jueves, 15 de junio de 2017

Todas las primaveras






La niña vio el cortejo desde detrás de un muro ruinoso de un aprisco cercano.

Nueve hombres caminando hacia el cementerio. Tres maniatados con soga de costal, seis con los fusiles terciados, celosos vigilantes de los que ya parecían ser cadáveres demacrados y cabizbajos vestidos de pobres labradores.

Los pusieron contra la tapia, apuntaron y dispararon a escasos metros para no fallar.

Después del tiro de gracia algunos de ellos encendieron un pitillo. Alguien soltó un improperio grosero y entre algunas risas, se marcharon despreocupados de la muerte ajena que dejaban atrás.

La niña corrió al pueblo para contar lo que había visto. Muchos no quisieron oír y la dieron la espalda. Otros callaron por temor a represalias. La mayoría la ignoraron como chiquilla que era, mirándola con indiferencia o desprecio por ser hija de quién era.
No hubo flores para un funeral ni tan solo un recuerdo.

Veinte años después una muchacha se acerca a un árbol y permanece en silencio. Medita, reza, reflexiona y llora.
Cuarenta más tarde la misma mujer con un hombre y tres muchachos que corretean alrededor de un almendro en flor.

La vida la trató bien después de todo. Creció en un Orfanato; estudió lo que pudo y aprendió a coser para ganarse la vida. Se enamoró de un buen hombre que le dio esos tres preciosos hijos y se siente afortunada de tener un secreto jamás revelado a personas ajenas.

Con ochenta y siete años apenas puede moverse. Sentada en su silla de ruedas cuenta a sus nietos como lo hiciera antes a sus hijos, aquella historia de muerte y dolor. Cuando con sus ojos de niña vio como mataban a tres hombres junto al campo santo.

Los enterró con sus propias manos bajo aquel árbol pequeño, cuando nadie más quiso hacerlo.
Fueron su padre y sus dos hermanos los que murieron aquel día por asistir a misa.

Siempre tuvo el consuelo de que cada primavera, fueran los primeros en tener flores rosáceas de almendro sobre sus tumbas.

La memoria histórica fue solo la suya. Las guerras se han de olvidar junto al odio, pero nunca a los muertos que deja entre unos y otros.


Derechos de autor: Francisco Moroz


Relato presentado en la comunidad: Relatos compulsivos Con la temática de "Flores para un funeral"

20 comentarios:

  1. Madre mía cuánta intensidad y belleza en el texto. Hay sucesos que jamás se llegan a olvidar, y una niña puede sacar la fortaleza de donde sea cuando se trata de su familia. Me ha gustado mucho esa manera de arrastrar un dolor inolvidable a lo largo de los años. Un saludo, un texto espectacular y lleno del sentimiento más profundo que puede albergar el ser humano!

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    1. De niños es cuando nos impregnamos con los sucesos de nuestro entorno con más intensidad; si estos son dolorosos pueden se traumáticos.
      La niña de mi relato realmente es muy fuerte, superando esos recuerdos de su infancia, reconduciéndolos, no recluyéndolos en el olvido, sino guardándolos como algo valioso en su corazón para trasmitirlo a los deudos, y que estos sepan de esa historia.
      Un beso María.

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  2. Precioso relato en memoria de tantas muertes injustas provocadas por el odio, la ignorancia y la intransigencia. Como bien dices, Francisco, las guerras hay que olvidarlas pero no el fruto de las mismas, esos muertos inocentes a los que llorar.
    Un abrazo.

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    1. Enmauel Lasker dejó escrito: "Que las guerras nos sigan pareciendo una necesidad es prueba de nuestra estupidez". Y si Albert Einstein dijo que la del ser humano es infinita... Apañados estamos josep.
      Agradezco tus amables palabras.
      Un abrazo.

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  3. Hermoso relato, Francisco. Conviene no olvidar esos datos terribles de la historia.
    Un beso.

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    1. No nos conviene olvidar ningún conflicto de los muchos que están abiertos siempre, no nos conviene olvidar todo lo que en ellos se sufre, todo el dolor que representan no solo para los que luchan, también los que padecen sus secuelas.
      Besos.

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  4. Precioso relato Francisco, duro, pero con una hermosura que emociona.
    Besos.

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    1. Muchas gracias preciosa.
      Que te gustara me emociona también a mi.
      Besos.

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  5. Oh qué bonito Francisco, muy triste pero bonito.
    Besos

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    1. A veces la tristeza en un alma sensible crea un rostro hermoso, no se quién dijo esas palabras pero sospecho que son ciertas.
      Un beso amiga.

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  6. Esta es a mi juicio la verdadera memoria histórica, esa que en un bando y otro dejo dolor de por vida y lágrimas, no cambiar nombres a las calles para borrar la historia y es que como yo digo, la historia es la historia y por mucho que cambies nombres a unas cuantas calles nada va a cambiar, porque como tú bien reflejas, hubo dolor y muerte y eso es lo triste y no en empecinarse en querer borrar algo que sucedió.
    Como siempre un magnifico relato, bravo una vez mas, ojala llegue a escribir tan bien como tú lo haces. un abrazo. TERE.

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    1. No debería haber otra memoria histórica más que esta Teresa. Las otras son de rencor, venganza, revancha y de restregar el dolor pasado por la cara, a los que no tuvieron culpa de la crueldad de otros.
      Lo que debemos hacer todos es aprender de los sucesos perniciosos de la historia para no repetirlos.

      Camille Sée nos dejó escrito: “Dicen que la historia se repite, lo cierto es que sus lecciones no se aprovechan”
      Un beso.

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  7. Un relato intenso y emotivo que nos mueve cosas por dentro, Francisco. Tu protagonista fue testigo de un suceso terrible y ha tenido que superarlo sin apoyo, más bien rodeada de incomprensión y ominoso silencio. Suerte que su corazón era grande y fuerte para llorar a los suyos y hacerles un merecido homenaje que no se perdió en el tiempo. Muy bonito, me ha gustado a pesar de su tristeza.

    ¡Un beso de sábado!

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    1. Cuando el miedo es mucho, el silencio es ominoso.
      Un niño rodeado de rencor siente su vida amenazada de continuo, pues aunque en su inocencia no es capaz de comprender muchas cosas, el instinto le protege de la maldad ajena.
      Un mecanismo de defensa, es el olvido selectivo de los recuerdos que no dejan nada más que dolor. Esta pequeña eligió recordar, pero no pensando en la venganza sino en el legado para futuras generaciones y facilitar con ello, el aprendizaje para evitar caer en los mismos errores del pasado.
      Gracias por tus palabras Julia.
      Un beso.

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  8. Un ser valiente con una dignidad de aplomo. Esa memoria desde luego, fue solo suya aunque jamás la olvide.
    Estupenda narración que me acercaste a una época triste y desoladora, y que por lo que sea fue inevitable.

    Besos, Francisco.

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    1. Todo es evitable, pero algunos se empecinan en tomar la senda ancha de la destrucción, con ello se garantizan la supremacía el mando, el control y el poder. Pero no dejan de ser miserables que utilizan la fuerza como argumento válido sin saber que están condenados desde el momento en que lo inician.
      Besos Mila.

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  9. Completamente de acuerdo, la memoria de nuestros muertos es nuestra y nadie nos puede pedir que la ignoremos.
    Estupendo relato, Francisco, lleno de poesía y ternura.
    Un beso.
    P.D. A la tercera va la vencida. No sé por qué pero Blogger, G+, Movistar o los hados cibernéticos no me dejan comentar en algunos blogs. Estoy de estas incidencias hasta el moño.

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    1. Los hados cibernéticos están revueltos últimamente. Yo tengo el mismo problema puntual. Blogs que no puedo visitar, y páginas bloqueadas. Propaganda de mercadería china en pantallazos... y eso que tengo filtros anti-spam. Pero que si quieres arroz catalina.
      Esperemos que no vaya a más, sino esto va a convertirse en un calvario.
      Gracias por tu valoración hacia mi relato.
      Un beso

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  10. Un precioso relato Francisco, que me parece un precioso homenaje a tantos desaparecidos, caídos en desgracia por la mano de conflictos cargados de odio e hipocresía. Esa niña sí que demostró ser un ser humano con todas las letras, humana al presenciar la barbarie, humana al enterrar a los hombres de su vida con sus propias manitas, humana al nunca olvidar a los suyos. Un fuerte abrazo! ; )

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    1. Te agradezco el comentario compañero. Casi toda mi generación tuvo víctimas en esta guerra, también supervivientes que guardaron esos recuerdos para contárnoslos y de esta forma no olvidar a nuestros muertos, sus sufrimientos y sus muertes, justificadas no más que por la fuerza bruta, la sin razón, y unas ideas totalmente manipuladas de unos pocos que llevaron al matadero a los inocentes, haciéndoles luchar a ciegas por causas ajenas a ellos.
      El relato es totalmente ficticio, pero seguro que algún retazo de las historias contadas por mis padres de cuando fueron niños, impregnaron involuntariamente el relato.
      Un abrazo Ramón y gracias de nuevo.

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