A pocos pasos, Fray Juan Martínez Grima, un erudito
dominico que sirve en la corte como confesor de los reyes, observa la escena
con respetuoso silencio. Ha acudido al taller atraído por los persistentes rumores
que circulan entre los cortesanos: se comenta que el pintor de cámara no está
ejecutando un simple retrato familiar. Un cuadro, donde fácilmente puede
esconderse la herejía, lo inconveniente, lo escandaloso. Pero no consigue ver
nada de eso, aunque algo le inquieta en la composición de las figuras. En el orden,
en la disposición, en sus posturas, en los elementos discordantes que no
encajan del todo en una escena cotidiana.
Se atreve pues a preguntar al pintor, con el cual,
mantiene una relación de respetuosa admiración.
— ¿Qué es lo que verdaderamente pintáis, Don Diego? —
mientras, señala el lienzo —. En los mentideros de la Villa se afirma que os pasáis
muchas horas embebido en esta vuestra creación. A los familiares del tribunal
del Santo Oficio los tiene vos harto alterados al imaginarse lo que no parece
ser.
Velázquez no gira la cabeza. Su mirada, absorta,
continua fija en un punto indeterminado, justo en el espacio vacío donde un
posible espectador podría pararse siglos más tarde a contemplar, a
contemplarle, pues en ese momento es cierto, está dando unos toques a su autorretrato.
—Pinto lo que veo, Padre —responde con voz pausada—. A
veces, pinto lo que está implícito en la luz.
El fraile se acerca a la pintura, examinando los
personajes con recelo. En el centro, la infanta Margarita resplandece en su
inocencia con su vestido blanco, rodeada por dos de sus damas en actitud
respetuosa. A la derecha, la enana Mari Bárbola y el joven Nicolasito
Pertusato, quien, seguramente aburrido, incordia al mastín adormecido. Al fondo,
en la penumbra, una puerta abierta recorta la silueta de José Nieto, el
aposentador de la reina, inmóvil en los escalones. Allí parecen converger todas
las líneas de fuga.
—Hay un orden profano en este cuadro —murmura el fraile.
Si se traza una línea imaginaria uniendo las cabezas y los corazones de la
infanta y sus meninas, queda representada la constelación de la Corona
Borealis. Y la estrella central, la más brillante, cae exactamente sobre la
frente de la niña y se llama como ella. ¿Desde cuándo el pintor del Rey se consagra
a la astronomía?
Velázquez esboza una leve sonrisa y da respuesta.
—La astronomía es matemática, Fray Juan, y esta, es la
lengua de Dios. Si la infanta es el centro del cielo en esta tela, es porque
ella sostiene el destino de este imperio moribundo. No busquéis demonios donde
solo hay perspectiva. También podréis descubrir la proporción áurea de Leonardo
de Pisa si sois perspicaz, y no hay heterodoxia en ello.
— ¿Y qué me decís del espejo? Si nos situamos donde vos estáis, no debería
reflejar a los reyes, pues ellos no están dentro del cuarto. Para que ese
reflejo sea exacto en las leyes de la óptica, los monarcas tendrían que estar
parados justo enfrente de donde nos hallamos.
—Así es —admitió Velázquez, sin desviar la mirada.
— ¡Es una osadía! —Exclama el dominico—. Obligáis en
cierta manera a Su Majestad, a convertirse en el espectador de sus propios
criados. Peor aún: habéis pintado un mundo donde lo real es invisible y lo
reflejado solo es presentido.
Velázquez da un paso atrás y, por primera vez, mira
fijamente al clérigo. Sus ojos reflejan
una lucidez de quien intuye que su final está cercano—No es soberbia,
Padre. Es la única certeza que tenemos. Los reinos pasan, los hombres mueren consumidos
en el polvo. Solo quedan las buenas obras, el arte, los libros. En definitiva,
pinto en el aire de una estancia la luz y la sombra. Una no es posible sin la
otra. Después el conjunto lo ocupo con formas perennes.
La pintura no es oficio de artesano, es algo más
sublime. Piense por un instante que cuando los que nos precedan en el siglo nos
contemplen, a su vez, serán escrutados por nuestras miradas, la de los que habitaremos
el lienzo por siempre, haciéndonos en cierta medida, inmortales.
Fray Juan guarda silencio, abrumado por la profundidad
de la respuesta. Comprende que no habrá juicio por posible herejía capaz de
destruir aquella obra tan sublime; la pintura misma, considera, es un templo
absoluto donde se han reescrito ciertas reglas no solo estéticas. Da media
vuelta y abandona el taller sin decir una palabra más.
Don diego Velázquez, a solas con sus personajes,
levanta de nuevo el pincel y continua pintando su propia mirada llena de
curiosidad, como indagando quién le contemplará en los siglos venideros
concentrado en su arte.
Quizá su genio visionario no solo esté pintando el
aire, el espacio y las formas, con pinceladas de luz y sombra que dan volumen, creando la ilusión de una tercera dimensión a la composición. Tal vez, también
esté pintando el tiempo.
Click en el enlace y escucharás una canción relacionada con el tema
https://drive.google.com/file/d/19JKZX9KD6fHG-V12EUu-NIWxn-1D80fy/view?usp=drive_link



Hola Francisco me parece un relato muy existencialista, filosófico y hasta cuántico. Muy bien escrito. Por cierto no deja escuchar la canción tienes que dar permiso para que podamos escucharla un abrazo.
ResponderEliminarBuenas tardes Ainhoa. El cuadro de las Meninas da para eso y mucho más, cada vez que lo contemplo surgen preguntas nuevas que me impelen a documentarme más sobre el autor y sus circunstancias, y te sorprendería la cantidad de estudiosos especialistas en arte y en otros campos como la astronomía o las matemáticas que han escrito armando y desarmando teorías al respecto.
EliminarYo no he incluido en mi relato más que un poco de lo mucho que se conoce sobre dicha obra pictórica.
Un abrazo.
Hola, Francisco. Pues hemos coincidido en elegir a Velázquez y esta maravilla de cuadro para el reto. Me ha encantado tu relato. Atrapas muy bien la magia y el misterio de las Meninas. Muy merecida la mención. Enhorabuena.
ResponderEliminarHola Marta. Y de qué manera tan elocuente lo hemos hecho. Creo que ha sido sin premeditarlo, un pequeño homenaje a un pintor que fue más allá del arte y la técnica. este hombre era un genio y un visionario a mi entender. De hecho otros muchos pintores siempre lo tuvieron como referente de sus propias obras.
EliminarAgradezco tu comentario en lo que vale, que es mucho.
Mi abrazo.
Hola, tocayo.
ResponderEliminarTu relato fue uno de los que más me gustaron, no en vano mis cuatro puntos fueron para él. Disfruté mucho con tu escritura elegante, opino que sacaste a relucir (como el protagonista de tu relato) toda tu clase. Te felicito, ¡enhorabuena!
Te envío un fuerte abrazo.
Por cierto, que se me olvidaba: ¡Enhorabuena por tu cuarto puesto! Con él has rozado el "Tintero", por lo que es el mejor situado de las Menciones Honoríficas", ¡bravo!
ResponderEliminarGracias y gracias Patxi. Uno hace lo que puede ante el plantel de escritores con el que compite, de hecho hasta yo me he sorprendido esta vez con ese cuarto puesto, creo recordar que salvo un tintero de bronce en una ocasión, no he rascado mucho más.
EliminarVelázquez junto con otros muchos pintores, escritores, poetas, actores son los que han hecho posible que ese siglo tan paupérrimo en todo lo demás, se haya podido calificar como "de oro" a ellos les debemos en gran medida el amor por las letras. un brindis por ellos.
Un fuerte abrazo , tocayo.
He disfrutado mucho leyendo tu relato, Francisco. Como siempre muy bien escrito.
ResponderEliminarEnhorabuena
Muy agradecido Brurata, tú que me lees con buenos ojos.
EliminarUn abrazo grande para ti.
Precioso relato, Javier, jugando con la astronomía y la composición pictórica, y sin olvidar a la Santa Inquisición y sus eternas suspicacias. Te ha quedado preciosa la conversación entre pintor e inquisidor. Enhorabuena por la mención en el concurso.
ResponderEliminarUn beso.
Gracias rosa. Ya hay mucho escrito sobre el pintor y su obra, he tenido que inventar poco al respecto, es lo bueno de la documentación. Internet se erige para ello, como una magnifica herramienta para obtener respuestas y poder armar un entramado para un relato como este.
EliminarUn cuarto puesto que no está nada mal.
Un beso, amiga.
Hermoso relato, me ha gustado mucho como presentas a los personajes. La conversación entre el Padre dominico y el pintor Diego Velázquez está muy lograda. Me gusta mucho también el lenguaje tan acorde. Y la última frase es perfecta para cerrar, me ha encantado.
ResponderEliminarFelicidades. Un abrazo Francisco.
Buenas tardes Miry.
EliminarAgradezco tu comentario al respecto del escrito. Como digo siempre que me pongo delante del cuadro mirando sobre todo al pintor autorretratado: ¿Qué estaba pintando en realidad? Naturalmente hay muchas teorías al respecto y mucho estudio alrededor de este cuadro en concreto. De hay la frase final, siempre he creído que nos estaba imaginando al público, a los que veríamos su obra a lo largo de un tiempo futuro. El concepto de tiempo como eternidad para los personajes del cuadro. Esa era la idea principal de mi relato.
Un abrazo, compañera de letras.
"Tal vez, también esté pintando el tiempo"... Final memorable...
ResponderEliminarPrecioso todo él. Con la elegancia y fluidez que te caracteriza. Un viaje delicioso por ese instante preciso donde el aire quedó retratado.
Me llamó mucho la atención que Marta, tú y yo eligiéramos sin saberlo, exactamente el mismo tema... jajaja (yo dudé entre irme al cuadro de las hilanderas o de uno de sus bufones, pero acabé ahí, creo que tiene un gancho especial... Y no es casual, creo que los tres somos unos apasionados del arte...
Felicitaciones por ese merecido cuarto puesto, casi casi, tercero ;) Y es que al final los números ¿que son? Nada...
Un fuerte abrazo y hasta la próxima.
Los números son matemáticas, el lenguaje de Dios. ;)
EliminarAgradezco tus palabras y tu opinión tan positiva al respecto. Disfruté mucho leyendo sobre el siglo de oro en general, para coger ideas, descubrir personajes o situaciones que pudieran dar lugar a un relato con algo de interés y me topé con Velázquez y no por casualidad, pues es un referente de ese siglo áureo y en muchas de las entradas emergentes de "San Google" aparecía el maestro y su obra. Estaba claro que entre sus obras siempre hubiera elegido esta pero mira tú que la venus del espejo también tiene su aquél y no lo digo a nivel erótico festivo con respecto a lo que nos muestras esa fémina endiosada por el maestro.
Apasionados del arte no se si seremos, al menos yo, pero el gusto por todo lo que hace que el genio, la creatividad y la imaginación, adquieran ese valor añadido que tienen las cosas, si creo tenerlo y quiero tenerlo.
por cierto tu relato no lo encuentro en ninguno de tus blogs, para poder dejar mis apreciaciones al respecto.
Un abrazo, compañera de letras.
Leí un artículo de un entendido en arte diciendo que en Las Meninas lo que realmente está pintando Velázquez es al matrimonio, a los reyes, que la infanta y sus criadas son las espectadoras y no al revés. Si te fijas tiene sentido porque, como tú bien comentas en el relato, los reyes están delante del lienzo y Velázquez mira al frente, no a la infanta y compañía.
ResponderEliminarEste cuadro da para un relato y hasta para una novela. A mí me fascina. Siempre que voy al Prado me paso a hacerle una visita. Es espectacular.
Genial el Velázquez que nos muestras. Y la canción mola mucho.
Aplausos.
Un beso.
Vete tú a saber lo que estaría pintando este genio de la pintura. Por lógica si estaba pintando a la pareja real, pero las meninas están ahí porque a su vez son testigos de como se realiza esa pintura, y a su vez también aparecen retratadas ellas y toda esa escena cotidiana, que parece secundaria y sin embargo se convierte en motivo principal de la misma. Todo un galimatías, como todos los símbolos, enigmas y trampantojos que están incluidos en el cuadro que ya de por sí solo, merece sucesivas visitas al museo del Prado. Solo contemplando los ojos del pintor uno se pregunta muchas cosas, como esa como con la que encabezas tu comentario. En resumen coincido contigo en todo lo que has comentado con acierto. se nota tu gusto especial por esas Meninas.
EliminarUn beso, Paloma.