viernes, 3 de abril de 2026

Destino o casualidad, tú eliges

 







Nadie parece recordar el orden correcto de los hechos acaecidos hace aproximadamente una hora y media. Todos están desconcertados y confusos, compartiendo sus conclusiones con el resto. Opinando sobre la fragilidad de la vida, la inseguridad ciudadana y la ley de probabilidades que se encarga de que te toque el palito más corto. En ese ejercicio casi  metafísico, que impele al ser humano a analizar las causas primeras. Que, como planteó en el título de uno de sus temas el cantante ``Melendi´´, podían ser fruto del destino o la casualidad.

Los que se han incorporado al corrillo de curiosos atraídos por el morbo, preguntan a los que ya estaban con anterioridad y presumiblemente tienen más información al respecto. Pero la verdad es que nadie dispone de todas las piezas del rompecabezas como para poder encontrar sentido al todo y responder a la pregunta: ¿Cómo se desarrollaron los acontecimientos que desembocaron en el suceso luctuoso?

Un transeúnte se reafirma en que la causa de su divorcio sobrevino, mientras se encontraba en las inmediaciones de su domicilio, besando apasionadamente a su pareja. Ese instante mágico fue interrumpido por un grupo de niños que empezaron a berrear a voz en grito de manera insistente la palabra ¡Gooool!  El escándalo era de tal envergadura que se enfadó sobremanera. Cuando se disponía a reprender a dichos niños por armar tanto ruido es cuando escuchó el aullido salvaje de un perro y el desagradable chirrido de neumáticos con el posterior golpe de chapa. Cuando volvió la cabeza sorprendió a su empleado, fumando en la puerta del comercio que él regentaba.

El dependiente de una tienda del barrio, que estaba echándose un ``piti´´ en la puerta, aprovechando la ausencia de su jefe y de clientes, achaca la culpa de su despido al ayuntamiento, por no hacer la poda en condiciones, y al ministerio de sanidad y consumo por haber prohibido fumar en el interior de los locales comerciales. Que qué narices pinta un avispero en el tronco de un árbol.

Si el perro pudiera hablar, afirmaría, que la avispa que le picó en la trufa fue la auténtica responsable de un dolor inmerecido. Y es que se puso a aullar como un loco por la quemazón. Tiró de la correa para poder salir escopetado al parque de enfrente, por si encontraba algo de barro donde hundir el hocico y aliviar su insufrible suplicio.

El conductor renegó de su ``perra suerte´´ por acelerar en el último momento cuando el semáforo todavía estaba en ámbar. Y es que no esperaba que un perro perseguido por un tipo histérico saliese de entre los coches aparcados en batería. Ahora tendría que utilizar el transporte público durante unos meses, pagar los desperfectos, y bregar con el seguro.

La vecina del cuarto achaca la infidelidad de su esposo, a un balón de reglamento que salió con fuerza inusitada por encima de la valla metálica desde el patio del colegio que linda con la calle. Este, impactó contra uno de los árboles plantados en alcorque, y rebotó tres veces antes de rodar y pararse a los pies de un señor que paseaba a un perro dálmata que emitió bramidos inclasificables, para a continuación salir espantado perseguido por su dueño. A causa de ello un Mitsubishi de color granate frenó bruscamente haciendo patinar los neumáticos, derrapó abruptamente, desplazándose hacia la derecha para colisionar contra una furgoneta azul tormenta, de una reconocida marca logística de transporte urgente. También divisó a su marido.

Y la tragedia luctuosa y lo más grave del asunto, por lo que tuvo que intervenir la policía, no era otra, que una viejita tirada en la acera con un andador al lado, muerta sin remisión. No presentaba heridas ni golpes aparentes según informe forense, salvo el que pudo haberle originado la caída.

Así es como la encontraron los agentes de la primera patrulla que se personó, alertada por el aviso que les llegó desde la central,

También reportaron un coche de color granate prácticamente empotrado en la parte trasera de una camioneta de reparto, aparcada en batería en la zona de carga y descarga habilitada para ello. El transportista de la camioneta culpando del siniestro al conductor del automóvil. Este, tenía la cara a tres colores. Blanca del polvo del airbag que había reventado, parcialmente morada por el golpetazo contra el mismo dispositivo, y roja por efecto del bochorno provocado por la bronca que le estaba metiendo el repartidor, y que entendía a medias, pues aunque la diatriba exaltada se presumía en rumano o polaco, los insultos e improperios parecían ser emitidos en lenguaje universal.

Los agentes por su parte, renegaron por lo ``bajini´´ pues se les acumuló el trabajo. Tuvieron que restringir el paso de los peatones, parar el tráfico, acordonar la zona y llamar a los servicios sanitarios, la grúa, y a los bomberos por si acaso. Separar al energúmeno que tenía acorralado al conductor del coche siniestrado, e interrogar a posibles testigos.

Cada uno estaba en el lugar que le correspondía justo en el momento que les tocaba. De eso no hay duda. 

``La casualidad parece caótica, mientras que el destino implica orden, propósito y la sensación de que las cosas están escritas.´´

Por cierto, la anciana murió del sobresalto. Era su destino final. Destino inapelable.





Derechos de autor: Francisco Moroz





8 comentarios:

  1. Hola, Francisco, efectivamente el destino final de todos es la muerte, lo que no sé es si será del susto, jeje. Buen relato de acontecimientos casuales o por orden del destino, la vida que es así. Muy al estilo del realismo mágico, por cierto.
    Muchas gracias por participar en el reto del Tintero.
    Un abrazo. :)

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    Respuestas
    1. Gracias a vosotros por animar a la escritura con vuestras propuestas.
      Un abrazo.

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  2. Hola! Yo digo que las casualidades no existen, pero el destino es otro tema 😉 excelente relato y un placer encontrar tu blog y leerte. Así que me quedó en tu espacio como tu nueva seguidora para seguir leyéndote 🙌 si gustas visitarme mi blog es https://plegariasenlanoche.blogspot.com/

    Saludos desde Plegarias en la Noche

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  3. Hola Fran, tu relato ejemplifica perfectamente lo que sucede cuando pasa algo y todos quieren encontrarle una explicación sin realmente saber qué pasó. Se encandenan sucesos, se hacen conexiones aleatorias, entran protagonistas improbables y bueno, al final el destino es el que manda. Lo que tiene que pasar, pasa de todas formas. Me gustó mucho tu aporte. Saludos.

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  4. Eso no pasa en el campo. Si es que no hay nada como vivir en la gran ciudad para sentir la intensidad accidentada de la vida.:)

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  5. Magnífico relato, Francisco.
    A veces las casualidades se encadenan de tal manera que perdemos el hilo de los acontecimientos. Pero el destino se acaba imponiendo y nos atrapa por mucho que intentemos huir de él.
    Un abrazo y mucha suerte en el concurso.

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  6. Tu relato juega magistralmente con la idea del caos como un encadenamiento de casualidades aparentemente insignificantes —un balón, una avispa, un perro, un semáforo en ámbar, un cigarro en la puerta— que convergen en un desenlace inesperadamente absurdo y trágico: la muerte de una anciana por el puro sobresalto. Además, el tono, entre crónica periodística y reflexión filosófica con guiño a Melendi, mantiene un equilibrio irónico que no resta gravedad al suceso, pero sí lo envuelve en una especie de humor negro muy efectivo. Al final, la sentencia sobre la casualidad como caos frente al destino como orden se desmonta sola: la anciana no muere por ninguna de las causas visibles, sino por el sobresalto, y ese "destino inapelable" es, paradójicamente, el resultado más aleatorio de todos. Un texto que invita a reírse de nuestra necesidad de encontrar sentido hasta en el accidente más absurdo. Abrazos desde Venezuela

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  7. Entonces ha sido culpa del del coche rojo, no?
    No es por malmeter pero Groucho le habría puesto un castigo mayor. Ahora, hasta va a tenrr excusa para comprarse otro coche.
    El orden del caos es fascinante.
    Abrazooo y suerte

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