domingo, 18 de noviembre de 2018

Alto riesgo





Acercándome un poquito más al borde del barranco donde se esconde el desafío; me asomo con prudencia, no sea que se espante y se me escape, y eso es lo último que me conviene. Y es que sin ella no soy nada.

Siempre ha sido la mar de huidiza, me cuesta mucho retenerla a mi lado. Tanto, que en alguna ocasión la he mantenido por los pelos.

Por ello tengo que estar pendiente del equipo, cuidar los detalles de lo aprendido. Concentrarme, adoptar la postura adecuada y saltar con precisión.

Y es que cuando uno practica deportes de riesgo, el miedo le estorba y la vida es lo único que no le gustaría perder.

Derechos de autor: Francisco Moroz

lunes, 12 de noviembre de 2018

La vida es sueño






Es cuando empezamos a tener uso de razón que la perdemos a cada instante.

Las ilusiones y los sueños inalcanzables se acumulan alrededor nuestro metiéndose en nuestra cabeza y corazón, tirando de nosotros, exigiéndonos el tiempo necesario para darles consecución y forma.

Son como metas a alcanzar, retos que hacen que todos los esfuerzos merezcan la pena nada más levantarnos cada mañana. Enanitos que nos incordian a todas horas impidiéndonos realizar otras tareas de manera ordenada. Voces interiores que nos indican la estrategia a seguir para coronarse con los laureles fugaces del logro.

Desde niño he sido un tipo súper ilusionado con todo.
¿Qué salía el último número del coleccionable de alguno de mis héroes favoritos de Marvel? Allá me plantaba el primero en el quiosco; no fuera que me quedase sin el cómic y que mi quimera, se esfumase en manos de otro chaval más espabilado que yo.

Me ocurrió lo mismo cuando me encapriché de aquella motocicleta de color rojo que posaba ante mí en el escaparate. Me costó muchas horas extras en el curro, muchos sábados y domingos sin salir con los amigos al bar, sin ir al baile o al cine. Pero al final  la pude adquirir.
Y aquél viaje a Londres, o el otro a Paris… Renuncié a mucho por esos sueños que perseguía, y ello me colmaba de dicha mientras duraba su disfrute. Efímeros destellos de felicidad.

Por eso cuando conocí a María Pilar se me encendieron todas las bombillas de alerta roja. Este sería mi sueño definitivo a perseguir. El culmen a todas las ilusiones con fecha de caducidad.

Todas mis neuronas enloquecieron de puro deseo y mis ojos se negaban a mirar hacia otro lado que no ocupara ella. La muchacha más bonita de la universidad. Poseedora de la más simpática de las sonrisas, guapa a rabiar, elegante, agradable, dicharachera y la que mejores curvas tenía donde derrapar una pasión.

¡En fin! Que me pasé todo el primer año y el segundo ambicionando el anhelo de alcanzarla. Hasta me cambié de carrera cuando ella lo hizo, solamente para poder hacerme el encontradizo en los pasillos o tener la oportunidad de verla en la cafetería durante los descansos entre clases.
Seis años pasaron hasta que tuvimos un encuentro algo más formal donde compartir una conversación más pausada. Descubriendo que además de guapa era inteligente.
El tiempo pasó y no en vano, mi utópica aspiración iba definiéndose en el horizonte: toda una vida compartida con la mujer ideal, por la que todo cobraría un sentido cada amanecer…

Cuatro años después de la luna de miel todo empezó a volverse amargo, todo lo recto a torcerse. Me cansé de oír recriminaciones por no realizar ciertas tareas. Desaprobaciones cuando las hacía, amonestaciones si la replicaba. Queja y reproche cuando callaba para que la discusión no fuera a más.

Por ello las conversaciones se volvieron monólogos. También la elegancia se transformó en dejadez envuelta en bata, las armoniosas curvas en volúmenes y la simpática sonrisa se tornó en perenne rictus de sufrimiento. Mi sueño se había convertido de pronto en pesadilla.

Pero ya os dije que soy un tipo muy asertivo que se ilusiona por todo.
¡Es más! Ahora lo estoy y mucho con los trámites de divorcio que me alejarán de semejante pécora.

Que ya lo dijo Calderón:

“¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.”


Derechos de autor: Francisco Moroz

jueves, 8 de noviembre de 2018

Cuarto oscuro





¿Me oyes? ¿Me oyes?

Era la quinta vez que el hombre preguntaba, y gradualmente el volumen había ido subiendo en intensidad a causa del miedo que le producía el hecho de no obtener una respuesta.

Se encontraba aislado en una habitación, en la más absoluta oscuridad envuelto en un silencio que lo gobernaba todo.
Su mujer, que hasta hace unos momentos estaba a su lado antes de quedarse dormido, había desaparecido sin dejar rastro y parecía no escuchar sus gritos.

A punto de perder los nervios, notó que le agarraban el brazo de manera tranquilizadora y de pronto vio la luz que entraba por la ventana cuando su esposa abrió la persiana. Después ella se acercó con una sonrisa burlona y le tocó las orejas. En ese justo instante empezó a escuchar su voz y a comprender que de nuevo había dejado los audífonos apagados.


Derechos de autor: Francisco Moroz



lunes, 5 de noviembre de 2018

La nada




El baúl de los juguetes está cada vez más vacío, lo vengo comprobando desde hace más de sesenta y cinco años.
La razón tal vez sea que los soldaditos de plomo pasaron de moda y los tacos de madera perdieran sus colores.
Que las muñecas ya no lucieran sus sonrisas y su lustrosa apariencia, o que se extraviaran muchas de las piezas de puzzles y mecanos.

El caso es que todo está cada vez más vacío, hasta la casa lo está de toda la jarana infantil, de las carreras por el pasillo y de las voces chillonas de aquellos niños que se fueron hace ya tanto tiempo.

Solo mi cabeza sigue repleta de recuerdos y de historias. Pero al contrario que los juegos y los paseos disfrutados con hijos y nietos. Ahora, con tanta soledad, no tengo con quién compartirlos. También yo me estoy quedando deshabitado como el baúl en el que se guardaban los juguetes.


Derechos de autor: Francisco Moroz






jueves, 1 de noviembre de 2018

No me apetece celebrar





Suena el teléfono, lo coge, no articula más que cuatro palabras: “De acuerdo, estaré esperando.”

Cuando cuelga el aparato ya sabe que la muerte vendrá a por él esta misma noche. Noche de difuntos, Halloween o cómo demonios se denomine entre las distintas culturas de este mundo en el que se celebra hasta a la negra parca.

La verdad es que no está preparado para partir tan pronto. No le ha dado tiempo a dejar todo listo. La casa sin recoger, un libro que parecía interesante sin terminar. Recuerda que debería haber puesto un mensaje a su pareja para decirle que mañana no estará en condiciones de verla, pero ya es tarde.

Llaman a la puerta, se siente forzado a abrir aunque no le apetece en absoluto encontrarse con lo que sabe se va a encontrar.
Insiste el que llama al timbre con impaciencia, como si tuviera prisa por recoger un paquete que ha de entregar con urgencia. Naturalmente el paquete es él y cuando abre se encuentra con el mensajero: ni más ni menos que su amigo Nick disfrazado de muerte, con una máscara de calavera, una túnica negra y en una de sus manos enguantadas, la consabida guadaña. En la otra una botella de whisky medio vacía.

¡Ah! no le apetece en absoluto ir a esa fiesta de Frikis disfrazados. Con lo a gusto que se hubiera quedado en casa con una taza de café caliente y ese libro que le venía a la memoria hace unos momentos. Y no quiere ni imaginarse cuál será la reacción de su novia Rachel cuando pretenda localizarlo mañana para verse con él, y la tenga que decir que le es imposible a causa de la resaca que le producirá el alcohol que consuma.
Desde luego Nick ya va servido con el que lleva encima.

Cogen el coche para dirigirse a la cabaña donde el grupo se reúne habitualmente para beber, fumar, cantar y despendolarse con cualquier motivo. Hoy toca como excusa la noche de los muertos y él no ha sabido decirles que no.

En el kilómetro 35 de la estatal el coche se sale de la carretera, el copiloto queda atrapado entre los hierros retorcidos del vehículo, las piernas rotas con seguridad, pues no las siente. Su visión queda nublada por la sangre espesa que le brota de la cabeza y se escurre por la cara. No tiene movilidad ni fuerzas para salir al exterior pero siente un movimiento a su derecha, una cara que se aproxima a la suya diciéndole con voz profunda: “Nos vamos Nicholas” y ve a su amigo Nick con su disfraz de muerte, como si nada. Y se pregunta ¿ No era Nick el que conducía? ¿Qué hace fuera del coche sin un rasguño?

Antes de expirar, otra postrera interrogante toma cuerpo en su destrozada cabeza: ¿Sería su amigo el que estaba disfrazado de muerte, o la muerte era la que se había disfrazado de amigo?
La única certeza es, que esa noche el difunto sería él y no tenía ningún motivo para celebrar.


Derechos de autor: Francisco Moroz


viernes, 26 de octubre de 2018

Ya estoy viniendo





Lo sé, he estado ausente ¿Cuánto tiempo? ¿Casi dos meses?
No es que las vacaciones de verano se alargasen ni que tuviera los dedos agarrotados para poder teclear alguna de esas cosillas que acostumbro a subir al blog.

Creo que se trató más bien de un cúmulo de circunstancias las que no me dejaron acercarme por estos lares ni para tan siquiera visitar las páginas amigas, llenas con las letras de mis compañeros.
No han sido falta de ganas tampoco -que no sabéis el mono que tengo- ni pereza, ni desidia, ni escasa organización.

Otros proyectos de vida fueron los culpables - que no solo de palabras escritas vive el hombre-.
Y la familia, y el trabajo, y la disposición permanente para ambas cosas, ocupó el tiempo del que antes disponía para escribir, compartirlo, y leer lo vuestro y comentar trabajos y reseñas. 

Esta entrada no pretende ser excusa con alevosía, ni coartada por no haber aparecido por el lugar de los hechos. Se trata tan solo de una somera explicación tranquilizadora de que sigo al pie del cañón con más ganas que nunca, pre-calentando los motores de la inspiración y haciendo estiramientos de falanges para ser capaz de aporrear teclas con ganas (Lo de aporrear es literal, por los pedazos de dedos que tengo)

¡En fin! Creo que el mes de noviembre será en el que comenzará de nuevo a estar todo un poquito más al día en este rincón de abrazos y amigos.

Espero sinceramente que no me hayáis arrinconado y menos olvidado; pues esto no tendría sentido sin todos vosotros.
Recibid por adelanto mi agradecimiento por estar ahí, y por esa infinita paciencia que desespera al que espera.





miércoles, 15 de agosto de 2018

Un crimen perfecto






Aquél robo fue muy bien planeado, se recordaba como algo excelso en su ejecución. 
Sin daños colaterales, víctimas ni desperfectos.
El ladrón había demostrado tener alma de artista y una gran sensibilidad. Se pudo comprobar por el detalle, el orden y la limpieza con el que los policías se encontraron el lugar de los hechos.

Nada parecía estar fuera de su lugar. Hasta el director de la entidad bancaria parecía sorprendido de un suceso tan extraordinario.

Cuando tuvo que redactar el informe a sus superiores, el inspector únicamente pudo escribir que el caso sería de difícil resolución ante la falta de pruebas dejadas por el delincuente en cuestión. 
Pues solo se encontró un bolígrafo barato con el logo de una conocida editorial; con lo cual la secuencia narrativa de los hechos, junto con los argumentos circunstanciales a tener en cuenta acababan ahí. 

Personalmente, sospechaba que podría tratarse de un crimen de autor.
Pues el delincuente en ningún momento perdió los papeles y exclusivamente había sustraído letras del tesoro. Y como dato curioso añadió: "Dejó en el libro de registro una impoluta y bien trazada firma, que curiosamente se podía leer entre líneas."



Derechos de autor: Francisco Moroz

domingo, 5 de agosto de 2018

Historia de mi pueblo (5) No estamos locos


Puerta principal de la casa de dementes de Santa Isabel Antes y ahora)


Ya lo dice “Ketama” en una de sus letras: “No estamos locos que sabemos lo que queremos” y yo me permito cambiar la última palabra por un “Tenemos”.
Y es que los Leganenses saben lo que tienen en su villa y saben de su importancia; otra cosa es que las autoridades competentes en cuestiones de patrimonio quieran reconocerlo, apreciarlo y conservarlo para las generaciones futuras.

Y es que entre otros, hay un edificio que por sí solo hizo que Leganés estuviese en boca de muchos por causa de una institución pionera en su tiempo.

Estoy refiriéndome a la “Casa de dementes de Santa Isabel” nombre que se les adjudicó en honor a la reina Isabel II, a unos edificios que ocupaban 50.ooo metros cuadrados y que fueron adquiridos por la junta provincial de la capital a un tal Juan Gómez, por valor de 340.000 reales, aproximadamente unas 85.000 pesetas. Lo que supondrían en la actualidad unos 511 €. ¡Cómo se revalorizan ciertos productos inmobiliarios!
Y más teniendo en cuenta que constituían la antigua residencia de los duques de Medinaceli.

“El manicomio” se inauguró un mes de diciembre de 1851.

Hasta ese momento Madrid carecía de una institución sanitaria similar, y por tanto fue toda una referencia pionera para un proyecto mucho más ambicioso consistente en la creación de otros cinco centros dentro del reino de España. Pero como suele ocurrir con este tipo de sueños utópicos en los que abunda la buena voluntad y faltan los dineros; este, fue el único que se habilitó para acoger a un grupo de enfermos marginales afectados por las enfermedades mentales tan desconocidas en su tiempo.
Lo cierto es que en un principio las instalaciones ubicadas en los antiguos edificios eran en primera instancia provisionales, pues la pretensión era construir un edificio de nueva planta; proyecto que quedo en agua de borrajas y en “Un quiero pero no puedo.

Para mitigar tanta limitación pecuniaria se hicieron reformas para adecuar dos pabellones diferenciados, uno para hombres y otro para mujeres, acogiendo el día de su apertura a 22 individuos de cada sexo.

Como os podéis imaginar y en un principio, el personal  sanitario  y asistencial  estaba compuesto por religiosas pertenecientes a la orden de las hijas de la caridad y la dirección del centro a cargo de un presbítero o rector. Todo muy adecuado al proceder de la mentalidad de la época en que la voluntad divina estaba por encima de todo lo demás.


Antiguo grabado del comedor de mujeres Tranquilas. Atendido por las hermanas de la caridad.


 Hasta el año 1859 no podremos encontrar a un médico al frente de la institución, siendo  Don José María Miranda el primero que ostenta tal privilegio.

Aclaro, que Leganés por entonces era un pueblo pequeño con muchas carencias fundamentales a la hora de prestar ciertos servicios. Por ejemplo se carecía de agua corriente potable (esta no llegaría hasta 1912) medidas higiénicas fundamentales o comunicaciones insuficientes. Por lo cual, ese proyecto que en un principio pretendía crear un manicomio modelo a nivel nacional, no pudo llevarse a cabo quedando a mitad de camino convertido en algo precario. Cuando la densidad de residentes aumentó, se vio la realidad de unas instalaciones igual de deficientes que las atenciones recibidas por los pacientes.

A causa de las dificultades económicas las condiciones tanto de habitabilidad como de cuidados fueron degradándose; recibiendo el centro muchas críticas por parte de reconocidos especialistas en enfermedades mentales, como de escritores de la talla de Benito Pérez Galdós que dejó escrito en uno de sus libros titulado -La desheredada-: “La Casa de Santa Isabel era un corral más propio de gallinas que para enfermos, donde cualquiera volvería a caer en la demencia”. Más triste es sospechar, que muchos de los ingresados fueron encerrados por rencores, venganzas familiares, por temas de herencia, de infidelidades... Fue una forma alternativa de quitarse de enmedio a personas molestas para los intereses de algunos. 

En la actualidad el manicomio ya no tiene locos al uso, de los “decimonónicos” de los que empezó a estudiar aquél pionero llamado Luis Simarro, prócer que dirigió la institución allá por el 1877. Ahora es un centro de salud  asociado pared con pared a un instituto psiquiátrico llamado José Germáin.

Como curiosidades os comento que el número máximo de internos que acogió la “Casa de dementes” fue de 2200 individuos más o menos. Durante y después de la guerra civil  el número descendió considerablemente por razones obvias.

Otro dato curioso es que uno de esos “Locos” residentes que habitó entre las paredes fue el conocido asesino “Cayetano Galeote y Cotilla” un cura amancebado, rijoso y sin autentica vocación; que descerrajo tres tiros por la espalda al obispo de la diócesis de Madrid “Narciso Martínez Izquierdo” en las escaleras de la por entonces catedral de San Isidro situada en la calle Toledo, un domingo de ramos de 1866 al grito de: ¡Ya estoy vengado!

Fue el primer condenado que se libró de la cárcel, pues se alegó que sus facultades eran menguadas y por lo tanto no era responsable de sus actos. El ser internado en el manicomio representó mayor condena quizá que el garrote al que estaba abocado a causa de su crimen.
Falleció dentro del centro allá por el año 1922.
Sería el mismo Benito Pérez Galdós que en su día le visitó el que diría: “Galeote parece una fiera enjaulada, balanceándose con un movimiento semejante al de los cuadrúpedos aprisionados”  
Y os preguntareis por la causa de su crimen. La causa fueron 18 reales por decir misas, que pensó que perdería por el nombramiento de otro curilla usurpador. Vengándose en la figura del obispo que ignoró sus cuitas.

¿Y dónde vivía por entonces este magnicida?
Pues en el mismísimo “Callejón del infierno.” ¡Sí! habéis leído bien. Un callejón por el que se accede a la plaza mayor, nombre que se le adjudicó después del incendio de 1672, uno de los tres incendios que se originaron en la citada plaza, y a causa de que las llamas desbordaban e invadían la calle mayor por este inusitado aliviadero.
Pero para más I.N.R.I también lo habitó el cura “Merino” y este sí que murió por garrote vil por el intento de acabar con la vida de Isabel II.
Dicho callejón en la actualidad se le llama “Calle del arco del triunfo”

Un libro en el que aparece citado (El manicomio) como parte de una historia, es el titulado “El circulo del alba” de “Luisa Ferro".




Grabado antiguo de la casa de dementes Santa isabel

Otro, con mucha más carga emocional es el titulado: "Cartas desde el manicomio". Se trata de una recopilación de manuscritos que quedaron olvidados en el archivo del centro. Escritas por muchos de los residentes como medio terapéutico, recopiladas en este libro gracias a la labor de un grupo de psiquiatras. Cartas donde se presiente la desesperación, el miedo diario, la precariedad y los abusos. Gritos de auxilio a los familiares para que les rescatasen del abandono y el olvido al que habían sido relegados. Estas cartas nunca llegaron a su destino y es ahora cuando ven la luz, como testimonio de una historia no muy lejana, cuya lectura nos conmueve. Epístolas que no parecen estar escritas por dementes, sino por cuerdos muy sensatos que proclaman la injusticia de sus encierros injustificados.
Una lectura muy recomendable.

Y la última curiosidad es, que el primer tranvía que circuló en España, fue el que conducía de Madrid a Leganés y viceversa, por causa de la tan afamada “Casa de dementes”. 
¡Bueno! Por eso y por los famosos productos hortícolas.

Pero eso constituirá la siguiente historia de mi pueblo de adopción. 


Fachada principal del solar de los Medinaceli. (Actualmente)




Continuará






Derechos de autor: Francisco Moroz







lunes, 30 de julio de 2018

Venganza celestial






Aquel suceso ocurrido hace unos años lo sigo considerando como un aviso para navegantes. Fue el que decidió de alguna manera el cambio en el sector profesional al que me dedico.

Todo empezó cuando con intención de emanciparme de mis padres, obtuve el carnet acreditativo con el que poder convertirme en guía turístico de monumentos y conjuntos museísticos.

Como mi ciudad tiene una bonita catedral me pareció adecuado centrarme en ella para ejercer la actividad que me permitiría abrirme paso en el complicado mercado laboral. Por ello decidí empaparme bien sobre la historia de la misma. Estructura y estilo arquitectónico, tesoro catedralicio, esculturas y pinturas que se hallaban en su interior. Todo con el fin de presentar a los posibles grupos de turistas que requiriesen mis servicios, la mayor y mejor información que se pudiera ofrecer.

Tardé unos meses en adquirir todos los conocimientos necesarios, para, armándome de valor, proceder con mi primera visita guiada. Un grupo de güiris ingleses que contactaron conmigo demostrando un gran interés por conocer los entresijos de la grandiosa construcción religiosa.
Mi inglés era bastante fluido como para que entendiesen convenientemente los conceptos y los nombres de los elementos constructivos y ornamentales, con lo cual por ese lado no habría problema alguno.

Nos encontrábamos pues en el interior, cerca del retablo, y les explicaba en qué consistía el plateresco. Un estilo híbrido desarrollado sobre el siglo XVI basado en la continuidad del gótico, con exuberante decoración y estética renacentista inspirada en modelos clásicos de la antigüedad. Acaeció entonces, aquello que nos dejó a todo el grupo con el alma en vilo y el grito puesto en el cielo. Aunque con las miradas a ras del suelo que pisábamos y un susto tremendo dentro de nuestro cuerpo.

En un momento de la locución explicativa les comenté, que el arte era sempiterno como Dios, y bello como los mismísimos ángeles que le acompañaban; si es que ambos entes existieran en realidad, añadí con una sonrisa irónica, pretendida muestra de mi incredulidad al respecto.

Fue en ese justo instante cuando de forma inesperada y gran estruendo, una escultura del arcángel Miguel se precipitó en picado desde el nicho que ocupaba a unos seis metros. Lo vimos con una espada flamígera en su mano, y con intenciones aviesas de expulsarnos de forma violenta de este valle de lágrimas; que no del paraíso.

Se estrelló contra las losas de piedra, muy cerca del espantado grupo, dejando restos esparcidos de yeso y madera con policromías variadas. Y entre la nube de polvo que levantó, semejante a una niebla infernal que no auguraba nada bueno. Vislumbramos los ojos retadores y llenos de ira del custodio celestial.

Y fue aquel suceso, repito, el que me convenció sobre el cambio que tenía que realizar con respecto a mi orientación profesional.

En la actualidad sigo ejerciendo como guía, pero en distinto lugar: el jardín botánico de la localidad. Algo que presumiblemente tiene menos riesgos laborales y menos implicaciones peligrosas con respecto a mi agnosticismo.


Derechos de autor: Francisco Moroz

                                                 

miércoles, 25 de julio de 2018

Historia de mi pueblo (4) El cofre del tesoro

Quizá sea este el momento propicio para completar las crónicas. Aquellas que empecé sobre mi pueblo y que quedaron resueltas en tres partes, aunque inconclusas.
En todo este tiempo transcurrido desde entonces, he tenido oportunidad de recabar alguna información más y algún que otro dato curioso sobre esta localidad que no desmerece en méritos propios por sus variadas historias acumuladas.
Por tanto queridos lectores, aquí os dejo la cuarta parte, que a ciencia cierta no será la definitiva por el momento. 
Espero no aburrir.

                            

Iglesia de San Salvador. Antes y ahora

En la tercera entrada al respecto de esta población madrileña, os terminé presentando las dos ermitas más importantes que posee en su patrimonio: La de San Nicasio y la de Nuestra Señora de Butarque.
En esta ocasión, y para seguir con la arquitectura religiosa, os mostraré la iglesia parroquial de San Salvador que en un principio fue consagrada a la santísima trinidad.
Su estructura entra dentro de los cánones constructivos de la época en la que se levanta. Empieza a edificarse durante el reinado de los reyes católicos, allá por el siglo XVI aunque algunos expertos adelanten incluso un cuarto de siglo más ese periodo ¡Ahí es nada! y parece que fue ayer.
Gracias a un extenso archivo parroquial que abarca desde el siglo XVI al XXI se puede asegurar documentalmente que la estructura general puede situar el proceso entre los años 1500 al 1720. Esta dilatación en el tiempo dio lugar a diferentes replanteamientos, ya que pasó por manos de diferentes maestros constructores. Como en principio la parroquia perteneció a la archidiócesis toledana, fueron de esta ciudad los principales arquitectos que la levantaron; entre los que cabe destacar a Bartologmé Zumbigo y Nicolás Vergara el joven.
Es el último tercio del siglo XVII cuando el templo adquiere la definitiva conformación que es la que se puede apreciar en la actualidad: Planta de cruz latina con bóveda de cañón dividida en tres naves, separadas las dos laterales de la principal por pilastras que sustentan arcos de medio punto.
En apariencia parece tratarse de una iglesia modesta en fábrica de ladrillo en su mayor parte, si exceptuamos un conjunto más antiguo situado en el ábside, construido con piedra labrada. Tres puertas facturadas en granito y una torre de ladrillo revocado, de planta cuadrada, rematada con capitel encamonado y calado con cubierta de pizarra. Las campanas datan del año 1675.


Interior de la iglesia. Al fondo el retablo

Pareciera engañarnos esta construcción con sus sencillas líneas, así como los modestos materiales utilizados en el exterior. Una pobre iglesia medieval convertida en cofre de un tesoro que se ubica dentro de sus muros.
Y es aquí donde empezamos a darnos cuenta que, como en la famosa frase de Exupéry: “La belleza está en el interior”
El conjunto es de estilo principalmente barroco (Siglo XVIII) que es el periodo en el que empiezan a construirse los retablos y la imaginería que contienen. 
Contemplaremos en primera instancia el altar mayor cuyo retablo principal tardó unos siete años en ver la luz. En el centro se ubica un lienzo del pintor veneciano Francesco Leonardoni.
Pintor de la reina que sustituyó en funciones a Claudio Coello. En el mencionado lienzo queda plasmado el misterio de la transfiguración. Fue costeado por el marqués de Leganés que también encargó personalmente la obra, al citado artista.
Este retablo principal, más los dos laterales pertenecen a José Benito de Churriguera, uno de los mejores maestros escultores del barroco universal, que dio nombre a otro estilo todavía más elaborado. Están labrados en madera con dorados y policromados, conformado por zócalo, banco, ático y cuerpo principal dividido por columnas salomónicas en tres calles.
Junto a dichas columnas posan los cuatro evangelistas al igual que lo hacen en la parte superior de las mismas, las cuatro virtudes: Fe, Esperanza, Caridad y fortaleza. Dios padre, aparece representado en la parte superior central de la estructura principal.
No podemos olvidar otra de los tesoros de la parroquia: El órgano fabricado por José de Verdalonga constituido con 985 tubos de estaño y madera noble torneada. El instrumento ha vuelto recobrar su sonoridad original, gracias a una labor de restauración que se efectuó en 1993 a cargo de José María de Arrizabalaga.

En resumen, Leganés guarda un conjunto de joyas, en modesto cofre de ladrillo. 




Órgano 

Primera parte

Segunda parte

Tercera parte 


Quinta parte

Derechos de autor: Francisco Moroz





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