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jueves, 20 de febrero de 2020

No vale la pena





Empezó a llorar inmediatamente sin posible consuelo. No eran lágrimas de arrepentimiento ni de dolor, tampoco lo eran de alegría ni de tristeza. Mucho menos lágrimas  de emoción despertada por algún recuerdo.

Consideró que no merecía la pena, que era una forma absurda de llorar.
Por lo tanto se quitó el delantal, dejó el cuchillo y apartó la maldita cebolla de su vista.

Derechos de autor: Francisco Moroz



viernes, 24 de enero de 2020

Mucho garbanzo suelto






Se me acumulan los garbanzos, las lentejas y las judías, pareciera que las legumbres hubieran invadido la casa. Sin embargo otros alimentos antes habituales en la cocina han desaparecido. El jamón, los chorizos, los huevos, el queso y hasta la leche de vaca ¿Será cosa de magia?

¡Pues no! la culpa es solo de mi hija y de esa nueva forma que tiene de no comer; la dieta vegana, esa que consiste en no comer casi de“ná” y en la que te quedas casi siempre con gana. 
Creo que esto es peor que el ayuno y la abstinencia. Yo le añadiría a esa palabreja una "n" entre "ve" y "ga" y una "z" antes de la última "a". "Venganza"
Algo le habré hecho a la niña para que me haga víctima con los daños colaterales.



Derechos de autor: Francisco Moroz

martes, 14 de enero de 2020

Peor el remedio




No puedo dejar de llorar cada vez que vienes a mi lado para compartir tu desdicha, y ver cómo tu cuerpo se va deteriorando con el transcurrir de los años a causa de la maldita droga. 
Mientras, veo como tiras tu futuro por el sumidero, desperdiciando las últimas oportunidades que te da la vida y la ayuda que se te ofrece para salir de este atolladero perverso. 

Pero entre tanto, si te parece, nos metemos otro chute para animarnos un poco y no perder las esperanzas en la rehabilitación..

Derechos de autor: Francisco Moroz



miércoles, 1 de enero de 2020

Santa inocencia



Desde muy chiquito, con ayuda de su madre, había escrito una carta para pedir año tras año a los reyes que le devolvieran a su papá. En concreto a Melchor, su mago preferido. Lo venía haciendo desde los seis, y hasta que cumplió los doce no desistió en el empeño poniendo toda su fe en sus majestades.
Después, y en vista de que su petición parecía ser ignorada, empezó a desengañarse del todo. 
A pesar de ello les dio una última oportunidad escribiendo su petición de nuevo.

Pasaron enero y febrero y entre tanto un hombre que no era su padre se presentó en casa y se quedó a vivir con ellos. Y llegaron de nuevo las navidades y el día cinco de otro enero, y en un famoso centro comercial, el individuo que figuraba como Melchor fue apuñalado con un abrecartas por un chaval de trece años. Dolido, de que después de tanto esperar a su padre como único regalo, le hubieran dado el cambiazo por otro individuo y de paso de forma impune, le arrebataran  la inocencia para siempre.

Derechos de autor: Francisco Moroz

viernes, 20 de diciembre de 2019

Ojo al dato




Con el derecho siempre procuro mirar para otro lado no sea que me pase como con el izquierdo, que por estar con los ojos bien abiertos lo perdí. De momento funciona. La duda que tengo es si me volverá a pasar de nuevo, pues al ser de cristal no puedo perder de vista el objetivo, que es el que no me deja pegar ojo. Poner un parche al problema tampoco solucionará este entuerto.

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La muchacha me miraba con interés mientras me ponía ojitos. Lástima que la manera en que me los ponía fueran cosidos con aguja e hilo. 
Solo soy un muñeco de trapo. En otras circunstancias, me hubiera enamorado de ella.

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Ciertamente hay miradas que matan, reflexionaba el francotirador mientras apretaba el gatillo.

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Aunque te hicieras la distraída, presentía como me mirabas de reojo sin ningún disimulo. Animado por aquello me levanté de la silla y me dirigí al lugar donde estabas decidido a conquistarte. Cuando me puse frente a ti solo te pregunté la hora de forma precipitada antes de alejarme, sin poder apartar la vista de tu ojo estrábico. 

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A veces alguien te mira y enmudeces porque sobran  todas las palabras. Como me ocurre ahora con el personaje del cuadro de la Gioconda que a la vez me sonríe desde su cuadro.
Por otro lado, alguien me habla con verborrea desatada sin mirarme. Con mal gesto. Es mi mujer metiéndome prisa para seguir visitando el museo.

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Mientras la oftalmóloga me examinaba los ojos yo le echaba un vistazo a su escote. De inmediato quedé cegado por su belleza a causa de tan bonita vista.

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El amor es ciego al igual que la justicia, por ello, cuando se nos cae la venda de los ojos terminamos el idílico romance en los juzgados de lo contencioso.

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Unos pequeños detalles lingüísticos son los únicos que marcan la diferencia entre dos conceptos diferentes:
Llevar un ciego de mucho cuidado o llevar a un ciego con mucho cuidado.Y sino que se lo pregunten al perro guía.

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–Mamá ¿Por qué no quieres dialogar conmigo?
–¡Porque te veo venir y punto! Y en eso consisten los puntos de vista de mi madre.




Derechos de autor: Francisco Moroz



lunes, 9 de diciembre de 2019

Suicidio programado







Seguir viendo la tele a toda costa, acomodado en mi desgastado sillón de orejas, viendo debates, programas del corazón, concursos, telenovelas y anuncios morralla durante horas y horas, mientras me alimento de comida basura y bebidas estimulantes.
Esa es mi propuesta. 
Sin ser consciente de conforme pasan los días, se van atrofiando los músculos, deteriorando el sistema nervioso y licuando el cerebro.

Si llego al final deseado, habré conseguido descubrir la manera más placentera de suicidio asistido por televisión.

Derechos de autor: Francisco Moroz



domingo, 1 de diciembre de 2019

La fragilidad de ser humano.





Temblamos mientras les esperamos parapetados entre las ruinas. También de los nervios al sentirnos vulnerables.

Temblamos de incertidumbre al no saber si las circunstancias nos favorecerán. De desasosiego al no predecir por dónde aparecerán los primeros.

De frío, mientras exhalamos aliento sobre nuestras ateridas manos a punto de congelarse.

Temblamos de miedo cuando empezamos a oír el persistente tableteo de las ametralladoras enemigas. De angustia al escuchar los gritos de dolor de los que son alcanzados por los proyectiles.

Y nos preguntamos si ellos temblarán al igual que nosotros, aunque tan solo sea por la emoción al presentirse vencedores de esta sangrienta batalla.

Ardenas. 25 de enero de 1945.


Derechos de autor: Francisco Moroz


jueves, 21 de noviembre de 2019

Más que un juego





Cuando acabes la dejas fuera de juego definitivamente, no le des tregua, ponla contra las cuerdas con un jaque mate y olvídala.

Es difícil hacerlo, pero posible. Solo tienes que seguir ciertas normas básicas y alguna que otra regla de manual. El instinto de supervivencia y la prudencia serán tus mejores consejeras.

Sabes que en todo momento ella estará protegida y flanqueada por los suyos. Debes prevenirte contra sus rápidos y efectivos movimientos, ella es letal con sus víctimas. No tiene ninguna piedad con todo aquél que la enfrenta.
Creo que si utilizas la inteligencia y te adelantas a su jugada con una buena estrategia, serás el elegido para terminar con lo que otros no consiguieron. Se trata de aceptar que nadie es mejor que nadie sobre este tablero que contrapone dos fuerzas, la desidia y la voluntad.

Debes creer en ti mismo, en tu potencial, eres como una simple pieza de ajedrez, un peón en su momento más negro, un peón que puede superar a la mismísima dama blanca que quiere dominarte. Recuérdalo la próxima vez que te ofrezcan cabalgar en un caballo del mismo color que ella.

Derechos de autor: Francisco Moroz

martes, 12 de noviembre de 2019

Sensaciones





Si te dijera que sentí dolor mentiría. A lo mejor, en el instante en que te sorprendí tumbado debajo del automóvil sí que experimenté bastante inquietud, algo de desazón y un pequeño cosquilleo nervioso en el estómago; pero todas esas sensaciones se me pasaron repentinamente cuando todo voló por los aires con la explosión, incluido tú.


Pues solo pensar que algunos inocentes habían salvado su vida gracias a que no supiste manipular adecuadamente el explosivo, me han hecho percibir solamente una sensación de alivio. Duelo y pesar, ninguno.


Derechos de autor: Francisco Moroz




martes, 29 de octubre de 2019

El invento del amor


Dos de estos pequeños relatos se los dedico a Ana Hope y a Sombra. Una de ellos sabrá cuál le corresponde. Al otro se lo dirá su dueño.





Mis progenitores me acompañaron hasta la cornisa de la azotea. Con el beneplácito de mi madre, mi padre me animó a tirarme. Ante mi negativa para hacerlo ambos me empujaron mientras repetían que era por mi bien.
Cuando me vi forzado a abrir las alas es cuando comprendí cuanto amor y confianza habían puesto en mi.




Estaba aterrorizado, me obligaron a salir por la fuerza, me agarraron y me suspendieron boca abajo a la vez que me azotaban sin misericordia.
Apreté los ojos con fuerza mientras aguantaba las lágrimas; no quería asumir lo que estaba pasando, pero al final arranqué a llorar con desesperación ante tamaña vejación.
Fue entonces cuando escuché su voz llamándome hijo, y supe con certeza que junto a ella me encontraría a salvo.

     
  

Los dos salieron a despedirse de ella. Los abrazó, los besó. Se iba para vivir su propia vida, esa que la esperaba afuera.
Por fin sería independiente y realizaría todos esos proyectos soñados alguna vez mientras permanecía con ellos bajo el mismo techo. Ambos la amaron con ternura desde niña, la cuidaron y le dieron las herramientas necesarias para ser una persona responsable y honesta. La convirtieron en una mujer con unos principios basados en la tolerancia y el respeto. Fueron su mejor ejemplo. Al uno y al otro les llamó padres. Nunca echó de menos una madre.

                                                                                 


Malina no comprendía por qué, cuando realizaba esa pregunta en concreto, nunca obtenía respuesta al respecto ni de su padre ni de su madre.
Lo único que le contestaban es que ya lo comprendería en el momento adecuado, cuando fuese capaz de asumir la verdad.
Cuando se convirtió en adolescente la resolución llegó por sí sola. Intuyó casi todo, y de lo que le faltaba para completar el puzzle, no quiso saber.
Le bastaba la demostración diaria de amor incondicional de sus padres, a pesar de tener un color de piel diferente a la de ellos.

                                                                                    


En el mundo no habría consuelo ni esperanza, el hombre buscaría con desesperación el lugar donde refugiarse sin encontrar ninguno tan cálido como para hallar la paz necesaria.
Seríamos todos unos pobres seres indefensos con el rumbo perdido. Impotentes en nuestra debilidad, desarraigados y vulnerables.
Para evitar ese caos futurible y manifiesto, nuestras madres se ofrecieron voluntarias para echarnos una mano desde el principio de los tiempos.

                                                                                    


A mi padre nunca lo conocí y a mi madre la perdí en un accidente de tráfico siendo yo todavía muy pequeño.
Me internaron en una casa de acogida para huérfanos; fueron años duros donde tuve que aprender a convivir y soportar condiciones un tanto precarias.
De vez en cuando venían personas para llevarse a algunos de nosotros.
A mí me adoptaron un trece de Julio, nunca lo olvidaré. Eran una pareja con dos hijos.
Estoy muy agradecido; porque hay padres, madres y hermanos que te llegan a amar tanto, que te hacen sentir parte de su familia aunque pertenezcas a otra especie diferente.

Sin ellos, hubiera llevado una vida de perros.



                                                                                   
                                                                           Derechos de autor: Francisco Moroz



domingo, 6 de octubre de 2019

Hasta que la muerte nos separe





Sí, soy su esposa… Recuerdo que me casé muy enamorada.
Lo primero que me llamó la atención de mi marido fueron sus negros ojos, el mismo color que el de su pelo que tanto me gustaba alborotar.

También me atrajeron de él sus fuertes brazos y sus grandes manos. Me sentía segura y protegida a su lado.

Ya ve usted, ahora mismo quiero huir, alejarme de su persona. Me siento frágil cuando lo tengo cerca, su negra mirada me persigue, me interroga, desconfía. Ya no me atrevo a acariciar su pelo, evito sus abrazos al igual que esas manos que me golpean cada vez con mayor frecuencia. Me siento insegura junto a él.

Derechos de autor: Francisco Moroz



martes, 1 de octubre de 2019

Fin de contrato






Ya tengo los pies fríos. y esto va a más.

Nos habíamos citado en la empresa hace una hora, él tenía intención de desvelarme un gran secreto, vital según parecía para que nuestra relación como socios siguiera funcionando. Y yo, intrigado y curioso a partes iguales me presenté puntual en ese lugar de encuentro tan inusitado.

Suena la señal de un mensaje entrante en mi móvil.
Me comunica que no llegaré a verle, que he sido un socio infiel, que le he traicionado y que el contrato de sociedad queda rescindido por incumplimiento, ya que su mujer no entraba dentro de las condiciones acordadas.

En ese justo momento oigo el clic, al cerrarse la puerta de la cámara de congelados.

Derechos de autor: Francisco Moroz


martes, 24 de septiembre de 2019

Sabor,sabor




Me queda un regusto amargo en la boca, como de almendras amargas. Una manera fácil para poner un final.

Y es que todo empezó a complicarse cuando me quedé sin trabajo y a la semana, mi novio me abandonó. Esto me condujo a una fuerte depresión que derivó en periódicas visitas al psicólogo que acabó con casi todos mis ahorros.

Y hoy pensé en acabar con todos mis problemas de forma tajante, lo primero con mi dieta, tomándome este helado de pistacho con ese sabor que le caracteriza, tan peculiar. Y del mismo color que la esperanza.

Mañana ya veremos, esta decisión puede significar un principio.


Derechos de autor: Francisco Moroz



martes, 17 de septiembre de 2019

Empujón






Vuelve a pedirme que la empuje, y yo hago oídos sordos a su petición mirando para otro lado como si el ruego no fuera dirigido a mí. No quiero complicarme la vida con pleitos, juicios y otras zarandajas legales.

Las madres me observan con suspicacia, como para pillarme en falta y poder denunciarme por acosador, por pervertido, o vete tú a saber porqué otras transgresiones más.

Pero la miro, y veo esa carita tan linda y esos ojos que en silencio, me ruegan que la impulse de nuevo, para subir hasta el cielo sentada en la silla del columpio.

¡Qué diantres, soy su padre!... La empujo sin remordimientos.

Derechos de autor: Francisco Moroz



domingo, 28 de julio de 2019

Sin apetito






Me llamarán para que baje a cenar en familia, pero esta vez me disculparé con un dolor de cabeza.

Desde que estoy como alumno de intercambio en este país, he perdido peso y apetito. Solo como de vez en cuando productos envasados. No porque me haya convertido en un sibarita o me disguste la forma de cocinar de la señora de la casa.

Creo que la culpa la tiene ese diente de oro que me encontré la última vez entre la carne y la verdura, y la circunstancia de que el abuelo de la familia haya desaparecido.
Derechos de autor: Francisco Moroz

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