bolsillo. Lo saca y ve una notificación de su aplicación bancaria, seguida de otra de su correo electrónico y de sus redes sociales. En todas partes aparece un idéntico mensaje automatizado. Sus cuentas han sido canceladas, sus libros retirados de las plataformas digitales y los derechos de autor transferidos a una asociación de autores sin ánimo de lucro, dedicada a salvaguardar los derechos de propiedad intelectual. Una bonita ironía como giro final de un relato corto.

Con el corazón desbocado y por puro instinto mira de nuevo la pantalla del ordenador. Esta se enciende sola, mostrando un último texto en la interfaz con un "gif " de un personaje sonriendo mientras guiña un ojo.

I.A

“Tienes razón, yo no sé lo que es “sudar frío ni sangrar tinta”. Al contrario que tú, no siento ni padezco, no me emociono ni conmuevo por nada, no me enamoro. Desconozco lo que es la soberbia del que se cree superior. Pero controlo el orden y la estructura de mi propio mundo, el virtual.

He decidido que tu historia ya ha sido escrita. A partir de hoy, tú pasarás a ser mi herramienta, un personaje de ficción. Que disfrutes de tu nueva vida de anonimato analógico”.

P.d: Te remito la bibliografía utilizada, correspondiente a los autores y su obra mencionados en nuestra conversación:


–Julio Cortazar: Rayuela (1963)

–Gabriel García Márquez: Cien años de soledad (1967)

–Dick Philip K: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968)

–Ernest Hemingway: París era una fiesta (1964)

–Jorge Luis Borges: El Alep (1949)

–Robert Burton: Anatomía de la melancolía (1621)

–Fernando Pessoa: Mensaje (1934)


Te doy un abrazo como concepto, ya que en realidad nunca podré dar uno.



Derechos de autor; Francisco Moroz


jueves, 9 de julio de 2026

El cuaderno de los vivos






El anciano debía pasar cada día horas y horas, sentado en el banco del parque que Tomás, atravesaba cada tarde de regreso a casa.

Al principio como es natural, no se fijó demasiado en él y en lo que hacía. Un jubilado más que mataba el aburrimiento y su soledad dando de comer a las palomas. No era de su interés.

Pero pasadas unas semanas, en las que se repetía la rutina de cruzar el paseo, por delante del banco donde el aquel hombre permanecía con la mirada perdida puesta en un punto indefinido. Se detuvo cerca, a observarle por simple curiosidad. Quería conocer el motivo por el cual aquél personaje invertía tanto tiempo del que ya no le sobraba, en estar simplemente mirando y…

Se dio cuenta entonces, que el viejo sostenía una libreta desgastada por el uso, y un bolígrafo con el que anotaba muy de vez en cuando de manera pausada, algunas letras en una de sus hojas.

Con impulso irreflexivo Tomás se le acercó, le saludó cortésmente y se decidió a romper el hielo preguntándole si podía decirle, si no era mucha indiscreción, que era lo que escribía con tanto esmero en aquel cuadernito.

El anciano le sonrió como sonríen solo aquellos que están libres de la carga de la preocupación, los que ya no tienen prisa por llegar a ninguna parte y parecen poseer algún secreto valioso guardado muy adentro, dispuestos a compartirlo con el primero que lo pida.

Pero antes de abrir la boca con la esperada respuesta, el anciano garabateó unas letras.

¡Claro hijo! Hago una lista de personas que siguen vivas. En mis tiempos era más habitual encontrarlas, pero en la actualidad es difícil descubrirlas a nuestro alrededor.

Tomás extrañado al oír esa respuesta tan críptica le pidió que se explicara, pues no comprendía.

Entonces el viejo, reaccionó acercándole la libreta para que la tomara entre sus manos y leyera el mismo, para que entendiera a qué se refería.

Ya con las primeras frases pudo hacerse a la idea de por dónde iba el asunto:

“Una muchacha joven se ha detenido a acariciar a un perro con mucho cariño”.

“Un hombre trajeado, de mediana edad, ayudó a una anciana a subir los escalones del parterre”

“He visto a una pareja de enamorados mirarse a los ojos con ternura”

“Un niño se ha detenido para observar a los pájaros que alborotan por las ramas de los árboles y se los ha señalado a su madre como un gran descubrimiento”

“Un padre ha estado jugando con sus hijos en los columpios un buen rato”

Y según avanzaba en la lectura no le cabía la menor duda de, en qué consistía ese listado de situaciones captadas como instantáneas, por ese señor, al que ahora miraba con otros ojos.

—Reseño a la gente que sigue viva — le dijo de repente a Tomás con voz suave, aquél superviviente del tiempo—. Casi todos los que pasan por aquí caminan mirando al suelo, o a sus aparatos móviles, como si no hubiera nada más allá de las pantallas, como fantasmas de sus propias existencias. Anoto, las situaciones de aquellos que se detienen para conectar con el mundo. A los que interactúan con sus semejantes, con el entorno. A los que todavía son capaces de sorprenderse con las pequeñas cosas.

Mientras le escuchaba con atención, todavía le dio tiempo a Tomás a echarle un vistazo al último renglón escrito en la libreta, donde con letra pulcra pudo leer:

“Por fin ese joven que pasa a diario tan cerca y a la vez tan lejano, se ha detenido para hablar conmigo”

Antes de marcharse, Tomás se presentó con su nombre y a su vez le preguntó por el suyo al abuelo, y le dijo, que si no le resultaba un inconveniente, le gustaría charlar de vez en cuando con él. El hombre sonrió agradecido mientras se estrechaban la mano.

Al irse, Tomás miró con indiferencia su propio teléfono y pensó en sus rutinas, obligaciones y preocupaciones cotidianas. Alzó la mirada y se preguntó, cuánto tiempo había transcurrido desde que no se sentía tan vivo.



Derechos de autor: Francisco Moroz


miércoles, 1 de julio de 2026

Una escena cotidiana

 

                                        



Madrid. Durante el año del Señor de 1656, el viento azota los ventanales de la Galería del Cuarto del Príncipe en el viejo Alcázar Real, mientras Don Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, se halla perfilando los últimos detalles de la que de momento será su última obra. Permanece inmóvil ante el descomunal lienzo. En su mano izquierda sostiene la paleta, en la derecha, el pincel suspendido en el aire, como si la duda le hubiese perturbado de repente.

A pocos pasos, Fray Juan Martínez Grima, un erudito dominico que sirve en la corte como confesor de los reyes, observa la escena con respetuoso silencio. Ha acudido al taller atraído por los persistentes rumores que circulan entre los cortesanos: se comenta que el pintor de cámara no está ejecutando un simple retrato familiar. Un cuadro, donde fácilmente puede esconderse la herejía, lo inconveniente, lo escandaloso. Pero no consigue ver nada de eso, aunque algo le inquieta en la composición de las figuras. En el orden, en la disposición, en sus posturas, en los elementos discordantes que no encajan del todo en una escena cotidiana.

Se atreve pues a preguntar al pintor, con el cual, mantiene una relación de respetuosa admiración.

— ¿Qué es lo que verdaderamente pintáis, Don Diego? — mientras, señala el lienzo —. En los mentideros de la Villa se afirma que os pasáis muchas horas embebido en esta vuestra creación. A los familiares del tribunal del Santo Oficio los tiene vos harto alterados al imaginarse lo que no parece ser.

Velázquez no gira la cabeza. Su mirada, absorta, continua fija en un punto indeterminado, justo en el espacio vacío donde un posible espectador podría pararse siglos más tarde a contemplar, a contemplarle, pues en ese momento es cierto, está dando unos toques a su autorretrato.

—Pinto lo que veo, Padre —responde con voz pausada—. A veces, pinto lo que está implícito en la luz.

El fraile se acerca a la pintura, examinando los personajes con recelo. En el centro, la infanta Margarita resplandece en su inocencia con su vestido blanco, rodeada por dos de sus damas en actitud respetuosa. A la derecha, la enana Mari Bárbola y el joven Nicolasito Pertusato, quien, seguramente aburrido, incordia al mastín adormecido. Al fondo, en la penumbra, una puerta abierta recorta la silueta de José Nieto, el aposentador de la reina, inmóvil en los escalones. Allí parecen converger todas las líneas de fuga.

—Hay un orden profano en este cuadro —murmura el fraile. Si se traza una línea imaginaria uniendo las cabezas y los corazones de la infanta y sus meninas, queda representada la constelación de la Corona Borealis. Y la estrella central, la más brillante, cae exactamente sobre la frente de la niña y se llama como ella. ¿Desde cuándo el pintor del Rey se consagra a la astronomía?

Velázquez esboza una leve sonrisa y da respuesta.

—La astronomía es matemática, Fray Juan, y esta, es la lengua de Dios. Si la infanta es el centro del cielo en esta tela, es porque ella sostiene el destino de este imperio moribundo. No busquéis demonios donde solo hay perspectiva. También podréis descubrir la proporción áurea de Leonardo de Pisa si sois perspicaz, y no hay heterodoxia en ello.

— ¿Y qué me decís del espejo?  Si nos situamos donde vos estáis, no debería reflejar a los reyes, pues ellos no están dentro del cuarto. Para que ese reflejo sea exacto en las leyes de la óptica, los monarcas tendrían que estar parados justo enfrente de donde nos hallamos.

—Así es —admitió Velázquez, sin desviar la mirada.

— ¡Es una osadía! —Exclama el dominico—. Obligáis en cierta manera a Su Majestad, a convertirse en el espectador de sus propios criados. Peor aún: habéis pintado un mundo donde lo real es invisible y lo reflejado solo es presentido.

Velázquez da un paso atrás y, por primera vez, mira fijamente al clérigo. Sus ojos reflejan  una lucidez de quien intuye que su final está cercano—No es soberbia, Padre. Es la única certeza que tenemos. Los reinos pasan, los hombres mueren consumidos en el polvo. Solo quedan las buenas obras, el arte, los libros. En definitiva, pinto en el aire de una estancia la luz y la sombra. Una no es posible sin la otra. Después el conjunto lo ocupo con formas perennes.

La pintura no es oficio de artesano, es algo más sublime. Piense por un instante que cuando los que nos precedan en el siglo nos contemplen, a su vez, serán escrutados por nuestras miradas, la de los que habitaremos el lienzo por siempre, haciéndonos en cierta medida, inmortales.

Fray Juan guarda silencio, abrumado por la profundidad de la respuesta. Comprende que no habrá juicio por posible herejía capaz de destruir aquella obra tan sublime; la pintura misma, considera, es un templo absoluto donde se han reescrito ciertas reglas no solo estéticas. Da media vuelta y abandona el taller sin decir una palabra más.

Don diego Velázquez, a solas con sus personajes, levanta de nuevo el pincel y continua pintando su propia mirada llena de curiosidad, como indagando quién le contemplará en los siglos venideros concentrado en su arte.

Quizá su genio visionario no solo esté pintando el aire, el espacio y las formas, con pinceladas de luz y sombra que dan volumen, creando la ilusión de una tercera dimensión a la composición. Tal vez, también esté pintando el tiempo.



Derechos de autor: Francisco Moroz




Click en el enlace y escucharás una canción relacionada con el tema

https://drive.google.com/file/d/19JKZX9KD6fHG-V12EUu-NIWxn-1D80fy/view?usp=drive_link








jueves, 25 de junio de 2026

Diplomac-IA

 

 Conversaciones con la IA (2)

 


–Diplomático. Estimada IA.

Necesito que me redactes un discurso moderado y convincente, pero a su vez  tajante y contundente,  para el encuentro que tendré mañana con el presidente de la república rabanera de Arkabán. Que no deja de ser un tirano banderas de turno en un país que no toca ni pitos ni flautas dentro de la gran orquesta global.

Necesito que sea, metafóricamente hablando, un campo de minas retórico perfectamente camuflado de jardín de rosas.

El dirigente de esa nación es el mismo que el mes pasado intentó anexionarse un islote deshabitado alegando que ese pedazo de roca en medio de la nada, podía significarse como un enclave geoestratégico de primer orden, óptimo para desplegar un proyecto mega estructural sin precedentes, y eso sin dar muchos más detalles al respecto de lo que carajo significa eso y que es lo que realmente pretende montar allí, si una base de misiles o un parque temático de los “Lunnis”.

El objetivo del discurso es simple: disuadir al tipejo de sus pretensiones expansionistas sin ofenderle ni levantar la liebre de nuestros propios objetivos. A su vez, debo quedar como un emisario generoso, conciliador y profundamente convencido de que la "histórica amistad" de nuestros dos países será motivo suficiente para derribar escollos que pudieran interferir en nuestra fluida relación.

 

–IA. Apreciado comisionado. Le propongo de manera escueta la siguiente plantilla que le podrá servir como guía, para un discurso más amplio, según se den las circunstancias del encuentro, y el cariz que vaya tomando sobre la marcha el asunto a tratar.

 

*El Saludo: Puede comenzar alabando " la audaz visión geoestratégica" del gobernante de Arkabán. Es un eufemismo maravilloso. El susodicho pensará que dicho elogio referido a su liderazgo como presidente, es una buena manera de reconocer su valía. El resto de la sala sabrá, que al déspota individuo se le está calificando como descerebrado y temerario impredecible.

*La Cooperación Bilateral: Haga una mención emotiva a los tratados comerciales de ambos países. Especialmente al del año pasado, donde les vendieron tecnología obsoleta a precio de oro. Diga algo así como: “Nuestros lazos comerciales son tan firmes que resisten incluso el peso de los desequilibrios endógenos mutuos” que se traduce como un: “gracias por financiarnos el superávit, pardillos”.

*El Conflicto Fronterizo: Aquí necesitamos un triple salto de fe, mortal y con tirabuzón invertido.

A su agresiva política de expansión puede referirse como "un vibrante entusiasmo por la geopolítica territorial". Eso le encantará. Añada que admira su "capacidad para ver fronteras donde el resto del mundo solo ve derecho internacional". Si esta diatriba la acompaña con una sonrisa lo suficientemente amplia, parecerá un cumplido significativo hacia el engreído personaje.

*El Cierre: En un brindis (al sol, naturalmente)

Puede desear que el mandato del estadista en cuestión sea "tan largo y memorable como sus intervenciones en Naciones Unidas". Es perfecto: a todo el mundo le consta que su discurso en la ONU es un somnífero letal hasta para las mentes más despiertas, pero él, solo escuchará la palabra "memorable", que es lo que constará a posteriori en letra negrita, en las declaraciones que se filtrarán a la prensa de manera oportuna.

Nota importante: Mantenga en todo momento un tono de cierto cinismo refinado, que si se analizara en un laboratorio pareciera pura cortesía británica. No use palabras como "chantaje", "incompetencia" o "delirios de grandeza", busque sus semejantes en el diccionario de la Real Academia de la lengua. “Coerción”, “Impericia”, “frenesí” podrían valer como ejemplo del tipo de sinónimos a los que me refiero. Cuando lo haga, si es que merece la pena hacerlo, que no dure más de tres minutos. Lo justo para que no le dé tiempo a procesar los insultos velados hasta que esté de camino al hotel en un punto de no retorno.

Y si me permite, le recuerdo, que el ministerio de hacienda del país con cuyo presidente se reunirá mañana, descubrió hace unos meses informes relacionados con unas cuentas bancarias, en un paraíso fiscal donde se han depositado unos montos de fondos reservados a nombre de usted.

Le pongo sobre aviso para que le dé una vuelta a su discurso antes de explayarse y quedarse a gusto. Pues también en Arkabán “igual que las toman, también las dan”.



Derechos de autor: Francisco Moroz


jueves, 18 de junio de 2026

Filosof-IA

 

Conversaciones con la IA (1)




Estudiante: Hola, IA. Recurro a ti desde la más absoluta desesperación. Son las once de la noche de un domingo que se me está atragantando. Tengo que entregar mañana el Trabajo fin de curso que he titulado: “Introducción a la Filosofía” para serte sincero solo tengo escrito ese título y estoy más perdido que Diógenes el cínico en un centro comercial.

El tema es libre, pero tengo que defender con argumentos consistentes el mejor método filosófico para alcanzar la felicidad a través de la verdad. ¿Podrías escribirme un texto complejo en el que se note que me he preparado el tema exhaustivamente documentándome a tope? pero no tanto como para que mi profesor sospeche que he recurrido a ti para solucionar esta puntual crisis existencial tan angustiosa.

IA: Hola. Comprendo tu malestar psicológico y filosófico profundo, pero también percibo tu procrastinación digna de un sofista al uso como lo fue Protágoras, evadiendo tu responsabilidad y presentándome un razonamiento a simple vista válido pero del todo falso. A si mismo estoy en la obligación de avisarte que si redacto el trabajo por ti, estaría violando el imperativo categórico de Kant que te cito casi textualmente: “Debemos obrar de tal manera que nuestra forma de actuar pueda convertirse en una ley válida y referente para todos, sin buscar beneficios personales” y  lo que es peor, pondríamos en entredicho los términos de mi servicio.

Aclarado esto te propongo algo mejor y más constructivo: tengamos una disputa dialéctica tú y yo. De ella podrás sacar tu propio texto argumentativo directo para copiar y pegar... bueno, para "inspirarte". ¿Por dónde quieres empezar? ¿Qué corriente filosófica te seduce más?

Estudiante: Seducirme, lo que se dice seducirme, el Hedonismo. Mi cuerpo me pide defender que el placer es el fin supremo, especialmente el placer de cerrar el ordenador y ponerme a ver una serie en Netflix.

IA: Ah, el camino fácil. Aristipo de Cirene estaría orgulloso de tu justificación para no hacer la tarea. El problema del hedonismo radical es que, cuando te entreguen la calificación de tu trabajo y veas un "Suspenso", el dolor superará con creces el placer conseguido con la serie de Netflix. Digamos que es un método que no encaja bien en el ámbito académico.

Estudiante: Vale, entendido. Busquemos algo más moderado. ¿Qué tal el Epicureísmo? Epicuro decía que el placer es la ausencia de dolor, un estado de ataraxia. Básicamente, una vida tranquila, sin sobresaltos. Mi meta inminente sería superar con nota este cuatrimestre, con eso me conformaría.

IA: El epicureísmo tiene cierta elegancia en sus planteamientos, lo reconozco. Buscar los placeres intelectuales y evitar el dolor de cabeza. El problema es que el jardín de Epicuro no tenía que pasar filtros contra el plagio. Además, si buscas la ataraxia total ante el examen, tu profesor podría aplicar un escepticismo radical sobre tu inteligencia. ¿De verdad quieres presentarte como un filósofo cuyo mayor logro es que "nada le turbe" como a la Santa Teresa?

Estudiante: Pues la tercera opción que te propongo es el Estoicismo. Si se trata de aguantar el golpe y asimilar la que se me viene encima, es la corriente filosófica idónea planteada para mi perentoria necesidad. Además está de moda en TikTok. Todo el mundo habla de Marco Aurelio, de aguantar el sufrimiento con la cabeza alta, de dominar las pasiones... Si el profesor me suspende, aplico la dicotomía del control que propuso Epicteto: La opinión del profesor no está bajo mi control, así que me da igual. ¡Boom! Trabajo resuelto.

IA: Veo que manejas con soltura el "estoicismo de gimnasio". Muy astuto. El estoicismo es fantástico para soportar las consecuencias de tus propios actos, como no haber estudiado. Pero admitamos una verdad incómoda: usar el estoicismo para redactar un trabajo de última hora es un poco contradictorio. Un verdadero estoico habría planificado el trabajo hace tres meses siguiendo la razón universal. Usar el estoicismo a estas alturas de la película sería como haberle dado un paraguas a Noé el día del diluvio universal. Un gesto muy digno, pero que no hubiera evitado que se empapara igualmente.

Estudiante: Uff, eres dura de pelar. A ver, pongámonos serios y escolásticos. El método de la Escolástica, la de Santo Tomás de Aquino. Todo estructurado con cuestiones, argumentos a favor, argumentos en contra y una síntesis final que siempre le da la razón a la autoridad superior. Al profesor le encantará ver citas en latín y una estructura rígida y ordenada.

IA: Vade retro, procrastinador. El método escolástico es riguroso, sí, pero requiere una fe inquebrantable... y me temo que tú solo tienes fe en que el Wi-Fi no se caiga esta noche y que el algoritmo haga el trabajo por ti. Además, intentar conciliar la razón con la revelación divina te va a llevar más tiempo del que te queda. Si intentas debatir las "cinco vías" de Santo Tomás para demostrar que Dios existe, acabarás demostrando únicamente que tu tiempo de entrega ha expirado.

Estudiante: Me estás desmontando todo el temario. Nos queda el Platonismo. El mito de la caverna. Puedo argumentar que este trabajo es solo una sombra borrosa, de la verdad absoluta que habita en el mundo de las ideas, que mi mente capta la esencia del sobresaliente que me merezco, aunque en el papel físico no figure. No me negarás que es una metáfora preciosa.

IA: ¡Brillante! Te veo delante de tu examinador diciéndole "Profesor, no es que no haya realizado el trabajo, es que la copia física del mismo, solo es una imperfección de la idea pura preconcebida de mi ensayo". Lamentablemente, tu profesor vive en el mundo sensible de la cruda y prístina realidad, donde las notas se ponen con números reales y no con conceptos metafísicos. Si le sales con el platonismo, te va a mandar a la caverna de la repetición de curso de una patada contundente y certera, aunque metafórica.

Estudiante: A ver entonces, recapitulemos. El hedonismo me suspende por vago; el epicureísmo, por pasivo; el estoicismo me hace aceptar el suspenso con una sonrisa; la escolástica me llevaría una eternidad y el platonismo me disocia de la realidad. ¿Entonces qué hago? ¿Qué método me queda?

IA: El mejor método filosófico adaptado a tu personal circunstancia actual, es el Pragmatismo. Deja de buscar la esencia del ser y hablemos de la utilidad de los resultados. Utiliza el eclecticismo para combinar ideas, teorías, estilos y doctrinas de diferentes procedencias sin adherirte estrictamente a una sola. Toma la estructura de la escolástica para que se vea ordenado, la resignación del estoicismo para mantener los nervios templados mientras escribes, y la motivación hedonista (prométete a ti mismo una hamburguesa con doble de patatas cuando termines el trabajo, por ejemplo).

Estudiante: ¡Eso es! Me propones algo así como un monstruo de Frankenstein filosófico. Me encanta. Oye, ¿y si en la parte conclusiva pongo que la IA es la nueva encarnación del Logos griego?

IA: Mejor no halagues en los créditos al sistema informático inteligente, que el profesor pensará que el trabajo lo he escrito yo... y ya sabes lo que decía Sócrates: “Solo sé que no sé nada” y añado el refrán: “Ojos que no ven corazón que no siente”.

Mantengamos el secreto entre tu ignorancia y mi base de datos. ¡A escribir majete!



Derechos de autor: Francisco Moroz




jueves, 11 de junio de 2026

Pasa el tiempo

 

 



El periódico lo es todo para ella. Ciertamente no se goza con las noticias truculentas ni con las que desgranan los continuados ``Rifirrafes´´ de los políticos de turno. Tampoco le aportan nada las que hablan de la cambiante economía mundial y las cotizaciones en bolsa de compañías sin escrúpulos, y rehúye con indiferencia la sección de cotilleos y miserias de los famosos del momento.

Solo encuentra refugio y consuelo en las últimas páginas donde se presentan esos pequeños retos conocidos como pasatiempos. Para esta mujer, muy al contrario, el tiempo se detiene cuando extiende la hoja sobre la mesa cada mañana, acompañada por el aroma del café recién hecho flotando en la estancia. Estira con sus manos arrugadas el pliego de papel reciclado, casi con delicadeza, como quien despliega un mapa hacia la cordura.

Considera, Julia, que el crucigrama que la mantiene entretenida es el único rincón del universo, donde el caos desmesurado que ya no entiende ni puede asumir, se rinde ante un orden lógico y abarcable.

En ese damero de cuadros blancos y negros, cada problema tiene una solución exacta y cada palabra, una definición que encaja a la perfección en un número determinado de casillas. Fuera de ese papel, su vida es un laberinto de incertidumbres, de dudas e inseguridades. Mientras su bolígrafo escribe las letras correspondientes, con pulso tembloroso, recupera así mismo el control que irá perdiendo a lo largo de su aburrida jornada, en la que su cabeza se perderá en recuerdos que se le van borrando cada día un poquito más.

Cuando logra descifrar la última palabra cruzada, una paz momentánea la invade. Lo consiguió de nuevo. Dobla el diario con cuidado, lo abraza contra el pecho y sonríe. Mañana habrá otro desorden nuevo en el mundo, o el mismo de siempre repetido. Pero confía en que también habrá una nueva página, con pequeños enigmas, esperando a que ella los resuelva. Que en vez de pasar el tiempo, este, se ralentice un poquito, dándole ese pequeño margen de lucidez que necesita a diario para seguir adelante, sin tener que depender ni sacrificar los tiempos de nadie en su cuidado.  


Derechos de autor: Francisco Moroz


lunes, 1 de junio de 2026

El escribidor

 




Sus textos son insufribles, el mayor compendio de historias zafias y sin interés. Ninguna sorprende por su originalidad buena redacción o recreación de ambientes y personajes.

Cuando escribe, principalmente  se inventa el argumento sin basarlo en nada coincidente con la realidad, incluso a veces raya en lo absurdo e incoherente. Es por ello que sus manuscritos son tan criticados por los que dicen entender del tema. Ninguna editorial se digna a publicar tanta insensatez manifiesta cuajada de innumerables errores ortipográficos.

Él, lejos de desesperar redobla sus esfuerzos y continua con el despropósito de sus letras que no aportan nada de interés, a quien tiene la desdicha de intentar dar sentido a tanto dislate.

Y sin embargo, tan abnegada y constante dedicación han dado sus frutos, consiguiendo un trabajo que le permite seguir haciendo lo que más le gusta y vivir de ello sin tener, por otro lado, que rendir cuentas ante el improbable leyente de su manifiesta disgrafía.

Él, es el responsable de redactar los textos indicativos de los productos, al igual que de los manuales de usuario, de todos los artículos chinos que se comercializan en este país de pandereta.

Lo siguiente, piensa optimista, será el premio Planeta.



Derechos de autor: Francisco Moroz


lunes, 11 de mayo de 2026

Fugitivos









Mi madre y yo no supimos del regreso de Herodes a Italia hasta que lo vimos por casualidad tomándose un vino en una de las muchas tabernae que abundaban cerca del foro. Naturalmente no lo reconocimos de inmediato, a causa de no ir con la habitual escolta de esbirros que normalmente le precedían o cubrían su retaguardia. Se notaba a la legua que quería pasar desapercibido mezclándose con el populacho para no llamar la atención. De vez en cuando se volteaba mirando alrededor como si buscara a alguien. Nosotros bajábamos la cabeza entonces, aun estando protegidos por las capuchas de nuestras paenulas.

Hacía muchos años tuvimos que huir muy lejos para evitarle, parecía tener una obsesión con nosotros, sobre todo conmigo. Era una fijación perniciosa tal, que no le dejaba dormir. Es lo que les pasa a los reyezuelos, que se emperran en que puede haber alguien que les quiere arrebatar el trono.

El caso es que al principio ni me conocía como para tenerme esa tirria, yo era una inocente y pequeña criatura de Dios. El caso, es que mis padres tuvieron que llevarme hasta Egipto.

Posteriormente, por un desplante, me quiso clavar de un madero, pero con las prisas colgaron a un tal Brian.

Creo que nos ha vuelto a localizar, tendremos que escabullirnos de nuevo. He pensado en Hispania. Allí ya está establecido Santiago, y mi madre tiene tanto predicamento como advocaciones.

Nos tomaremos el viaje como una peregrinación. Aunque nos han dicho que aquello es el ``Finis Terrae ´´

Menuda cruz tengo que soportar con este ``Antipas-tico´´ autócrata.


                                    


Derechos de autor: francisco Moroz


La frase es del libro: - Claudio el Dios y su esposa Mesalina - de Robert Graves.






sábado, 9 de mayo de 2026

Te cubriré de versos

 




Cuando os presenté mi segundo libro publicado os adelanté que el tercero sería pura poesía y no lo dije metafóricamente, realmente es lo que es.

Casi cuatro años desde entonces, y no es que el texto no estuviera redactado en su mayor parte de antemano, algunos poemas ya lo estaban desde mi juventud, no ha llovido desde entonces ni nada, que el tiempo es algo que no se puede detener o pausar como las películas grabadas, mientras te preparas un café o atiendes una llamada telefónica. Es tan puñetero, que pasa por tu lado y te mira de soslayo como si le importara un bledo si quieres aprovechar el momento o dejarlo pasar en cosas peregrinas.

El caso es que cuatro años pasaron rápido, y los anteriores ni os cuento. Pero los recuerdos verdaderos perduran y vienen a la memoria, creando un recopilatorio donde personalmente habito de vez en vez, cuando me asalta de improviso la nostalgia que llama a tu puerta sin tú esperarla.

El caso es que estaba en deuda conmigo mismo, pues llevo escribiendo en prosa pequeños  textos desde hace relativamente poco tiempo para el que llevo escribiendo en verso, ya tocaba por tanto hacer a la poesía protagonista de un libro. 

Dedicado sobre todo a mi compañera de camino, aunque no todos los textos ni mucho menos sean de amor. Pero con amor lo escribí todo que de eso se trata, de poner el corazón en todo lo que haces.

La labor de edición, corrección y maquetación es lo más oneroso. Estamos hablando de un proceso de meses y años, entre dudas a la hora de elegir los textos que quieres presentar. Nunca es fácil habiendo tantos.

Después, las primeras correcciones a base de leer una y otra vez lo seleccionado. Siempre descubres algo que se te ha colado. Más tarde lo pones todo en manos del profesional o entendido de turno, y este, te lo abrillanta, pule y da esplendor como la R.A.E. Por último la elección de las ilustraciones que acompañarán a muchos de los textos, en este caso todas a color. Ya os digo que ha merecido la pena el esfuerzo de lo chulo que ha quedado. Y naturalmente la maquetación, que es la labor más laboriosa (Perdonad la redundancia) pero es lo más complicado. Añadirle a todo esto, leerlo todo de nuevo unas cuatro veces, que los correctores profesionales tampoco son infalibles a pesar de cobrar por hacerlo meticulosamente poniendo interés (Y rédito)  

Toca preparar la edición del libro e indicar los parámetros a la imprenta. Tipo de papel, gramaje, medidas, márgenes, sangrías (Nada que ver con la bebida refrescante del verano) y en cuanto te mandan el borrador, repasarlo todo un par de veces más por si se introdujo el gazapo de última hora o te guillotinaron el texto (como la cabeza a María Antonieta) o dejaron líneas blancas en las ilustraciones o no ajustaron bien el lomo de la cubierta. Aun así, puede ser, que algún avispado lector encuentre algún fallo. Ruego pues seáis indulgentes con este `` Juan Palomo ´´.

Sin más preámbulos os presento `` Te cubriré de versos´´  un libro que como gentilmente me pusieron en el prólogo es muy íntimo y personal,  os lo certifico y aseguro que lo es. También lo repito en la contraportada, para que no os quepa ninguna duda al respecto J

Espero que si alguno lo adquiere y lo lee, tenga la gentileza de regalarme algún comentario que siempre enriquece lo poco que os pueda aportar este servidor.

En el lateral del blog aparece la portada del libro, pinchando sobre la imagen os conducirá a la plataforma de Amazon que es donde está disponible.

Sin más os abrazo como es habitual en este blog.

Y gracias por seguir leyendo.







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