miércoles, 10 de diciembre de 2025

Siempre fiel

 

 


 

 El poema que él nunca terminó, era uno que empezó a escribir para dedicárselo a ella después de tres años de matrimonio que titulaba ‹‹Siempre fiel››

   Versos sencillos donde expresaba su amor, su agradecimiento por haberle hecho mejor persona. Donde confesaba sus debilidades de hombre y la lucha interna mantenida a diario contra la rutina, el hastío y la inconstancia.

  Con rima redondela describía su amor y su deseo, la necesidad de tenerla como compañera del alma hasta que la muerte los separase.

  Fue una composición inacabada  que la esposa encontró a los dos meses de perderle de manera inesperada y para siempre. 

  Lo halló en la mesa de su escritorio, entre facturas de banco, propaganda del supermercado del barrio, y una carta apasionada con unos labios estampados en el papel que desprendía un ligero aroma a frambuesa, firmada por una tal Desiré.



derechos de autor: Francisco Moroz


domingo, 30 de noviembre de 2025

Un amor




 

Siente que la ama con la misma intensidad de la primera vez.

Se percata de ello cuando al fin vuelve a respirar pausado, inhalando y expulsando el aire lentamente y se tranquiliza. Es cuando se vuelve a mirarla y ve sus ojos que derraman expectación de la misma forma que antes vertieron las lágrimas que le corrieron el rímel.

 Como si ella estuviera esperando algo que no acaba de llegar pero a la vez temiera.

Una mirada, la de él, parece paralizarla y anclarla a ese rincón en la que se encoge como un animal herido. Parece estar enfrentándose a un montón de interrogantes que le produjeran mucha inseguridad.

Ahora que todo pasó la ama de nuevo, casi con devoción. Y se lo dice con una sonrisa, tendiéndole la mano para que se incorpore. Pero ella, tan desagradecida como siempre, a pesar de ser perdonada, no parece querer aceptarla. Y eso, le enfurece y hace que se replantee de nuevo si volver o no a golpearla.

 


Derechos de autor: Francisco Moroz

sábado, 8 de noviembre de 2025

Doce de octubre

 




A la caída del sol y en esa playa en concreto, los dos compañeros se tumbaban en la arena. Semidesnudos, libres. Contemplaban el cielo según este se oscurecía y se convertía en un campo cuajado de puntos luminosos. Se entretenían en darles formas de animales de guerreros o seres inauditos.

Significaba para ellos un mundo paralelo, inalcanzable y desconocido, pero sobre todo lleno de misterios. Cada noche era una nueva aventura en la que poder recrear su imaginación.

Estrellas que aparecían o desaparecían según la estación, posiciones diferentes de algún conjunto de ellas. Las que brillaban palpitando como corazones. Algunas dejaban estelas de fuego o humo en su caída libre hacia el horizonte.

A ambos les fascinaba ese tapiz nocturno sobre sus cabezas, paralelo a ese otro que tanto les atemorizaba y se desplegaba hasta el infinito, allá, al frente. Desbordante de agua salada y previsiblemente de monstruosas criaturas acechantes del que se atreviera a navegarlo.

En la aldea les avisaron que no se tomaran a broma lo que observaban en la bóveda celeste, pues las deidades hablaban a través de los astros. Hacía poco apareció la que nombraron la ‹‹estrella de la mañana››  se pudo ver en pleno día. Otro suceso oscureció el cielo inesperadamente durante un gran intervalo de tiempo. Presagios, de que alguna calamidad podía acaecer de forma inminente.

Una mañana de octubre, divisaron tres enormes naves meciéndose en el agua. El pueblo de los Taínos estaba a punto de contactar con nuevos dioses.



Derechos de autor: Francisco Moroz






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