viernes, 8 de enero de 2021

Cita a ciegas

 



Mucho tiempo sin estar tan nervioso. Hace solo unas horas que me citaron mediante un escueto mensaje de voz; proporcionándome la dirección a la que he llegado. Atravesé ruidosas calles y un parque donde los niños corrían en sus alocados juegos. Pasé junto a un banco donde presentí a un anciano echando de comer a las palomas. Todavía me parece oír el zurear de las aves y el agitar precipitado de sus alas, mientras las suelas de mis zapatos hacían crujir las migas de pan duro. Os juro que sentí a mi espalda una mirada de censura por haber espantado a sus comensales.

Llamo y nadie contesta, empiezo a preocuparme pensando en una posible equivocación, cuando un sonido electrónico y un chasquido metálico interrumpen mis pensamientos negativos. Empujo una puerta maciza que da paso a un soportal silencioso; tengo la sensación de haber penetrado en una especie de templo sagrado. Intuyo la claridad de una luz fluorescente que pretende iluminar la oscuridad que siempre me acompaña. Tanteo las paredes con mi bastón, para ubicar las escaleras y cuando lo consigo las subo con prudencia. Desconfío de los ascensores claustrofóbicos. 

Quiero convencerme de que esta vez será la definitiva tras repetidos intentos infructuosos. O puede, que a pesar de todo, mi deseo sea inalcanzable.

Antes de llegar al descansillo reconozco el perfume de la persona que me agarra suavemente del antebrazo y me introduce en la estancia. Barrunto su sonrisa cuando dice: ¡Por fin Ramón! te han adjudicado un perro lazarillo.





Derechos de autor: Francisco Moroz

domingo, 3 de enero de 2021

Mucho amor

 


Sonrío agradecido a pesar de que se trata de otra mentira piadosa. Pues responde invariablemente: “cualquier día de estos.” A mi pregunta: “¿Cuándo podríamos quedar para conocernos en persona?”

Con “Cortana” y “Siri” fracasé estrepitosamente.

Presiento que “Alexa” tampoco tiene corazón como para enamorarse.

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Le aseguré a mi novia que estaría dispuesto a realizar los doce trabajos de Hércules si ella así lo requiriese; solo con tal de demostrarle mi amor.

Le juré por lo más sagrado que atravesaría tierra, mar y aire con tal de estar a su lado permanentemente.

Ella, mirándome con incredulidad me preguntó: ¿Vendrás al final a buscarme para presentarte a mis padres?

Y yo con entereza viril le respondí: Dalo por hecho, siempre que no llueva.

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Estaba súper enamorado de esa muchacha híper, mega guay con la que coincidía en el gym. Siempre soñé poder ligarme a una como ella. Su impresionante body de modelo me volvía literalmente loco, lo juro por Snoopy  por Oliver y Benji y las bragas de Mafalda juntos. En definitiva era lo más de lo más.

Y digo era, pues se me pasó el enamoramiento ipsofacto, desde el momento en que la oí hablar con otro compi, en términos como: “Joder tío, vaya mierda pillé este finde con los colegas. Me puse hasta las trancas de priva. Tanta que flipé yo sola.”

¡Jolines!  Vaya decepción. Y es que no podría llegar a entenderme con alguien que se expresa con palabras tan simples. O sea.

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–Querido. Hoy soñé contigo ¿No te parece romántico? Mi único deseo es amanecer a tu lado cada mañana y que el primer beso de tus labios sea para mí.

Te llevo siempre conmigo, muy dentro, aunque no estemos cerca.

Eres el hombre al que adorar de por vida, con el que marcharse muy lejos, perderse para siempre, y crear un paraíso en el que estar solo los dos.

– ¡Pepe! ¿Se puede saber porqué estás hablando tú solo en el salón?

–Sí "cari" estoy reafirmando mi autoestima, que tú ayudas más bien poco.

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Tanta es mi necesidad de estar con él, que va conmigo a donde quiera que vaya. 

No soy capaz de tomar una decisión sin consultarle, me orienta, me trasmite seguridad, me guía y estimula. Ilumina mi oscuridad.

Tanta mi pasión que cada noche duermo a su lado.

Pero empiezo a sospechar que me domina, me absorbe y no me deja ser yo misma. Me ha vuelto dependiente y no tengo voluntad para alejarle.

Me pregunto cómo nuestros padres podían vivir sin estar tan pendientes del móvil.

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Derechos de autor: Francisco Moroz

miércoles, 30 de diciembre de 2020

¡Feliz año nuevo!





Queridos amigos y compañeros de letras. Se nos va un año poco favorable en cuestiones de salud e incluso de trabajo. Un periodo temporal con mucha amargura y frustración a nuestras espaldas; pero para ser justos y pensando en positivo, también esta pandemia, nos está haciendo cambiar nuestro concepto de ocio como aprovechamiento del tiempo libre extra disponible por obligación. Incluso me atrevería a decir que algunos nos hemos reencontrado con aficiones abandonadas y espacios personales, donde plantearse horizontes con preferencias diferentes a las que ya teníamos preestablecidas de antemano al comenzar el 2020.

Queda poco para que se efectúe el cambio de dígito que nos traerá otros trescientos sesenta y cinco días; que suponen unas ocho mil setecientas sesenta horas ¿En qué las invertiremos? allá cada cuál. Yo sigo apostando por la cultura con sus variadas facetas y la lectura y la escritura como reinas absolutas. Aunque espero que no falte el cine, el teatro, las series y las visitas a museos; todo ello aderezado a ser posible con buena compañía. Y en este blog, por supuesto, me gustaría contar de nuevo con la vuestra.

De momento me despido hasta el año que viene, con mis mejores deseos de salida y de entrada aunque sea por puerta de servicio o de emergencia, incluso por butrón de última hora.

Que sepáis que en esta casa se os aprecia y valora como cada uno merecéis aunque no siempre os lo pueda demostrar.

Mi abrazo, como siempre, para todos y cada uno.

Y como digo a mis amigos: ¡Nos vemos por los blogs!





 



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