jueves, 19 de octubre de 2017

Chicos conflictivos






Fede y Ricardo conocieron a Bosco en las puertas de la Luna. Allí, un cartel avisaba:¡
“Cuidado con el perro” Un Pitt Bull enorme, de esos que imponen respeto y algo de miedo cuando los ves por primera vez. Pero este, con mucha diferencia, era un buen perro que se dejaba acariciar.
Cuando pasaban hacia el Instituto mostraba su júbilo; brincaba, movía la cola y los invitaba a acercarse para jugar.

Muy al contrario, el dueño del bar de copas con nombre del satélite terrestre, era un tipo ceñudo y malcarado.
Por norma siempre se encontraba dentro del garito a esas horas, pero cuando lo veían afuera apoyado en la pared haciendo ostentación de músculos y tatuajes, se cruzaban de acera y lo evitaban.

Tenía fama de violento. El típico matón de barrio bajo, el mismo donde ellos nacieron y se hicieron amigos.
Un día vieron al animal abatido, atado con correa corta, herido en un costado y con el hocico sangrante. Fede juró más tarde que incluso le pareció verlo llorar.

El bruto los sorprendió hablándole con cariño mientras intentaban aflojar el collar que lo ahogaba.
A Ricardo lo tiro al suelo de un bofetón y a ambos los alejó con cajas destempladas y un lenguaje grosero lleno de exabruptos y amenazas.

Esa noche a ambos la cama se les hizo incómoda y acordaron, por medio de un mensaje corto, quedar en el portal con las mochilas repletas de artefactos y bien tapados con las capuchas de las sudaderas para salvaguardar su anonimato.
Iban a dejarle un regalo inolvidable a ese mastuerzo que era capaz de hacer daño a un ser noble e inocente.

Las primeras luces de la mañana mostraron a los transeúntes una esplendorosa obra de arte a todo color que ocupaba la fachada de un local nocturno.
Un graffiti que mostraba al dueño del bar, mientras apaleaba a un perro parecido a Bosco; y un cartel donde se podía leer: “Cuidado con el hombre, ¡este sí que es peligroso!”


Y naturalmente interpusieron una denuncia por maltrato animal





Derechos de autor: Francisco Moroz




Quiero agradecer a los compañeros de la comunidad de escritores compulsivos, las oportunas y desinteresadas correcciones que han hecho de este texto. Ha quedado un relato con mejor estilo.  

martes, 17 de octubre de 2017

Y líbrame del mal





“Que todo vuelva a ser como antes”.

Esa era mi petición actual dirigida a un dios sordo que parecía no escucharme, y que me regalaba con sus silencios habituales.

Con anterioridad le había rogado por mis compañeros de trabajo y por mi jefe, para que sanaran de sus heridas mortales.

Más tarde, elevé otra plegaría profunda y sentida por mi esposa, que yacía agonizante en el suelo. Y ahora era por mí, para que me librara de todo mal, entre otras cosas de la inculpación y la pena de cárcel.


Y válgame el cielo que oraba con devoción, mientras aún, sostenía la pistola humeante en la mano.


Derechos de autor: Francisco Moroz

viernes, 13 de octubre de 2017

Historia de mi pueblo (2) Una aldea con aires de grandeza



El núcleo poblacional de Polvoranca desapareció, como ya os dije, a causa de la insalubridad y las malas condiciones de habitabilidad del mismo.
Al igual lo hicieron los asentamientos de Butarque y Overa, donde se han encontrado vestigios del paleolítico superior y de épocas prerromanas y visigodas.
Por el primero sigue pasando todavía un pequeño arroyo, afluente canalizado del río manzanares, que da nombre a un parque lineal de la localidad y a un barrio de Villaverde.
Da nombre también a la patrona de la villa, Nuestra señora de Butarque que tiene su propia historia que contaré en otro apartado.
A su vez, lo ostenta el estadio de fútbol donde juega nuestro equipo “pepinero, de monstruos del balón” que ascendieron a primera división por méritos propios.
Overa es actualmente un polígono industrial, antes zona rústica de tierras de labor.
Como dato curioso os cuento, que cuando empecé a vivir en el pueblo, y estoy hablando de los años 90, que no ha pasado tanto tiempo, llegué a ver trabajar los campos con arado romano de reja tirado por mulas. Y aún hoy, existe al menos un rebaño de ovejas que pastorea por la zona, entre los carabancheles y el barrio que habito.

Fotografía histórica de Juan Calle.
Pastoreando en Polvoranca
En 1280, durante el reinado de Alfonso X el sabio. Los habitantes que abandonaron las mencionadas zonas, junto los que huían de las continuas incursiones de los moros, se establecieron junto a un “lagunar” lleno de “Légamo” que es un barro pegajoso formado por lodo y restos vegetales, lo conocido vulgarmente como limo; material muy propicio para el cultivo de productos de huerta. Que se lo digan a los antiguos egipcios cuando las crecidas del río Nilo menguaban y dejaban esos depósitos de fertilizante natural en el delta y en sus orillas.
 De ahí nació la aldehuela de “Leganar” que con el tiempo y por contaminación lingüística pasó a llamarse “Legamar” y por ende “Leganés”. Otras fuentes defienden el término como procedente del árabe que significaría huerta, igual que el término leganitos. Famosa calle de Madrid.
Por cierto, llegados aquí, os desentraño los dos misterios planteados con anterioridad.
El primero:
La mayor parte de los productos cultivados en las huertas de esta localidad eran llevados a la corte para consumo en palacio. Entre estos, los pepinos destacaban de tal manera y adquirieron tal fama de sabrosos, que el rey no admitía otros en su mesa. 
De ahí la denominación de origen de los leganenses como “pepineros” un gentilicio cariñoso tan cariñoso como el de “gatos” a los madrileños.
El segundo:
Lo de Escocia y su monstruíto antediluviano, es mera comparativa por similitud lingüística del vocablo “Leganés”-“Lago-Ness” no es que estemos hermanados ni nada de eso.
Para más comparativa, en el escudo de la localidad aparte de otros elementos, figura una laguna. El Nessi creo que es una invención de algún fantasioso urbanista muy creativo, que eligió esta escultura de estilo "Gaudiano" para adornar una rotonda de la villa con mayor o menor fortuna. 
Personalmente a mí no me disgusta, aunque Nessi en este caso, tiene que conformarse con una fuente en lugar de con todo un lago.

Nuestro monstruo ornamental


Sigo con la pura historia.
En 1345, Leganés ya se incorpora al alfoz de Madrid.
Para el que no sea un entendido Alfoz es un término árabe que se refiere a las pequeñas aldeas y zonas rurales que dependían de una sola jurisdicción. En este caso de la villa de Madrid, de la que dependió administrativamente casi durante tres siglos.
Ya en 1627 la localidad se convierte en villa de señorío o realengo, cuando es creado el título de mayorazgo o marquesado por mano del rey Felipe IV. 
La corona vende la localidad a Diego Mexia Felipez de Guzmán, vizconde de Butarque, que se convierte de esta manera en marqués de Leganés.
Este noble es el único dueño y señor de las tierras, solo él puede nombrar alcaldes, impartir justicia y administrar a las gentes y los bienes; y por ello ya no depende de la villa y corte para empezar a valerse y depender de ella misma.
Naturalmente el título nobiliario era hereditario y permaneció hasta que en 1820, fueron abolidos todos los privilegios de la nobleza feudal.
Familias relevantes como la de los Medinaceli y los Tamames asentaron sus reales en la localidad leganense.


Fotografía de juan Calle.
(Arando los huertos)

Y la historia continua.

primera parte 



Derechos de autor: Francisco Moroz

miércoles, 11 de octubre de 2017

Amor, amor, amor






La ciudad del amor no era la imaginada en mis sueños de adolescente.

Ahora que recorría sus calles, me daba cuenta que para poder vivir allí, se necesitaba un corazón enorme y un espíritu de entrega más grande todavía.

Quizá por eso no viera parejas embelesadas mirándose a los ojos, ni escenas de pasión carnal.

Lo que encontraba, eran personas que protegían a los niños, cuidaban ancianos, y se sacrificaban por los más desfavorecidos sin pedir nada a cambio.


Eran seres desbordantes del auténtico amor que daba nombre a una ciudad, que para muchos es desconocida y que confunden con otra llamada Paris.


Derechos de autor: Francisco Moroz

lunes, 9 de octubre de 2017

Historia de mi pueblo (1) Nos llaman pepineros


Fue Paloma, la conocida como Kirke, del blog: 
Leer,el remedio del alma la que empezó todo ¡Lo juro! Que uno ya tiene bastante con lo que tiene como para embarcarse en proyectos de este tipo. Y me nominó para seguir con este que tituló: "Mi barrio" Pero como la sarna con gusto no pica, pues me arrasco y en paz. Y aquí me tenéis, con la primera parte de "nosecuantas" historias de mi pueblo que os iré contando. Que el barrio se queda corto y un pueblo entero da para más.

Espero que lo disfrutéis al igual que yo lo estoy haciendo con la investigación y su posterior puesta en escrito para que todo adquiera cierto sentido. 
Que la historia, esa gran madre, y abuela anciana, tiene muchas cosas que enseñarnos. Aunque vayamos de listos pretendiendo saberlo todo.

¡Al lío!  





En general a los que habitamos este pueblo, al igual que a los miembros del equipo de fútbol, nos llaman los “Pepineros” a estos últimos ¿Por el color y el diseño de la equipación quizás? algo de eso hay, pero no por ello exactamente los denominan de esa manera tan "horticultural". 

Para saber el porqué de este dato tengo que remontarme muchos, pero que muchos años atrás, y nombrar por de pronto al pueblo del que os quiero hablar. Si os digo que es Leganés ¿Qué os viene a las mientes, a voz de pronto pensamiento hecho idea o imagen? ¿El lago de Escocia, y por ende, al monstruo que supuestamente lo habita? ¡Pues tampoco se trata de eso! pero no anda uno descaminado si lo piensa de forma ensoñadora y fabulada.

Comienzo desde el principio y os explico la historia de mi pueblo de adopción, pues aunque yo soy de ¡Madrid, Madrid! del mismísimo barrio de Chamberí para ser más exacto; aquí es donde habito en la actualidad, y ya se sabe lo que dice el dicho popular: “Uno no es de donde nace sino de donde pace”.

Los primeros pobladores que habitaron el entorno de lo que actualmente es, uno de los pueblos más grandes de la comunidad de Madrid (188.000 aprox) se asentaron en una zona rica en torrentes y humedales, que se conoció y se conoce con el nombre de Polvoranca. 

Estamos remontándonos a la edad de hierro (Año 1000 A.c) datos confirmados por vestigios de restos arqueológicos encontrados en la zona.

La misma causa que originaría este primer asentamiento fue la que constituyó su abandono: el agua, en la que proliferaron los mosquitos transmisores de enfermedades como el paludismo que causó mucha mortandad a lo largo de la edad media.
De esta época medieval datan los primeros documentos escritos en los que hay constancia de dichos acontecimientos.

Y documentado está, que en aquellos tiempos que a Leganés no se le conocía como tal, era más bien "Mayorazgo de Polvoranca", cuyos fértiles terrenos eran cultivados de olivo, cereal, y muchos productos de huerta.También rebaños de ganado ovino eran pastoreados por la zona.
Todo el género que hubiera podido producir riqueza y bienestar, iba a parar indefectiblemente a esos señores feudales que lo acaparaban todo; dejando al que trabajaba la tierra sin nada que llevarse a la boca. La historia es reiterativa en algunos aspectos.

Ruinas de la iglesia de San pedro apóstol lugar del antiguo asentamiento

Durante el siglo XVI hasta el XVIII el Mayorazgo siempre perteneció a la nobleza de cuyos personajes destaca el Conde de Orgaz (El del famoso cuadro del Greco donde entrega su alma) o el licenciado Juan Ponce de León y su esposa Ana de Osorio.

Esta ubicación poblacional, donde en la actualidad solo pueden contemplarse las ruinas de la iglesia de San Pedro apóstol, edificio que al parecer nadie pretende restaurar como patrimonio local; la conforman 150 hectáreas rehabilitadas como parque de interpretación y educación medioambiental, donde también se ubican huertos comunitarios. A si mismo se ha recuperado un lago conocido como el de los sisones (Por la cantidad de ellos que campan por sus respetos) donde se puede practicar la pesca controlada y el piragüismo. Un jardín botánico, circuitos perimetrales para la práctica de ciclismo y senderismo. y zonas de salud con aparatología variada, para ejercitar músculo y elasticidad de jóvenes y mayores.


Es curioso que en su momento fuese un entorno frecuentado por Fray Luis de León; gran poeta espiritual que nos dejó aquellos hermosos versos que dicen:

“¡Qué descansada vida!
la del que huye del mundanal ruido,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido.”

De igual manera parece que de este germen de pueblo se acordó otro personaje con renombre intelectual. Me refiero a Don Benito Pérez Galdós que en su libro “Nazarín” escribe sobre el mayorazgo de Polvoranca lo siguiente:

“Tierra fría y llana, pobre de leña y de pan, de vino mediana, de ganado no iba mal”.

Después de estos siglos donde el Mayorazgo llegó a tener poco más de 1000 habitantes y a lo largo del XIX, el lugar queda deshabitado definitivamente a causa de la presión que ejerció sobre sus habitantes el paludismo, la peste y la constante hambruna sufrida de manera casi continuada. De tal manera, que existe una especie de historia negra cuajada de leyendas fraguadas en las mentes de los más ancianos.

Los supervivientes y los continuos flujos migratorios de otras poblaciones constituyeron lo que a partir de ¡ahora sí! podremos llamar Leganés. Pero será otra historia que os contaré en otra ocasión pues: "No se conquistó Zamora en una hora".



Laguna de los sisones
 Segunda parte




Derechos de autor: Francisco Moroz

viernes, 6 de octubre de 2017

Todos los días de mi vida






No te desbordes en palabras de consuelo.
Solo poetízate.
Que el dolor con versos duele menos
y es menos hondo el vacío de la pena que padezco.

Bálsamo tu esencia discreta,
que es como imaginar la flor sin hallarse cerca.
Presencia que acompaña y no interroga.
Un estar si se requiere que no estorba.

Compañera.

No me acaricies con las manos, no hace falta.
Que tus ojos ya lo hacen con pasión desenfrenada
cada vez que me miran lo profundo,
que me buscan el alma y la descubren.

Aliviándome del penar de la jornada
y ofreciéndome el amor de cada día.
Me alimento de beso y de sonrisa,
 de abrazo que arropa el corazón fatigado de rutina.
Te peticiono en mi aflicción y vienes.

Tan generosa.

Que eres maestra conjugando el verbo dar,
que llorarías mis lágrimas si hiciera falta.
Pero ya te digo, no es necesario.
Me basta tu voz recitadora y fabulada
En la salud y en la enfermedad.

para soñarte y amarte de por vida.



Derechos de autor: Francisco Moroz


miércoles, 4 de octubre de 2017

Noche sin luna






Una pareja camina por una plaza solitaria iluminada tan solo por unas farolas. No hay testigos.

En un momento determinado uno de ellos avanza diez pasos y se detiene, presiente algo a su espalda. 
Cuando se da la vuelta, se da cuenta con sorpresa que el otro ha desenfundado y le apunta con premeditación, a traición, sin mediar aviso.

Únicamente le da tiempo a componer una cara de sorpresa justo antes de oír el clic y sentir el fogonazo en los ojos.
Cuando todo termina, se oye la voz del que disparó emitiendo una queja:


– ¡En el último momento te moviste! ¡La foto saldrá desenfocada, como siempre!



Derechos de autor: Francisco Moroz


lunes, 2 de octubre de 2017

Culpable






La elegancia, no era algo que caracterizara al individuo que caminaba desgarbado con las manos en los bolsillos, y que vestía una ropa algo ajada por su excesivo uso confiriéndole un aspecto desaliñado.

Desde el principio le dio que pensar su aptitud sospechosa. Siempre seguía las mismas pautas: salía temprano de un edificio destartalado de un barrio obrero. Caminaba por algunas calles, como intentando despistar sus pasos a un posible seguimiento. Se dirigía a una joyería ostentosa, y se quedaba un tiempo más que razonable frente al escaparate. Después reanudaba su marcha y hacía lo mismo frente a una entidad bancaria, donde observaba con fijación el cajero automático. Más tarde, mirando el reloj, atravesaba un parque cercano para introducirse en un bar donde consumía el resto del día; suponía que entre alcohol y cigarrillos.

El tipo, decididamente no era de fiar, y su fino olfato le incitaba a investigar un posible delito que se consumaría en poco tiempo si él no lo evitaba.
Todavía se preguntaba por qué le habían prejubilado del cuerpo policial, alegando que su enfermiza minuciosidad en las investigaciones, su fuerte carácter y sus continuas sospechas sobre los demás, atribuidas a un absurdo trastorno bipolar; podrían acarrearle serios inconvenientes en la ejecución de sus funciones como investigador, creándole algún conflicto personal y a su vez poner en peligro la integridad física de sus compañeros; ya que muchas veces pretendía asumir competencias que no le correspondían como eran la de juez y verdugo.

En su larga carrera había tenido que soportar muchas burlas, pero esta era una deshonra, algo que le había sumido en una depresión galopante que casi acaba con su autoestima.
Pero no estaba por la labor de abandonar aquello que mejor se le daba: seguir el rastro de criminales en potencia y ponerlos donde les correspondía estar.

Mientras reflexiona sentado en el banco desde el que hace el seguimiento diario del sospechoso, se da cuenta que algo cambia súbitamente en sus hábitos. Una variación en su comportamiento rutinario que le desconcierta; y es que tras salir del edificio, el tipo se ha dirigido al supermercado del barrio saliendo con dos bolsas repletas de productos alimenticios.
Después se dirige a la sucursal bancaria con andares que demuestran su nerviosismo, saliendo de la misma presuroso, como perseguido; introduciendo la mano en un bolsillo interior de su cazadora, para terminar en la joyería donde ha permanecido más tiempo del que pudiera corresponder a un comprador. Después ha omitido el parque y el bar y ha regresado sobre sus pasos a su cubículo.
El delito ya ha sido cometido como preveía…

¡Por fin llegó el día!
Miguel está inquieto, preocupado, y feliz a partes iguales. Hoy puede cambiar su vida para siempre.
Se levantó por la mañana con esa propósito firme, una decisión que le había costado tomar. Una sin retorno, que los amigos le avisaron, podría acabar con su libertad.

Ha salido rápido de casa para comprar los ingredientes para una buena comida de celebración, sacar del banco el dinero que ha podido ahorrar con tanto sacrificio trabajando en el bar; para comprarle a Helena el anillo de compromiso que se ha propuesto regalarle, cuando le pida el matrimonio durante el ágape preparado por él.

Cuando está cocinando la pasta, y mientras sofríe la cebolla, el tomate, el pimiento, y la zanahoria. llaman a la puerta.

Se limpia las manos con premura, pensando que Helena se ha adelantado a la cita. Pero cuando abre se encuentra a un señor mayor encañonándole con una vieja pistola que dirigiéndole una mirada aviesa y una sonrisa torcida le dice una sola palabra antes de disparar: 
“Culpable”


Derechos de autor: Francisco Moroz

jueves, 28 de septiembre de 2017

Presencia amada





Desde el día que murió me acerco casi a diario al cementerio para visitarle y sentirle más próximo. Le hablo de cómo me va sin él, de lo mucho que le extraño, del vacío que dejó en mi corazón.

Vierto innumerables lágrimas de desconsuelo al ser consciente de su ausencia, y le pido con insistencia, alguna señal de su presencia tan añorada.


Hoy de regreso a casa, me encontré un ramo de flores rojas sobre la mesa del salón. En la tarjeta, escrito con su letra, figuraba su nombre.


Derechos de autor: Francisco Moroz

lunes, 25 de septiembre de 2017

Finales sorprendentes






–Nadie lo percibe habitualmente.

Es casi imposible sin conocer la obra de antemano, saber cuál será el final de la misma.
Podremos en todo caso intuir como los personajes van a interactuar en el escenario en ciertos momentos, e incluso conseguiremos en parte, ir adivinando retazos del dialogo que mantendrán entre ellos a lo largo de la representación. Pero el colofón de la misma siempre será sorpresivo.

Es como en los libros. Aunque leamos la sinopsis de una parte del argumento, no podremos imaginar los giros que hallaremos a lo largo del relato, que harán, que cambiemos de idea cada dos por tres. Penduleando de una a otra, yendo por donde el autor en definitiva quiere que vayamos.

–Bueno, todas las historias pueden ser muy previsibles. Por ejemplo: Podemos predecir que un heroinómano terminará muerto por sobredosis. Un villano hallará un final violento, o en el mejor de los casos dará con sus huesos en la cárcel. Un noble guerrero vencerá al vil traidor. Un galán terminará enamorando a la doncella…

– Pero hablamos de la obra en sí, no de los personajes. Que estos tomen un rumbo o una decisión de un signo o del contrario, es lo que influirá en el devenir general del relato ¿Comprendes? Por causa de ellos precisamente, la conclusión es inimaginable.

Los actores son siempre secundarios, es la convicción con la que representan su papel lo que realmente importa y lo que en la mayoría de las ocasiones, despista esa corazonada casi asegurada sobre el desenlace de la pieza.

– Sí, tienes parte de razón pero precisamente por esa misma causa que esgrimes, el espectador tiene la posibilidad de ir tirando del hilo y completar el puzzle con las pistas y las señales que los actores van dejando a lo largo de sus intervenciones; y con ello predecir los finales que pretendían ser inauditos.

– ¡Qué no hombre! que no puedes saber el final de una función hasta el término de la misma; actúen los personajes como actúen y sea el espectador todo lo avispado que tú quieras que sea. No habría interés por el teatro si fuera tan sencillo como tú dices.

–Mira, el drama, la tragedia, la comedia, el sainete, el entremés, están en la calle, en la vida cotidiana, en lo que vivimos de continuo a todas horas.

Tú y yo, en este instante somos personajes. Interactuamos mediante el diálogo que mantenemos mientras caminamos. Estamos hilando una historia ahora mismo. Si un imaginado espectador imparcial nos observara desde el patio de butacas; iría tejiendo la historia sobre nuestra relación de amistad, nuestro gusto común por el teatro y los libros, el placer de conversar y debatir sobre ello. 
Antes de que terminara nuestra, en este caso, ficticia representación, ya habría sacado un final concluyente y acertado del mismo.

– ¡Ea! ¡Y yo te digo que no! y te lo demuestro. 

En ese mismo momento viene el autobús y el interlocutor que defiende los finales inesperados, le pega un empujón al que lo hace con los finales predecibles. 
Este cae a la calzada, y es arrollado por el vehículo pesado. Causando con ello alarma, nerviosismo, sobresalto, espanto, estupor, inquietud y rebato, entre los transeúntes. 

-¿Lo ves? Nadie se esperaba este giro final tan sorprendente a pesar de los personajes.


Nadie lo percibe habitualmente.



Derechos de autor: Francisco Moroz



Presentado en la comunidad de: Relatos compulsivos 
incluido en el reto de: Epanadiplosis: figura retórica de construcción que consiste en terminar un texto con la misma palabra o frase con la que se empieza. En este caso cuatro palabras.






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