Sus textos son insufribles, el mayor compendio de historias zafias y sin interés. Ninguna sorprende por su originalidad buena redacción o recreación de ambientes y personajes.
Cuando
escribe, principalmente se inventa el
argumento sin basarlo en nada coincidente con la realidad, incluso a veces raya
en lo absurdo e incoherente. Es por ello que sus manuscritos son tan
criticados por los que dicen entender del tema. Ninguna editorial se digna a
publicar tanta insensatez manifiesta cuajada de innumerables errores ortipográficos.
Él,
lejos de desesperar redobla sus esfuerzos y continua con el despropósito de sus
letras que no aportan nada de interés, a quien tiene la desdicha de intentar dar
sentido a tanto dislate.
Y sin
embargo, tan abnegada y constante dedicación han dado sus frutos, consiguiendo un
trabajo que le permite seguir haciendo lo que más le gusta y vivir de ello sin
tener, por otro lado, que rendir cuentas ante el improbable leyente de su manifiesta disgrafía.
Él, es el responsable de redactar los textos
indicativos de los productos, al igual que de los manuales de usuario, de
todos los artículos chinos que se comercializan en este país de pandereta.
Lo siguiente,
piensa optimista, será el premio Planeta.

