No
recordaba haberlo escondido tan bien, y ahora que se mudaba de casa junto con
su bonita familia necesitaba encontrarlo urgentemente. No era cuestión de que
por un olvido tonto o un hallazgo inesperado, se malograse esa fascinante etapa
de la vida que estaba a punto de emprender junto a los suyos.
Ya habían
transcurrido unos cuantos años desde que tomó la decisión de retirarlo de la
circulación para cambiarlo por otro. Y aunque con el tiempo se había
acostumbrado a su ritmo cansino e incluso que se hubiera encariñado de él, no
tuvo más remedio que aparcarlo definitivamente. La razón fue que empezó a darle
más problemas que ventajas. Por mal funcionamiento, por una deficiente conexión
y por no satisfacer sus crecientes expectativas y acuciantes necesidades de
viajar para conocer mundo y sentirse un poquito más libre ampliando horizontes ‹‹Renovarse
o morir›› que dijo aquél.
Y hoy
precisamente, se cumplían dos meses y pico desde el día en que conoció a un
magnate americano de la industria automovilística de paso por España que se prendó
de ella y con el cual comenzó una intensa relación amorosa con mucho
entendimiento, pasión y sexo.
Desde el
momento en que le propuso mudarse a California para empezar una vida compartida,
lo tuvo claro. Pues eso suponía nuevos proyectos, más status y lujos. Más
renovación, y como regalo de compromiso, un nuevo y potente automóvil. Además,
su nueva pareja había encajado estupendamente y se llevaba fenomenal con sus
dos preciosos hijos. Ella sería una mujer envidiada a partir de ahora.
Por eso
estaba preocupada y algo agobiada con la situación. Pues estaban a punto de
venir los de la mudanza y no le venía a la memoria el lugar exacto del garaje o
del jardín donde había enterrado los restos de su anterior marido.


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