Mi madre y yo no supimos del regreso de Herodes a Italia hasta que lo vimos por casualidad tomándose un vino en una de las muchas tabernae que abundaban cerca del foro. Naturalmente no lo reconocimos de inmediato, a causa de no ir con la habitual escolta de esbirros que normalmente le precedían o cubrían su retaguardia. Se notaba a la legua que quería pasar desapercibido mezclándose con el populacho para no llamar la atención. De vez en cuando se volteaba mirando alrededor como si buscara a alguien. Nosotros bajábamos la cabeza entonces, aun estando protegidos por las capuchas de nuestras paenulas.
Hacía muchos años tuvimos que huir muy lejos para evitarle, parecía tener una obsesión con nosotros, sobre todo conmigo. Era una fijación perniciosa tal, que no le dejaba dormir. Es lo que les pasa a los reyezuelos, que se emperran en que puede haber alguien que les quiere arrebatar el trono.
El caso es que al principio ni me conocía como para tenerme esa tirria, yo era una inocente y pequeña criatura de Dios. El caso, es que mis padres tuvieron que llevarme hasta Egipto.
Posteriormente, por un desplante, me quiso clavar de un madero, pero con las prisas colgaron a un tal Brian.
Creo que nos ha vuelto a localizar, tendremos que escabullirnos de nuevo. He pensado en Hispania. Allí ya está establecido Santiago, y mi madre tiene tanto predicamento como advocaciones.
Nos tomaremos el viaje como una peregrinación. Aunque nos han dicho que aquello es el ``Finis Terrae ´´
Menuda cruz tengo que soportar con este ``Antipas-tico´´ autócrata.
Derechos de autor: francisco Moroz
La frase es del libro: - Claudio el Dios y su esposa Mesalina - de Robert Graves.


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