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viernes, 15 de junio de 2018

Abandono







Prefiero las ratas antes que tu hedionda presencia de carcelero. Las elegiría a ellas correteando por mi cuerpo antes que tu manoseo que pretende ser caricia, a tus exigencias y conductas imprevisibles. Escojo sus gritos antes que los tuyos, sus mordiscos antes que tu violencia injustificada que socava mi sueño y mi dignidad.

Las soportaría mejor que a tus golpes, o el tener que ver tus coléricos gestos que te transforman en un loco incontrolable.

Estoy cansada de tenerte miedo.

Como las mismas ratas cuando el barco se hunde, he decidido abandonar esta cloaca en la que me pudro, sometida a un encierro forzado por tu voluntad de tirano. He decido liberarme. y entre matarte o morir elijo la tercera de las opciones:

¡Aquí tienes! Los papeles del divorcio.

Derechos de autor: Francisco Moroz



lunes, 4 de junio de 2018

El olvido de la Parca





La muerte se ha olvidado de nosotros, ella que corría tras nuestros pasos y nos llenaba de miedo con su nombre.

Ella que nos acechaba y nos emboscaba para sorprendernos en un descuido por si podía arrebatarnos la vida. El tesoro más deseado por su codiciosa guadaña.

Ahora que reposamos, es cuando no muestra interés alguno por nosotros. Desentendiéndose, ignorando nuestra presencia quieta, fría y desolada.

Ahora que nuestros huesos blanquean la fosa del campo santo, es cuando pasa de largo y se niega a hacernos compañía.

Derechos de autor: Francisco moroz

lunes, 28 de mayo de 2018

Divino tesoro





Cuando éramos jóvenes no teníamos paciencia ni límites a la hora de afrontar los retos cotidianos. Nos precipitábamos en la toma de decisiones sin dudar si la elección era arriesgada.

Estas son las palabras que transmito desolada a la paciente cajera del híper-mercado, mientras con manos temblorosas cuento las monedas despacito, una a una, y le pregunto sobre la conveniencia de haber seleccionado la leche sin lactosa y los yogures con bífidus activos, y de paso, explicándola con detalle parte de los achaques que sufro en silencio.

Derechos de autor: Francisco Moroz



miércoles, 23 de mayo de 2018

En acto de servicio





Deberías ver las rozaduras de mis talones antes de emitir tus opiniones juzgándome tan a la ligera.

Cada uno de nosotros ha aportado su dosis de sacrificio en esta guerra despiadada en la que ambos hemos participado por igual.
Tú luchaste en el frente, esquivaste balas, dormiste al raso, pasaste hambre y sed y perdiste a tus compañeros.

Yo tuve que soportar tediosas reuniones de estado donde se delineaban las estrategias a seguir. Asistir a aburridas cenas y fiestas de protocolo. Mantener la posición de firmes y sobre todo, dar taconazos a diestro y siniestro en las innumerables ocasiones en que saludaba a los generales.

Por tanto, compañero, no subestimes mis heridas que duelen tanto como las tuyas.

Derechos de autor: Francisco Moroz

miércoles, 16 de mayo de 2018

Santa paciencia




¡No seas impaciente! todo llega en esta vida, –me recriminas cuando te meto prisa–.

Que lo dice Shakespeare: “Qué pobres son aquellos que no tienen paciencia”.
Y la Santa Teresa en una de sus oraciones “La paciencia todo lo alcanza” Y “El tiempo y la paciencia son guerreros poderosos” como nos recordará un tal León Tolstói cuando llegue su momento.

– ¡Estoy de acuerdo! –respondo–, ¡Pero hombre! Si no empiezas a escribir de una vez tu novela cumbre, no creo que lleguen a conmemorarse los cien años de la publicación de eso que vas a titular: “El ingenioso hidalgo Don Qvixote de la Mancha.”

derechos de autor: Francisco Moroz

viernes, 11 de mayo de 2018

Sueño roto





Era nuestro sueño compartido, o eso pensaba yo hasta que me defraudaste.

En su sencillez radicaba todo su encanto. Consistía en que fueras libre, pero te conformaste con lo básico y elemental: El espejismo de la cotidiana seguridad que no era más que una rutina desesperante.

Nunca me consideraste como a una amiga que podría haberte ayudado a escapar del encierro al que estabas sometido.

Me desengañé el día en que dejé como al descuido la puerta abierta y tras unas horas de espera, te volví a encontrar picoteando el alpiste del comedero sin intención alguna de emprender el vuelo.


Derechos de autor: Francisco Moroz



lunes, 7 de mayo de 2018

La historia interminable





Nos enviaban de una patada a las duras calles, siempre emitiendo la misma respuesta: “No hay para todos.”

Al día siguiente nos volvíamos a organizar en grandes grupos y largas filas, nos armábamos de paciencia y esperábamos innumerables horas ante sus puertas. 

Volvían a recibirnos con cordialidad, como a viejos conocidos, para después de remover unos cuantos papeles y pulsar unas cuantas teclas, decirnos lo mismo de ayer pero con distintas palabras: “Volved mañana a ver si hay más suerte con la búsqueda de trabajo”.
Y así, hasta la desesperanza.


Derechos de autor: Francisco Moroz

viernes, 27 de abril de 2018

Mensajeras de infortunio




Pesaban muy poco pero aplastaban sueños, borraban futuros y abortaban sonrisas, augurando a su vez malos tiempos.
Corrían más rápidas que el viento y nunca te encontraban preparado para recibirlas, normalmente eran contundentes e inoportunas.

Frías, sin alma, como asesinas. Sin piedad ninguna se ensañaban con lo más íntimo. Te hacían morir, te desgarraban de dolor haciéndote sangrar lágrimas de impotencia.

Así fueron las últimas noticias que íbamos recibiendo desde el frente aquél mes de marzo del treinta y nueve.


Derechos de autor: Francisco Moroz

jueves, 19 de abril de 2018

Cuestión de principios




Ya se las apañarían para pagar las facturas de la luz, el agua y el teléfono, cuando tuvieran ocasión de hacerlo; nunca les gustó tener deudas a pesar de no sobrarles el dinero.

Pero lo primero es lo primero, pensaron, siendo como eran, personas con principios.

Y su preocupación más perentoria, en esos momentos consistía en salir corriendo del edificio antes que este se derrumbase encima de ellos.

Derechos de autor: Francisco Moroz

lunes, 16 de abril de 2018

El destino y el tiempo






Salieron juntos cogidos de la mano de aquél edificio donde se había fraguado todo.

Recorrieron las calles que les vieron crecer identificando todos los lugares comunes de la infancia. Fueron al parque, donde dilataron las horas conversando sobre los pequeños sucesos cotidianos, recordando detalles de cuando eran niños y no tan niños. 

Y cuando llegaba la hora de comer, regresaban a la residencia de ancianos donde se habían vuelto a encontrar hacía dos meses y medio después de tanto tiempo sin saber el uno del otro. 
Se vieron y se reconocieron en aquellos dos adolescentes que un lejano día se prometieron amor eterno.



Derechos de autor: Francisco Moroz


lunes, 9 de abril de 2018

Condemnatio




Hacía casi dos milenios que lo habían crucificado, y aunque se reencarnó sucesivas veces para convencerlos de sus errores y de las injusticias que cometían, todo fue en vano. Le quitaban de en medio siempre de manera violenta cuando se sentían interpelados.

Había llegado a la conclusión de que el ser humano no tenía redención y era hora de mandarlos a todos al infierno que merecían.

El alcaide y dos guardias vinieron a buscarle a su celda, situada en el corredor de la muerte, para trasladarle al habitáculo donde se le administraría la inyección letal bajo la inquisitiva mirada acusadora de los testigos presenciales que se volvían a lavar las manos como Poncio Pilatos.

Una hora más tarde se oscurecería el cielo y un gran cataclismo acabaría con toda vida sobre la tierra.


Derechos de autor: Francisco Moroz

martes, 3 de abril de 2018

Ilusiones




Con los pies a remojo mientras pescaban los dos compañeros hablaban sobre sus conquistas amorosas.

Juan decía haber echado el ojo a la preciosa hija del alcalde, que estaba a punto de caer en sus redes.

Pedro aseguraba que acababa de echar el cebo a la bonita sirena que picaría de un momento a otro el anzuelo de su caña.


Derechos de autor: Francisco Moroz




domingo, 18 de marzo de 2018

Ruinas




Los rincones vacíos de la casa ya desmantelada le transmitían innumerables sensaciones, pero sobre todo la de desamparo.
Toda su infancia y parte de su juventud las pasó en ella, compartiendo momentos inefables y dolorosos con otros que como él, no fueron bendecidos por la fortuna.

Experimentaba el mismo abandono dentro de su corazón, una soledad a la que a pesar de los años transcurridos no se llegaba a acostumbrar.

Echaba de menos a su familia, aquella que se formó entre las paredes ahora ruinosas del orfanato.

Derechos de autor: Francisco Moroz

sábado, 3 de marzo de 2018

Tiempos de cambio





Se quedaban discutiendo donde pondrían el sofá, pues aunque les sobrara espacio para colocarlo junto a la vitrina, la mesa del comedor, las doce sillas, el aparador y el mueble de la televisión, lo que les faltaba eran ganas y motivación para redecorar en ese momento el que sería su nuevo hogar.

Tenían un sólido techo de puente sobre sus cabezas y unas vistas maravillosas a la ciudad. Lo que no tenían eran las cuatro paredes que limitaran la propiedad.

El desahucio les había cambiado la vida.

Derechos de autor: Francisco Moroz



sábado, 27 de enero de 2018

Prioridades






Ya recogerían la mesa mañana y fregarían cubiertos, platos y copas. Las servilletas las echarían a lavar junto con el mantel de hilo. Después barrerían los desperdicios del suelo.

Nunca tuvieron en el restaurante a la hora de cenar comensales tan destacados, y para una vez que los tenían, todo se había descontrolado de tal manera que no les quedaba más remedio que dejar toda la tarea para el día siguiente.

Antes de nada se personarían policías y forenses. El juez de guardia levantaría acta de lo sucedido, retirarían los cadáveres y los casquillos. Y a ellos les tocaría limpiar todos los rastros de sangre.


Derechos de autor: Francisco Moroz

jueves, 18 de enero de 2018

Un tipo sensible







Pestañeó dos veces para decir que sí, luego me miró agradecida con lágrimas en los ojos.

Eran muchos los días compartidos repletos de intensas emociones. El caso es que me había encariñado de la muchacha y sospechaba que ella sentía igualmente un amor profundo por mí. 
Su sumisión hacia mi persona y sus gemidos nocturnos cuando me acercaba así lo demostraban.

Me dolía la separación, pero no tenía más remedio que abandonarla a su suerte.

Le quité la mordaza y la cuerda que la maniataba. La dejé marchar, después de todo ya tenía el dinero del rescate y no era cuestión de dejarme atrapar ni por los sentimentalismos ni por la policía.


Derechos de autor: Francisco Moroz

jueves, 11 de enero de 2018

Deporte de riesgo





Bucear en el lago que había al lado de la casa se convirtió en una prioridad desde el fatídico accidente. 
Estaba asustado y el tiempo jugaba en su contra. Se sumergía cada mañana sin regatear esfuerzos.

Para ello, y después de salir del hospital, tuvo que aprender técnicas de submarinismo sometiéndose a un agotador entrenamiento diario.

Más costoso fue convencer a la policía sobre las circunstancias del suceso: Una distracción, una mala maniobra mientras aterrizaba la avioneta…

Ahora tenía que recuperar la droga que reposaba en el fondo, antes de que los que le contrataron la reclamasen. Si no, sería él, el que yacería en las profundidades calzando unos zapatos de cemento.


Derechos de autor: Francisco Moroz

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