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domingo, 18 de noviembre de 2018

Alto riesgo





Acercándome un poquito más al borde del barranco donde se esconde el desafío; me asomo con prudencia, no sea que se espante y se me escape, y eso es lo último que me conviene. Y es que sin ella no soy nada.

Siempre ha sido la mar de huidiza, me cuesta mucho retenerla a mi lado. Tanto, que en alguna ocasión la he mantenido por los pelos.

Por ello tengo que estar pendiente del equipo, cuidar los detalles de lo aprendido. Concentrarme, adoptar la postura adecuada y saltar con precisión.

Y es que cuando uno practica deportes de riesgo, el miedo le estorba y la vida es lo único que no le gustaría perder.

Derechos de autor: Francisco Moroz

jueves, 8 de noviembre de 2018

Cuarto oscuro





¿Me oyes? ¿Me oyes?

Era la quinta vez que el hombre preguntaba, y gradualmente el volumen había ido subiendo en intensidad a causa del miedo que le producía el hecho de no obtener una respuesta.

Se encontraba aislado en una habitación, en la más absoluta oscuridad envuelto en un silencio que lo gobernaba todo.
Su mujer, que hasta hace unos momentos estaba a su lado antes de quedarse dormido, había desaparecido sin dejar rastro y parecía no escuchar sus gritos.

A punto de perder los nervios, notó que le agarraban el brazo de manera tranquilizadora y de pronto vio la luz que entraba por la ventana cuando su esposa abrió la persiana. Después ella se acercó con una sonrisa burlona y le tocó las orejas. En ese justo instante empezó a escuchar su voz y a comprender que de nuevo había dejado los audífonos apagados.


Derechos de autor: Francisco Moroz



lunes, 5 de noviembre de 2018

La nada




El baúl de los juguetes está cada vez más vacío, lo vengo comprobando desde hace más de sesenta y cinco años.
La razón tal vez sea que los soldaditos de plomo pasaron de moda y los tacos de madera perdieran sus colores.
Que las muñecas ya no lucieran sus sonrisas y su lustrosa apariencia, o que se extraviaran muchas de las piezas de puzzles y mecanos.

El caso es que todo está cada vez más vacío, hasta la casa lo está de toda la jarana infantil, de las carreras por el pasillo y de las voces chillonas de aquellos niños que se fueron hace ya tanto tiempo.

Solo mi cabeza sigue repleta de recuerdos y de historias. Pero al contrario que los juegos y los paseos disfrutados con hijos y nietos. Ahora, con tanta soledad, no tengo con quién compartirlos. También yo me estoy quedando deshabitado como el baúl en el que se guardaban los juguetes.


Derechos de autor: Francisco Moroz






miércoles, 15 de agosto de 2018

Un crimen perfecto






Aquél robo fue muy bien planeado, se recordaba como algo excelso en su ejecución. 
Sin daños colaterales, víctimas ni desperfectos.
El ladrón había demostrado tener alma de artista y una gran sensibilidad. Se pudo comprobar por el detalle, el orden y la limpieza con el que los policías se encontraron el lugar de los hechos.

Nada parecía estar fuera de su lugar. Hasta el director de la entidad bancaria parecía sorprendido de un suceso tan extraordinario.

Cuando tuvo que redactar el informe a sus superiores, el inspector únicamente pudo escribir que el caso sería de difícil resolución ante la falta de pruebas dejadas por el delincuente en cuestión. 
Pues solo se encontró un bolígrafo barato con el logo de una conocida editorial; con lo cual la secuencia narrativa de los hechos, junto con los argumentos circunstanciales a tener en cuenta acababan ahí. 

Personalmente, sospechaba que podría tratarse de un crimen de autor.
Pues el delincuente en ningún momento perdió los papeles y exclusivamente había sustraído letras del tesoro. Y como dato curioso añadió: "Dejó en el libro de registro una impoluta y bien trazada firma, que curiosamente se podía leer entre líneas."



Derechos de autor: Francisco Moroz

lunes, 16 de julio de 2018

Zombis de andar por casa






Hablar de muertos vivientes se ha convertido en algo cotidiano desde hace unos años a esta parte.

Verlos a nuestro lado no nos resulta sorprendente, ya no nos asustan como antaño cuando tropezábamos con ellos en los cruces, en las cafeterías y los comercios y ni siquiera se fijaban en nosotros.

Caminan desorientados, con movimientos compulsivos en algunos de sus miembros, con la mirada vacía y perdida al igual que sus cerebros licuados que ya no originan pensamientos propios, solo, aquellos que parecen trasmitirles los diabólicos instrumentos que aferran entre sus dedos y que parecen poseerles.

Muchas veces se les ve absortos, como comunicándose con sus pantallas luminosas.

Derechos de autor: Francisco Moroz

miércoles, 27 de junio de 2018

Intrusos





Los dejaremos entrar sin preguntarles quienes son ni de dónde vinieron. Tampoco nos importarán las razones que tuvieron para venir hasta nuestra casa. Es algo que no nos incumbe, bastante tenemos cada uno con nuestros problemas.

Les dejaremos andar entre nosotros como si fueran de los nuestros, pero miraremos hacia otro lado cuando nos crucemos con ellos, no sea que se tomen ciertas licencias que no les corresponden y empiecen a forjarse ilusiones que no se cumplirán. Es de justicia, y si no que no hubieran venido abandonándolo todo por una quimera.

Les negaremos los papeles que les convierte en legales.


Derechos de autor: Francisco Moroz

viernes, 15 de junio de 2018

Abandono







Prefiero las ratas antes que tu hedionda presencia de carcelero. Las elegiría a ellas correteando por mi cuerpo antes que tu manoseo que pretende ser caricia, a tus exigencias y conductas imprevisibles. Escojo sus gritos antes que los tuyos, sus mordiscos antes que tu violencia injustificada que socava mi sueño y mi dignidad.

Las soportaría mejor que a tus golpes, o el tener que ver tus coléricos gestos que te transforman en un loco incontrolable.

Estoy cansada de tenerte miedo.

Como las mismas ratas cuando el barco se hunde, he decidido abandonar esta cloaca en la que me pudro, sometida a un encierro forzado por tu voluntad de tirano. He decido liberarme. y entre matarte o morir elijo la tercera de las opciones:

¡Aquí tienes! Los papeles del divorcio.

Derechos de autor: Francisco Moroz



lunes, 4 de junio de 2018

El olvido de la Parca





La muerte se ha olvidado de nosotros, ella que corría tras nuestros pasos y nos llenaba de miedo con su nombre.

Ella que nos acechaba y nos emboscaba para sorprendernos en un descuido por si podía arrebatarnos la vida. El tesoro más deseado por su codiciosa guadaña.

Ahora que reposamos, es cuando no muestra interés alguno por nosotros. Desentendiéndose, ignorando nuestra presencia quieta, fría y desolada.

Ahora que nuestros huesos blanquean la fosa del campo santo, es cuando pasa de largo y se niega a hacernos compañía.

Derechos de autor: Francisco moroz

lunes, 28 de mayo de 2018

Divino tesoro





Cuando éramos jóvenes no teníamos paciencia ni límites a la hora de afrontar los retos cotidianos. Nos precipitábamos en la toma de decisiones sin dudar si la elección era arriesgada.

Estas son las palabras que transmito desolada a la paciente cajera del híper-mercado, mientras con manos temblorosas cuento las monedas despacito, una a una, y le pregunto sobre la conveniencia de haber seleccionado la leche sin lactosa y los yogures con bífidus activos, y de paso, explicándola con detalle parte de los achaques que sufro en silencio.

Derechos de autor: Francisco Moroz



miércoles, 23 de mayo de 2018

En acto de servicio





Deberías ver las rozaduras de mis talones antes de emitir tus opiniones juzgándome tan a la ligera.

Cada uno de nosotros ha aportado su dosis de sacrificio en esta guerra despiadada en la que ambos hemos participado por igual.
Tú luchaste en el frente, esquivaste balas, dormiste al raso, pasaste hambre y sed y perdiste a tus compañeros.

Yo tuve que soportar tediosas reuniones de estado donde se delineaban las estrategias a seguir. Asistir a aburridas cenas y fiestas de protocolo. Mantener la posición de firmes y sobre todo, dar taconazos a diestro y siniestro en las innumerables ocasiones en que saludaba a los generales.

Por tanto, compañero, no subestimes mis heridas que duelen tanto como las tuyas.

Derechos de autor: Francisco Moroz

miércoles, 16 de mayo de 2018

Santa paciencia




¡No seas impaciente! todo llega en esta vida, –me recriminas cuando te meto prisa–.

Que lo dice Shakespeare: “Qué pobres son aquellos que no tienen paciencia”.
Y la Santa Teresa en una de sus oraciones “La paciencia todo lo alcanza” Y “El tiempo y la paciencia son guerreros poderosos” como nos recordará un tal León Tolstói cuando llegue su momento.

– ¡Estoy de acuerdo! –respondo–, ¡Pero hombre! Si no empiezas a escribir de una vez tu novela cumbre, no creo que lleguen a conmemorarse los cien años de la publicación de eso que vas a titular: “El ingenioso hidalgo Don Qvixote de la Mancha.”

derechos de autor: Francisco Moroz

viernes, 11 de mayo de 2018

Sueño roto





Era nuestro sueño compartido, o eso pensaba yo hasta que me defraudaste.

En su sencillez radicaba todo su encanto. Consistía en que fueras libre, pero te conformaste con lo básico y elemental: El espejismo de la cotidiana seguridad que no era más que una rutina desesperante.

Nunca me consideraste como a una amiga que podría haberte ayudado a escapar del encierro al que estabas sometido.

Me desengañé el día en que dejé como al descuido la puerta abierta y tras unas horas de espera, te volví a encontrar picoteando el alpiste del comedero sin intención alguna de emprender el vuelo.


Derechos de autor: Francisco Moroz



lunes, 7 de mayo de 2018

La historia interminable





Nos enviaban de una patada a las duras calles, siempre emitiendo la misma respuesta: “No hay para todos.”

Al día siguiente nos volvíamos a organizar en grandes grupos y largas filas, nos armábamos de paciencia y esperábamos innumerables horas ante sus puertas. 

Volvían a recibirnos con cordialidad, como a viejos conocidos, para después de remover unos cuantos papeles y pulsar unas cuantas teclas, decirnos lo mismo de ayer pero con distintas palabras: “Volved mañana a ver si hay más suerte con la búsqueda de trabajo”.
Y así, hasta la desesperanza.


Derechos de autor: Francisco Moroz

viernes, 27 de abril de 2018

Mensajeras de infortunio




Pesaban muy poco pero aplastaban sueños, borraban futuros y abortaban sonrisas, augurando a su vez malos tiempos.
Corrían más rápidas que el viento y nunca te encontraban preparado para recibirlas, normalmente eran contundentes e inoportunas.

Frías, sin alma, como asesinas. Sin piedad ninguna se ensañaban con lo más íntimo. Te hacían morir, te desgarraban de dolor haciéndote sangrar lágrimas de impotencia.

Así fueron las últimas noticias que íbamos recibiendo desde el frente aquél mes de marzo del treinta y nueve.


Derechos de autor: Francisco Moroz

jueves, 19 de abril de 2018

Cuestión de principios




Ya se las apañarían para pagar las facturas de la luz, el agua y el teléfono, cuando tuvieran ocasión de hacerlo; nunca les gustó tener deudas a pesar de no sobrarles el dinero.

Pero lo primero es lo primero, pensaron, siendo como eran, personas con principios.

Y su preocupación más perentoria, en esos momentos consistía en salir corriendo del edificio antes que este se derrumbase encima de ellos.

Derechos de autor: Francisco Moroz

lunes, 16 de abril de 2018

El destino y el tiempo






Salieron juntos cogidos de la mano de aquél edificio donde se había fraguado todo.

Recorrieron las calles que les vieron crecer identificando todos los lugares comunes de la infancia. Fueron al parque, donde dilataron las horas conversando sobre los pequeños sucesos cotidianos, recordando detalles de cuando eran niños y no tan niños. 

Y cuando llegaba la hora de comer, regresaban a la residencia de ancianos donde se habían vuelto a encontrar hacía dos meses y medio después de tanto tiempo sin saber el uno del otro. 
Se vieron y se reconocieron en aquellos dos adolescentes que un lejano día se prometieron amor eterno.



Derechos de autor: Francisco Moroz


lunes, 9 de abril de 2018

Condemnatio




Hacía casi dos milenios que lo habían crucificado, y aunque se reencarnó sucesivas veces para convencerlos de sus errores y de las injusticias que cometían, todo fue en vano. Le quitaban de en medio siempre de manera violenta cuando se sentían interpelados.

Había llegado a la conclusión de que el ser humano no tenía redención y era hora de mandarlos a todos al infierno que merecían.

El alcaide y dos guardias vinieron a buscarle a su celda, situada en el corredor de la muerte, para trasladarle al habitáculo donde se le administraría la inyección letal bajo la inquisitiva mirada acusadora de los testigos presenciales que se volvían a lavar las manos como Poncio Pilatos.

Una hora más tarde se oscurecería el cielo y un gran cataclismo acabaría con toda vida sobre la tierra.


Derechos de autor: Francisco Moroz

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